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¿Radiografiamos la industria militar, ese asombroso caso de éxito?

Jueves.7 de febrero de 2019 171 visitas Sin comentarios
IV. El mercado de trabajo. #TITRE

JCR - Amigos de Tortuga.

Habíamos dejado para otro momento el análisis del mercado laboral propio de la industria militar. Nos las prometíamos felices en presentar en breve tiempo unas reflexiones, pero los achaques y otros problemas más urgentes nos han sorprendido, atrasando esta cuarta entrega que retomamos ahora.

Otra de las grandes mentiras con que se presenta en público la industria militar es la de que genera muchos puestos de trabajo. Oímos cacarear esta verdad incuestionable a directivos del gremio, políticos de todo el espectral espectro, periodistas neutrales y agradecidos, sindicalistas de la variopinta fauna gremial vigente y, por si fuera poco, una especie de leyenda urbana impuesta como verdad incuestionable y que conmociona a nuestras izquierdas apocadas y crédulas.
¿Se han fijado en que cada vez que los señores de la guerra quieren vender armas a troche y moche, dentro o fuera del Estado, lanzan como mascarón de proa un corifeo sindical y todo un orfeón atronante de «trabajadores» y «parados» pidiendo más leña al mono porque, dicen, peligra el trabajo no ya de sus fábricas, sino de toda la comarca donde éstas se erradican? ¿se han dado cuenta del acompañamiento coral a tales demandas, moción o reclamación en ristre, de diputaciones provinciales, responsables de economía de partidos políticos viejo-nuevos, alcaldes y caciques y cuanto bicho viviente con sueldo a cargo del Estado nos salga al paso? ¿No les parece raro ese consenso de los medios de comunicación en torno a los intereses del lobby militar-industrial?

Para todos ellos, alterar los planes de negocio de la industria militar equivale a condenar al paro y a la pobreza a las grandes comarcas productoras de armas y dependientes de esta industria armamentista, con Cádiz, Sevilla, Cartagena o Ferrol en primera línea.

Pero veamos el mapa del mercado laboral vinculado a la industria militar, que hemos tomado de una publicación del Ministerio de Defensa (referido a 2016, última vez que sepamos en que realizaron este tipo de mapas) y que a su vez se basaba en la estadística ofrecida por la propia industria militar.

Tenemos que advertir, lo veremos más adelante, que este mapa no ha variado sustancialmente desde 2017 a la fecha. A lo sumo, la industria militar ha ganado unos pocos trabajadores.

Visto el mapa, la distribución de los trabajadores de la industria militar muestra un rostro peculiar y curioso y concentra la mano de obra de estas industrias en varias zonas bien apreciables:

  1. Madrid a la cabeza, con más de 10.000 trabajadores (aproximadamente el 48% del total de la industria militar), principalmente concentrados en el sector aeronáutico y aeroespacial.
  2. Sevilla en segundo lugar, con otros casi 3.400 (algo más del 16%) y también enfocados al sector aeronáutico y a la construcción de tanques Leopard.
  3. Cádiz, con 1.593 personas (7´6% del total), Murcia, con algo más de 1300 personas (6´25%) , y Coruña, con algo más de 1.000 (4´83%), principalmente vinculados al sector naval y a NAVANTIA, la empresa pública de barcos de guerra.
  4. Asturias, 483 personas, y Burgos, 304 personas, principalmente vinculados a la fabricación de explosivos.
  5. Y por su significado en relación a la población total, Euskadi, con casi 500 personas, con una potente industria militar propia.

Si nos fijamos en sus cifras globales y en la distribución de sus trabajadores, la idea de que la industria militar general mucho empleo y no incentivarla conllevaría mucho desempleo, aparece como una burda mentira.
Comparemos estos datos, ofrecidos por la propia industria militar y el Ministerio de Defensa, con las cifras de paro y población activa de las mismas regiones. Salta a la vista que la industria militar ni es intensiva en trabajo, ni su impacto es tan significativo como dicen sus apologetas en la situación de empleo regional, incluso de las comarcas más dependientes del monocultivo militar-industrial, como pueden ser Cádiz, Cartagena o Ferrol, por poner los más significativos.

Veamos un cuadrito comparativo, referido al mismo año (podríamos tomar los posteriores porque la variación de trabajadores en la industria militar, lo veremos un poco más adelante, ha sido prácticamente nula):

Vemos que el conjunto de trabajadores que mantiene el sector de las industrias de guerra, en ningún caso alcanza un 1% del total de población activa de sus respectivas provincias (¿por qué entonces el alarmismo de su incidencia en el mercado laboral que falsariamente difunden los medios de comunicación y los insufribles políticos demagogo-catetos, como principal argumento para las reclamaciones de más gasto militar y más inversión en armas?). Malamente puede decirse que afecte y altere mucho el mercado laboral incluso en el caso en que se diera el cierre total del sector, menos aún cuando, como veremos, los descensos de trabajadores y trabajadoras del mismo durante toda la crisis han sido mínimos e, incluso, se han producido «aumentos» de plantilla.

