Administración Enlaces Contacto Sobre Tortuga

¿Qué hacer?

Martes.26 de noviembre de 2019 466 visitas - 1 comentario(s)
Heleno Saña #TITRE

Reconocer el carácter intrínsecamente conflictivo de la condición y la historia humana no significa en modo alguno que la única actitud coherente frente a esta experiencia siempre repetida sea la de la resignación o la pasividad. El hecho de que el mundo no llegará a ser nunca un idilio no es razón suficiente para que no intentemos oponernos, en la medida de nuestras fuerzas, a los males que cada civilización y cada sociedad inevitablemente engendran. Rehuir este compromiso moral equivale a elegir la cómoda opción del escepticismo o el cinismo. Es asimismo un acto de ingratitud hacia todas las personas que en el pasado han luchado por el advenimiento de un mundo más justo y humano, a menudo asumiendo conscientemente el sacrificio y el riesgo de la persecución, de la pérdida de la libertad o incluso de la vida. Y lo mismo vale para las personas y los colectivos que hoy siguen su noble ejemplo.

Precisamente porque la convivencia humana no podrá ser nunca perfecta, es necesario salir en defensa de las víctimas que esta imperfección genera. El verdadero mérito no corresponde a quien para obrar bien necesita el incentivo de una ideología utópica, sino a quien sabiendo que el mundo no será nunca una Arcadia feliz, no deja de combatir la injusticia y tender la mano a los deshauciados y necesitados de ayuda. La experiencia demuestra por lo demás que las personas que necesitan razones doctrinales para hacer el Bien son las que más pronto se desengañan y pasan a engrosar las dilatadas filas del conformismo y la indiferencia. Y al contrario: son las personas que menos ilusiones abrigan sobre el futuro de la humanidad las que más resistentes son a las decepciones y a la desmoralización. El compromiso moral no tiene nada que ver con el éxito cuantitativo que pueda alcanzar, es un valor apriorístico y per se que no necesita ninguna justificación adicional. Toda moral digna de este nombre surge espontáneamente y es por esencia ajena al espíritu del cálculo, que constituye una de las deformaciones de carácter creadas por el utilitarismo moderno, causa también de la frialdad, la falta de calor y la pobreza de sentimientos que suelen regir hoy las relaciones interhumanas y sociales.

Quien haya comprendido las verdaderas razones de la conducta moral obrará siempre por desinterés y sin especular sobre la recompensa que pueda recibir por su generosidad espiritual, sino que le bastará sentirse en paz consigo mismo. Por lo demás, como señalaba George Sand en una de sus bellas cartas, “los bienhechores de la humanidad mueren en el exilio o en la cruz”.

Extraído de: Heleno Saña. “El camino del bien. Respuesta a un mundo deshumanizado”. Fundación Salvador Seguí Ediciones (CGT), Madrid 2013.

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.