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El intervencionismo militar español. ¡Menudo lavado de cara!

Domingo.27 de octubre de 2019 708 visitas Sin comentarios
Cuarta parte. Diplomacia preventiva y beneficios económicos. #TITRE

Juan Carlos Rois
Tortuga.

Recordemos que en la última entrega, hace ya tanto, de este texto hemos desvelado ya múltiples beneficiarios bien lucrativos de las operaciones militares en el exterior.
Ahora vamos a intentar describir una mecánica más que, de rebote, ofrecen ganancias a estos velados beneficiarios.

4.1 La reconstrucción y el reparto de ciertas tartas.

Empecemos por verificar cómo nuestras empresas mojan en la salsa de la «reconstrucción» en aquellos conflictos que oficialmente se dan por solucionados.
Como es sabido, el conflicto, tal como se entiende canónicamente por los estrategas militares, tiene una fase posterior a la propia devastación bélica, el post-conflicto, donde se supone que, acabada la fase armada, es preciso poner en pie las estructuras sociales, económicas e institucionales del país o países arruinados por el esfuerzo militar en la guerra.

En torno a este post-conflicto, se ha generado todo un cuerpo de especialistas encargados de diseñar esas soluciones reparadoras y reconstructoras. Especialistas y actividades que van desde las que se encargan de la desmilitarización de las zonas (desminado, zonas desmilitarizadas, desarme de milicias, etcétera), pasando por otras actividades referidas a la seguridad (reconstrucción de ejércitos, seguridad privada, formación militar y asesores de mal agüero), hasta la reconstrucción pura y dura de las infraestructuras dañadas (donde las empresas civiles de cierto tamaño mundial aparecen como esenciales), el desarrollo y financiación de proyectos productivos (aquí se vuelve revelador el papel del FMI y el Banco Mundial, o de los Fondos de la UE y otros fondos de reconstrucción variopintos), la creación de redes de intercambio y comerciales (casualmente muy a menudo con las antiguas metrópolis de los lugares ahora independientes y descolonizados en los que ahora ocurren estos conflictos y guerras) o proyectos capitaneados por oenegés y organizaciones benéficas como Cruz Roja, Oxfam y otras de mayor o menor buena reputación enfocadas a aspectos de reconstrucción del tejido social o de aseguramiento de servicios sanitarios, educativos, etc.

Debe ser por pura casualidad por lo que se observa una cierta coincidencia de «actores» o partícipes de la reconstrucción (denunciada por algunos estudiosos de la materia nada sospechosos de radicalismo antimilitarista [1]), con los «actores» occidentales, e incluso muy a menudo con los «protagonistas» coloniales de las antaño metrópolis a la que los nuevos estados en postconflicto pertenecieron, cuando no, como ha ocurrido por ejemplo en Sudán del Sur o en Irak, la paradoja de que sean estos «funcionarios» especialistas y blancos de las referidas metrópolis los que hayan acabado dirigiendo o integrando las estructuras administrativas de los nuevos estados reconstruidos.
De modo que, lo veremos más adelante, parece que las intervenciones militares occidentales no han hecho sino empeorar las cosas, ofreciendo una falsa idea de seguridad que nada tiene que ver con la realidad, y menos con la seguridad humana, y que tiene como denominador común el haber saqueado lo poco que quedara por saquear.

En el caso de España, que es el que nos preocupa (aunque sea un caso más en el maremágnum del intervencionismo), además de los retornos económicos en pago por «nuestra» prestación de servicios militares que hemos visto en el capítulo dos, se encuentran otros reconocimientos en términos de contratos a empresas contratistas enfocadas a la «reconstrucción» y otras lindezas.

Por lo que respecta a este beneficiario económico-empresarial, y como botón de muestra, podemos comprobar las actividades específicas promovidas por el ICEX para la implementación de nuestro empresariado en países objeto de nuestra labor pacificadora.

Pero aparte de ello, recordemos que en el año 2009 la ONU tenía certificadas 21 empresas mundiales ( diez británicas, una francesa, dos suizas, una italiana, una ucraniana, una danesa, dos indias, una sudafricana, la española GMV y tres norteamericanas) para el desminado en zonas de postconflicto.

