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Otras elecciones sin hablar del militarismo. Ahora la Unión Europea (parte final)

Domingo.19 de mayo de 2019 252 visitas - 1 comentario(s)
Juan Carlos Rois, Tortuga. #TITRE

3.¿Qué dicen los partidos políticos españoles en los programas electorales europeos de todo esto?

Me he visto obligado, ¡pobre de mi!, a leerme los muy aburridos y retóricos programas electorales de nuestra ingeniosa mercadotecnia electoral para analizar qué dicen en materia de defensa y cuáles son las coincidencias y diferencias más apreciables con las que nos quieren motivar al voto. Dichos programas son: El del PSOE «Una España europea, una España global» , el del PP, «En la buena dirección»; el de Ciudadanos «La fuerza de la Unión», el de Podemos, «Para una Europa con más democracia, derechos, justicia y futuro». El de Vox, «En Europa por España» (ni siquiera voy a facilitar el enlace), ¡afortunado de mi!, me he ahorrado leerlo íntegramente, después de llegar hasta la página 14 y llegar a la conclusión personal de que la náusea no necesita más pábulo del que ya le prestan los medios.

Unos y otros parten de un análisis de la situación actual significativamente similar. Vivimos en un mundo complejo, lleno de riesgos globales indefinidos, de orden clásicamente relacionado con los temas de defensa y seguridad (potencias rivales, zonas en conflicto armado, terrorismo, armamentos, etc.) junto con otras de diferente naturaleza y que afectan a la seguridad entendida como algo diferente a la antigua idea de seguridad militar (riesgos climáticos, movilidad humana, subdesarrollo, etc.). Lo común es, entonces, la idea de un mundo globalmente conflictuado, la idea de riesgos y amenazas, la idea de una inseguridad global que nos afecta a escala tanto estatal, como de la UE y mundial y la apuesta por la multipolaridad en la gestión de esa globalización.

Todo esto no ofrece ninguna novedad, porque en realidad forma parte de la retórica burocrática de la UE en la que las formaciones políticas en liza participan. Difieren (aunque no tanto) las propuestas relativas a seguridad. En líneas generales, el PSOE y el PP apuestan por dotar a Europa de una estructura de seguridad y defensa con músculo para que Europa sea un actor global respetado en la gestión de los problemas mundiales, bajo la pretensión de una gestión desde la multipolaridad de nuestro mundo global; mientras que Podemos propone un cambio de enfoque en Europa para que utilice sus capacidades en potenciar una política más proactiva de paz y derechos humanos.

El PSOE tiene una idea de seguridad intermedia entre la seguridad clásica y el enfoque de esta como mantenedora del status quo vigente y la seguridad Humana entendida en términos restrictivos. El PP parte de una idea de seguridad más bien tradicional, tanto en su vertiente militar como de securitización y orden público (no dejan de pensar que la calle es suya). Y Podemos tiende más a una idea de seguridad como promoción del desarrollo y de un orden internacional más justo y búsqueda de una paz basada en la conquista de la justicia social y los derechos humanos.

En todo caso, a la hora de las concreciones la realidad es que hay sustanciales coincidencias entre todas ellas en que ninguna propone una verdadera alternativa al modelo prediseñado ya por la UE en materia de seguridad y defensa, sino, como mucho, retoques que no llegan a ser alternativos, sino refirmas del mismo modelo. Así, el PSOE ofrece crear un ejército europeo, a lo que Podemos también aspira, mientras que el PP pide mejorar los mecanismos de integración militar y avanzar en la idea de «política europea de Seguridad» pero sin precisar si ello implica crear ese ejército europeo. Las tres formaciones apoyan el intervencionismo militar, pero Podemos pretende que supeditado a la legalidad internacional y a la decisión de los ciudadanos al respecto, mientras que PP y PSOE no son tan claros en esto y simplemente apuestan por usar el ejército para estas operaciones exteriores y tener una voz política única en política exterior y de seguridad. PP y PSOE apoyan la construcción de un polo industrial militar y de políticas de seguridad que incluyen en términos securitizadores la política de regulación de las migraciones, mientras que Podemos no dice ni sí ni no a lo primero y no pone tampoco el énfasis en las políticas securitizadoras.

He intentado hacer un cuadro que «reduzca» a categorías comparables lo que proponen unos y otros y que nos sirva de cuadro orientador para comparar las ofertas.

