Los malditos que prenden el monte, porqué lo queman, y a ver qué hacemos con ellos - Tortuga
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Los malditos que prenden el monte, porqué lo queman, y a ver qué hacemos con ellos

Lunes.18 de agosto de 2025 4303 visitas - 8 comentario(s)
Pablo San José, Tortuga. #TITRE

Considerando que es una reflexión que no ha perdido actualidad ninguna, recuperamos este artículo publicado en Tortuga el 2 de septiembre de 2012. Nota de Tortuga.


El pasado domingo 19 de agosto tuve el dudoso honor de presenciar los primeros compases de uno de los mayores incendios forestales del verano: el de Castrocontrigo, en León (ver noticia abajo). Desde el portillo que une Castro con los pueblos zamoranos de Justel y Muelas de los Caballeros se podía ver bien todo su frente de desarrollo en su lado Sur (adjunto fotos que yo mismo tomé, menos la última hecha por mi compañera desde la ventanilla del coche), y cómo avanzaba devorando monte en dirección al Teleno y a la tierra del Jamuz. Era perfectamente perceptible cómo había al menos tres focos diferentes sin conexión entre sí, lo que ofrece pocas dudas sobre su carácter intencional. Al día siguiente el periódico hablaba de doce incendios, todos provocados, en el mismo día, en la provincia de León.

Y me pregunto, ¿quién quema el monte? Las propias versiones oficiales, de las que cabe dudar ampliamente ya que el estado es juez y parte en todo este tipo de desaguisados, llegan a reconocer que hay muy pocos incendios por causas naturales. El resto los reparten entre las “negligencias” y los directamente provocados. Las teles nos hablan de que hay muchos “pirómanos”. Como si todo aquel que espera calculadamente a ese día más caluroso y seco del año para prender el monte a la hora más desfavorable para su extinción precoz fuera poco menos que un demente evadido de un psiquiátrico. Y más explicaciones (sociales, económicas, urbanísticas, industriales...) no nos dan.

Eso sí, con lo de las negligencias insisten mucho. Que si las colillas, que si los agricultores imprudentes, los excursionistas que no apagan barbacoas etc.

Intereses del propio estado

Cuando el poder insiste tanto en un tipo de explicaciones y tan poco en otras hay que pensar que algo huele a chamusquina. Negligencias de esas haberlas háilas pero, en mi opinión, a la administración le viene bien asociar a esa causa un buen número de incendios intencionados y cualquiera que tenga un origen dudoso. ¿Por qué? Pues, en primer lugar, para evitar tener que dar explicaciones sobre la otra causa, la de los incendios provocados, la cual pondría sobre la mesa el debate de los intereses urbanísticos, industrial-madereros, empresariales, etc en los que los políticos gobernantes tienen siempre su hocico metido.

En segundo lugar, porque al poder siempre le viene bien hacer circular estados de opinión que refuercen la idea de que la gente es mayoritariamente irresponsable, imprudente y peligrosa. Así el estado, ajeno a cualquier tipo de autocrítica acerca de a ver qué tipo de educación obligatoria da a sus “ciudadanos”, queda legitimado para endurecer leyes, ampliar aparatos represivos y reforzar cualquier mecanismo de control social. Véase como principal consecuencia en este tema (que se une al resto de temas) el formidable avance del control y restricción que se ha dado en la última década en todo lo que tiene que ver con acceso a y disfrute de los montes cada vez más irónicamente llamados “públicos”. Ni qué hablar del aumento de presión y control sobre la población rural que tradicionalmente vivía de estos recursos. En nombre de la ecología, para más cachondeo.

No viene mal recordar también que por mucho que puedan ser negligencias las causas de algunos de estos incendios, tales negligencias estarían dándose sobre un terreno negligentemente, incluso intencionadamente, abandonado por la propia administración. En bosques de los que ha sido desplazada la población que los aprovechaba y mantenía limpios. Lugares en donde ya nadie o casi nadie se ocupa, mucho menos el poder estatal, de la eliminación de maleza y ramas secas.

