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Servicio militar eritreo: Éxodo y derechos humanos

Sábado.21 de noviembre de 2020 96 visitas Sin comentarios
Descifrando la Guerra. #TITRE

Introducción

Eritrea es uno de los países más jóvenes del mundo. Colonia italiana durante décadas, fue ocupada por los británicos durante la Segunda Guerra Mundial, y tras el conflicto, forzosamente pasó a formar parte de Etiopía. Sin embargo, los eritreos no quisieron renunciar a su independencia, y pronto estalló una cruenta guerra entre las fuerzas independentistas del Frente Popular para la Liberación de Eritrea (FPLE) e, inicialmente, el emperador Haile Selassie, y más tarde, tras el derrocamiento del monarca, el Derg, la junta militar que alineó a Etiopía con el bloque soviético.

Las fuerzas rebeldes eritreas demostraron gran capacidad de lucha, y tras treinta años de sangriento conflicto, el FPLE logró derrotar al Ejército más grande del África subsahariana (que contaba, además, inicialmente con pertrechos norteamericanos, y, tras la caída de Selassie, con equipamiento y asesores soviéticos), obteniendo la victoria final en 1991. Como consecuencia de la victoria, Eritrea alcanzó la independencia en 1993, después de que casi el 100% de la población votase a favor en un plebiscito.

Con un país con unos nueve grandes grupos lingüísticos distintos (siendo el tigriña el idioma más numeroso) y cuatro confesiones religiosas registradas, el gobierno del nuevo Estado eritreo apostó por una férrea construcción de una cultura nacional y la potenciación del fervor patriótico con una doble finalidad: por un lado, asegurar la independencia nacional para defenderse en un futuro, si fuese necesario, de una invasión extranjera (posiblemente, etíope), y, por otro lado, garantizar la integridad territorial, buscando evitar que las fracturas étnicas y religiosas destruyesen el nuevo Estado, en una época en la que las diferencias entre los cleavages estatales estaban provocando sangrientos conflictos en la región (Somalia) y en el mundo (Ruanda, Yugoslavia). La experiencia de la guerra, en la cual el FPLE fue capaz de crear un numeroso Ejército cohesionado y altamente disciplinado, reuniendo gentes de diversos credos y orígenes étnicos, fue motivo suficiente para que se decidiese implementar el servicio militar, llamado Servicio Nacional (SN). Dicha medida fue auspiciada por el Frente Popular para la Democracia y la Justicia (FPDJ) partido político formado por los ex-militantes del FPLE y que, desde entonces, rige los destinos del país. Con la implementación de este servicio militar, el gobierno de Isaias Afewerki no solo fomentaba la construcción de la identidad nacional y el fervor patriótico, superando las distintas divisiones étnicas del país (en una entrevista en 1996, por ejemplo, se reafirmó en su voluntad de no permitir la existencia de partidos políticos que representasen a tribus o credos), sino que además potenciaba la sensación de inseguridad y de peligro para la integridad territorial del nuevo Estado para, de esta manera, mantener un férreo control sobre la población. El gobierno, además, afirmó que el SN serviría también para fomentar en la juventud “la disciplina y el amor por el trabajo”, así como “fomentar y ayudar al desarrollo en el país” y “ayudar a construir la nación”. Sin embargo, en la actualidad, el servicio militar eritreo se ha convertido en una forma de esclavitud estatal, denunciada por distintas ONGs y organizaciones internacionales.

El servicio militar eritreo

El servicio militar es obligatorio para todos los eritreos, hombres y mujeres, entre los 18 y los 40 años. Según ley, el SN se divide en dos períodos: por un lado, los seis primeros meses estarán destinados al adiestramiento militar; una vez finalizado este período, el conscripto deberá participar en tareas y maniobras militares. Una vez finalizado, el recluta permanecerá en la reserva hasta los 50 años. Están exentos de realizar este servicio aquellos veteranos de la guerra de Independencia y los discapacitados. La objeción de conciencia no está contemplada, e incluso es perseguida: por ejemplo, en 1994 tres testigos de Jehová fueron arrestados por negarse a realizar el servicio militar, y negarse a desempeñar el SN es motivo de arresto e incluso de prisión en aislamiento.

