Una colección recupera en pleno rearme los vídeos de la insumisión: ’Enseñan cómo hacer frente al militarismo’ - Tortuga
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Una colección recupera en pleno rearme los vídeos de la insumisión: ’Enseñan cómo hacer frente al militarismo’

Jueves.5 de junio de 2025 864 visitas Sin comentarios
La Digitalizadora rescata grabaciones de las protestas en Sevilla contra la mili en la década de los noventa y pretende extender el proyecto al movimiento antimilitarista de otras ciudades españolas. #TITRE

Santiago F. Reviejo

La plataforma ciudadana La Digitalizadora, compuesta por profesionales audiovisuales y de la archivística, ha digitalizado decenas de cintas de vídeo doméstico, grabadas durante las protestas del movimiento antimilitarista que llevó a prisión a más de 1.500 jóvenes entre 1989 y 2001 por negarse a hacer el servicio militar obligatorio y su prestación social sustitutoria (PSS).

La colección se ha abierto con la memoria de los insumisos de Sevilla, pero prevén ampliarla a otras ciudades españolas para recordar las aportaciones del mayor movimiento de desobediencia civil de este país, justo cuando ha emprendido un rearme militar con un notable incremento de la inversión en defensa.

La colección Insumisión-Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) Sevilla se ha hecho mediante la digitalización de las cintas que grabaron con cámaras domésticas de vídeo familiares de insumisos y alumnos de estudios audiovisuales durante las manifestaciones, juicios y entrevistas a jóvenes a quienes les pedían dos años, cuatro meses y un día de prisión por negarse a hacer la mili o su alternativa, la PSS.

Es una selección de más de 70 horas de grabación que recogen en torno a una década de protestas antimilitaristas sin parangón en Europa, las cuales no cesaron hasta que el Gobierno de José María Aznar, en 2001, acabó con un servicio obligatorio solo para los hombres, impuesto durante más de 200 años.

El movimiento antimilitarista cristalizó en España entre febrero y junio de 1989, cuando se presentaron de forma voluntaria en los juzgados de diferentes capitales españolas cerca de 200 jóvenes que se negaban a hacer ninguno de los dos servicios que estaban obligados a realizar al cumplir los 19 años.

Pero ya había precedentes, como el de Pepe Beunza, el primero en declararse objetor en España por razones éticas y políticas, que estuvo preso entre 1971 y 1974 y que en un artículo publicado en 2014 explicaba así sus convicciones: "La persona que dice no a lo que considera una obligación injusta, lo hace públicamente y acepta las consecuencias, desarrolla una fuerza más poderosa que un Estado, un dictador o una ley. Así entiendo yo la objeción de conciencia. Siempre se paga un precio, a veces pequeño, pero, según en qué circunstancias, puede significar la libertad o la vida. En este caso, el efecto dominó puede ser tan importante que consiga que las leyes injustas desaparezcan o los tiranos caigan".

Otro de los referentes del movimiento de la insumisión en España, Adrián Collado, fallecido en 2023 en Sevilla, fue el principal instigador de la recuperación de la memoria audiovisual del antimilitarismo, de la que tenía guardadas en su casa varias cajas con un total de 150 cintas de vídeo en viejos formatos analógicos. Un día se presentó con las cajas en la casa del realizador audiovisual Oscar Clemente y le propuso hacer algo para conservar toda esa memoria antes de que los avances tecnológicos hicieran completamente obsoletas e inservibles las viejas cintas VHS.

Aquello fue el germen de La Digitalizadora como una plataforma ciudadana que colabora con colectivos sociales para preservar su memoria audiovisual registrada en formatos analógicos. Desde su creación, en 2019, La Digitalizadora ha creado, entre otras, colecciones de la memoria audiovisual de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y la lucha jornalera de Diamantino García, de tres barrios de Sevilla, del Colectivo de Cine Polans y de una novedosa experiencia de reforma educativa en Riotinto.