Y tampoco debemos olvidar que los políticos e instituciones sacan tajada directa de los incendios. Véase lo bien que vienen, por ejemplo, para prestigiar al ejército, o para que el político de turno se cuelgue medallas y distraiga a su opinión pública. Para que el alcalde contrate a sus votantes en las brigadas. O para que los gobernantes puedan meter la mano en la caja de las partidas dedicadas a prevención y extinción de incendios, contratar a las empresas de sus familiares y amigos y cosas de estas que conocemos bien por las páginas de crónica política de los diarios.

Consecuencias de la destrucción del mundo rural tradicional

¿Por qué se quema entonces de forma intencionada el monte en sitios como León?

Podemos ver claro los intereses urbanísticos en connivencia con el poder político en la mayoría de los incendios levantinos. En Alacant, por ejemplo, mucha gente recordamos el más que sospechoso incendio del monte protegido cerca de Benidorm que inmediatamente se recalificó para instalar la monstruosidad de Terra Mítica. Pero en las aisladas y deshabitadas comarcas de la Sanabria, la Carballeda, la Cabrera o Jamuz, que sepamos y por suerte, nadie proyecta un parque temático o un Eurovegas.

Preguntamos a la gente de los pueblos de la zona y se encogen de hombros: que si los cazadores para que en la temporada de caza el terreno esté más despejado, que si, quizá, algún brigadista de extinción a quien no han contratado este año... Con estupor me entero de que hay municipios de la provincia de León cuyo monte arde cada año. ¿Cual puede ser la causa? Mirando a ver cual es la economía de esos pueblos, mayoritariamente primaria (ganadería más que agricultura), puede advertirse que muchas familias en invierno viven de “los pinos”. Es decir, son contratados para trabajar en cuadrillas en la temporada de reforestación de los montes. Acabáramos.

¿Y qué ha llevado a la menguada población de estas comarcas a abandonar su tradicional autogestión agrícola y ganadera para tener que depender de este tipo de trabajo asalariado subvencionado tan destructivo, tanto para el territorio, como puede verse, como para los tejidos sociales tradicionales?

Las respuestas son muchas. La principal tiene que ver con la economía capitalista que especula con los alimentos en mercados globalizados y somete a innumerables intermediaciones los productos agropecuarios hundiendo el precio pagado a los productores. En comarcas fundamentalmente rurales esta dinámica obliga a la población a emigrar o al complemento laboral asalariado que era ajeno a su cultura en la mayoría de los casos.

Pero, además, estos días he oído criticar mucho la presión estatal sobre agricultores y ganaderos. “No dejan ni podar las zarzas en los prados del ganado porque dicen que las moras son el alimento de las aves”, me decía un lugareño. “Si tocas una sola rama en el monte estás listo. No puedes hacer absolutamente nada”, añadía. Este verano leía que una de las medidas decretadas para evitar incendios por “negligencia” era la prohibición de cualquier actividad agrícola que pudiera provocar chispas. Por ejemplo se ha llegado a prohibir segar en la temporada de la siega, cuando el pasto está completamente seco. ¿Estamos locos?

Yo soy de la fatalista opinión de que el estado y sus subvenciones enmierdan cada cosa que tocan. Como hay incendios, se crean fondos institucionales para prevención y reforestación. Enseguida se pone en marcha la máquina clientelista y chanchullera, cuando no mafiosa. Comisiones por aquí y por allá, contrato a esta empresa y no a la otra, si quieres trabajar de peón tienes que ser “de los nuestros” etc. Y como el dinero todo lo pudre, surge la codicia. Cuanto más monte quemado, mejor; más trabajo y más negocio. Es lo que tiene la sustitución de formas de vida tradicionales sostenibles y económicamente independientes por los beneficios de la modernidad. Por mucho que la llamen “de bienestar”.

¿Qué hacemos pues?

Como no podía ser menos, surgen voces que piden el endurecimiento del código penal para este tipo de delitos. Hay que decir que en este tema -a diferencia de cualquier otro, en el que se mueven como balas- los políticos gobernantes cacarean menos, y es un asunto del que año tras año opinan pero con sordina, cuidándose de no llevar a la práctica las propuestas. ¿Por qué? Pues piense mal y acertará. Sin embargo la devastación de este verano ha sido tal que les ha obligado a mayores pronunciamientos.

