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Radiografiamos la Industria militar, ese espectacular caso de éxito (VI y final)

Miércoles.17 de abril de 2019 372 visitas - 1 comentario(s)
Combatir esa excrecencia. ¿Es posible una alternativa? #TITRE

JCR - Amigos de Tortuga

Y aquí damos por finalizada esta radiografía.

Si la industria militar es una especie de excrecencia (y no la única) que nos ha salido en el cuerpo social, alterando para mal nuestra propia textura, y si goza de tanto mimo y arrumaco por parte de los poderes encarnados en instituciones y velados en sus entretelas, ¿no será, cual hado del destino, que no hay manera de librarnos de ella sin cortarnos un trozo vital, tal como predican sus apologetas?

La pregunta, ya tediosa en tantos años en que van impugnándonos cualquier atisbo de proponer alternativas al militarismo, tiene algo de trampa, porque parte del presupuesto de que el «suelo» desde el que se pregunta (el paradigma mismo que nosotros denominamos «dominación-violencia») es incuestionable y por tanto es de antemano imposible pensar más allá de sus fronteras.

Pero, como muestran las prácticas más audaces de la lucha feminista, o ecologista, o del bien común, alternativas, como las buenas meigas, «habelas hainas», con tal de que dichas luchas y prácticas conspiren contra el propio paradigma, le quiten poder con una mano, y construyan con la otra la novedad.

Si, como nos dicen los aguafiestas, el militarismo (y en este caso la industria militar) es parte del destino, opongámosle la conciencia y el sudor de cada día como herramientas para acabar con un destino tan desatinado y fatal.

De modo que, para dar una respuesta (si se quiere meramente tentativa y propositiva, y para nada canónica, que en el camino hay que ir haciendo las concreciones conforme acompañen las fueras y los ánimos y las oportunidades que ofrece el día a día) vamos a conjugar tres aspectos que, desde nuestro punto de vista, participan de la lucha por una alternativa desmilitarizadora (y no un mero retoque a la eficiencia del oligopolio que sustenta este engendro) a la fatal industria militar.

Con arreglo a nuestra propuesta hay que trabajar conjuntamente, a la vez, sin relegar una a otra, en los tres aspectos siguientes:

  • 1.- La lucha global contra el paradigma dominación-violencia en que se basa y el horizonte alternativo de cooperación-noviolencia (como medios y como fines a la vez) desde el que luchar (y no solo oponernos) al primero.
  • 2.- Una dinámica de quitar poder a la industria militar (con el principal énfasis puesto en la lucha, la denuncia, la desobediencia a sus apoyos obligados…)
  • 3.- Y otra dinámica de empoderar prácticas alternativas (con el principal énfasis en prácticas de contraste que «construyen» una manera diferente de producción de bienes, de intercambio de ellos, de relaciones de trabajo, de ética social…).

Recordemos que esto es un esquema de trabajo, que nos sirva para mayor claridad de nuestras apuestas, pero en la realidad los tres aspectos se dan entremezclados.

  • 1.- Horizonte global.

El primer criterio es mantener un horizonte global desmilitarizador.

Un horizonte desmilitarizador aspira a acabar con el paradigma militarista, basado en las ideas fuerza de dominación y violencia, que se nos imponen como conjunto indistinto y simultáneo de fines y de medios violentos y de dominación y, también, como despliegue de prácticas cotidianas, valores y principios de violencia y dominación directa, estructural, cultural y de la sinergia de la interrelación de todos ellos.

Dicho horizonte desmilitarizador sirve para orientar nuestros criterios y concretar nuestras opciones y para no rendirnos a meros retoques reformistas.
Pondré ejemplos.

La apabullante carrera de armamentos del siglo XX dio lugar, en un momento dado, a que tuvieran popularidad las propuestas de «desarme», por las que se intentaba que los Estados llegaran a acuerdos de reducción pactada de sus arsenales de armas para evitar el riesgo de acabar usándolas.

Estos acuerdos de desarme, por cuanto que reducían la escalada de armamentos y con ello el riesgo de guerra, y en la medida en que también reducían la producción de armas, fueron alegremente apoyados por las corrientes mayoritarias del pacifismo y la estrategia de desarme pasó a ser considerada como una estrategia pacifista.

Ahora bien, el desarme se ha mostrado como una estrategia muy poco pacifista y sí más bien una herramienta de modernización de arsenales militares y de sofisticación de las industrias bélicas. Hoy en día (al margen de lo endebles que se muestran dichos acuerdos cuando uno de los firmantes ve que puede cobrar más ventajas de incumplirlos que de respetarlos) es más que dudoso que el pacifismo deba prestar tanto apoyo al desarme.