  • PSOE

El del PSOE comienza mal en materia de defensa. Hace referencia a los logros de sus presidentes de gobierno socialistas Felipe González y Rodríguez Zapatero (que si por algo se han caracterizado en materia militar ha sido por fortalecer el intervencionismo militar y el gasto en defensa y por ser ampliamente condescendientes con los privilegios militares y de las industrias bélicas) en la construcción europea.

El mismo mantiene las retóricas de apoyar un «multilateralismo eficaz y progresista que dé respuesta a los principales retos que tienen planteados nuestras sociedades, del cambio climático a la gestión del fenómeno migratorio o el establecimiento de una fiscalidad internacional más justa» y construir una Unión europea «fuerte y con voz activa en el mundo».

Más en concreto, por lo que se vanagloria de los «logros» del PSOE en materia de seguridad y afirma «España sigue siendo el primer contribuyente a operaciones y misiones de la Unión Europea en número de efectivos, confirmando el compromiso con la paz y la seguridad internacional».

Incluye entre sus compromisos el de aumentar el peso de España en la OTAN y en la política exterior de la UE (numeral 7.10 del programa) e incluir a las tradicionales prioridades geoestratégicas dos nuevas (en línea debemos decir con la idea de «doctrina de seguridad de fronteras avanzadas» que desarrolla nuestra política de seguridad y defensa): África Subsahariana y Asia Pacífico (numeral 7.10).

Entre los objetivos de política exterior menciona (7.11), entre otro catálogo de buenas intenciones, «el mantenimiento y el refuerzo de la paz y la seguridad internacionales» (que parece más bien la apelación a los actuales mecanismos de consolidación del status quo y de una idea de paz negativa), una difusa defensa de los intereses vitales españoles en el exterior, la gestión «segura y ordenada» de la inmigración y de fortalecimiento de un «grupo motor» con Alemania y Francia en la construcción de una Europa «con una fuerte dimensión social».

En el capítulo de integración europea (7.12) apuesta directamente por construir un ejército europeo (no explica si como complemento de los ejércitos nacionales ni el camino para ello) y por controlar la venta de armas a países canallas, pero (en coherencia con su descarado apoyo a la industria militar y a la exportación de armas) creando mecanismos para compensar a las industrias perjudicadas por esta pérdida de mercado (en el mismo 7-12).

Y, en cuanto a la gobernanza mundial, propone una reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para ir más allá de la seguridad militar (7-13) para convertir en materias de «seguridad» otras cuestiones que antes tenían un enfoque diferente, tales como el flujo de personas refugiadas y desplazadas, la seguridad alimentaria, la lucha contra las pandemias y el cambio climático; apoyar el desarme nuclear y convencional y los acuerdos de no proliferación de armas de destrucción masiva, así como el impulso del concepto de seguridad humana.

Y en política estrictamente de seguridad (7-14) afirma (en cierto modo de forma incongruente con la apuesta por la seguridad humana anteriormente afirmada):

  1. El impulso de la lucha contra los nuevos riesgos hacia la seguridad: ciberseguridad, terrorismo internacional, etc.
  2. Aumentar el apoyo a la injerencia militar bajo paraguas de las organizaciones internacionales (que recordamos que de momento son ONU, UE, OTAN y coaliciones ad hoc donde España ya participa en 18 misiones militares internacionales)
  3. La lucha contra el DAESH «en la que España participa política y militarmente»
  4. Igualmente hace mención a los conflictos de Irak, Libia, Rusia-Ucrania y apostar por dar solución a los conflictos olvidados (república Centroafricana, Sudán, etc.).
  5. A ello siguen compromisos regionales para impulsar políticas de seguridad militar y que trasciendan lo militar en oriente próximo, Sahel-Arica y enfatizando el vínculo atlántico con EEUU.

La apuesta militarista del PSOE se consolida, además, con el perfil de su líder electoral, Josep Borell, del que sobran los comentarios.

  • El PP

EL PP comienza con una especie de manifiesto en el que hace un amplio (y reiterativo) alegato a la unidad de España y a la defensa de esa unidad en Europa y, en lo que nos interesa, apuestan «por una Política Exterior de la Unión más activa y presente en el mundo. Apoyaremos de forma decidida el Servicio Europeo de Acción Exterior. Contribuiremos activamente al desarrollo de la política común de seguridad y defensa», que es como no decir nada o dejarlo todo dicho, según se mire.