El servicio militar eritreo recibió un enorme impulso a lo largo de la década: en 1995 se produjo la crisis de las islas de Hanish con el Yemen, produciéndose unas breves escaramuzas; pero especialmente el principal argumento a favor del NS vino tres años después, cuando estalló de nuevo la guerra con Etiopía: el acuerdo que había supuesto la independencia de Eritrea años antes no había resuelto definitivamente la demarcación de la frontera entre ambos países, por lo que tras varios choques fronterizos, la guerra acabó por estallar, lo que provocó que Afewerki movilizase ingentes cantidades de personal militar. Tras dos años de conflicto, las fuerzas etíopes lograron romper el frente en mayo del 2000, lo que forzó a Eritrea a solicitar un alto el fuego y sentarse a negociar, acordando ambas partes que el conflicto fronterizo se solucionaría por medio de una corte arbitral. Pese al resultado adverso en el frente, el arbitraje dio la razón a Eritrea, afirmando que la ciudad de Badme, objeto de la discordia territorial, era territorio eritreo.

Finalizada la guerra, Afewerki prometió desmovilizar a 200.000 conscriptos del Ejército, promesa que incumplió, aumentando el servicio de los reclutas al crear en 2002 la Campaña de Desarrollo Warsai-Yikealo (WYDC), lo que extendía el tiempo de servicio del SN de manera indefinida.

El SN y el WYDC buscan, en suma, ser una suerte de centro de adiestramiento de la nación, basándose en los valores y en la disciplina del frente armado que luchó por la independencia. La lucha por la autodeterminación tiene un legado casi legendario, tanto, que aquellos que completan su formación militar (el primer período de seis meses) son denominados “Warsai”, vocablo tigriña que significa que es un heredero del legado de la lucha por la independencia.

Sin embargo, pese a sus objetivos declarados, el SN y el WYDC constituyen una forma de esclavitud, circunstancia denunciada por múltiples organismos internacionales y de defensa de los derechos humanos. La situación se ha tornado tan grave que los jóvenes eritreos tienen dos opciones: o enfrentarse a un servicio militar que dura una media de entre cinco y diez años (en no pocas ocasiones, ha llegado a durar hasta 20 años o huir del país. Los conscriptos desempeñan toda clase de trabajos y tareas poco relacionadas con labores militares: desde enseñanza en colegios hasta construcción de carreteras, minería o agricultura. Las condiciones laborales de los reclutas son extremadamente duras, sin apenas comida, trabajando hasta 72 horas semanales y a cambio de salarios exiguos o inexistentes. En numerosas ocasiones, los conscriptos no pueden volver a sus casas de permiso, y si logran uno (que depende totalmente del libre arbitrio de los comandantes militares) y no regresan, las autoridades ponen bajo arresto a sus familiares. Las mujeres con hijos están también exentas del SN, por lo que muchas se ven forzadas a tener hijos a edades tempranas para evitar un servicio militar en el que, probablemente, serán víctimas de abusos y agresiones sexuales.

La única opción: la huida

Ante estas perspectivas, la otra opción que tienen los eritreos para eludir la esclavitud es huir del país. Eritrea es uno de los países que más refugiados produce del mundo: según un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, alrededor del 15% de la población eritrea ha huido del país. Miles de eritreos han escapado o tratado de escapar en los últimos años, y es tal la desesperación que lo hacen pagando en numerosas ocasiones a mafias o traficantes de seres humanos para que les saquen del país, lo que puede ser también un enorme problema para los evadidos una vez huyen de Eritrea. Muchos acaban hacinados en países como Sudán, Arabia Saudí o Etiopía, vendidos como esclavos en Libia o, en no pocas veces, muriendo por el camino, intentando atravesar el desierto, por lo que muchos intentan alcanzar Europa cruzando el Mediterráneo. Los que escapan son considerados como traidores y desertores por el régimen, que castigarán a los familiares ya sea mediante la imposición de multas desorbitadas o mediante el encarcelamiento. Aquellos que intentan evadirse y son capturados son encarcelados en condiciones infrahumanas.