Desde entonces «hemos» participado, entre otros, en los principales cometidos de desminado en Bosnia, Afganistán o Colombia, los tres escenarios principales de minas (por cierto muchas de ellas fabricadas por la empresa española Instalaza, que, por cierto, también cuenta con un sector de desminado).

España participa de este reparto de tarta. Las instituciones políticas que deciden nuestra participación militar ponen a disposición de las multinacionales y empresas de medio pelo que apuestan por su «internacionalización» su capacidad de influencia en los escenarios militares donde se desarrollan las misiones militares en el exterior.
Tomemos por ejemplo el seminario celebrado el 14 de marzo de 2017 «Oportunidades de negocio en Irak 2017,» en la que se contaba con ponentes tan significativos como la por entonces Secretaria de Estado de Comercio, la Directora comercial para Asia Central de INDRA, el Gerente de ventas internacionales de Equipceramic (uno de los contratistas del gobierno iraki tras la guerra con una producción de material cerámico de más de 1.200 toneladas métricas al año), o un alto funcionario del ministerio del petróleo iraki. En la información institucional aparecida en la página web del Instituto referido se afirmaba, al respecto, que «Las perspectivas sobre la economía iraquí a medio plazo según el Fondo Monetario Interncional (FMI) y el Banco Mundial (BM) son positivas, con un crecimiento del PIB real de un 10,2% para 2016, gracias, entre otros aspectos, al aumento de la producción del petróleo y a la mejora de las condiciones de seguridad en el país.
Debido a esta mejora, diferentes instituciones financieras internacionales como el FMI y el BM o terceros países (i.e. Estados Unidos), han aprobado importantes acuerdos y programas de financiación para respaldar el programa económico de reformas que la República de Irak ha puesto en marcha en sectores claves de la economía: hidrocarburos, construcción, transportes, sanidad, agricultura y energía
».

Por su parte INDRA es adjudicataria muy relevante en diversos contratos iraquíes (por ejemplo, se calzó al menos 130 millones de dólares en el proceso electoral que monitorizó en 2013, según informó el país en noticia de 10 de noviembre de 2013) o Afganos (sin contar con la adjudicación de contratos similares en otras zonas donde España puso su pica, como son Guinea-Bissau, Costa de Marfil, Angola, Burkina Faso, Guinea Ecuatorial, Palestina, Azerbaiyán, Turquía, Macedonia, Libia o el ya referido Irak, según aparece en su documento de publicidad Aprovisionamiento electoral ).
Europa Press, nos informaba en noticia de 28 de septiembre de 2011, que la entonces ministra de Asuntos Exteriores Doña Trinidad Jiménez (a su vez prima de Ruiz Gallardón y bien vinculada con el puertagiratorismo patrio), tras recibir a un tal Soumeylou Boubeye Maïga, a la sazón ministro en Mali, se había felicitado de las grandes oportunidades para las empresas españolas que suponía el entendimiento y la sintonía hispano-maliense y le había demostrado «el interés de España por fomentar la mayor presencia comercial y empresarial en Mali» especialmente en renovables e infraestructuras, así como enfatizando el compromiso de España en el «Programa Especial para la paz, la seguridad y el desarrollo» de la UE, firmado en 2010 .

Otra empresa, EXPAL, fue contratada para iguales actuaciones por parte de la UE en 2013. Dicha empresa también participa en otros «servicios» de desmilitarización y se postula en su página web como la empresa líder europea en esta materia, aunque la labor de desmilitarización incluye tanto la de zonas en conflicto, como el reciclaje de material obsoleto y explosivos caducados de los ejércitos, lo cual no parece una desmilitarización y sí más bien una remilitarización.

Pero la desmilitarización no es la única oportunidad empresarial en los países en conflicto o postconflicto.