Sin embargo, la que había sido su embrión, la antimilitarista, se quedó postergada por diferentes circunstancias, según explica a Público Oscar Clemente. Y es ahora, cuando el rearme militar ha vuelto a la primera plana, cuando será presentada en un acto en Sevilla previsto para el próximo 17 de mayo.

La colección recoge momentos muy relevantes del movimiento antimilitarista de Sevilla. La declaración, por ejemplo, del cantante del grupo de rock Los Reincidentes, Fernando Madina, cuando se presentó voluntariamente en el juzgado para declararse insumiso.

O la entrega el 6 de mayo de 1991 de uno de los primeros insumisos condenados en España por negarse a hacer la prestación sustitutoria, Francisco Javier Batres, Frasco, acompañado por una multitud desde su facultad, Ciencias de la Educación, hasta los juzgados, y luego el momento de su salida de la prisión.

Otro de los vídeos recogidos en la colección muestra el salto de la valla de la Base Aérea de Morón, realizado el 19 de febrero de 1996 por cuatro antimilitaristas que desplegaron una pancarta dentro del recinto contra los ejércitos, cuando se cumplían siete años del comienzo de la campaña de insumisión.

Aquello tenía su riesgo, porque se exponían a una condena de hasta tres años de prisión por entrar sin permiso en una propiedad militar. Fueron detenidos por la policía de la base y luego entregados a la Guardia Civil.

Manuel Soriano es uno de los insumisos que participó en esa protesta. "La insumisión fue una de las campañas de desobediencia civil más importantes a nivel internacional. Con ella se forzó a cambiar algo tan consolidado como el reclutamiento forzoso para el servicio militar. Conseguimos derrocar una tradición castrense después de una dictadura y una transición. Eran mogollón de jóvenes los que estaban dispuestos a sufrir las consecuencias de la lucha", explica a Público.

Enrique Luna es otro de los insumisos sevillanos que organizó y participó en decenas de protestas para acabar con el servicio militar. A su entender, el grupo del MOC de Sevilla fue uno de los grupos más fuertes y mejor coordinados de Andalucía y de toda España.

Y tuvo una responsabilidad muy importante, añade, en un momento en el que el movimiento antimilitarista sufrió una crisis, un ataque de pánico, a causa de los primeros encarcelamientos de insumisos a la prestación sustitutoria, entre ellos el de Francisco Javier Batres, fallecido hace unos años.

“Desde Sevilla fuimos capaces de plantarle cara a la represión y no venirnos abajo tras el encarcelamiento de Frasco, proponer actos de protesta y, de algún modo, tomar la delantera", detalla Enrique Luna, quien resalta el enorme apoyo con el que contaba entonces el movimiento antimilitarista en todo el país.

"Por cada insumiso, había cuatro personas que se autoinculpaban del mismo delito. Y después estaban los grupos de apoyo que se creaban en torno a cada uno de ellos. Si hablamos de que había 15.000 insumisos en toda España, pues podían ser ocho, diez veces más los que lo apoyaban desde todos los ámbitos".

Hubo otros momentos muy destacados en la lucha antimilitarista en la capital andaluza. Manuel Soriano recuerda uno de los primeros, la protesta que llevaron a cabo durante el último sorteo de quintos que se celebró en nuestro país, un sorteo en el que se asignaban los destinos para los jóvenes que iban a cumplir el servicio militar obligatorio.

Era noviembre de 1989 y en la Plaza de España, donde se encontraba la sede de Capitanía General, atacaron por tres frentes: unos desplegaron detrás del escenario una pancarta contra la mili y los ejércitos, otros se subieron a una grúa y colgaron una pancarta a favor de la insumisión y otros, camuflados entre el público asistente, hicieron una sentada de protesta. La respuesta fue una dura intervención de los agentes antidisturbios de la época, cinco de cuyos miembros fueron expedientados por las cargas.

