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Un mundo oculto: La red global del comercio de armas

Martes.15 de enero de 2019 241 visitas Sin comentarios
Segunda parte. #TITRE

Agustín Velloso
Tortuga

La segunda parte de Shadow World: The Global Arms Trade Network ha sido publicada por Aljazeera en su página web con la misma introducción y duración de la primera en:

https://www.aljazeera.com/programme...

No quiero ser tiquismiquis, pero creo que hay alguna razón para que la segunda parte no aparezca anunciada como la primera y para que si tecleas el título en su propio buscador y añades parte 2, te lleve a la 1, aunque una vez en ésta puedas avanzar hasta la 2, la cual no tiene fecha (la 1 es del 22 de diciembre de 2018). Si lo buscas en la pestaña de Documentaries pasa lo mismo.

Podría ser sencillamente que una investigación sobre una industria a la que Aljazeera atribuye unas ganancias de miles y miles de millones de dólares, gracias a los buenos oficios de sus agentes de ventas, esto es, los más altos miembros del gobierno de los países más poderosos de la tierra, que a cambio cobran millones de dólares, lo que tiene como resultado el establecimiento de un estado de guerra continuo y sin fin que ocasiona daños gravísimos a la paz mundial y a la democracia, además de miles de víctimas árabes, ha pasado en un par de semanas a ser una historia menor o más probablemente algo incómoda.

La segunda parte es en definitiva una ampliación de la primera, que de todos modos sirve para conocer –los que no lo hayan visto ni escuchado nunca- la frialdad, la chulería, la desvergüenza y la falta de honestidad con la que hablan los dueños del mundo de la bomba atómica, los drones y también de la paz, la democracia, etc.

Cuando se ve a Netanyahu exhibir en la sede de las Naciones Unidas ante el mundo entero en septiembre de 2012 (hacia el minuto 30 del documental) una cartulina como la que los párvulos llevan a la guardería con el primer dibujo de su casa, pero con el dibujo de una bomba de las que usan Mortadelo y Filemón y con tono teatral exclamar: “¿Quién de ustedes se sentiría a salvo en Oriente Medio? ¿Quién estaría seguro en Europa? ¿Quién estaría seguro en América? ¿Quién estaría seguro en cualquier otro lugar?”, uno duda de su propia estabilidad mental y emocional.

Cuando se cae en la cuenta de que se han cumplido casi 20 años de guerra en Afganistán, más de 15 de guerra en Iraq, siete en Siria… y Netanyahu, el trío de las Azores, el canonizado y Nobel de la Paz negroamericano que lanzaba drones en los tiempos muertos entre baile y baile ante las cámaras de televisión y otros cuarenta ladrones más siguen libres, disfrutando de sus ganancias y conspirando para aumentarlas, uno se pregunta qué más falta para el fin del mundo.

Cuando no se puede entender que la población, gente con las primeras letras al menos, conocedora del mensaje evangélico, que conoce por las noticias y experiencia propia los actos inmorales y delictivos de los gobernantes, consiente que empleen el dinero de sus impuestos en armas y en matar árabes y musulmanes, en lugar de atender a sus propias necesidades de alimentación, salud, vivienda, educación, medio ambiente, etc., etc., uno se pregunta si no sería mejor dejar el consumo de noticias y aumentar el de ketamina para volar lejos de todo eso.

El documental abre con imágenes antiguas en blanco y negro de un grupo de personas embarcando, se diría que huyen, y de repente cambia a imágenes de la tierra desde una cápsula espacial. Al tiempo empieza a escucharse las idioteces del discurso de Obama en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz:

“Estamos en guerra y soy el responsable del envío de miles de jóvenes americanos a tierras lejanas. Unos matarán y otros resultarán muertos. Se nos plantean cuestiones de guerra y paz y se trata de sustituir una por otra…” Estas palabras le granjearon casi un millón y medio de dólares en el momento y millones más en conferencias y otras actividades.

Luego siguen unas imágenes de la Primera Guerra Mundial (PGM), entre ellas las famosas de la confraternización entre soldados alemanes y rusos en las trincheras mientras de fondo se escucha el discurso ‘La guerra es una mafia’ de Smedley D. Butler.

Este general del Cuerpo de Marines y el militar más condecorado de Estados Unidos en su época, hace esta reflexión sobre la PGM: “la guerra para acabar con todas las guerras, la guerra para hacer el mundo más seguro para la democracia; al menos 21.000 nuevos millonarios surgieron en Estados Unidos, miles de millones de dólares apilaron los navieros, los fabricantes de armas y otros empresarios, sin olvidar los banqueros que financiaron la Gran Guerra, quienes transmutaron la sangre en oro, cuya cantidad fue y es desconocida, mientras ponían su pensamiento en la Segunda Guerra Mundial”.

Así, saltando de unas imágenes a otras, de unos políticos a otros, de unos periodistas a otros, de unos académicos a otros, ex jefes militares, ex directores y agentes de variadas agencias de seguridad, discurre la cinta.