Si volvemos al caso de Irak, donde nuestra presencia militar es antigua, un memorándum de entendimiento entre España e Irak de 2017 abría la puerta a que empresas españolas participaran en la «reconstrucción» del Estado irakí dentro del programa «Petróleo por Alimentos». En junio de este 2019 que quiere acabarse, en una reunió mantenida entre el Secretario de Estado (en funciones por el pequeño detalle de no tener gobierno postelectoral) de Asuntos Exteriores, Fernando Valenzuela, y el viceministro de Asuntos Exteriores de la República de Irak, Nazar Al-Khairullah, materializaron este empeño de reparto del pastel y facilitaron un próximo (será en breve) viaje de Estado del monarca español a la república irakí. Lo curioso del caso es que España «pagará» a Irak parte de su deuda (en concreto 19 millones de euros) con fondos de ayuda al desarrollo a cambio de que permita la penetración de empresas españolas de «reconstrucción» en Irak. ¿Merece más comentario?
Empresas españolas participan en Centroamérica devastando cursos de ríos y otros desmanes, algo no suficiente conocido en esta parte del globo, precisamente en países donde antes hemos acudido con nuestras operaciones humanitarias de la mano de la ONU. El más paradigmático caso lo ofrece ACS. ¿Será también por pura casualidad?

En los países del área subsahariana, Golfo de Guinea o Angola y Centroáfrica, contamos con empresas de recursos mineros como SGS [2] y la hispano marroquí SP Minig con presencia en todo el continente africano, así como con otras empresas de la importancia de SACIR [3] , REPSOL [4], AEE POWER [5] y empresas marisqueras y pesqueras como Albacora, Calvo, Nicra 5, PEVASA o JEALSA RIANXEIRA (añadamos de paso que entre todas estas pesqueras han devastado más de 73.000 toneladas de Atún en el Golfo de Guinea según la ICAAT en la última década en el Golfo de Guinea [6].

SACIR además participa en otros países objeto de nuestra política de seguridad y operaciones en el exterior [7]. REPSOL [8], SGS [9] y las pesqueras españolas también [10] . Podríamos estirar la lista, pero por resumir el panorama, añadamos que todas las empresas del IBEX 35 tienen destacamentos y negocio, de forma directa o por empresas participadas por ellos, en estos países africanos.

¿Coincidencia de intereses?, ¿mera casualidad?, ¿planificación colaborativa? Juzguen ustedes y pónganle el nombre que les parezca más adecuado.

4.2 Beneficios económicos detrás de la estrategia de «Diplomacia preventiva de la defensa» en el continente africano.

En otro capítulo de este texto prometimos hablar de la estrategia de seguridad militar española y su peculiar doctrina de las fronteras avanzadas, un nudo gordiano que explica muchos de nuestros aparentes esfuerzos pacificadores. Va a ser ahora, pues viene a pelo para explicarnos la relación que intentamos demostrar entre nuestros ejércitos como punta de lanza de esta política neocolonial y especulativa de la que participamos.

España cuenta con una visión estratégica, desde el punto de vista de la seguridad y del enfoque milita de ésta, que se denomina Diplomacia de la defensa, que se concreta en un «Plan de Diplomacia de la Defensa» [11], principalmente (aunque no sólo) enfocada al continente africano y que viene encarnada y descrita en los sucesivos planes “Africa” (el primero de 2002 y el tercero y último de este mismo año 2019) elaborados para dar cobertura al bodrio, y en otros documentos doctrinales y comentarios aparecidos en estudios militares.

Podemos, por otra parte, comprobar el interés económico por toda la región norafricana y el Sahel, tanto en lo que se refiere a la gestión «delegada» (y muy generosamente remunerada tanto a empresas privadas como a gobiernos fronterizos) de la porosidad de nuestras fronteras, como a otros aspectos relacionados con la inestabilidad política subregional y con los intereses económicos y energéticos españoles, como un componente soterrado de nuestra estrategia militar y de seguridad. En un trabajo del Grupo de Estudios de Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granda, elaborado en 2018 [12] , nos informan que