Estamos hablando de un sector que genera en torno a 20.805 empleos en todo el Estado y, si observamos el mapa estatal, concentrado en muy pocos lugares, en los cuales el volumen de población activa es muy elevado y el paro considerable (esto último quiere decir que el paro, el grueso del paro, lo generan otras cosas y se genera en otros sectores, no la fantasmagórica e imaginaria falta de trabajo de la industria militar). Eso sí, es una mentira muy repetida con la que se ha venido construyendo un relato destinado a justificar y exigir «carga» (léase negocio patrocinado desde los poderes) para la industria militar y que busca atemorizar a una sociedad muy golpeada, manipulada y crédula, que se traga, como si fuera verdad, la mentira del impacto laboral de esta industria miserable y despiadada.
¿Por qué no hay similar protesta social y mediática cuando se desmantelan sectores básicos, o cuando se reduce el empleo público de maestros, sanitarios, sectores sociales o energías renovables en las mismas provincias?

Pero analicemos ahora otros aspectos de este mercado laboral.

1) Mientras el paro ha golpeado a todos los sectores, la industria militar ha mantenido un número de empleados muy estable a lo largo de los años.

Una característica de este empleo militar-industrial es que es muy estable.
O, dicho de otro modo, mientras que cualquier otro sector ha padecido cifras de paro escandalosas, en este sector casi no ha habido paro en la crisis.
Si acudimos a cifras proporcionadas por la propia industria militar en sucesivos informes acerca de su empleo directo, prácticamente no ha variado desde 2008 a la fecha, a pesar de la crisis (¿tal vez porque la crisis social le sienta bien la crisis a la industria militar?), rondando entre los 19.259 empleos directos en 2010 y los 20.805 actuales, si nos creemos las informaciones ofrecidas por Angel González, para El País, y del propio sector de la defensa.

Lo vemos en un cuadro

Vayan apuntando. Ni es cierto que:

  • la industria militar ofrezca mucho trabajo directo,
  • ni que tenga una gran influencia en el empleo global de las diversas provincias donde existen industrias militares,
  • ni tampoco, que la industria militar haya perdido empleo en toda la crisis.
  • Es más, ha aumentado ligeramente (en 3.541 personas) su fuerza laboral en la crisis.

Nos hacemos una pregunta inocente: si la industria militar ha ganado durante la crisis cuota de mercado nacional e internacional, ha aumentado sus ventas y beneficios, a engrandecido a los puertagiratorias y sus maquinaciones, ha creado un oligopolio con capacidad política evidente, consigue subvenciones monumentales y el Estado sufraga alegremente y sin rechistar sus meteduras de pata y, además, no ha perdido empleo, ¿a qué se debe la amenaza habitual de que si no consiguen más “mercado” puede verse muy negativamente afectado el empleo en las regiones donde la industria militar opera?

¿Tendrían que dar explicaciones a las provincias «asustadas» los que se han dedicado a meterles miedo en el cuerpo? ¿por ejemplo, los sindicalistas amarillistas de Navantia? ¿o la Diputación PPSOE de Cádiz con sus impresentables mociones pidiendo carga de trabajo para apoyar a tiranos de derechas de esos que no plantean escrúpulos morales ni son merecedores de campañas orquestadas para derrocarlos? ¿o los munícipes de Ferrol, Cádiz o Murcia con su petición de trabajo para industrias perniciosas y que no dejan retornos significativos en sus municipios? ¿o los responsables de las Comunidades autónomas gallega, andaluza que estimulan este negocio sangriento con subvenciones a éstas…? ¿no tendrían que explicar todos estos capitostes por qué tal exigencia cuando en sus provincias la sangría real de puestos de trabajo ha golpeado de forma más severa a la sanidad, o a la educación, o a necesidades básicas de la población? ¿para esas actividades menos inmorales no hay que pedir carga de trabajo, ni afectan a las regiones empobrecidas las filas de parados sin futuro que sus malas política provocan?

2) Empleo directo, indirecto e inducido. Tampoco así es un sector intensivo en empleo.

