En el País Valencià la falta de recursos para una educación pública de calidad es tan evidente como el lujo, la ostentación y la sospecha de corruptela en la que viven instalados no pocos de los dirigentes políticos que se encuentran a su cargo.
La presencia omnímoda de barracones en los centros escolares es prueba más que evidente de la falta de nuevos colegios e institutos de secundaria. No solo eso; la plantilla de docentes es escasa y no llega a satisfacer el número de profesionales que harían falta para que el sistema educativo realmente cumpliera su función pedagógica en condiciones. Ni que hablar del elevado número de temporalidad en la contratación de profesores y profesoras o de las absurdas políticas lingüísticas de la Consellería de Educació.
También podríamos hacer una larga lista de carencias dotacionales en los centros: desde calefacción a dotaciones deportivas pasando por cualquiera de los elementos más básicos necesarios en un colegio o instituto.
Es evidente que la Generalitat Valenciana no presta atención suficiente a la parcela educativa pública. Quizá porque tiene otras prioridades, como la organización de grandes eventos que puedan dejar suculentas comisiones, o las subvenciones a la enseñanza privada. En cualquier caso la excusa que siempre enarbolan para negarse a hacer frente a estos déficits es la falta de presupuesto.
Aprovechando que en estas semanas se está realizando la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado, como miembros de la comunidad educativa, como personas concienciadas de la necesidad de no despilfarrar recursos en la preparación de inconfesables aventuras militares, o como ambas cosas queremos señalar a las autoridades políticas autonómicas y estatales el camino para mejorar la calidad educativa en el País Valencià y en cualquier otro lugar del Estado.
El presupuesto militar previsto para 2010 absorbe casi el 10% de todo el dinero que gasta el Estado. Buena parte de ese presupuesto va a parar a la investigación militar en detrimento de partidas para investigación sanitaria, educativa etc. También se gasta en la compra de armamento de última generación de carácter agresivo, como misiles o cazabombarderos. El objetivo de todo este derroche no es otro que el de mantener un fuerte contingente militar presente en diferentes escenarios mundiales, siempre al servicio de los intereses geoestratégicos de la OTAN o de las diversas instancias multinacionales que mueven sus hilos.
Como personas que creemos en los valores de la Educación para la Paz que impartimos en nuestros centros educativos, estamos convencidos y convencidas de que tales gastos y tales políticas militaristas son éticamente cuestionables, no compensan necesidad alguna de la sociedad y sí suponen un derroche de recursos, más necesarios que nunca en estos tiempos de crisis económica.
No necesitamos dedicar el 10% de los recursos del Estado a mantener un ejército de agresión. En cambio sí necesitamos más hospitales, más asistencia a personas desfavorecidas, y por supuesto una mayor inversión en educación pública. La educación, no lo olvidemos, es la base de la sociedad del mañana.
Por ello reclamamos de las autoridades estatales, y también de las autonómicas, que no dejan de tener representación en el Parlamento de Madrid, un notorio recorte del presupuesto militar y una apuesta decidida por el crecimiento de las partidas dedicadas a educación.
Manifiesto firmado por el Grupo Antimilitarista Tortuga, el Fòrum Social d´Elx y la Intersindical Valenciana-STEPV. Abierto a más adhesiones (tortuga@nodo50.org)
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