  • «La aproximación geoeconómica española a la Región debe contemplar aspectos comerciales, inversiones y, por supuesto, los recursos energéticos. Si bien los dos primeros pueden enfocarse a medio o largo plazo como parte de una estrategia más amplia, la Seguridad Energética nunca ha dejado de ser una prioridad para nuestros intereses nacionales»

y nos informan de la floreciente intensidad de intercambios comerciales de las empresas españolas con la región (con balanza comercial siempre favorable a nuestros intereses, todo hay que decirlo) explicando, respecto a nuestros intercambios comerciales que

  • «La intensidad de aquellos es mayor que la del resto de la UE, lo que, en nuestra opinión, obedece fundamentalmente a dos factores, en primer lugar a la proximidad geográfica, que simplifica y abarata la logística, y en segundo; a que España es uno de los estados miembros que más se beneficia de los acuerdos comerciales bilaterales entre la Unión y los países del Magreb».

Pero, para tener un mapa conceptual completo de esta diplomacia de la defensa, necesitamos hacer una pequeña precisión referida al área sobre la que se aplica, a la que de forma muy grosera, los documentos oficiales y doctrinario-militares (tanto españoles como de la UE) denominan «Sahel geoestratégico» que, como es de imaginar, se refiere al Sahel, pero no sólo al Sahel, porque, por simplificar mucho la verborrea de estos documentos, abarcan al Sahel físico (los más de 5.000 kilómetros desde el atlántico al índico y los doce estados por los que pasa éste), así como al Golfo de Guinea, los países ribereños del índico, sin descartar nuestra base de operaciones económicas en Sudáfrica y los intereses económicos y militares en el Magreb, Angola y Mozambique. Es decir, casi toda Africa.

Debo advertir que no he bebido nada de alcohol al momento en que escribo esto. Son las siete de la mañana de un sábado de insomnio y confieso que el café no me influye, que yo sepa, en las capacidades cognitivas ni delirantes.
Según nuestros estrategas, el Sahel en realidad son tres áreas geográficas que actúan como círculos, u ondas (expansivas):

  • 1) la más central, denominada «G5 Sahel», que hace referencia a los estados de Malí, Mauritania, Níger, Chad y Burkina Faso, los cuales crearon una organización más o menos estable con este mismo nombre en 2014 (y que de facto coincide con los intereses franceses y su política neocolonial y con las relaciones bilaterales de la UE con dicha organización),
  • 2) seguido de un segundo círculo más amplio que sería la franja de fronteras inconcretas y porosas de más de 5.500 km de largo, desde el atlántico al índico (más o menos 12 países)
  • 3) y, por último, un tercer círculo más amplio, el llamado Sahel geoestratégico, que es el marco geoestratégico que preocupa y ocupa a nuestros ejércitos y sobre el que se han trazado parte de las alianzas militares españolas en Africa.

El Sahel geoestratégico, en palabras del Representante de la UE para el Sahel, el español Angel Losada [13], tiene en cuenta aquellos países con capacidad de influir de forma determinante en los acontecimientos que se producen en el G5 Sahel. Esta acepción incluiría a Argelia, Libia, Senegal y Nigeria, e incluso organizaciones regiona¬les, como la Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de Africa Occidental (CEDEAO).»

De este modo, la representación gráfica que he elaborado para la explicación quedaría así (cuadro 6)

Aparte de la retórica que adorna los sucesivos planes Africa, los principales intereses españoles, crudos y duros, en su estrategia de penetración africana son de contención migratoria, de posicionamiento regional de los intereses energéticos, extractivos de materias primas (principalmente mineras y madereras) y pesqueros, y de consolidación del papel neocolonial europeo (de la mano principalmente de Francia). Llama la atención, por ejemplo, que, según las estadísticas de comercio del gobierno español, la totalidad de las empresas del IBEX-35 tienen presencia en esta área de Africa.

Es llamativa la preocupación que algunos analistas muestran por los aspectos del intercambio económico y las perspectivas de lucro para nuestra balanza comercial y empresas, en este Sahel ampliado.