El «desarme» que no viene acompañado de una apuesta de «desmilitarización» o de ir más allá del mero desarme hacia la superación del armamentismo y de sus apoyos, no es una estrategia pacifista. El pacifismo, y el antimilitarismo menos aún, no aspira al desarme, que acaba siendo una propuesta desde el poder y el paradigma dominación violencia, sino a la desmilitarización, al cambio de paradigma o, al «trans» (ir más allá de) «arme» (no es el momento de analizar los puntos fuertes y débiles del término y de la propuesta, que anunciamos para otra ocasión).

Si se consigue una reducción de armamentos, en un momento dado, o un pacto que limite la producción de armas o de algún tipo de ellas, o determinadas investigaciones, o cualquier otro aspecto singular, bienvenido sea, pero no es ese el propósito al que apuntar ni el punto de llegada al que destinar nuestros esfuerzos.
El desarme no es nuestra aspiración y el trabajo de lobby para conseguirlo no puede ser nuestro enfoque de trabajo, porque ese «pacifismo institucional» no incide en el cambio cultural y estructural, no quiere (o no busca eso) empoderar a la gente en otro modo de pensar y vivir, no hace interlocutor a la sociedad, sino a la élite. No desmilitariza, sino que apuntala el militarismo.

Por eso yo me desespero cada vez que el activismo antimilitarista y pacifista se obnubila ante propuestas de desarme o predica éste como nuestra aspiración. ¡Que desarmen ellos! Lo nuestro es la lucha por la desmilitarización, por el «trans-arme», por el cambio de paradigma global o como lo queramos llamar.
Precisamente contar con un horizonte alternativo, nos permitirá no hacer de ciertas apuestas o no conformarnos con ellas.

Y precisamente este horizonte es el que nos permite interconectar luchas y contextualizar la lucha contra la industria militar, junto con otras luchas:

  • 1- específicamente antimilitaristas (gasto militar, militarización cultural, educación por la paz, luchas anti-guerras, contra el reclutamiento, …) encaminadas a desmilitarizar la sociedad;
  • 2- inespecíficas (apoyo a refugiados y lucha migratoria, desahucios, renta básica, educación y sanidad garantizadas para todos, cooperativismo, …);
  • 3- encaminadas a responder a otros problemas sociales y al cambio estructural, y
  • 4- con otras causas “globales” (ecologismo, feminismo, bien común) encaminadas a superar el paradigma global caracterizado por un paradigma depredador-ecocida, patriarcal, explotador/injusto y de dominación/violencia.

De modo que (también) luchando «en feminista» (tanto como el feminismo, dándonos una lección muy de agradecer, está luchando ahora en antimilitarista por ejemplo en Euskadi), «en ecologista» (tanto como el ecologismo lo hace en antimilitarista, justo es reconocerlo), contra los desahucios, contra la xenofobia y el racismo, y un largo etcétera, luchamos contra la industria militar y contra la «preparación de la guerra» que se fabrica desde aquí.

De este modo, también luchando contra otros aspectos del militarismo, como pueda ser el gasto militar, o la obscena ocupación del territorio por el militarismo (ejemplos tenemos en Bardenas Reales, o en El Retín, o en la sierra de Aitana, o en el Teleno, por poner algunos ejemplos) o contra la militarización en las escuelas, o contra la violencia machista, o en favor de una masculinidad alternativa, o por modelos de consumo colaborativos y alternativos, o en causas de solidaridad internacional o … miles de luchas que se dan (aunque el sistema las obvia) y que harían interminable este trabajo con sólo nombrarlas, se está también luchando también contra el militarismo y contra la industria militar.

  • 2.- Quitar poder a la industria militar

Despejado este horizonte, que a la vez identifica aliados con los que compartir nuestras luchas, la lucha contra la industria militar cuenta con un primer brazo de acción enfocada a quitar poder a la misma industria militar.

Quitar poder que no se conforma con quitar un poco de poder, sino en quitarle todo (o tan poco) el que se pueda y tan rápido (o lento) como sea posible.
Como hemos explicado, la industria militar conlleva una serie de sostenes e instituciones implicadas en su apoyo y retroalimentación, de modo que la lucha contra la industria militar es, también la lucha contra todas ellas en cuanto que la nutren de apoyo.