El debate sobre el SN dentro de Eritrea es inexistente, ya que los medios de comunicación están controlados por el gobierno, que se aseguró su poder sobre ellos tras el arresto de 10 periodistas en 2001. Además de ello, los partidos políticos están prohibidos (el FPDJ es el único partido permitido) y cualquier tipo de disidencia es perseguida: en un informe de Amnistía Internacional de 2013, Eritrea había encarcelado en 20 años hasta 10.000 presos políticos, que iban desde periodistas hasta fieles de confesiones religiosas no registradas (solo están permitidas la eritrea ortodoxa, la católica, la evangélica y el islam sunní). Estos presos nunca han recibido acusación formal, ni han recibido un juicio justo o siquiera la asistencia de un abogado. Muchos directamente han desaparecido de manera forzosa y se desconoce su paradero. El régimen de Afewerki tampoco ha dudado en purgar y encarcelar a cualquier voz discordante dentro de su propio gobierno, y actualmente se encuentran en prisión desde veteranos de la guerra de la Independencia hasta ex-ministros, siendo el más notorio el ex-ministro de Finanzas Berhane Abrehe, que publicó un libro llamando a un alzamiento de los jóvenes contra Afewerki. El sistema penitenciario eritreo está tan masificado y en unas condiciones tan extremas que el informe de Amnistía denunció que muchos prisioneros son hacinados en celdas subterráneas o en contenedores marítimos. La prisión más tristemente famosa, por sus durísimas condiciones, y su alta mortalidad, es la de Eiraeiro, una prisión secreta de la cual se desconoce su localización exacta. En este penal están encarcelados algunos de los presos más famosos contrarios al régimen: desde periodistas (incluyendo a un grupo conocido como G-15, firmantes de un manifiesto en contra de Afewerki y su gobierno) a ex-altos cargos del gobierno purgados.

En 2018 Eritrea y Etiopía firmaron un acuerdo con el que pusieron fin a largos años de disputa fronteriza. Como resultado, las esperanzas de la desmovilización de los conscriptos (ahora que el peligro de amenaza externa ha desaparecido) aumentaron entre los eritreos, y las reticencias de la comunidad internacional hacia el gobierno eritreo se relajaron. Sin embargo, pese a las ilusiones iniciales (que comenzaron con la apertura de fronteras con Etiopía y el primer vuelo comercial en décadas entre Asmara y Addis Abeba) se disiparon, y la situación en Eritrea permanece inalterada. Sin embargo, la situación para aquellos demandantes de asilo ha ido a peor: según un informe de Human Rights Watch, como consecuencia de la relajación de la tensión entre etíopes y eritreos, países como Israel o Estados Unidos han denegado el asilo a cientos de eritreos bajo la excusa de que las condiciones en su país de origen ya no eran “tan duras”. Como consecuencia de ello, un eritreo se suicidó en el aeropuerto de El Cairo en 2017, mientras era deportado desde Norteamérica.

La situación de los presos políticos es si cabe peor debido a la pandemia mundial del COVID-19. Recientemente, el Ministerio de Sanidad eritreo reconoció que se habían reportado casos en centros penitenciarios del país, un dato especialmente grave teniendo en cuenta la situación de masificación de las cárceles eritreas. Y por si fuera poco, pese a las esperanzas surgidas en 2018, dos años después el servicio militar sigue vigente en la nación del mar Rojo, y por ende, la esclavitud.

Por José Ignacio Contreras Valcárcel.

Fuentes:

http://www.eritrea.be/old/eritrea-r...

“‘Sons of Isaias’: Slavery and Indefinite National Service in Eritrea” de Mirjam van Reisen, Makeda Saba y Klara Smits

“Forced Labor in Eritrea” de Gaim Kibreab

https://www.britannica.com/place/Er...

“Ébano” de Ryszard Kapuscinski

The national service/Warsai-Yikealo Development Campaign and forced migration in post-independence Eritrea de Gaim Kibreab

“Eritrean US detainee kills himself at Egyptian airport” de Associated Press
ill
“Eritrea: repression past and present” de Amnistía Internacional

“Eritrea: events of 2018” de Humans Rights Watch

“10 000 Eritrean political prisoners 20 years after independence, says Amnesty” de ACJR

“‘It’s just slavery’: Eritrean conscripts wait in vain for freedom” de The Guardian.

“Eritrea: Show humanity and release prisoners of conscience amid COVID-19” de Amnistía Internacional.
joigconval
Jurista y politólogo, analizando la actualidad.

Fuente: https://www.descifrandolaguerra.es/...

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