Entrando en materia de seguridad, el PP comienza a desgranar su programa de control de flujos migratorios en el capítulo titulado «Una Europa de todos y para todos» (que no responde precisamente a esta idea) en el que propone una migración ordenada y regular (medida 1) vinculada al empleo (medida 2), Reforzaremos las capacidades operativas y de coordinación de FRONTEX y EUROSUR (medida 8) y Luchando contra las mafias y la trata de personas (medida 9).

Hay que esperar hasta el capítulo 7 para ver las apuestas por «Una Europa abierta, próspera y segura» en la que afirma que en el mundo tan cambiante que tenemos Europa debe hacer valer su liderazgo, dando pasos para crear una política exterior común más eficaz, en la que tiene un papel fundamental la defensa porque «se hace prioritaria una Política Común de Seguridad y Defensa, que dé respuesta a retos como el terrorismo o la ciberdelincuencia» , aunque la propuesta específica que se realza al respecto tiene, como el parto de la tierra, un pésimo desenlace «Defenderemos un nuevo impulso político en la Unión Europea y un liderazgo más visible hacia el exterior».
En lo que denomina espacio renovado de Libertad, seguridad y justicia” propone medidas antiterroristas y securitizadoras que forman parte del argumentario habitual del PP.

Por último, en el capítulo llamado Reforzar la dimensión internacional de la Unión afirma, al igual que el PSOE, la defensa del multilateralismo, el liderazgo de la UE como actor global, la estrecha vinculación a la OTAN, el impulso a la «Europa de la defensa» y la vigilancia del espacio mediterráneo y la mejora de las relaciones con las potencias emergentes, China, Rusia, etc.

En el orden de las medidas de tipo militar afirma que «Impulsaremos un incremento en las capacidades de defensa y el fortalecimiento de la industria europea de este sector. Promoveremos una reforma de la Estrategia Europea de Seguridad».

  • Ciudadanos

Propone reforzar el papel de la unión en política de exteriores y de defensa para tener una voz propia en la política global, pero en coordinación con la OTAN.
Para ello piden unir todos los recursos económicos de defensa de la Unión para crear una economía de escala en el sector que evite duplicidades y mejorar la eficiencia del gasto.

Quiere «dotarse de una política de Defensa única que garantice la adaptación de las estructuras a la naturaleza de los nuevos retos globales (guerra cibernética, terrorismo transnacional, crimen organizado, espionaje electrónico)».
También propone un cambio de las prioridades del presupuesto europeo para abandonar las «política tradicionales» y apostar por nuevos sectores, entre ellos el de seguridad, la cooperación judicial y policial, etc.

Del mismo modo, enfoca la migración como un problema de seguridad y un control más riguroso de la frontera exterior «mediante la asignación de medios humanos y materiales con cargo al presupuesto comunitario, impidiendo así la permeabilidad de las mismas a las redes criminales y a las mafias establecidas en torno a la inmigración ilegal» y ofreciendo mayor capacidad operativa al FRONTEX.

Al igual que el PSOE; las caras que Ciudadanos pone en el cartel de candidatos a la UE, de corte neoliberal, explican mucho más que su propio programa acerca de la defensa que Ciudadanos quiere.

  • Podemos

Podemos nos advierte que «En este programa se recogen las líneas maestras y las medidas fundamentales del proyecto de Europa de Podemos, pero nuestro acervo programático va mucho mas allá y te remitimos a programas anteriores y a las iniciativas parlamentarias e institucionales que hemos impulsado».
Así y todo, en los aspectos más generalistas propone una refundación de la Unión, con medidas para aumentar la transparencia, luchar contra los lobbies y las puertas giratorias, varios de los aspectos que, respecto a lo militar resultan muy oportunos aunque no estamos seguros de que Podemos pensara en esto precisamente en su propuesta a tenor de lo que específicamente se propone en materia de seguridad y defensa.

Si bien el enfoque de derechos sociales y protecciones para la profundización democrática podría suponer una visión alternativa de seguridad humana «ad intra» frente a la propuesta de seguridad militar, la realidad es que esta visión no viene acompañada de una apuesta por un modelo alternativo de defensa. ¿se puede cambiar la UE sin combatir su militarismo? ¿Se puede crear un espacio de justicia y paz sin quitar los ejércitos «ultima ratio» del status quo?

