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Situaciones históricas de resistencia noviolenta: III: "Noviolencia frente a la dictadura"

Domingo.3 de julio de 2005 3694 visitas Sin comentarios
Insumissia - www.antimilitaristas.org #TITRE

COA-MOC. Proyecto AUPA, Zaragoza 1989

El pueblo húngaro frente al dominio austríaco.

En 1847, Hungría, tras más de un siglo de dominación austríaca, arrancó a los Habsburgo una Constitución. Sin embargo, el país fue invadido primero por los austríacos y luego por los rusos, y se restableció la autoridad austríaca, anulando la Constitución.

Seis años más tarde, el emperador intentó apoderarse de las iglesias católica y luterana, integrándolas en una organización única bajo dirección imperial. Los protestantes resistieron y se negaron a integrar sus escuelas en el sistema de educación imperial, lo que provocó en represalia, la prohibición de conceder títulos a la universidad de Debreczen. En 1859, al negarse los protestantes a disolver los tribunales eclesiásticos, Viena amenazó con emplear la fuerza armada. Fueron detenidos muchos obispos y pastores. En enero de 1860 se reunió en Debreczen el Sínodo de la Iglesia Reformada, desoyendo la prohibición austríaca. El emperador no se atrevió a utilizar la fuerza.

El gobierno ordenó la lectura de la nueva reglamentación de las iglesias, ante lo cual el Sínodo recordó a los párrocos su decisión de oponerse a tales normativas. Solo una parroquia leyó el texto gubernamental. Comenzaron los arrestos eclesiásticos, intervenciones policiales en reuniones religiosas etc.; pero esto no intimidó a los protestantes. Cuando se sabía que un pastor iba a hablar sobre el proyecto del gobierno, la misa se convertía en una manifestación multitudinaria de afirmación nacional. Se crearon comités de defensa de la autonomía de las parroquias. Llegaron muestras de solidaridad tanto del interior del país (estudiantes) como del extranjero.

Convencido de la imposibilidad de vencer la resistencia de las iglesias por la fuerza armada, sin correr el riesgo de la revuelta nacional, y preocupado por la pérdida de prestigio en el exterior, el gobierno de Viena nombró un nuevo gobernador de Hungría de confesión protestante, que revocó el polémico reglamentó y liberó a los pastores encarcelados.

Esta rebelión de las iglesias fue el detonante de la resistencia general. Bajo el liderazgo del procurador Deak, los húngaros exigían la restitución de la Constitución de 1847. Deak abogaba por la resistencia pasiva, negándose a cumplir las imposiciones de la ley austríaca, y siguiendo únicamente la legítima ley húngara. Los húngaros se negaron a pagar impuestos; cuando les embargaban, tenían que ser policías austríacos quienes hicieran el trabajo de tasar los bienes y subastarlos; incluso los compradores tenían que ser traídos de Austria. Al mismo tiempo se lanzó la consigna, masivamente seguida, de no enrolarse en el ejército austríaco.

Cuando el emperador disolvió la Dieta Húngara, ésta siguió reuniéndose en secreto. Se formaron círculos culturales y agrícolas. Se promovió un boicot comercial a productos austríacos. A medida que avanzaba la resistencia pasiva, las cárceles se llenaban. Austria se vio abocada a un callejón sin salida.

Al estallar la guerra con Prusia, en 1864, el emperador, rodeado de dificultades, llamó a Deak e intentó negociar con él las libertades, a cambio de soldados húngaros. Deak se negó diciendo: “nunca haré de la restauración de las libertades de mi país objeto de trueque”. Entonces el emperador decretó el servicio militar obligatorio, pero tuvo que revocar la orden ante la inminencia de una revuelta general contra la movilización. En 1887 fue restituida la Constitución húngara; un logro histórico arrancado al emperador por métodos noviolentos.

Resistencia de Finlandia frente a Rusia.

Un caso parecido al de Hungría fue la dominación rusa sobre el pueblo finlandés. Después de ochenta años de coexistencia pacífica entre finlandeses y eslavos, basada en una amplia autonomía, el zar Alejandro III, y posteriormente Nicolás II fueron anulando la mayor parte de las prerrogativas de Finlandia. A partir de 1898, el gobernador Bobrikov impuso un duro régimen opresivo. Fueron abolidos todos los derechos, y se decretó que las tropas finlandesas serían integradas en el Ejército Imperial Ruso.