El siguiente discurso, repulsivo, repugnante y asqueroso es de Margaret Thatcher. Con una amplia sonrisa y queriéndose mucho empieza así: “Hoy comparezco ante ustedes con mi vestido rojo de noche…”. Suenan palmas que ella disfruta hasta que se extinguen y prosigue refocilándose con la frase siguiente: “…mi cara suavemente maquillada y mi pelo gentilmente peinado”. Estallan risas y ella reacciona igual. Luego reanuda con “…la Dama de Hierro del mundo occidental”. Se unen risas y palmas, el orgasmo se alcanza.

En otra ocasión, pasados unos años, con menos ganas de cachondeo, pero con la misma doblez, dice “que durante los últimos 30 años Su Alteza el Príncipe Bandar ha estado en el centro de los principales acontecimientos mundiales. Siempre estuve encantada de recibirle cuando era Primera Ministra porque me aportaba una extraordinaria visión y unas propuestas atrevidas”. Bandar, lógicamente, la correspondía con similares halagos y aseguraba que “que Arabia Saudí está dispuesta a apoyar al Reino Unido en cualquier cosa que necesite, fin de la conversación, de aquí en adelante el resto es un asunto puramente técnico”.

Se refería –continúa el periodista- a que el Reino quería 43.000 millones de libras en armamento, seis mil eran para comisiones, lo que se conoce vulgarmente como sobornos. Una propuesta que Thatcher ni nadie puede rechazar.

Para afianzar el trato al máximo, en otra ocasión propicia como es un discurso leído por la Reina en pie junto al Rey saudita, rodeada de toda la pompa y circunstancia acumulada durante siglos por la monarquía, se incluye una oportuna frase que dice: “estamos aquí reunidos para luchar contra los terroristas que amenazan el modo de vida de nuestros ciudadanos”.

La seguridad y el modo de vida es un servicio que machaconamente se vende a la gente. En realidad lo más apetecible es el modo de vida aunque no se reconozca, pues quien desea seguir consumiendo implícitamente prescinde de todo lo demás: la masacre de las razas inferiores, el enriquecimiento de los prestadores del servicio, el coste final y su libertad incluida.

Aunque el documental cita después aparte a Mark Thatcher, hijo de Margaret, un inútil playboy que con 29 años se perdió en el desierto argelino participando en la edición de 1982 del Rally París-Dakar y gracias a mamá fue rescatado por un avión del ejército argelino, lo traigo ahora aquí porque la BBC se tomó la molestia de anunciar urbi et orbe que ella abonó las 2000 libras del rescate para evitar que recayese sobre el contribuyente británico.

No obstante tampoco sale bien parado: aprobó raspando el bachillerato, suspendió tres veces un examen de contabilidad, se arruinó su negocio de coches… pero lo más divertido es que “sus controvertidos negocios en el extranjero tienen un potencial explosivo para la familia Thatcher.” Quizás el redactor se refiere en clave a lo que percibió ese destripaterrones como comisionista en la venta de armas a Arabia Saudí y que el documental cifra en 12 millones de libras (minuto 12).

Luego entra en escena la actuación más lasciva de empresarios y agentes de ventas del sector de armas, también muy preocupados por nuestra seguridad, la democracia y la lucha contra el terrorismo de que hacía gala la monarca: “la invitación a los árabes a ir de putas”.

La fiscal británica a cargo de los casos de gran fraude que se ocupó del asunto de BAE, declaró para el documental que le apenaba ver comportamientos tan anti-islámicos como el juego y las chicas de compañía. Por su parte un traficante de armas menos impresionable subrayó: “sólo hay dos cosas que importan en los negocios: dinero y sexo, del resto puedes escribir lo que quieras”.

Además completa la jugada así: “el proxeneta ofrece un catálogo de chicas para el cliente; éste elige cuantas quiere y aquél ofrece además a éstas otros dos mil dólares por cada información de interés que le proporcionen tras la cita.”

La fiscal vuelve a expresar tristeza cuando dice que la investigación se torna muy difícil porque apunta a miembros de la familia real saudí y el periodista relata asombrado que el jefe de la fuerza aérea saudí, a la sazón un príncipe, le llevaron de compras a Los Ángeles y al terminar le fletaron un jumbo de vuelta a Arabia Saudí para él solo y sus caprichos.

En una nota al margen diré de la Dama de Hierro que me llama la atención que hace una genuflexión cada vez que se encuentra con un rey árabe (por ejemplo en el minuto 14,20). Es claro que nunca descolló en el mundo del feminismo, pero ¿era necesaria tanta humillación o era el peso del dinero lo que la empujaba hacia abajo?

A juzgar por las cantidades astronómicas que movía BAE lo extraño es que los corruptos no muriesen aplastados. Por ejemplo el príncipe Bandar recibió mil millones de libras a lo largo de varios años (minuto 16). El dinero lo enviaba BAE a cuentas bancarias en Suiza por la poderosa razón de que las cuentas son anónimas en el país. De allí salía a las Islas Vírgenes, de donde se distribuía a los políticos en tres continentes.


Ver también:

Un mundo oculto: La red global del comercio de armas. Primera parte

Un mundo oculto: La red global del comercio de armas. Tercera y última parte

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