Así podemos verlo en un estudio de Javier Quiñones [14] para el grupo de estudios de seguridad internacional (GESI) dependiente de la Universidad de Granda en el que se nos ofrece el siguiente cuadro elaborado por el citado autor

Sostiene el autor que España debe poner sus ojos en este «sur geoestratégico» y abrir definitivamente la ventana de oportunidades que las potencialidades de esta subregión pueden suponer a futuro, pues a las razones meramente estratégicas y securitizadoras vinculadas con la estabilidad subregional y las migraciones que actualmente forman parte de la preocupación principal de nuestras estrategias de penetración

  • «Aunque España ha diversificado su cartera de inversiones en el exterior, estas se concentran en los países desarrollados, lo que significa bajo riesgo relativo y reducida rentabilidad. Este desajuste debe ser compensado con operaciones en escenarios más volátiles; que presentan mayor riesgo, pero mayores oportunidades y rentabilidad esperada (Escribano, 2014, 25). La aproximación geoeconómica española a la Región debe contemplar aspectos comerciales, inversiones y, por supuesto, los recursos energéticos. Si bien los dos primeros pueden enfocarse a medio o largo plazo como parte de una estrategia más amplia, la Seguridad Energética nunca ha dejado de ser una prioridad para nuestros intereses nacionales»

A su vez, como ya hemos dicho, también el Golfo de Guinea, que, sin ser el Sahel, es un cierto tipo de Sahel para nuestra doctrina de seguridad, merece atención para la doctrina de seguridad de avanzadilla y nuestro empresariado de acompañante.
Aparece en primer lugar como un punto de entrada seguro de cara a nuestra logística en la guerra de Malí, pero también para la política de expoliación minera, petrolífera y pesquera en la que estamos enredados en la región.

La «Diplomacia de la Defensa» preconizada con bellas palabras y otras panoplias declarativas, se compagina con la más realista «Doctrina de seguridad de fronteras avanzadas» que plasma nuestra presencia militar en la zona para garantizar «nuestros intereses» fronterizos a tantos cientos y miles de kilómetros de nuestras fronteras físicas.

En el trabajo «El plan de diplomacia de la defensa. El caso del Golfo de Guinea/Sahel» , su autor [15], del ejército de tierra, nos señala con lógica que espanta (los subrayados son nuestros) la razón de ser de tada esta planificación:

  • «Se ha mostrado como muy negativo para el abastecimiento energético y los flujos comerciales, y a la difusión al Sahel y al Magreb de esas mismas peligrosas dinámicas. El Golfo de Guinea no es sólo una zona de tránsito marítimo, si no que muchos buques necesitan fondear cerca de sus costas para acceder a unos puertos saturados y de capacidad limitada, lo que aumenta su debilidad. Además hay que sumar la fragilidad de las instituciones y la carencia de medios de los países de la región, el narcotráfico, las disputas territoriales, la falta de mecanismos efectivos de cooperación regional, la pobreza de las comunidades costeras, las disputas étnicas y el desorden que rodea a la industria del petróleo»

Y

  • «Por todo ello, la piratería y la delincuencia en el Golfo de Guinea han ido en continuo aumento. El rápido crecimiento de la zona y la gran cantidad de recursos petrolíferos, unido a las características políticas, económicas y sociales de gran parte de los países de la zona, ha supuesto un incremento alarmante de las actividades delictivas. Por consiguiente, esta zona se ha convertido en una de las regiones del mundo más inseguras para la navegación marítima. Además los diferentes países de la zona son, en muchos casos, incapaces de dar protección a los buques y plataformas petrolíferas, de garantizar el funcionamiento de la justicia, de controlar las fronteras y mantener el control del territorio.»

Por lo que, a juicio del autor, se justifica la intervención militar española y nuestra visión de fronteras avanzadas y planeación defensiva de la que alegres y animosos disfrutan los estados ribereños del golfo de guinea (y del «Sahel geoestratégico») a cuyas autoridades políticas hemos encomendado (y ayudamos con nuestros barcos de guerra) la vigilancia marítima del flujo de barcos de nuestro interés, hemos regalado para ello lanchas militares y otros equipos que ayuden a la consolidación (por la vía militar también) de sus gobiernos, formamos a sus mandos, realizamos operaciones marítimo militares conjuntas y otra gran serie de actividades sin duda muy provechosas para los golfo-guineanos en general, a quienes de paso vendemos maquinaria y algunas armas.

