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¿Radiografiamos la industria militar, ese espectacular caso de éxito?

Lunes.24 de diciembre de 2018 587 visitas Sin comentarios
Primera parte. #TITRE

JCR-Amigos de Tortuga.

Comenzamos la colaboración con Tortuga y queremos hacerlo con esta primera andanada contra uno de los planos de este poliedro de caras ocultas que es el militarismo «made in Spain», una excrecencia singular, pero no tanto, respecto del militarismo genérico y aplastante que padecemos.

La industria militar autóctona goza de un innegable mimo por parte de los sucesivos gobiernos españoles y sus epígonos «comunidadautonómicos» (léase principalmente Euzkadi, Madrid, o Andalucía, los tres más involucrados), así como los medios de «información» usuales. Su caso de éxito está ampliamente difundido por la pléyade de propagandistas, predicadores y opinantes que pueblan el paisaje de la postverdad vigente.
Sus más celebrados argumentos son cinco: 1) que es una industria imprescindible para dotarnos de armas que necesitamos para defendernos de ser atacados en un momento dado; 2) que es una industria estratégica para el desarrollo de la economía y las capacidades industriales y tecnológicas españolas; 3) que es uno de los principales activos económicos y exportadores españoles (fluctuamos entre el sexto y el octavo puesto mundial en exportación de armas); 4) que ofrece mucho trabajo a una sociedad apaleada por el paro estructural, y 5) genera muchísimos retornos (beneficios sociales por inversión) para la sociedad.
Todos estos argumentos forman parte de un relato falso pero eficaz. Nadie, en esta especie de verdad oficial construida por un admirable «consenso» desde arriba, se ha puesto a preguntarse al respecto, dando por sentado que las cosas son así porque sí. Lo mismo ocurre con otras múltiples facetas del militarismo, donde todo es evidente e incuestionable y nadie se para a pensar si no habrá truco en tan aplastante certeza.
Nosotros, dado nuestro natural inconformismo, no nos hemos querido quedar quietos demasiado tiempo, por lo que hemos iniciado un aburrido trabajo de mirar debajo de la alfombra para ver si -como sospechábamos por otros casos referidos a las verdades militares del barquero- no iba a ser que ocultaran una trola -una más- destinada a acallar las conciencias más suspicaces hacia el dineral que se destina a fortalecer el negocio económico y político del militarismo.
Aunque no tenemos, de momento, todos los datos necesarios para publicar un desmentido en toda regla a la trampa de esta industria, sí podemos exhibir algunos de los argumentos que hemos ido descubriendo mirando entre papeles oficiales e informes laudatorios que, de vez en cuando, publican desde el Ministerio de Defensa, los sindicatos amarillos que piden más madera o la patronal del sector. También hemos hecho uso de otros datos sacados del INE y otros organismos «neutrales» que no enfocan sus análisis a este peculiar sector y, por tanto, aparecen desprevenidos al respecto.
Para no aburrir a las cabras (parece que ahora está de moda no hacerlo) vamos a exponerlos poco a poco, a razón de un pequeño aspecto por ocasión en que los amigos de Tortuga nos sigan permitiendo usar este medio, de forma que los datos, que son espesos, serán más digeribles y al final podremos contar con una radiografía que rebatirá, esperamos, el argumentario oficial, al que tan acrítica adhesión muestran los más desinformados alcaldes de nuestro emergente tacticismo de izquierda cambiante, que ha pasado en este aspecto de poder ser un previsible aliado del cambio hacia una sociedad más desmilitarizada, a mostrarse como un aliado de tomo y lomo para el oligopolio militar-industrial.

1.- Un oligopolio con una potente capacidad de lobby

Utilizando diversas fuentes, tanto de la propia industria militar y sus patronales (TEDAE, de empresas puramente militares y AESMIDE, de contratistas con Defensa que incluye otras como Telefónica, El Corte Inglés, UCALSA, etc.), como del Ministerio de Defensa y su Dirección General de Armamento, podemos decir que la industria militar española, de tan sólida salud, cuenta con unas 400 empresas puramente militares (algo más de 500 si contamos con otros contratistas del Ministerio de Defensa para tareas de lo más variopintas, desde papel de oficina a papel higiénico, las latas de comida, uniformes y otros menesteres mondos y lirondos).
El número puede fluctuar de un año a otro y no es importante en sí, porque en realidad las grandes «industrias» son más bien pocas y oligopólicas y por tanto bien conocidas.
Lo importante, en una primera aproximación, es aclarar precisamente este primer aspecto, el carácter oligopólico del sector.
Empresas supergrandes y empresas pequeñas:
Las empresas de defensa (en la terminología oficial BITD, «Base Industrial y Tecnológica de la Defensa») se distribuyen en varias categorías:

  • Pequeñas; las que tienen entre 1 y 50 trabajadores y facturan cantidades anuales de menos de 10 millones de euros -la mayoría muchos menos trabajadores y muchos menos millones.
  • Medianas (hasta 50 millones y menos de 250 trabajadores)
  • Y grandes (las grandes dominadoras del sector, que facturan de 50 millones anuales en adelante).
    Pues bien, según esta categoría, las pequeñas empresas suponen el 38% del sector y las medianas el 27, siendo así que las grandes empresas suponen el 34% restante (unas 75 empresas).