Es de creer que la mayoría de la población que vive ajena a la problemática llegaría a aplaudir no solo un endurecimiento penal para quien prende el monte, sino incluso que se aprobara la medida de que murieran a fuego lento atados a un poste en mitad del bosque en llamas.

Yo, una vez más he de disentir. Por una parte, porque endurecer las penas no suele ser una medida eficaz como se ha demostrado en otros delitos. Ya buscará sus mañas quien quiera seguir quemando, perfeccionando sus métodos o contando con la complicidad de los agentes policiales correspondientes, tal como sucede, por ejemplo, con el narcotráfico de hachís en la frontera sur peninsular. El castigo nunca actúa sobre causa alguna, las cuales siempre permanecen.

Por otra parte, porque una sociedad que cualquier problema lo quiere resolver a base de castigos y cárceles es una sociedad que ha dimitido de intentar hacer las cosas bien y de cualquier valor de humanidad. Ello sin nombrar lo que tal cosa le facilita el trabajo al poder. Alguien decía esta frase: “Quien quiera salvaguardar su libertad deberá proteger de la arbitrariedad hasta a sus enemigos, o se establecerá un precedente que se volverá contra él”.

El problema de los incendios forestales, como casi cualquier otro, solo puede afrontarse actuando sobre su raíz, sobre su génesis. En el caso concreto que estamos analizando aquí pasa por revitalizar los modelos económicos (y de paso los políticos) locales recuperando su sostenibilidad tradicional. Las actividades primarias productivas de toda la vida deben mantenerse y recuperarse mientras recorren el camino necesario para irse desvinculando de la tiranía del mercado capitalista. Tal como se está haciendo en diferentes lugares del mundo y, por ejemplo, en algunas comarcas catalanas, hay que volver a lo ecológico, a la autogestión, al comunalismo y al intercambio local de bienes y servicios. Estas comarcas poseen la suficiente riqueza para autoabastecer cualquier necesidad básica siempre que sea dentro de unas coordenadas que se alejen de los cantos de sirena de “la sociedad de consumo”, y están en condiciones también de comerciar ventajosamente con sus excedentes.

Mientras tanto, opino (y espero que nadie me tire ninguna piedra) que sería una medida excelente a tomar por alguien el que desapareciera cualquier tipo de subvención a la prevención de incendios y a la reforestación en estas comarcas. Así se podría romper el círculo vicioso. Si los habitantes del lugar (yo soy originario de una de estas bellas comarcas) aman su monte, que lo cuiden y mantengan de forma voluntaria y gratuita. Con especies autóctonas y no con pinos a ser posible. Y si no, pues que lo incendiado por la industria del fuego, sin que nadie pueda obtener el menor beneficio del desastre, quede quemado unos años o las décadas necesarias para que se regenere por sus propios medios. A ver si así la gente reflexiona y las nuevas generaciones llegan a la conclusión de que hay que cambiar no pocas cosas o nos vamos todas y todos al garete.

Feliz fin de verano.


Ver también:

Javier Colmenarejo, vicepresidente de la Federación Estatal de Pastores: "Los pirómanos son los que echaron a los ganaderos del monte"
Se refiere a los poderes públicos.


El peor fuego de la década en León arrasa 8.000 hectáreas de gran valor ecológico

El incendio intencionado que se declaró en Castrocontrigo sigue en nivel 2 de alerta.

El incendio intencionado que se declaró este domingo en Castrocontrigo, en la provincia de León, y que amenaza a nueve pueblos, es el peor de la década, según ha manifestado José Ángel Arranz, director general del Medio Natural de la Junta de Castilla y León. El fuego continúa con un frente activo al sur de la sierra de Teleno y su perímetro ya alcanza los 15 kilómetros. Fuentes oficiales han confirmado que ya han ardido 8.000 hectáreas de una zona de alto valor ecológico. En la tarde del martes, los esfuerzos se concentran en la localidad de Morla de la Valdería, donde trabajan la mayor parte de los medios aéreos empleados. El fuego se mantiene el nivel 2, debido al riesgo que entraña para personas y bienes. La región se ha convertido en una "gran zona incandescente", por lo que las llamas pueden volver a revivir con cualquier "mínimo movimiento de aire", ha explicado Arranz. 

