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Presos de Altsasu: “Estamos inmersos en un proceso judicial injusto y plagado de irregularidades”

Viernes.30 de agosto de 2019 843 visitas Sin comentarios
El Tribunal Supremo revisará los recursos de sus abogadas en pocas semanas. #TITRE

Adur Martínez de Alda, Jokin Unamuno e Iñaki Abad, tres de los siete encarcelados por la pelea de bar, destacan que este caso "crea un precedente muy peligroso".

DANILO ALBIN

Ya nada volverá a ser igual en Altsasu. El municipio navarro de 7.400 mil habitantes es hoy conocido en toda España –e incluso en el ámbito internacional- por lo ocurrido hace algo menos de tres años en uno de sus bares. Sobre las 5.00 de la mañana hubo una pelea en la que se vieron involucrados dos guardias civiles sin uniforme. Pocos días después, los nombres de varios jóvenes de esa localidad empezaron a salir en los medios. Hoy, siete de ellos están en la cárcel.

Una de las manifestaciones realizadas en solidaridad con los jóvenes de Altsasu. EFE

Adur Martínez de Alda y Jokin Unamuno acumulan ya más de mil días en prisión, los mismos que también lleva Oihan Arnanz. Iñaki Abad, otro de los señalados desde el inicio de esta larga historia, fue encarcelado en junio de 2018, nada más conocerse la sentencia por la que eran condenados por delitos de atentado, lesiones, desórdenes públicos y amenazas con el agravante de abuso de superioridad y odio. Ese mismo día también fueron detenidos otros tres chavales del municipio.

Abad, Martínez de Alda y Unamuno están actualmente –junto a los otros condenados- en la cárcel alavesa de Zaballa. Desde allí han respondido por escrito a las preguntas de Público. Lo hicieron con una esperanza en el horizonte cercano: el próximo 18 de septiembre, el Tribunal Supremo analizará los recursos presentados por la defensa de los jóvenes.

¿Qué ocurrió el 15 de octubre de 2016 en Altsasu?

Que un hecho que en el Estado Español se repite fin de semana sí fin de semana también, se manipula y se convierte en un circo mediático que termina siendo un caso de terrorismo. ¿Por qué? Pues porque dos guardias civiles se ven involucrados y los hechos ocurren donde ocurren –en Euskal Herria– y esto despierta el interés de sectores del estado cuyo único objetivo es atacar el contexto político que se vive actualmente aquí. Un contexto con el que no se sienten cómodos y, por ello, intentan torpedearlo.

¿Qué palabras sirven para resumir lo vivido durante todo este tiempo?

Rabia e impotencia. A fin de cuentas, han pasado algo más de 1000 días desde aquella noche, llevamos casi tres años encarcelados e inmersos en un proceso judicial injusto y plagado de irregularidades, sin que a día de hoy seamos capaces de organizar o planificar nuestro futuro debido a la incertidumbre de no saber lo que puede ocurrir y a las penas tan descomunales de cárcel que tenemos.

Hubo medios de comunicación y partidos políticos que desde el inicio calificaron este hecho como un caso de terrorismo. ¿Qué ha significado eso para ustedes?

Esos medios de comunicación y partidos políticos son, en gran medida, culpables de la situación en la que nos encontramos, ya que desde el principio compraron y reprodujeron la versión de los denunciantes y la que sostuvo COVITE, ayudando a aumentar el tamaño de la bola que se cernía sobre nosotros. También intoxicaron el nombre de Altsasu y de sus vecinos, mostrando una completa ignorancia sobre la realidad de nuestro pueblo y utilizando todas esas mentiras para sus intereses, ya sean mediáticos, políticos o electorales, como hicieron Ciudadanos, Vox y PP en noviembre del año pasado. Es algo intolerable.

¿Cómo es la vida en la cárcel?

Intentamos hacer actividades para que el día a día nos sea más llevadero y, estando obligados a estar encarcelados, aprovechar el tiempo. Algunos hacemos cursos de formación, otros estudiamos grados universitarios y todos intentamos hacer ejercicio físico.

¿Qué ha supuesto a nivel personal este encarcelamiento?

Es una situación que te corta tu vida. No sólo el hecho de estar en la cárcel, sino también estar en libertad a espera de juicio, ya que todo gira en torno al proceso y no puedes hacer vida normal. Entramos (a la cárcel) con 22 años. Estábamos acabando los estudios y empezando a planear la vida, y todo eso se paralizó.

¿El acercamiento a la cárcel de Zaballa ha significado una mejoría?

Ha supuesto una mejoría para todos –tanto para nosotros como para nuestras familias y entorno-, porque ya no tienen que recorrer cientos de kilómetros para vernos 40 minutos con todos los inconvenientes y riesgos que un largo viaje tiene. El acercamiento a cárceles próximas a casa no es ningún regalo o beneficio, sino un derecho que todo preso tiene para mantener el arraigo familiar y social. No obstante, hay todavía muchos presos que se encuentran muy alejados de casa, y deseamos que esta situación cambie cuanto antes.

¿Qué papel han tenido sus familiares en todo este proceso?

Las familias han sido claves en todo el proceso, ya que han sido capaces de aglutinar a gente muy diferente en torno a una misma reivindicación, logrando muchos apoyos y poniendo sobre la mesa temas y debates muy interesantes. Por ello hay que agradecerles todo el trabajo realizado, pero tampoco podrían haberlo hecho sin la ayuda de la plataforma Altsasuko Aske y de los centenares de personas que han trabajado día sí y día también. Su labor ha sido imprescindible y por eso también les queremos dar las gracias. ¡Eskerrik asko!

