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Situaciones históricas de resistencia noviolenta: II: "Noviolencia frente a golpes de estado"

Sábado.25 de junio de 2005 2464 visitas Sin comentarios
Insumissia - www.antimilitaristas.org #TITRE

COA-MOC. Proyecto AUPA, Zaragoza 1989

El Putsch de Kapp

Antes de empezar el relato, una aclaración: “Putsch” significa “Golpe de Estado en Alemán.

En Marzo de 1920, Alemania se enfrentaba con problemas de diverso orden: paro dificultades económicas, descontento en el ejército tras la capitulación de 1918, etc...

El general von Luttwitz inició un golpe de Estado para llevar al poder al político Kapp mediante un ultimátum previo al gobierno republicano en el que reclamaba la formación de nuevo gobierno, la restauración de la monarquía y la suspensión del desmantelamiento de las Fuerzas Armadas (iniciado en cumplimiento del tratado de Versalles). Más tarde las tropas sublevadas se pusieron en marcha hacia Berlín.

El gobierno rechazó el ultimátum y ordenó a la policía defender los edificios oficiales y mantener el orden. Von Luttwitz entró en Berlín ocupando sin dificultad los puntos estratégicos y de importancia política. Al negarse la policía a combatir contra el ejército se evitó un enfrentamiento sangriento. El gobierno cayó en Berlín, y Kapp se autoproclamó canciller con von Luttwitz como jefe de las Fuerzas Armadas.

Al día siguiente, el gobierno legítimo, retirado a Dresde, lanzó un llamamiento a la huelga general. La vida en Berlín quedó paralizada: los propios órganos gubernamentales y administrativos se sumaron a ella. Los funcionarios se negaban a acatar las órdenes del intruso, o sencillamente, o sencillamente no acudían a las oficinas.

Ya en la misma noche del Golpe, Kapp, tropezó con dificultades imprevistas. Instalado en su despacho de Canciller, no aparecieron los funcionarios, y ni siquiera encontró una mecanógrafa o una máquina de escribir. EL bando proclamando su autoridad se lo tuvo que redactar su hija: y para cuando estuvo listo, ya era tarde para su publicación en prensa.

La resistencia de la burocracia ministerial fue el obstáculo imprevisto contra el cual Kapp no supo qué hacer. La desobediencia se extendió a las propias Fuerzas Armadas y la policía. A los tres días, Kapp dimitió y huyó a Suecia, ese fue todo el tiempo que pudo resistir su gobierno la presión de un pueblo movilizado pacíficamente.

Pero, aunque los berlineses habían actuado pacíficamente, los obreros del Ruhr, Sajonia y otros lugares habían considerado la huelga general como preludio de la revolución armada. Se forzaron Consejos Obreros, continuando las movilizaciones. El Presidente Bauer, que se había apoyado en los obreros para vencer al ejército, retrocedió ante la idea de aplastar a los obreros. Diez días después dimitió. Fue su sucesor el encargado de “restablecer” el orden con ayuda de los militares.
El final de esta historia, por tanto, no fue feliz. Pero ello no invalida la demostración de que la huelga general puede ser una poderosa arma noviolenta en manos de un pueblo.

El golpe de Primo de Rivera.

Este caso hay que considerarlo como un contraejemplo, es decir, una demostración histórica de lo que NO debería hacerse ante un golpe de Estado.

En España, en Septiembre de 1923, los periódicos de Barcelona publicaron obedientemente la proclama del general Miguel Primo de Rivera en la que exigía la constitución de un Directorio Militar en Madrid. Sólo in periódico evitó la publicación no saliendo a la calle.

La técnica del Golpe fue la típica fórmula del “pronunciamiento”: no se pretendía realmente arrebatar el poder por la fuerza, sino por la amenaza de la fuerza. El propio general confesó a sus íntimos: “si vienen a combatirnos estamos perdidos”. Se trataba de dar un grito que asustara a los enemigos, encontrara de inmediato a los que no querían o no podían tomar la iniciativa, y que atrajera finalmente a los indecisos e indiferentes.