Más de 800 técnicos forestales, entre los estatales y los de la comunidad están luchando para sofocar las llamas. A los 350 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que ya se encuentran en la zona se han sumado este martes otros 150 militares a petición de la Junta de Castilla y León. El alcalde de Castrocontrigo —municipio de unas 900 personas—, Aureliano Fernández, ha descartado que, por el momento, sea necesario el desalojo de los vecinos, dado que el peligro es "potencial, pero no inminente". Los casi cien habitantes de la localidad de Torneros de Jamuz sí fueron evacuados el lunes por una hora, aunque pudieron regresar a sus casas, una vez que se estimó que no había amenaza para la población. 

Fernández ha explicado que de la evolución de las condiciones meteorológicas va a depender la erradicación del fuego: El "tema capital" es que "la temperatura no se eleve mucho y el viento no se acelere". A esto se une, ha señalado, el viento que se genera en la combustión de una zona cuajada de pinos centenarios. El hecho de que se trate de un incendio de copa, con descargo de pavesas desde la parte alta, ha apuntado el alcalde, dificulta enormemente la extinción. El cambio en la madrugada del martes de un fuerte viento de sureste a noreste permitió que se introdujera maquinaria terrestre y se apagara un perímetro de 10 kilómetros, ha informado Medio Natural de la Junta.
Ya hubo un conato de fuego hace una semana entre Castrocontrigo y Torneros de la Valdería, que se pudo controlar en poco tiempo. El que se ha declarado este domingo tuvo su foco en una zona de abundante maleza y arrancó a las horas de más calor.

El incendio está arrasando una zona rica en níscalos y resina de los pinos de la especie arbórea pinaster. Además, está asolando cotos de caza, y centros y rutas de turismo y senderismo. El futuro para las familias que se dedican a la obtención de resina es muy incierto en un territorio en que la agricultura se debilita, ha resaltado el regidor de Castrocontrigo.

Los militares han llegado a petición de la Junta de Castilla y León procedentes de Torrejón, Morón de la Frontera, Zaragoza y León.
Los medios aéreos —13 helicópteros y cinco aviones— han sido aportados por el Gobierno de la comunidad y el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Los helicópteros proceden de las bases leonesas de Rabanal, Cueto, Camposagrado y Tabuyo, y de Lubia (Soria) y Laza (Orense). Dos aviones de carga en tierra vuelan desde Rosinos (Zamora), dos naves anfibias desde Matacán (Salamanca) y otra más desde Lavacolla (La Coruña).

Además, participan once vehículos bulldozer, ocho agentes medioambientales y forestales, siete motobombas, seis cuadrillas de tierra, cinco técnicos, cuatro cuadrillas transportadas en helicóptero, tres brigadas de refuerzo y una dotación de la UME.

Este ha sido un fin de semana especialmente complicado por la declaración de varios incendios intencionados en las provincias de Ávila, León y Zamora. La Junta de Castilla y León rebajó este lunes a nivel 0 —que indica que no hay peligro para personas o bienes— los incendios de Villaobispo de Otero (León) y la localidad abulense de Solana de Ávila.

El consejero de Fomento y Medio Ambiente de Castilla y León, Antonio Silván, hizo este mismo día un "llamamiento a la sociedad" para que no permanezca "impasible" ante la actuación de "los desalmados" que "atentan" contra el medio natural y "ponen en riesgo la vida de personas" al provocar los diversos incendios. En los mismos términos se ha manifestado el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, quien ha solicitado la "movilización social" para la denuncia de "negligentes" o "criminales".

Castilla y León sigue ardiendo

AGENCIAS

Bomberos, varias cuadrillas de efectivos de la Junta de Castilla y León y vecinos provistos de palas y maquinaria agrícola tratan de controlar el incendio declarado en la tarde del martes en el término de Fresno de Rodilla (Burgos), a unos 20 kilómetros de la capital. Las llamas se han acercado a 500 metros del municipio, en un fuego que tiene varios focos a ambos lados de la carretera BU-V-7022. El siniestro afecta a una zona de cultivo de cereal, otra de arboleda y de recreo, un bosque de pinos y una superficie en la que se encuentran varias instalaciones de energía eólica. Aún se desconocen sus causas. Se ha decretado el nivel 1 de alerta —sobre 3—.