Al referirnos a todos ellos, nos estamos refiriendo (a título de ejemplo que no excluye otras) a:

Se aporta este mismo cuadro en un pdf pinchando aquí:

La identificación de estos actores y la clarificación de su papel nos permitirá trazar campañas concretas de lucha contra uno o varios de ellos. Desde mi punto de vista nuestro principal interlocutor debe ser la sociedad (y no las élites), a la que constantemente apela el antimilitarismo como agente de cambio.
De ahí que las metodologías de esta lucha exijan varios presupuestos que deberíamos cuidar todo lo posible, como, por ejemplo:

  • 1) Necesitamos conocimiento. Y si no queremos que sea un conocimiento «prestado» que responda a otros intereses, debemos hacer el esfuerzo por generarlo también nosotros y (también) con y desde nuestros análisis. No se trata de no compartir ni dejar de agradecer los muy ricos aportes que podamos tener de toda índole y siempre valiosos, pero, y especialmente en lo que respecta a instituciones de un cierto pacifismo institucional, sin perder de vista que tienen otros intereses, que buscan otras interlocuciones y que parten de un ideario de «desarme» que no busca (o no prioritariamente) acabar con la industria militar ni en un contexto de desmilitarización global.
  • 2) Necesitamos generar contenidos y tener la capacidad pedagógica de trasladarlos a la sociedad, nuestra principal interlocutora, pues la acción antimilitarista apela al empoderamiento social y a la toma de los problemas, desde la conciencia, en manos de la sociedad como camino más eficaz para provocar cambios, mediante la acción directa y desobediente y la práctica diaria «de contraste» y alternativa de aquello por lo que luchamos.
  • 3) El énfasis principal de nuestro trabajo no debería ser crear «lobbies» de interlocución con los poderes y las élites, sino que se encuentra en apelar a la sociedad y empoderarla en metodologías de lucha social para romper con la lógica militarista.
  • 4) De ahí que en el caso de la industria militar las principales líneas de acción incorporan:
    • a. El debate e interlocución social, lo que implica destrezas de comunicación y de pedagogía y amplio trabajo hacia la sociedad (charlas, debates, talleres, encuentros, divulgación, acciones formativas …).
    • b. La apelación a la construcción de luchas desde abajo y entre todos (propuestas de acciones simbólicas y colectivas, objeción fiscal, retirada de fondos de bancos, …).
    • c. La denuncia y la acción de boicot y/o campañas de desobediencia.
    • d. La incorporación en la lucha de propuestas alternativas. No sólo queremos reducir las industrias militares. Queremos desmilitarizar la sociedad. Queremos cambiar el mundo.
    • e. La necesaria alianza con otras luchas sociales para co-incorporar nuestras luchas a las luchas globales, aprendiendo de ellas y aportando nuestra idiosincrasia.
  • 5) Sería deseable que consigamos elaborar un «hilo conductor» a esta lucha, de forma que no parezca que hacemos acciones aisladas en momentos puntuales, sino que las acciones respondan a todo un relato ordenado y plural en forma de campañas amplias y con agendas concretas.
  • 6) No perder de vista que esta lucha es específica y (también) global y buscar dejarnos afectar por las agendas globales y afectarlas en la medida de lo posible, buscando alianzas que nos potencie y las potencie.
  • 3.- Construir alternativa

Negar poder al paradigma vigente ya construye, en su reverso, alternativa. El «No» es una impugnación práctica y en toda regla al «Sí positivo»;. Por otra parte, nosotros no somos arquitectos sociales, encargados de desmontar la estantería a punto de caerse por su peso de nuestro alocado mundo, sino simple gente de a pie que luchamos, con la facultad de conciencia de que somos capaces, contra el fatalismo y la catástrofe que estamos construyendo y contra nuestra colaboración, consciente o no, en ella.

De este modo, podríamos decir que conformarnos con luchar contra la industria militar y centrarnos únicamente en la dinámica de «quitar poder» ya construye de por sí una alternativa y que no tenemos por qué especificarla en programas y actuaciones que, en buena medida, pueden ser más tarde absorbidos por el sistema y su tremenda capacidad de deglución en su propio beneficio.

De este modo estamos afirmando que la alternativa, en su globalidad, está en cambiar el paradigma y no en retocar sus instituciones e instrumentos.
Una parte de los grupos que han luchado tradicionalmente contra la industria militar desde el plano antimilitarista vienen a decir, por tanto, que a la misma no hay alternativa que valga, entendida en términos de medidas para su conversión o desmantelamiento, y que la alternativa es quitar la industria militar, sin más.
Aún en este caso, la doble dinámica quitar poder/empoderar la alternativa, sigue funcionando, en la medida en que el trabajo de quitar poder es, a la vez, construcción de alternativa.