    Podemos afinar mucho más, porque las grandes empresas (UNAS 75) en realidad incorporan a algunas espectacularmente grandes, AIRBUS Defence and Space, AIRBUS Military y AIRBUS Helicopters (en realidad son una única empresa dividida en tres sectores por asuntos comerciales) y Navantia principalmente, seguidos de otras como General Dynamics-Santa Bárbara Sistemas, IVECO Hispania, EXPAL, EXPAL Systems, EXPAL Ordnance (en realidad la misma empresa EXPAL) de carácter puramente militar, junto con otras de carácter militar/civil, como INDRA, Telefónica (con sus diversas marcas) o la dedicada a proveer de comida a los militares UCALSA SA.
    Para hacernos una idea, sólo 11 empresas del sector incorporan el 75% de las ventas directas o indirectas al Ministerio de Defensa y sólo 5 empresas el 90% de las ventas al exterior.

Pero dos datos más nos revelan el carácter oligopólico del sector:
1) Las 11 empresas “top” en realidad son menos porque tres de ellas son la misma (AIRBUS, que a su vez es accionista principal de otro número importante de empresas auxiliares), otra de ella es de carácter alimentario (se dedica a dar de comer a los militares y no tiene relevancia mayor), dos son empresa públicas (que además participan en el accionariado de otras tantas) y
2) Si bien el 88% del accionariado de las empresas del sector se compone de capital “nacional” , y sólo el 12% del mismo es capital internacional, en relación a las ventas el capital internacional supone el 67% de las mismas (principalmente armamento y tecnología de aplicación militar), mientras que el capital “nacional” sólo el 33%, incluyéndose en este último las empresas auxiliares que suministran bienes no específicamente “de defensa” (alimentación, materiales, ….).
De este modo, el oligopolio militar español se concentra en cuatro grandes conglomerados que constituyen su eje:
A) una empresa pública de fabricación de armamento naval, Navantia,
B) una empresa trasnacional de matriz europea, AIRBUS, con participación en su accionariado de España en una pequeña proporción y de otros países en la mayoritaria,
C) otra empresa pública que vende tanto al sector militar como al civil, INDRA, y
D) una cuarta, General Dynamics-Santa Barbara, que es una multinacional de EEUU, seguidas de otras de menor enjundia como como son EXPAL, IVECO, HISDESAT, uro y otras menos importantes aún.

2.- Dominio del Ministerio de Defensa en el sector y mezcla de intereses

Conviene conocer el papel estatal en este sector, tanto por su posición dominante dentro del oligopolio del capital público, español o etranjero:
a) Navantia pertenece al 100% al sector público, al pertenecer su accionariado a la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) Y su control político al Ministerio de Defensa.
b) Indra tiene como accionista principal a la SEPI (el entramado empresarial del Estado) y controla al resto del accionariado gracias a sus pactos con otros accionistas principales y a la participación dominante en el accionariado de otras empresas que, a su vez, participan en Indra.
c) La tercera, Airbus, cuenta con capital estatal español (5´46 en manos de la SEPI, pero controla otro 4,42% de su capital al ser a su vez accionista de empresas partícipes) frente a un 40´56% de capital público alemán y otro 40´56 de capital público francés), y condiciona sus políticas privilegiando en sus programas militares a estas empresas y apoyando comercial y diplomáticamentemente sus exportaciones, lo que hace que en España AIRBUS se controle desde el accionariado español.

3.- Concentración de capital público español y privado de empresas transnacionales