Otros incendios de menor magnitud se han cebado con la provincia de Burgos. Uno de ellos se ha originado en Quintanapalla, a unos 15 kilómetros de la capital. A las afueras de esta, han saltado varios fuegos en el Alto de la Varga.


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  • Muy buen artículo.Estoy totalmente de acuerdo.Yo añadiría que es el estado el que tiene interes en que, o no haya monte o sólo el menos posible,para tener a la gente controladita en las ciudades y que no se desmanden mucho al campo,sitio donde por mucho que se quiera ver como atrasado es hoy por hoy mucho más libre de lo que lo es la ciudad.Así,¿qué va a ser de los que no puedan vivir en la ciudad de su trabajo que a juzgar por la deriva que lleva la situación serán más millones?Ahora son pocos los que quieren irse al campo,pero puede que cuando las pasajeras esperanzas de la gente desaparezcan,aumente el número y las intenciones.

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  • No puedo estar de acuerdo, al menos no completamente, con el articulo. Estoy un poco cansado del victimismo personal y de echarle toda la culpa al estado. Caemos en la trampa del propio estado de no aceptar nuestras responsabilidades y culparlo a él de todo, Justo lo que el estado quiere.
    Creo que las causas de los incendios son muy variadas dependiendo de las zonas donde se producen. En Asturias, la zona que más conozco y la mayor en cuanto a número de incendios, la causa es basicamente ganadera y tradicional sobre ganadería. Tenemos que remontarnos a la mesta para entender hasta donde se remonta la tradición de quemar. En una zona con tan pocas horas de luz y por tanto con una agricultura poco rentable, desde el punto de vista capitalista, la manera de sacarle más rendimiento al monte es la ganadería. El problema de base es la sobrealimentación que sufrimos/disfrutamos en el primer mundo y el exceso de proteína animal que consumimos. Por otro lado, lejos de la supuesta presión sobre la agricultura y la ganadería que se menciona en el articulo, yo más bien diría que el problema se agrava por el hipersubvencionismo dado a la agricultura y ganadería.
    La solución a largo plazo requiere de una gran mentalización y la asunción de las responsabilidades sobre los propios actos. Pero a corto plazo debemos defendernos contra los intereses particulares de algunos ganaderos ya sea de modo particular o aliandonos con el diablo, es decir el estado y sus cuerpos represores. Para según que cosas estoy dispuesto a aliarme con quien sea, sin perder el norte, eso si.

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    • Dando por cierto lo que dices sobre intereses ganaderos detrás de los incendios en Asturias, lo que está claro es que la final la mayoría de los fuegos los prende la gente que habita esas zonas y lo hace por necesidades laborales o por codicia económica, dependiendo de si solo se busca mera subsistencia o hay alguna forma de que un solo individuo o un pequeño grupo puedan hacer una negocio lucrativo con el incendio.

      Que son los habitantes de las zonas quienes prenden se demuestra con las declaraciones de ayer mismo del ministro de agricultura diciendo que van a cambiar la ley para que a los incendiarios no los juzgue un jurado popular sino un tribunal profesional, ya que al estar los jurados compuestos por gentes de la zona las absoluciones son muy numerosas.

      Sin embargo, y aunque como dices siempre ha habido incendios ligados a la creación de pastos, a la extensión de terrenos agrícolas o a actividades cinegéticas, lo cierto es que nunca han sido tan numerosos ni tan destructivos como los que vemos hoy. Se quemaba con esos objetivos, pero se hacía con cuidado y evitando quemar lo que no debía quemarse. Así han llegado a nuestros días bosques milenarios. En aquellas épocas los montes eran aprovechados para leña y estaban limpios, lo cual facilitaba ese control de las quemas. Por otra parte la gente dependía del monte y el bosque para muchas cosas y era la primera en evitar los incendios por causas naturales o que no estaban pactados. Yo recuerdo algún incendio en mi infancia en zonas próximas a las que se cuentan en este artículo y cómo todos los habitantes de los pueblos cercanos hacían haces de escobas (es un matorral) e iban a apagarlo. Hombres, mujeres y niños.