Pero como los panegiristas de la industria militar no se cansan de decirnos que la industria militar impacta en el empleo porque crea «mucho» empleo indirecto (nunca nos dan cifras claras, y menos aún comparativas con otros sectores), hemos elaborado un cuadro, ofrecido por el propio Ministerio de Defensa a partir de su base de datos, del empleo que, provincia a provincia, ofrece la industria militar española en empleo «directo», «indirecto» e «inducido».
Lo que se entiende como empleo directo no necesita mucha explicación. Son los trabajadores y trabajadoras contratados por la industria militar, a los que nos hemos referido antes.

En cuanto al segundo concepto, empelo indirecto, es el creado en la cadena de sectores proveedores de la propia industria militar.
En este caso, merece la pena observar que a pesar de que la industria militar dice que crea «mucho» empleo indirecto, a la hora de cuantificarlo nos ofrece como ratio de cálculo del empleo indirecto el coeficiente «medio» que tiene cualquier sector industrial en España: 1´3 empleos indirectos por cada empleo directo (luego los datos concretos pasan del «mucho» que afirman a que, como mucho, están en la media estatal, lo que quiere decir que no es un sector de especial incidencia en el empleo indirecto). El INE mantiene diversos cuadros comparativos de estas ratios entre sectores. Así contamos, por ejemplo, con mejores ratios empleo indirecto/empleo directo en sectores como el químico (con un empleo directo de 197.500 personas en 2018 y un empleo indirecto de 2 empleos sobre cada empleo directo), o el farmacéutico (45.000 trabajadores directos en 2018 y 4 empleos indirectos por cada directo), o el socio-sanitario (que arrastra más del 9,5% del PIB español y 4 empleos indirectos por empleo directo), o el alimentario (3% del PIB y 3 empleos indirectos por empleo directo y más de 900.000 empleos directos), o el educativo (5% del PIB y 2´5 empleos indirectos por empleo directo), o el turismo (1.000.000 de empleos directos y otros 3.000.000 de empleos indirectos y más del 11% del PIB) y otros de mayor valor social.

Ya ven, la ratio empleo directo/empleo indirecto del sector militar industrial es, cuando menos, de poco valor específico para el mercado laboral, porque:

  • ocupa a muy poca gente en este sector y
  • arrastra muy poco trabajo indirecto en comparación con sectores que, encima, son socialmente más útiles y ofrecen mejores retornos tanto sociales, como para el empleo, los impuestos que revierten a la sociedad, etc.

Por último, está el empleo inducido, empleo de otro tipo que un sector industrial consigue asociar a sus empeños. Este se refiere a trabajo de sectores ajenos que puntualmente presta algún servicio relacionado con la actividad de esta industria. También aquí la industria militar acude a la media industrial 0´4 empleos inducidos por cada empleo directo, lo que demuestra que tampoco en este capítulo es especialmente intensiva ni significativa en el empleo.

Hemos elaborado un cuadro, de nuevo, contando con los tres conceptos y con la idea de verificar si es cierto (más bien para desmentirlo) que el sector militar-industrial arrastra mucho empleo indirecto e inducido.

En otra representación:

Pues bien, el cuadro presente, comparado con las cifras anteriormente expuestas sobre población activa y sobre el paro regional nos vuelve a mostrar que el impacto de esta industria maldita sobre el empleo es, siendo muy generosos, un verdadero cagarro respecto de otros sectores socialmente más útiles (¿por qué peor tratado por esas autoridades tan pro-militares?).

Y la pregunta reaparece: Si en realidad el volumen de población que la industria militar absorbe es muy bajo respecto del conjunto de la población activa, tanto en términos generales como en el cómputo de las regiones donde tiene mayor impacto, y si el paro en las regiones donde es más importante es debido en más del 99% a otros sectores maltratados por la orientación política neoliberal ¿a santo de qué tanto rollo con los puestos de trabajo que, como hemos visto también, no se han perdido tampoco durante la crisis?

3.- Agravios comparativos.

Si ahora repasamos otro ángulo del mismo problema, el de la pérdida de empleo en las provincias donde la industria militar tiene mayor arraigo, nos daremos de bruces con otra cruel realidad. La insolidaridad y la cara dura como constante de la estrategia de comunicación de esta industria.

Si tomamos en cuenta las estadísticas de empleo público contenidas en los Boletines Estadísticos de Personal al Servicio de las Administraciones Públicas, para el período 2010 a 2017, y referidas a las administraciones local, comunitaria y estatal, comprobamos que durante este período las administraciones públicas destruyeron nada menos que 227.685 puestos de trabajo, una media de 103,9 al día. Si nos fijamos en el impacto de esta sangría en las regiones de Sevilla, Murcia, Cádiz, A Coruña o Madrid, por hablar de las de mayor concentración de la industria militar, el rasgarse las vestiduras de las autoridades de estos lugares por el peligro de hipotética pérdida de puestos de trabajo en la industria militar en comparación con su actitud de destrucción efectiva de puestos de trabajo en sus políticas propias supone un hilarante contraste.