A diferencia de los otros partidos, la política migratoria se aborda desde la prioridad del derecho internacional y los derechos humanos y no se contempla como un problema de seguridad ni desde una óptica securitizadora. Más bien se profundiza la idea de ciudadanía global y un enfoque basado en la lucha contra las causas de la migración forzada que debe partir«del respeto a la soberanía de los pueblos y al pluralismo religioso y étnico, de la apuesta por el dialogo y las soluciones pacíficas a los conflictos y de la construcción de un orden económico internacional justo que permita a todos los pueblos del mundo alcanzar un alto nivel de desarrollo humano sostenible».

En cuanto a la política de seguridad, Podemos también apuesta por hacer de la UE un actor internacional de su peso, «que contribuya con su política exterior, de cooperación, seguridad y defensa a un orden internacional multilateral y en paz, sin dependencia de otros y de manera autónoma y propia».

A diferencia del declarado atlantismo de los otros tres partidos, apuesta por una política exterior independiente de otras potencias, «basada en el derecho internacional, la paz, el desarme y los derechos humanos; que lidere un multilateralismo eficaz y democrático en la toma de decisiones y trabaje hacia una gobernanza global económica más justa»; «feminista vinculante y en favor de los derechos de las mujeres».

Entre los mecanismos que propone para ello, quiere que se cree un «Servicio Exterior para la solidaridad internacional, la paz y la justicia» y un «Comisariado de Cultura de Paz y Democracia» con apoyo político desde la Unión a la participación de las mujeres en los procesos de paz. También construir una nueva política europea de vecindad con Rusia y países del Magreb, área mediterránea, Balcanes, Turquía, América Latina, Africa y Asia y reclama la libre determinación del pueblo saharaui y justicia para Palestina.

En cuanto a las instituciones militares, propone un «desplazamiento progresivo del espacio atlántico (OTAN) y el fortalecimiento de un ambiguo espacio europeo (PSCD) y la gradual conformación de un ejército europeo que ha de tener “orientación defensiva”».

Acepta las misiones militares en el exterior, pero siempre que no sean contrarias al derecho internacional y cuenten con consulta ciudadana.

4. ¿Cabe aspirar a una alternativa?

Insistimos en que no es nuestra intención promover un programa aplicable, sino explicar lo que hay y es desconocido y levantar la denuncia de todo ello, señalar con el dedo las complicidades para que esto pase y apuntar hacia un horizonte que podría ser otro. Incluso radicalmente otro.

Y que exista otro horizonte posible en materia de defensa, siquiera de forma referencial y potencial, cambia los términos de los debates en torno a la seguridad en la política de Europa, pues la idea no es conformarse con lo que nos viene dado, como caído del cielo, porque sí, sino preguntarse si hay que conformarse o no con ello y si debemos apoyar ideas que pertenecen a un modo de ver las cosas que nos daban como inevitable y no lo es.

Paradójicamente el uso del término «alternativa» se ha devaluado a meros cambios de quita y pon (un poco más de soldados aquí o allá, un gasto en armas ofensivas o defensivas, un ejército único o varios complementarios para hacer lo mismo…) con los que los partidos «compiten» en este mercadeo de promesas, de modo que aparentan ser alternativas las propuestas de PP, PSOE, Ciudadano o Podemos cuando todas ellas preconizan ejércitos conjuntos e intervencionismo como metodología para «defender» los propósitos de la UE. Aquí no hay alternativa, porque el horizonte que se bosqueja parte realmente del mismo paradigma, defensa militar, paz entendida desde un paradigma militar, no por sus contenidos. Por mucho que en una propuesta «de fondo» militarista pongamos medidas que no lo son o no lo son tanto (como por ejemplo mecanismos de resolución de conflictos por medios civiles, o veedurías de derechos humanos, o tratados de limitación de armas o desarme, o reglas de paz jurídica para limitar sus nefastas consecuencias y un largo rosario que se contempla, fundamentalmente, en la propuesta de Podemos) no por ello estamos ante una alternativa, sino ante una reforma de modelo dentro del mismo paradigma.