Para caracterizas mejor este oligopolio nos fijamos ahora un su algunas características de su accionariado.
En cifras globales, el 87´5% de las acciones pertenecientes a las 407 empresas militares consignadas en el listado de la Dirección General de Armamentos, pertenece a capital autóctono, y el 12´5% a capital extranjero. Un alivio, podría pensar algún iluso, al menos la pasta se queda en casa.
Sentimos desilusionar, porque en realidad la cifra es engañosa. La mayoría de las acciones de las pequeñas y medianas empresas dedicadas al sector, que acumulan el 87´5% del accionariado (dado que son en su mayoría sociedades limitadas y pequeñas empresas) cuentan con una cifra de negocio del 33% de las compras del Ministerio de defensa, y de sólo el 6% de las ventas al exterior, donde en la práctica no tienen cacho (salvo INDRA y Navantia y algún otro afortunado el capital español brilla en estas por su ausencia) en el reparto del pastel.
El oligopolio de la defensa se caracteriza, por ello, por un papel dominante del capital público español y del capital extranjero, y por el papel predominante de cuatro empresas, dos de ellas públicas y participadas por Defensa, y dos transnacionales, una de ellas con capital público español minoritario pero de enorme influencia en el negocio interno español, que imponen, como en el resto del mundo, su peso, acaparando el 67% de las compras internas del sector de la defensa en España y el 95% de las enormes ventas de armas “made in spain”.

4.- Penetración de puertas giratorias y lobby militar-industrial

Podemos, acto seguido, traer a colación un tema consabido: la penetración del sector, mejor sería decir de los grandes intereses comerciales del sector, en el poder público, por medio de las puertas giratorias que trasvasan personas desde diversos ministerios al sector de la defensa y del sector de la defensa hacia los ministerios. Paradigmas de esto han sido varios ministros o secretarios de Estado, como Suárez Pertierra o García Vargas desde el PSOE o Serra Rexac (PSOE y PP), Morenés o Arguelles desde el PP. Hay otros más que obviamos, incluyendo en la nómina de puertas giratorias altos cargos militares.

5.- Alianzas para copar el negocio.

Otro factor más a tener en cuenta es que las grandes empresas del sector, a su vez, participan accionarialmente de las medianas empresas del sector o mantienen alianzas entre sí para copar el mercado.
Pongamos por ejemplo EADS, que a su vez es dueña de una significativa parte del accionariado de otras empresas del sector aeroespacial o las tiene subcontratadas para sus programas, o con NAVANTIA e INDRA que participan a otras empresas, las mantienen en alianza o mantienen alianzas mutuas para fortalecerse.
A título de ejemplo, el gráfico siguiente, extraído de una publicación de Navantia, nos muestra sus alianzas estratégicas en e sector de la defensa español.

Indra, por su parte, tiene un accionariado diversificado, siendo sus socios principales el estado español a través de la SEPI, con el 18´7% de su accionariado (a su vez dueña del 100% de Navantia, del 7´41% de Hispasatat y por medio del Hispasat del 49% de INDESAT, entre otras participaciones en industrias militares) , la Corporación Financiera Alba (a su vez pertenece al Grupo March y a herederos de la familia March) con un 16´5, el Banco de Noruega con un 4´1%, Fidelity Menagement Research (un fondo de inversión de EEUU) en un 9´4% y otros fondos más o menos especulativos.

6.- Apoyo bancario incondicional

Nueva característica del sector, de la que hablaremos en extenso en otra andanada, es que las grandes compañías del mismo cuentan con un amplio apoyo bancario, por medio de créditos asombrosos que han dado lugar a considerar a un sector de la banca como un verdadero brazo de apoyo a la industria militar, una verdadera banca armada, y con estímulos públicos por medio de ayudas y subvenciones espectaculares, así como por la fórmula jurídica de créditos ofrecidos por el estado a interés cero para la “prefinanciación” de los encargos de programas de armas que el Estado proporciona.

Primeras Conclusiones

De este modo, un mercado muy concentrado en pocas empresas influyentes, que cuenta con amplios apoyos políticos y capacidad de lobby, donde son múltiples los ejemplos de puertas giratorias, fuertemente participado por capital exterior, que produce principalmente para una exportación para la que cuenta con un amplio apoyo político y diplomático, que absorbe con grandes pedidos de armamento de cifras astronómicas una ingente cantidad de recursos públicos por medio de los programas especiales de armamento, que se encuentra ampliamente subvencionado por medio de ayudas, subvenciones y créditos a interés cero, que se sirve de una banca “armada” para otra gran parte de la financiación de sus mercaderías de muerte, y cuyas exportaciones principales sirven a un interés transnacional y a un capital extranjero… ¿no es un caso de libro de un oligopolio? ¿de un oligopolio que, como todos los conocidos, antepone sus intereses egoístas a las necesidades sociales?

En otra entrega veremos que, por razones que no alcanzamos a comprender, sus intereses no son los intereses de la sociedad ni, menos aún, los de la seguridad humana. Pero no nos adelantemos.


Ver también:

¿Radiografiamos la industria militar española, ese asombroso caso de éxito? Segunda parte: Un negocio brutal.

¿Radiografiamos la industria militar española, ese asombroso caso de éxito? Parte tercera. "Pequeños inconvenientes"

¿Radiografiamos la industria militar, ese asombroso caso de éxito? (IV)

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