      Toda esta situación cambió cuando cambió la economía de la zona, cuando la gente tuvo que emigrar mayoritariamente a las ciudades y cuando estas comarcas quedaron despobladas. Hoy por hoy no se vive de actividades agrícolas y ganaderas autosostenibles sino de lo que el estado da y quita, sea en forma de empleo para la gestión de los montes o sea en forma de subvenciones a las actividades ganaderas y agrícolas residuales, tal como tú afirmas. En definitiva es el dinero del estado y su control sobre la economía de estas zonas quien lo determina casi todo. Así que yo creo que sí hay que señalarlo como verdadero responsable de los incendios y para nada hay que buscar la menor alianza con él y mucho menos con sus cuerpos represivos. Sería como querer apagar el fuego echando gasolina. Lo que hay que hacer es buscar la independencia económica de estas comarcas y la eliminación de toda subvención. Eso sí acabaría con la plaga de los incendios entre otras cosas.

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    • No parece muy factible tu propuesta de aliarnos con el "diablo" contra los malvados ganaderos.Los ganaderos tradicionales ya tienen la enemistad y el odio del estado y viven como pueden,muy a pesar del mismo.Los grandes ganaderos intensivos tienen todo el apoyo del gobierno y no creo que se pongan en contra de ellos.Son los mismos y se defienden unos a otros.

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  • Solo ha faltado algún apunte sobre la desamortización de terrenos comunales de la "ley de racionalización y sostenibilidad de la administración local"

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  • Doce pueblos de la sierra de Teleno en León pierden todos sus recursos naturales: http://www.diagonalperiodico.net/Do...

    “Con los recortes, en Tabuyo no se limpia el monte, no hay brigadas”:
    http://www.diagonalperiodico.net/Co...

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  • Xose La Ponte Morenu
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    Oigo en la SER a un bombero y un forestal del egendro, explicar el por qué la autonosuya arde por los cuatro costados, con la bendición del gobiernín autonómico correspondiente, el mismo que según su presidente, Mañueco (PP), ha gastado este año 74 millones de euros en la cosa de los incendios.

    Ocurre sin embargo que los bomberos castellanos y leoneses son contratados por cuatro ó cinco meses al año, cobran salarios base de 1.100 euros mensuales (con complementos como horas extras, etc., se pueden ir a 1.400), y son en definitiva, un personal "fijo discontinuo", que durante el resto del año -ocho meses- ha de buscarse la vida como puede. Es decir, existe un amateurismo total, una absoluta falta de profesionalización en los servicios antiincendios de esa autonosuya, y me temo, de muchas otras (des)gobernadas por granujas semejantes con sus mismos "principios" privatizadores.

    ¿Adónde han ido esos 74 millones de euros? Pues al parecer han sido generosamente repartidos entre las 35 empresas privadas que gestionan la supuesta prevención y la extinción de incendios en Castiga a León. Nada menos que 35 chiringuitos, propiedad evidentemente de coleguitas de los politicastros locales del PP, quienes además de participar en la rapiña de fondos públicos buscan asegurarse con ese reparto la fidelidad de voto de empresaurios y temporeros de la extinción de incendios; pasta gansa para los "empresarios" asociados, migajas para los más.

    Y luego pasa lo que pasa. Pasa por ejemplo, la absoluta falta de coordinación entre los 35 chiringuitos privados a la hora de afrontar el más sencillo de los incendios, no digamos una ola como la actual que recorre varias provincias a la vez. Pasa que esas pseudo empresas no invierten un céntimo en prevención a lo largo del año, entre otras razones porque fuera del verano no tienen personal contratado. Pasa en definitiva, que tampoco disponen de material realmente eficaz, y el que tienen carece de mantenimiento que merezca ese nombre.

    Pasa que todo esto es una vergüenza. Y pasa en fin que hasta que el privatizar un servicio público no esté penado con la cárcel, con este régimen no levantaremos nunca la cabeza.

    Fuente: https://www.facebook.com/photo?fbid...

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