Un horizonte alternativo pasa necesariamente por a) pensar otro concepto global de defensa y por una manera diferente de definir los problemas y de realizar los análisis, b) de responder a lo que queremos defender (seguridad humana y no defensa militar, lucha contra la violencia cultural y estructural a escala planetaria y no sólo contra la violencia directa de supuestos «enemigos»), c) del «quién» queremos ejercer esa defensa (sociedad en plano de horizontalidad y desde su propio empoderamiento y no élites militarmente preparadas) y d) de cómo queremos ejercer esa defensa (lucha social y metodologías noviolentas mediante la participación en las luchas por las conquistas de la seguridad humana).
Un horizonte alternativo no acepta la resignación al militarismo, igual que un horizonte alternativo al patriarcado no puede ser adaptarlo o limitarlo en sus perfiles más groseros ni reconvertido a un «feminismo institucional o de Estado», o una alternativa ecológica no puede partir del presupuesto extractivista, productivista, consumista y agresor a los ecosistemas, etc.

De este modo, un horizonte alternativo en materia de defensa, desde Europa debe partir de la idea de desmilitarización tanto social como de las propias estructuras de la defensa (toda la que se pueda y tan rápido o lento como se pueda) como idea rectora.

Así, un horizonte alternativo al que dibujan las propuestas de la UE en materia de seguridad debería tener en cuenta
- a) la idea de seguridad humana como horizonte alternativo a la seguridad militar,
- b) por la promoción de la paz con contenidos (y no sólo la paz negativa que consolida el statu quo) y la lucha contra todas las violencias (y no sólo la violencia directa que es la que enfoca el argumentario del actual modelo de seguridad)
- c) y una dinámica de desmilitarización como alternativa al refuerzo del militarismo que promueve la UE.
- d) y el protagonismo social y no institucional tanto en la toma de decisiones, como en el proceso y en el amplio camino de desmilitarización de las prácticas y cultural hacia dentro de nuestras propias sociedades.

La política militar de la UE se nos da como algo obvio, hecho e inevitable. Pero ni es obvio ni es inevitable cuanto se propone.

Una defensa alternativa es imposible sin un proceso (y un modelo referencial) hacia una sociedad alternativa, pero tanto como que, para luchar por un modelo alternativo de sociedad hay que apostar por un modelo de defensa alternativo. ¿O alguien espera un mundo más mundo feminista, ecologista y solidario, pero sin quitar los ejércitos y su paradigma? ¿O alguien espera ingenuamente que conseguidos grandes logros feministas, solidarios o ecológicos que afecten a la médula del modelo de capitalismo global, el militarismo caiga por su propio peso, por su obsolescencia?

Hoy por hoy no hay una propuesta coherente que, pretendiendo cambios sustanciales en otras esferas de la sociedad, apueste por una propuesta de desmilitarización. En realidad, nuestra partidocracia participa del paradigma militarista y de la idea de la inevitabilidad de los ejércitos (cuando no del entusiasmo por su papel dinamizador de la historia). De hecho, salvando alguna reserva que hago a candidatos de los que lo desconozco todo, los que nos presentan a las elecciones europeas, a «izquierdas» y «derechas» forman parte del tácito partido militarista y mantienen su retórica.

Es cierto que levantar una propuesta desmilitarizadora en un ámbito complejo como la UE se torna un empeño complicado y tedioso y tal vez no es una prioridad, más aún cuando los institutos por la paz y las ONG´s de los que se nutren los partidos para sus retoques más cosméticos se limitan a promover propuestas de paz jurídica e institucional, propuestas de «desarme» pensadas en términos de institucionalidad, y actúan como lobbies buenos que nos sobrerepresentan y no participan de la idea de desmilitarización.

Para bosquejar un posible horizonte alternativo en materia de defensa podemos empezar por hacer lo que nunca se ha hecho. Podemos empezar por hacernos preguntas que la sociedad tiene derecho a debatir y decidir, como por ejemplo:

  1. ¿Qué queremos defender? Porque no es obvio que los intereses y el statu quo del modelo institucional de la UE sean dignos de nuestra defensa, como no lo es que los riesgos y amenazas que requieren nuestra atención sean los que define la política de seguridad de la UE, ni tampoco que lo que debemos defender haya de tener un enfoque de seguridad militar y no más bien de promoción de la justicia social. Igualmente es imprescindible cuestionarse el papel geopolítico e intervencionista que promueve la UE y por la legitimidad del sistema neocolonial y de dominación-violencia propio del modelo de defensa diseñado en Europa que, lejos de ser la solución, es parte del problema.
  2. ¿Cómo defendernos? Las preguntas aquí son si la vía militar es adecuada a lo que queremos defender. Si incrementar el gasto militar, en vez de reducirlo o incluso eliminarlo o transferirlo a cubrir necesidades sociales no sería mejor defensa. Si queremos tener una agencia europea de Armamentos, o unas instituciones de Doctrina militar, o un presupuesto i+d para alimentar a las industrias militares y la venta de armas, etc. Tampoco es obvio que la construcción de más ejércitos sirva mejor a las causas dignas de defensa que la lucha que movimientos sociales, con metodologías horizontales y noviolentas, están desencadenando en el campo de la ecología, de la solidaridad, de las luchas vecinales, de la resolución de conflictos, del feminismo e incluso del antimilitarismo más militante.
  3. La tercera gran pregunta es ¿Quién debe tomar las decisiones en materia de defensa? En la actualidad es la élite política y los intereses de los de arriba quien toma las decisiones. En esta materia, hemos demostrado que ya está cocinado un modelo del que no hemos sido preguntados, como si la sociedad no tuviera nada que decir. Como si el debate estuviera cerrado.
  4. Y la cuarta, ¿Cómo se pasa de la sociedad actual dominada por la política militarista y violenta a otra que se base en la cooperación y la noviolencia? No consideramos que limitarnos a una paz jurídica que consolide «acuerdos» de desarme sirva para llevar a cabo una propuesta de desmilitarización. Hay que avanzar en ir más allá del desarme hacia la desmilitarización tanto institucional y estructural como social y cultural.

El abandono de pacto militares, el desmontaje de instrumentos de defensa, la cancelación de la producción de armas y en su caso la conversión del aparato productivo hacia necesidades sociales, el trasvase de partidas presupuestarias destinadas al fomento de lo militar hacia necesidades sociales, la transferencia de capacidades y de conocimiento enfocado a la construcción de la paz y a la consecución de objetivos de desarrollo sostenible, el cambio de prioridades políticas hacia la solidaridad internacional, el abandono de la política económica y comercial basada en la depredación y la dominación, la lucha por la sostenibilidad, contra el patriarcado, contra la pobreza y el enriquecimiento injusto, la apuesta por una educación proactiva para la paz, la educación en prácticas de cooperación-noviolencia dentro de nuestras sociedades, etc., son propuestas que construyen más paz y seguridad en sentido humano.


Ver también:

Otras elecciones sin hablar del militarismo. Ahora la Unión Europea (primera parte)

Otras elecciones sin hablar del militarismo. Ahora la Unión Europea (II Parte)

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  • SERÁ POR TODO LO QUE PUEDE SER

    DISTINTO SABOTAJE EN ESPAÑA Y EN EUROPA, PERO SABOTAJE
    No solo la hipocresía de los “sin banderas” (con alguna tricolor por los votos), como UP, que desprecian la lucha por la República, porque:
    - “no toca” (Montera de Iglesias), Podemos
    - “no urge” (Garzón), PCE
    - “no interesa a la gente” “pero sin tricolor” (otros traidores varios),
    - los de lucha solo dos días al año, procesiones con sordina y freno echado (Juntas y demás cofradías fake)
    o los que dicen ser republicanos “de corazón” o “en la intimidad”, pero admiran la monarquía, como en PSOE

    EL ESTADO Y SUS AGENTES INFILTRADOS CONTRA LA REPÚBLICA
    También Franco juró la bandera legítima y única democrática, para encubrir su traición e imponer la monárquica
    Los grupos falsamente republicanos españoles (UCívica, Juntas, IR, PC, IU, etc), que no quisieron ni han permitido candidaturas republicanas en España (pudiendo hacerlo), operación fáctica descaradamente a favor de la monarquía con el pretexto del lobo.
    Falsos republicanos, todos los que han permanecido de brazos cruzados para desviar el voto de izquierdas a la derecha PSOE, o equidistante transversa UP (como si fuera voto útil de izquierda), en las generales y demás. Ni una sola, y menos aun unitaria, lista republicana (les da miedo y no les dejan)
    Una auténtica pirueta divisionista y saboteadora, calculada y retorcida, a favor de la represión borbónica, donde puede hacer daño, contra la unidad popular confederal, el Cambio social y la República
    Porque sí se presentan en las europeas porque en estas sí dañan a los republicanos patriotas unidos. Solo se presentan para sabotear la victoria de republicanos presos y exiliados (y hasta para dar imagen débil de un republicanismo confuso y sospechoso). ¿Por qué no se unieron? Blanco y en botella. Otra cosa hubiera sido, como refuerzo exponencial, integrarse en AHORA REPÚBLICAS

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