Otro cuadro que hemos elaborado a partid de datos estadísticos ofrecidos por las propias comunidades autónomas nos permite desvelar, una vez más, la doble vara de medir.

Podríamos indagar también la destrucción de empleo que muestra la EPA en diversos sectores en dichas provincias, lo cual nos permitirá ver igualmente que mientras la destrucción de empleo ha sido considerable en general, la no destrucción de empleo en el sector militar-industrial no resiste comparación.
Y si nos preguntamos por la actitud de nuestras flamantes autoridades ante esa destrucción de empleo, y comparamos sus estrategias de «comunicación» al respecto, o si nos preguntamos por el empleo que ellos mismos han destruido, de nuevo veremos que la mentira se ha apropiado de la acción política. Parece que ahora, como ha dicho hace bien poco un aprendiz de Maquiavelo por otra parte bastante previsible, lo importante no es la orientación ideológica, sino ganar elecciones a cualquier precio, ya no sabemos si para luego cambiar las cosas o cambiar sin más las poses.

¿Qué demuestra todo esto? Que a las autoridades que hacen rogativas por la carga de trabajo de la industria militar no les interesa el empleo, sino que usan éste como excusa para sus intereses. Magnifican la pérdida (ficticia) de empleo en el sector industrial militar, como si fuera un mal inadmisible y real, pero se permiten mandar al paro a miles de trabajadores en sectores más sociales, sin que les suponga ningún escándalo y sin que parezca que esto tenga impacto alguno en la economía de sus regiones y comunidades.

4.- Otras trampas en el camino.

Que todo esto del impacto de la industria militar en el mercado de trabajo es un cuento, nos lo demuestra otro par de anécdotas que no queremos pasar por alto.
La primera, es que la industria militar, que pide carga de trabajo (con la colaboración expresa de la «hintelijenzia» de los alcaldes del cambio/fiasco) para construir ingenios de guerra para países nobles como Arabia Saudí, porque, de lo contrario, las regiones y ciudades dependientes de la industria militar se desangrarán en el paro y el desespero, se permiten rechazar encargos multimillonarios solicitados por ortos países porque no tienen capacidad de producción suficiente.

Es el caso de la armada de la India, que solicitó entre otros astilleros internacionales a los de Navantia concurrir en uno de sus concursos para fabricación de barcos militares en noviembre de 2017, o el rechazo a aceptar otros encargos de reparación de otros cinco barcos en 2013, igualmente por falta de capacidad para desarrollar los trabajos, o en la actualidad la retirada de otro encargo efectuado por la armada de Brasil, igualmente por no tener, al parecer capacidad.
Igual ocurre con la congelación de la fabricación de otros programas de armas, en este caso para favorecer que sus misiles los acabe aportando Instalaza, la empresa que fue del ex-ministro de Defensa Pedro Morenés (se entiende que antes de ser Ministro de Defensa y después de cesar como Secretario de Estado de Defensa).
Si de todo esto tenemos una certeza, mejor dicho dos, son que:

  • Es mentira podrida que el problema del paro en las regiones donde mayor impacto tiene la industria militar tenga una vinculación directa con la industria militar y que éste se agrave considerablemente (o disminuya) en función de la carga de trabajo de la industria militar. No hagamos de tontos útiles para los señores de la guerra.
  • Si algo tiene de verdad esa supuesta dependencia de las regiones donde la industria militar se ha erradicado es, precisamente, la “dependencia” que el lobby militar industrial ha sido capaz de construir en otro plano, mediante la adhesión a su causa de políticos y otros cómplices, para vincular sus intereses con el futuro de dichas regiones, y conseguir que desde el plano institucional se privilegie el interés de estos señores de la guerra.

Una dependencia, por ello, que actúa en contra de las aspiraciones de desarrollo alternativo y solidario en estas regiones, que condiciona las políticas a la satisfacción de los miserables intereses de vender armas y exportar conflictos y que detrae ingentes recursos económicos (subvenciones, encargos innecesarios, prebendas, préstamos a interés cero, exenciones fiscales, etc.) con cuyo importe sí que podrían hacerse otro tipo de cosas socialmente útiles o, cuando menos, paliativas del enorme problema del paro generado por las malas políticas.

¿ No demuestra todo esto que el trabajo no es, ni de lejos, ni una preocupación ni un problema para la industria militar y sus corifeos?


Ver también:

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (I)

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (II)

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (III)

Radiografiamos la Industria Militar. Ese espectacular caso de éxito (V)

Radiografiamos la Industria militar, ese espectacular caso de éxito (VI y final)

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