Ofrece un mapa esclarecedor de nuestro interés militar en la zona específica del Golfo de Guinea (cuadro 8)

No podemos dejar de atender, amén de todo ello, la importancia de nuestros intercambios en la industria militar en el propio Golfo de Guinea:

Un suculento negocio cautivo para el Golfo de guinea que incluye tanto material militar, como material que pasa por armas deportivas y son reintroducidas en el mercado negro de armas por los compradores, como material de doble uso suministrado por nuestra industria militar.

Otros negocios más, asociados a las renovables y con impulso económico de grandes corporaciones financieras mundiales o con los fondos de la UE, parecen golosos a nuestros sectores energéticos. Es el caso del proyecto DESETEC, que pretende obtener energía accesible por medio de renovables instalando sus ingenios en el desierto del Sahara, y altamente vinculada al dinero alemán, la cual ha desarrollado la iniciativa industrial Dii GmbHm de la que participan tiburones del sector financiero y energético como Deusche Bank, Siemens, E.on , RWE o la española Abengoa. O también el caso del proyecto Plan Solar Mediterráneo que busca desplegar 20GW de capacidad instalada en el Sur del mediterráneo para el año 2020 y su aprovechamiento y explotación por Europa.

(Próxima entrega: 4.3 El caso de Mali, por ejemplo).


Ver también:

El intervencionismo militar español: ¡Menudo lavado de cara! Primera parte: Las cifras brutas

El intervencionismo militar español. ¡Menudo lavado de cara! Segunda parte: Destapando la olla

El intervencionismo militar español. ¡Menudo lavado de cara! Tercera parte: Otras fuentes de financiación.


Notas

[1Por ejemplo, Jennifer M. Welsh, de la Universidad de Oxford, en un libro del año 2004 que no merece la pena citar porque es en inglés y no excesivamente accesible desde aquí, o Robert Cooper, ex-asesor de Blair, y partícipe del Think tank Foreign Policy Center de Londres, o Lawrwnce Freedman en un texto, este sí traducido al español recientemente, “La guerra futura”

[2Congo, Costa de Marfil, Gabón, Gambia, Chad, Guinea Conakri, Guinea Ecuatorial, Kenia, Liberia, Mali, Mozambique, Nigeria, Niger, República Democrática del Congo, Senegal, Tanzania, Togo.

[3Angola, Cabo Verde, Mozambique y Togo.

[4Angola.

[5Angola, República Centroafricana, República democrática del Congo, Gana, Kenia, Liberia, Namibia, Nigeria, República del Congo, Cabo Verde, Senegal y Zambia.

[6sin contar con los barcos que mantienen bajo bandera de Curaçao, Belice, Salvador, Guatemala u otros igualmente pintorescos

[7Colombia y Argelia y casi todos los de la península arábiga.

[8Irak, Libia, Argelia y Marruecos por lo que se refiere al mundo árabe

[9Croacia, Etiopía, Indonesia, Kosovo, área báltica, Marruecos, Uganda, o el área arábiga.

[10Caladeros del índico

[12Quiñones, J. “España ante la reconfiguración del espacio Magreb-Sahel tras las revoluciones árabes: una ventana de oportunidad para el giro al sur” en «Análisis GESI 17/2018». Universidad de Granada, Abril 2018.

[13Revista Española de Defensa., Ministerio de Defensa, Diciembre 2018«

[14Javier Quiñones “España ante la reconfiguración del espacio magreb-sahel tras las revoluciones árabes: una ventana de oportunidad para el giro al sur” en Análisis GESI 17/2018. Universidad de Granda.

[15Emilio Montero Espinosa. «El plan de diplomacia de la defensa. El caso del Golfo de Guinea/Sahel». Revista AEQUITAS núm. 8, Madrid 2016.

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