Pero fuera de toda pretensión de construir un programa catequético de desinvención de la industria militar, que siempre puede acabar siendo una mera propuesta de reformismo que nos devuelva a la idea de «desarme» y no de «desmilitarización», es lo cierto que en la medida en que vamos «quitando poder» a esta, se va generando otra oportunidad de prácticas alternativas, que abundan en la dinámica de empoderar el paradigma cooperación-noviolencia.

Y nuestro esfuerzo debería ser ayudar a advenir estas nuevas prácticas, no sólo en lo que se refiere en la transferencia técnica de recursos o de conocimiento a sectores socialmente útiles, sino, sobre todo, en lo que pueda suponer de oportunidad para cambiar las relaciones sociales que se derivan de quitarle poder a la industria militar (respecto de los trabajadores, de las posibilidades de organización del mundo de trabajo, de las zonas que se van liberando del monocultivo militar, de los pueblos que se libran del armamentismo…).
En el campo de la industria militar se han dado diversas experiencias que, si bien no son un referente acabado y, en muchos casos no son sino un mero refuerzo del militarismo, nos pueden servir para desenmascarar el argumento de que no es posible desmantelar la industria militar porque sería una catástrofe (con apelaciones a los muchos trabajadores perjudicados, etc.).

Insisto que no son ejemplos para proponernos imitarlos, sino para apuntar con el dedo a la mentira de que no se puede hacer nada fuera de vender armas o generar parados con la industria militar. También para aprender de sus errores y puntos débiles.

En el contexto de final de la guerra fría, URSS se vio envuelta en el verdadero colapso a que le llevó una industria militar asentada en diversas repúblicas periféricas (Ucrania, Bielorrusia) de su poder central.

Una de las estrategias de salida para estas zonas (con más de tres millones de trabajadores vinculados a estas) fue la conversión de parte de esta industria, centrada en la producción de piezas mecánicas para tanques y otros ingenios militares, en fábricas para producir alimentos básicos (Espagueti, almidón alimentario, envasado de alimentos, …) o para producir vehículos destinados a la agricultura (a un modelo intensivo de agricultura que necesitaba muchos tractores). Incluso algunas de las industrias militares obsoletas fueron «reapropiadas» de forma espontánea por los trabajadores para autogestionarlas y reorientar su producción hacia otras necesidades sociales.

No queremos decir con ello que el ejemplo a seguir sea alimentar un productivismo que reordene la producción militar hacia otra de uso civil, sin cambiar el marco general, sino que, si se quiere, se puede (incluso desde una mentalidad estatista y una iniciativa industrial pública como era la URSS y es gran parte de la industria militar española dependiente del Estado y construida en torno a empresas públicas o participadas por el propio Estado) cambiar el modelo productivo hacia otro tipo de producción (¿y por qué no de modelo organizativo empresarial, la cultura empresarial y la propia “propiedad” de los medios de producción?)
Otros dos ejemplos significativos fueron las iniciativas Konver y Tacis patrocinadas por el bloque europeo en los años 90, tras la caída del Pacto de Varsovia, la reunificación de Alemania y la invasión de Irak por la operación «tormenta del desierto».

El programa Konver fue un programa financiado por la UE para la «conversión» de la industria militar en zonas de la propia Europa occidental para «diversificar» y «reconvertir» industrias militares que se preveían innecesarias en Alemania del Este, Italia, Francia y España.

El programa KONVER destinó 87,9 millones de ECUS a este propósito de reconversión y desmanteló parte de las industrias militares de los cuatro países. Al mismo se unieron otros 17 millones de euros más para la Alemania del Este.
Podemos hacer la crítica obvia a este programa. La industria militar europea no se ha reducido precisamente desde entonces. Como es lógico, un programa así y pensado «desde dentro» del paradigma militarista y el contexto de «desarme» que conlleva, no podía dar otro resultado, pero el ejemplo indica que, si se quiere, se puede provocar un cambio de modelo de desarrollo de una región vinculada al monocultivo militar hacia otro distinto. No es problema de posibilidad, sino de intereses y esa es la parte que nos sirve para nuestro propósito no de querer un programa Konver para Cádiz, pongamos por caso, sino de luchar por un modelo de desarrollo diferente y no de mera desmilitarización que, como se ha demostrado, no es cosa de dinero.