En este punto comenzó la resistencia civil. De 25.000 hombres llamados a filas, 15.000 no se presentaron.
Bobrikov arrestó a los jueces que absolvieron a los prófugos, y llenó Finlandia de soldados rusos. Impuso también la enseñanza obligatoria en ruso. La resistencia se generalizó: jueces que se negaban a aplicar los nuevos decretos, maestros que se negaban a hablar en ruso a sus alumnos, pastores luteranos que recomendaban en las misas resistencia pasiva.

Tras cinco años de resistencia noviolenta Bobrikov aprovechó los primeros actos violentos perpetrados por provocadores a sueldo para desencadenar una cruel represión. Algunos finlandeses se dejaron arrastrar por la espiral de violencia. Bobrikov acabó siendo víctima del monstruo que él había creado: un joven finés lo asesinó en 1904.

La resistencia civil continuaba, no obstante, y en 1905 el movimiento obrero convocó una huelga general, que fue seguida hasta por la policía. Al sexto día de huelga, el zar, que tenía dificultades para mantenerse en el poder tras su derrota con Japón, accedió a negociar las libertades finesas.

Casos de resistencia frente al nazismo.

A la hora de ilustrar las posibilidades de una resistencia noviolenta frente a situaciones de dominación política, no basta con hacer referencia a ejemplos como los anteriores, en los que una resistencia generalizada (aunque improvisada también) culmina con una victoria (parcial o total), sino también a otros casos más aislados que contienen importantes enseñanzas. Uno de estos casos es las resistencia en la Alemania nazi. Es evidente que fue la fuerza militar conjunta de los países aliados lo que, en última instancia, derrotó a Hitler. Pero esto no debe hacer que perdamos de vista que la resistencia empezó mucho antes de la batalla de Estalingrado.

Ya antes de la guerra, más de cien mil alemanes arios visitaron los campos de concentración como resultado de la lucha clandestina. Durante la guerra fueron miles los jóvenes fusilados por objeción de conciencia o deserción. En cuanto a la resistencia de los judíos, sólo en Berlín vivían 500.000 judíos clandestinamente durante la guerra. Esto sólo fue posible por la solidaridad de una parte importante de la población. Y la solidaridad es una forma de resistencia.

La oposición a Hitler, la denuncia de los desafueros nazis, fue constante; aunque, por desgracia desorganizada. Podemos citar un hecho ilustrativo. Tras la publicación del decreto de Pureza de Sangre, que prohibía a los matrimonios mixtos ario-judíos, numerosos judíos fueron detenidos. Las mujeres se manifestaron en las comisarías exigiendo la liberación de sus esposos. Llegó un momento en que las autoridades nazis sólo podían hacer dos cosas: detener a las vociferantes o soltar a los judíos, hicieron lo segundo. SI hechos de esta clase se hubieran producido más a menudo, ¿hubiera podido Hitler llegar a la solución final?.

Otro hecho destacable fue la homilía del obispo de Munster denunciando el plan eugenésico (aplicar eutanasia a enfermos mentales, incurables y subnormales). El obispo no fue detenido y fusilado, como solía pasar con los opositores en plena guerra, pues ello hubiera levantado a la católica Renania contra Hitler.

Goebels recomendó anular el plan eugenésico, para asegurar el apoyo católico. ¿Qué hubiera pasado si la actitud del obispo de Munster hubiera sido secundada por toda la Iglesia Católica como institución?.

Es perfectamente imaginable que el resultado de una resistencia generalizada hubiera sido la caída de Hitler antes de cometer sus últimas y más espeluznantes locuras asesinas. También es posible que la resistencia fuera ahogada, al precio de convertir toda Alemania en un campo de concentración y exterminio, embarcada en una guerra suicida que, finalmente la reduciría a cenizas. La noviolencia no tiene fórmulas infalibles, pero sus posibilidades se apuntan en situaciones de toda índole, incluso frente a los más fanáticos dictadores.

Lucha de oposición en Latinoamérica.

Los hechos que condujeron en 1944 a la caída del dictador Martínez en El Salvador son ejemplo de tácticas noviolentas aplicadas en un contexto dictatorial en Latinoamérica.

Martínez, típico dictador centroamericano, que accedió al poder mediante un golpe militar, y que afirmaba tener poder de comunicación telepática con Washinton, gobernaba el país con mano dura hacia los paladines del cambio político y manga ancha ante el expolio de riquezas por parte del capital extranjero. Acorde con su creencia en la reencarnación de las hormigas en seres superiores, pero no-reencarnación de las personas, tenía exquisito cuidado en no pisar a los insectos de las comisarías donde torturaba a los subversivos. El país, en ese plan, llegó al colapso económico.