"Precedente muy peligroso"

¿Qué explicación encuentran a todo lo ocurrido en torno al caso Altsasu?

Pensamos que hay varios y diferentes motivos para llevar nuestro caso como lo están llevando, pero aquí queremos centrarnos sobre todo en uno. Lo que se hace en la sentencia es castigar al máximo porque dice que los hechos se llevaron a cabo desde una determinada ideología, y aunque luego la propia sentencia se contradice explicando “que esto no queda probado”, la decisión se materializa en esa utilización que hace del “agravante de discriminación u odio” absolutamente tergiversada. Esto es muy importante porque crea un precedente muy peligroso en cuanto al ataque o reducción de los Derechos Civiles y Políticos, y de alguna manera es un aviso a la sociedad sobre el castigo que puede esperar quien tenga una determinada ideología o unos determinados planteamientos ideológicos. Esta es una de las cosas por las que lucharemos en el Tribunal Supremo el próximo 18 de septiembre.

¿Qué les parece la sentencia?

Es una sentencia que bien podría estar escrita desde el mismo 15 de octubre de 2016. Decimos esto porque en la sentencia solo se refleja la versión de los denunciantes -la que sostuvo COVITE- sin que haya una prueba objetiva que apoye o ratifique dicha versión, y omite nuestras declaraciones, así como las de los testigos y pruebas que presentamos. Unas pruebas que refutaban la versión oficial. Si se lee la sentencia, cualquiera podría pensar que en el juicio no hubo ni acusados ni defensa. Lo mismo ha ocurrido con la sentencia del tribunal de apelación, que es una copia de la primera y que no entra a argumentar nuestros motivos de recurso.

Una de las sesiones del juicio celebrado en la Audiencia Nacional contra los jóvenes de Altsasu. EFE

¿Qué pasos legales van a dar a nivel de España?

Pensamos agotar todas las vías. Ahora mismo nos encontramos en el Tribunal Supremo, donde la vista se celebrará el 18 de septiembre. El siguiente paso sería acudir al Tribunal Constitucional, donde se acabaría el recorrido judicial en el estado. Lo siguiente sería acudir a Europa.

¿Existen posibilidades de llevar el caso ante el Tribunal de Derechos Humanos?

Sí, hay posibilidad de acudir al TEDH, puesto que se nos ha vulnerado el derecho a un juicio justo con todas las garantías debido a temas como el Juez Natural, la imparcialidad de los jueces, penas desproporcionadas, etc. Sin embargo, se ponen muchas expectativas en los Tribunales Europeos, pero a efectos prácticos, para cuando llegue una resolución favorable del TEDH habrá pasado varios años y habremos cumplido una gran parte de la condena impuesta. Aún y todo, sería importante que nos dieran la razón. Significaría un gran apoyo moral, ya que, como acabamos de decir, esa sentencia llegaría tarde, después de muchos años. Por esos motivos, le damos más importancia a lo que ocurra en el Tribunal Supremo, ya que la condena que dicte será la que tengamos que cumplir y será donde se genere ese peligroso precedente que antes mencionábamos. El hito más importante del proceso es el que tenemos el próximo mes.

"Gran apoyo institucional"

Este caso ha provocado manifestaciones multitudinarias en Altsasu y Pamplona. ¿Esperaban una reacción de ese tipo por parte de la ciudadanía?

No, no esperábamos semejante respuesta. Cada nueva movilización nos sorprendía más, con la participación de mucha gente llegada de diferentes lugares. La desproporción de todo lo relacionado con nuestro caso, junto con otros procesos contrarios al sentir de la sociedad –como la resolución de La manada o el procés de Catalunya– han ayudado a aumentar la desconfianza de la gente hacia la justicia. Eso ha hecho que la sociedad se haya echado a la calle para denunciar estas cosas, así como al propio sistema judicial español.

¿Han echado de menos algún tipo de apoyo o respaldo por parte de determinadas instituciones o personas?

Ha sido un caso en el que todos se han tenido que retratar y en el que no ha habido posición neutra: o se estaba con la desproporción o en contra de ella, y ha habido un gran apoyo institucional, político y social con la segunda postura, sobre todo en Euskal Herria y en Catalunya, aunque se ha notado desde prácticamente todo el estado. Ha habido personas que en privado apoyan nuestra postura y que piensan que este proceso es injusto y desproporcionado, pero que luego públicamente han apoyado la versión oficial. Si algo hemos echado de menos es la falta de valentía que han demostrado esas personas.

¿Qué vida les gustaría tener cuando acabe todo esto?

Lucharemos para denunciar las injusticias que se den y para apoyar a las personas que las sufren. Estamos viviendo una situación en la que las condiciones de vida son las que son, pero intentaremos luchar para mejorarlas. Dejando todo esto a un lado, nos gustaría tener una vida normal, como la que tiene cualquier persona de nuestra edad: trabajar, encontrar pareja, viajar, disfrutar de las cosas que ahora nos estamos perdiendo. En resumidas cuentas, vivir.

¿Qué es lo peor de estar preso?

Lo peor de estar preso es el hecho de estarlo. Más allá de ser conscientes de que nuestra vida está parada desde aquella noche de octubre del 2016, es duro ver cómo cambian las cosas en la calle, ver cómo personas conocidas mueren, cómo amigos tienen hijos e hijas y no sabes cuándo vas a conocerlos.

Público

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