Otras protestas relevantes fueron el tapiado de lo que era el centro de reclutamiento para el servicio militar en unas dependencias del ayuntamiento; una concentración frente a una sede electoral del PSOE, partido que gobernaba con la mayoría absoluta de Felipe González, que también acabó con porrazos de los antidisturbios, o los carteles con los que cubrieron los rótulos de las calles de Sevilla que tenían nombre de militares y que renombraron como "Ningún ejército defiende la paz".

El servicio militar obligatorio desapareció en España en 2001, pero el ejército no, ni aquí ni en ninguna otra parte del mundo. La guerra en Ucrania y la nueva estrategia del presidente de EEUU, Donald Trump, entre otras razones, han movilizado de nuevo el discurso militarista en Europa, donde varios países han anunciado la reimplantación del servicio militar y un aumento del gasto militar.

El Gobierno español, de momento, ha aprobado una inversión adicional de 10.471 millones de euros para cumplir con el objetivo de destinar a defensa el 2% del PIB nacional.

Los insumisos que lucharon contra los ejércitos en la década de los noventa ven con preocupación este repunte militar. Por eso creen que la presentación de la colección de la memoria audiovisual de lo que se hizo en España hace poco más de 30 años puede ser un acicate para que las nuevas generaciones conozcan cuáles son los caminos a seguir.

Críticas al papel de la izquierda

"Es otra vez la sinrazón. La guerra no soluciona nada. Con solo hacer un análisis de la historia de la humanidad, vemos que únicamente empeora los conflictos. Y ahora estamos viendo lo que supone una guerra en Gaza, en Yemen, en Ucrania", se lamenta Manuel Soriano, que critica el apoyo de los grandes medios de comunicación al incremento del gasto militar, publicando encuestas con resultados favorables a esa posición. "Todos se han apuntado como un disco rayado. Volvemos a lo mismo", apostilla.

Enrique Luna también critica el papel que están desempeñando en este tema las fuerzas de izquierda: "La gente de todo el ámbito de la izquierda, política, sindical, social, tiene que reflexionar sobre cómo hemos llegado a esta situación, cómo teniendo responsabilidades de gobierno, de poder, han ido poco a poco debilitando la sociedad civil, la red de asociaciones, movimientos sociales, espacios de libertad, para crear conciencia y una sociedad libre y participativa. Todo eso se lo han ido cargando, mermando, por intereses políticos. Y eso es lo que ha dejado espacio para una ideología reaccionaria frente a una sociedad muy debilitada para hacer frente a un conglomerado de intereses militares y económicos".

Estos veteranos integrantes del movimiento sevillano de insumisión confían, sin embargo, en que la exposición de los vídeos con la colección de La Digitalizadora sirva de ejemplo para "estructurar una sociedad que avance, esté más empoderada y sea capaz de hacer frente a estructuras poderosas y militaristas" como a las que se enfrentaron ellos al final del siglo XX.

Julia Cortegana de la Fuente, archivista audiovisual, trabaja en un proyecto de la Filmoteca Española y es, junto a Eduardo Montero, una de las responsables de la colección antimilitarista de La Digitalizadora. Ella, nacida en 1995, aunque no conoció de primera mano el movimiento de la insumisión, sí tenía referencias.

Ahora, ha quedado encantada de haber participado en este novedoso proyecto. "Ha sido muy gratificante el trabajo con los insumisos y las insumisas, cómo se emocionan al contar lo que vivieron", apunta Julia a este periódico.

El trabajo ha sido laborioso. No solo han tenido que digitalizar y seleccionar las imágenes de 71,5 horas de cintas analógicas contenidas en 58 cintas de vídeo VHS, 11 de Vídeo 8, seis de formato Hi8, tres VHS-C y 35 DVD. También han tenido que localizar a las personas que las grabaron y a las que salían en las imágenes para poder contextualizarlas y describirlas correctamente.