Entonces los bachilleres, inspirados por Gandhi, llamaron a la desobediencia civil a todas las capas de la población hasta echar al dictador. “Mostrando al tirano el abismo entre él y su pueblo, aislándole completamente, conseguiremos derrocarlo”. La campaña se inició con medidas simbólicas, como no participar en fiestas ni loterías y, pasando por boicotear los impuestos y negativas a trabajar en la Administración, culminó con una jornada de huelga general y manifestación masiva ante el Palacio Presidencial.
Tres días después de esta jornada, Martínez tomó un avión y abandonó el país. Al igual que en el Putsch de Kapp, el dictador, puesto en el dilema de hacer la guerra a su pueblo o abandonar el poder optó por lo segundo. Las únicas armas para derrocarle fueron incruentas: la huelga y la no cooperación.

A veces, se dice que los medios noviolentos son un lujo solamente apto para contextos políticos occidentales, en donde los cauces y un reconocimiento formal de las libertades cívicas, permiten ejercer la protesta pacífica. Esta interpretación confunde “noviolencia” con “legalidad”. Es preciso remarcar que los medios noviolentos no tienen por qué ceñirse a lo legal; es más, muchas veces la noviolencia significa, precisamente, transgredir la ley.
Lo cierto es que la lucha noviolenta se da en toda clase de contextos, sean del primer mundo o del tercero. El desarrollo de los movimientos de liberación en países latinoamericanos está engarzado en periodos muy intensos y fructíferos de resistencia predominantemente noviolenta.
Durante los años cuarenta se produjeron movimientos insurreccionales en casi todos los países centroamericanos haciendo uso de tácticas inspiradas en el satyagraha gandhiano. En Guatemala, el derrocamiento de Ubico se basó en huelgas y manifestaciones pacíficas en las que la población se enfrentaba al ejército leal al dictador con una orden escueta a los soldados: “brazos caídos, a vuestros costados”.

El impulso de movimientos cristianos progresistas ha sido determinante para el desarrollo de la noviolencia en Latinoamérica. La pedagogía de la libertad de Freire constituyó la base para la acción de masas pacífica de Helder Cámara en Brasil. El trabajo fraccionado de movimientos de este tipo culminó con la creación del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) en 1968, como una red de solidaridad internacional de activistas cristianos y pacifistas. La detención del coordinador argentino Pérez Esquivel (en 1977) brindó reconocimiento internacional a esta red de lucha contra la opresión y la dictadura. En 1980, Esquivel recibió el Nóbel de la Paz.

La ayuda de este movimiento se manifiesta en las huelgas de los obreros de la Cemnt Company de Sao Paulo, que duraron trece años; en la persistente e incansable protesta pacífica de las Madres de la Plaza de Mayo, y en grupos análogos a las madres de Argentina, surgidos en Brasil, en países centroamericanos, etc.

Estos hechos históricos a menudo olvidados, muestran que lo esencial de la noviolencia no es el contexto político, sino la determinación de una comunidad de defenderse, de no claudicar, de no doblegarse, una vez que se ha tomado conciencia de la fuerza que emana de su propia unidad y cohesión en pro de una causa justa.


En estos cuatro apartados se ha intentado recoger los ejemplos históricos más significativos de resistencia noviolenta frente a a dictaduras. Nos dejamos en el tintero ejemplos más actuales, como el derrocamiento de Marcos en Filipinas, la oposición política en los países de la órbita soviética; el aplastamiento militar de la revuelta estudiantil en China; las huelgas de hambre de mujeres bolivianas en demanda de amnistía para los mineros (que culminó con la caída del dictador Banzer); o la resistencia del pueblo chileno contra Pinochet.

Hay una unidad latente entre la actitud del obispo Romero denunciando la represión del gobierno salvadoreño y la denuncia del obispo de Munster contra Hitler; entre las caceroladas de Chile y el movimiento que derrotó a Martínez y a Ubico; entre las Madres de la Plaza de Mayo y las esposas de judíos detenidos... El denominador común de todos estos hechos no es otro que la apuesta por la noviolencia como método político de lucha por la justicia y los derechos de las personas.

I. Noviolencia frente a opresión económica.

II. Noviolencia frente a golpes de estado.

IV. Noviolencia frente a la invasión