Podemos señalar que en relación a la Bahía de Cádiz, ya existen estudios tanto académicos como de la militancia ecologista que proponen modelos de desarrollo alternativos al monocultivo militar y que, gracias a los intereses combinados de Diputaciones, partidos políticos, industrias militares y sindicatos amarillistas, son constantemente ninguneados y ocultados.

Volviendo a nuestro relato, el segundo programa TACIS, también financiado por Europa con otros cerca de cinco millones de ecus, se desarrolló en Rusia, Ucrania y Bielorrusia y también se destinó a la reconversión de la industria militar ex-soviética.
Otros ejemplos, todos ellos igualmente dentro del paradigma militarista, de conversión los ha emprendido Estados Unidos a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, o los ha sufrido Japón con el desmantelamiento de su potente industria militar tras la misma guerra mundial.

También contamos con actuales estrategias, adoptadas bajo una idea de diversificación (no de alternativa) por industrias militares, como es el caso de la producción de aerogeneradores o de ingenios de energías limpias por parte de la industrias militares navales (por ejemplo, NAVANTIA en España) o hacia actividades y producción de robots u otros para la «desmilitarización» de zonas de guerra (desminado, drones de siembra de plantas, etc.).

Igualmente resulta factible, en las tecnologías de doble uso aprovechar éstas para potenciar verdaderas necesidades sociales y civiles (sanitarias, de construcción eficiente, tecnológicas, etc.).

Insistimos que todas estas medidas, en sí misma, no ofrecen una dificultad técnica pero tampoco una alternativa si no van acompañadas de un verdadero enfoque alternativo encaminado no a crear una mayor eficiencia de las industrias y su modelo depredador y dominador de negocio, sino a construir un modelo de desarrollo alternativo.

Con arreglo a todo ello, igualmente presento un cuadro que sugiere las muchas dimensiones y aspectos donde, en la construcción de alternativas, ya sea como exigencias y pretensiones, sí tenemos mucho que decir.

Lo he dividido en cuatro pasos lógicos (cuatro «R») que considero que pueden reordenar nuestras agendas de trabajo antimilitarista, y teniendo en cuenta en cada uno de ellos diversos aspectos (puede haber otros que no se me han ocurrido o que se consideren mas oportunos) que creo que tienen relevancia en el tema de la industria militar.

Veámoslo:

El mismo cuadro lo podemos encontrar en pdf pinchando aquí:

Esta «alternativa», sin duda no es un recetario de medidas para desmantelar la industria militar y apunta a muchas otras dimensiones que, necesariamente, hay que contemplar en un trabajo global que, más bien, es romper un nudo gordiano y no empeñarse en deshacerlo.

Como es evidente, abordamos dimensiones relacionadas con luchas globales que persiguen, también, romper el nudo gordiano del paradigma global vigente y responder a los múltiples problemas y males que provoca.

Y sin duda ello nos impone la necesidad de encuentro con otras dimensiones de la lucha, de las que debemos aprender tanto en sus prácticas y metodologías, como de sus fines y campañas, y a las que podemos aportar, también, nuestro granito de arena y el modesto interés en que también formen parte de sus agendas propias la lucha contra esta fatal industria militar, que pasa de ser una lucha específica del militarismo a una lucha global más a la que dedicar los esfuerzos.

El hecho de que actuaciones éticas de signo más individual, como la de Ignacio Robles, el bombero que se negó a prestarse a apoyar la venta de armas, o colectivas, como las del movimiento feminista de Euskadi contra la industria militar vasca vienen a corroborar la transversalidad y la necesidad de nuevos enfoques que tiene esta lucha común.

Todo un reto para un movimiento antimilitarista que parece salir de su letargo.


Ver también:

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (I)

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (II)

¿Radiografiamos la industria Militar, ese asombroso caso de éxito? (III)

¿Radiografiamos la industria militar, ese asombroso caso de éxito? IV

Radiografiamos la Industria Militar. Ese espectacular caso de éxito (V)

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • Hay que agradecer el inmenso trabajo de JCR componiendo esta ambiciosa y magnífica serie que analiza la industria militar. Es especialmente interesante este último capítulo en el que tantos caminos de acción y cambio se sugieren. Confiemos que las gentes que seguimos activas en el antimilitarismo del estado español tomemos buena nota y nos inspiremos para nuestro trabajo en estas ideas.

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