Además, las cintas que Adrián Collado le había llevado a Oscar Clemente eran copias y tuvieron que buscar las originales. Eran vídeos que había grabado Manuel Pino para la televisión comunitaria del barrio sevillano de San Diego; Ángela Collado, la hermana de Adrián, que estudiaba formación profesional audiovisual; su padre, Manuel Collado, o Mariano Agudo y Pablo Coca cuando estaban también estudiando, antes de hacerse directores de documentales.

La colección, sin embargo, continúa abierta, recalca Julia Cortegana. Siguen subiendo vídeos y se han propuesto llegar hasta los 60 archivos audiovisuales de la historia del movimiento antimilitarista sevillano. Pero tampoco se quedarán ahí. Ya han abierto una colección del MOC de Tenerife y pretenden crear otra de El Puerto de Santa María y de Bilbao.

La Digitalizadora se ha convertido de esta manera en un referente de la recuperación de la memoria colectiva audiovisual en España. Su objetivo fundamental es rescatar la proliferación de formatos de cine y vídeos domésticos que empezaron a proliferar a partir de los años 70, cuando dejaron de ser un privilegio de la élite y permitieron que colectivos sociales y ciudadanos pudieran documentar el mundo que les rodeaba y las actividades que ellos llevaban a cabo.

"Hoy, esas miles de horas de grabaciones corren riesgo de desaparición, debido a la caducidad de los soportes y la obsolescencia de los formatos en los que fueron registradas", advierte esta plataforma ciudadana de profesionales audiovisuales y de la archivística creada en Sevilla.

La colección va acompañada de unas fotografías realizadas por Antonio Pérez, tituladas Insumisión, la memoria desobediente, en la que se recrean escenas de las protestas y de los lugares donde tuvieron lugar en Sevilla en la década de los 90.
El donativo oculto que inició el proyecto

Todo empezó en 2019 con aquella caja de cintas que Adrián Collado y Manuel Soriano le llevaron un día a Oscar Clemente, entre las que se escondían, sin él saberlo, 500 euros que le habían hecho como donativo para poner en marcha el proyecto. Con ese dinero, compraron el primer equipo de La Digitalizadora, una capturadora de vídeo y un magnetoscopio de súper VHS.

Pero como no disponían de más dinero para convertirse en una prestadora de servicios autosuficiente, los fundadores de La Digitalizadora decidieron seguir el camino de la colaboración y acompañar a las asociaciones interesadas en conservar su memoria audiovisual analógica, creando junto a ellas las colecciones que ahora conforman el proyecto y adjuntando a cada documento una descripción a la altura de cualquier archivo público.

Para esa labor, han contado también con los espigadores, es decir, los descubridores de colecciones audiovisuales, colaboradores que encuentran cintas y otros materiales de interés de iniciativas sociales destacadas que consideran deben ser conservadas, explica Oscar Clemente. Así es cómo, por ejemplo, han creado la colección de Cine Polans o la experiencia educativa de Riotinto.

"Y con todo el furor militarista actual, nos parecía muy oportuno recuperar ahora la memoria de la lucha antimilitarista, que fue, precisamente, el primer material que nos llegó a través de Adrián", afirma Clemente.

En una entrevista publicada en 1993 en El Correo de Andalucía, Adrián Collado contestaba así, con 26 años, a la pregunta sobre si existía realmente la paz: "La paz claro que existe, pero no se trata de que los militares estén tranquilos y no haya guerra. La paz es algo mucho más profundo y se da cuando no existe una injusticia, cuando los conflictos se pueden resolver sin tener que oprimir, sin tener que machacar a otra persona. Pero siempre hay conflictos, aunque no haya militares pegando tiros. Ahora mismo, yo creo que no estamos en paz, porque cuando hay tres millones de parados, cientos de personas marginadas, desechadas de la sociedad, cuando las cárceles están llenas de gente sin recursos, cuando hay racismo y los inmigrantes son tratados como perros, cuando se abandona a un montón de gente, no, no puede existir la paz".

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/col...

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