Y así ocurrió. Los que podían y debían resistir se acobardaron: los periódicos publicaron la proclama; el gobierno no se atrevió a detener a los generales que parecían implicados, los socialistas temieron la represión que la convocatoria de huelga general podría traer consigo. Tampoco hubo telegrafistas ni ferroviarios bloqueando las comunicaciones con Barcelona. Durante 24 horas nadie reaccionó en uno y otro sentido. Ninguna fuerza política fue capaz de tomar la iniciativa. Apenas hubo algún conato de resistencia popular.

El pueblo no se movilizó porque sus líderes no acertaron a movilizarlo, ni tampoco sus gobernantes. Pero también porque no se sentía identificado con el Régimen que era derrocado.

El Golpe de los generales.

Argelia en el año 61 era todavía colonia francesa. Los militares franceses, tras una larga guerra, se sintieron abandonados por las autoridades civiles. La revuelta fue la culminación de más de cinco años de conflicto intermitente entre Argel y París, que se agudizó cuando De Gaulle anunció públicamente que estaba dispuesto a iniciar negociaciones con los nacionalistas argelinos.

La revuelta empezó la noche del 21 de abril de 1961. El Primer Regimiento de la Legión se hizo con el control de la ciudad de Argel. La mañana del 22, la radio anunció el Estado de Sitio, pasando todos los poderes civiles a manos de la autoridad militar. Toda resistencia sería “aplastada, venga de donde venga”. La orden llevaba la firma de cuatro generales recién retirados, entre ellos Challe, cuyo prestigio hizo que varios generales en activo apoyaran también el golpe. Aunque había indicios de lealtad a De Gaulle de la mayoría de los altos jefes, no parecía factible una acción militar contra los sublevados.

Si era, en cambio, posible un golpe paralelo en París. Frente a este doble desafío, los recursos militares de De Gaulle eran flojos. Muchos hombres estaban en Argelia; la fuerza aérea apoyaba el golpe, e incluso era dudosa la fiabilidad de los cuerpos paramilitares. De modo que De Gaulle prescindió de soluciones militares y dio un mensaje a la población llamando a la no-cooperación con los rebeldes.

En un principio la respuesta al golpe vino de sectores no gubernamentales. Los partidos políticos y sindicatos convocaron una huelga general de una hora seguida por diez millones de trabajadores.

Otras medidas antigolpistas fueron la detención de extremistas de derecha, preparación de vehículos para bloquear aeropuertos, protección policial a edificios públicos y puentes del Sena, formación de una Guardia Ciudadana (sin armas), bloqueo financiero y comercial de Argelia, etc.

Los transistores fueron esenciales en la organización de la resistencia, incluso dentro de la tropa. Pilotos de aviación se negaron a pilotar al servicio de los rebeldes. Muchos soldados manifestaron su oposición al golpe simplemente no saliendo de los cuarteles. Los reclutas se percataron de la fuerza que podían tener con sólo negarse a cooperar. Lo mismo sucedió entre los funcionarios.

El 25 de abril, dándose cuenta de su incapacidad para ejercer el poder y cumplir el plan previsto, los golpistas pusieron punto final a su aventura. Todo acabó sin violencia, porque por una parte de la resistencia no había deseos de una guerra civil; y porque los rebeldes se vieron contenidos tanto por temor a un juicio posterior como por la falta de pretextos para ejercer la violencia contra una población noviolenta masiva.

Este es un claro ejemplo de cómo una resistencia noviolenta organizada por le gobierno y basada, en este caso entre otros métodos, en la no-cooperación y en un inteligente uso de los medios de comunicación, puede acabar rápidamente y sin víctimas con un golpe de estado.

I: Noviolencia frente a opresión económica

III: Noviolencia frente a la dictadura

IV: Noviolencia frente a la invasión