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Otras elecciones sin hablar del militarismo. Ahora la Unión Europea (II Parte)

Domingo.12 de mayo de 2019 252 visitas - 1 comentario(s)
Juan Carlos Rois, Tortuga. #TITRE

-* e) Política de fronteras

Mención aparte merecen las políticas de fronteras de la UE.
La UE mantiene cinco grandes mecanismos para atender a lo que llaman «crisis migratoria»:

  • 1) Una cooperación económica, empapada del propio discurso securitizador que hemos referido antes, que cuenta con dos mecanismos: un Fondo Fiduciario de Emergencia para África, condicionado al control migratorio y a una concepción del desarrollo muy etnocéntrico, y un «Plan europeo de inversiones en el exterior» que pretende fortalecer instituciones en los terceros países expulsores de personas para que retengan a sus poblaciones a cambio de inversiones.
  • 2) Las operaciones militares a las que nos hemos referido ya.
  • 3) La política de control de fronteras mediante el FRONTEX, ejecutado por las fuerzas policiales y militares de los países miembros.
    El presupuesto de FRONTEX Alcanza los 300 millones de euros anuales (322 para el año 2020) y se suma al que los Estados miembros destinan a las labores de vigilancia que pone a su disposición para las misiones que realiza.
  • 4) Un «Marco de Asociación» en materia de Migración estrechamente vinculado a la cumbre de la Veleta de 2015, y que pone su foco de atención principal en acuerdos con cinco países de especial preocupación en Europa: Níger, Nigeria, Senegal, Mali y Etiopía, así como con otros menos «prioritarios» como Egipto y Afganistán.
  • Dicho plan establece cinco prioridades para reducir al flujo masivo de migrantes hacia Europa:
  1. abordar las causas profundas de la migración irregular y del desplazamiento forzoso
  2. mejorar la labor de fomento y organización de canales de migración legal
  3. reforzar la protección de los migrantes y solicitantes de asilo
  4. combatir la explotación y la trata de migrantes
  5. mejorar la cooperación en materia de retorno, readmisión y reintegración.
  • 5) Acuerdos vergonzantes para establecer países tapón, como es el caso del acuerdo con Turquía o Libia.
  • En el caso de Turquía, la Comisión Europea aprobó en la cumbre de 24 de noviembre de 2015 unas bases para el posterior acuerdo UE-Turquía, cuya finalidad era establecer en dicho estado un tapón a la oleada de refugiados causados por la llamada guerra Siria, que como se sabe rebasa al estado sirio.
    El acuerdo establece un «mecanismo» de compensación a Turquía por hacer el trabajo (militar/policial) sucio.

Comenzó con un presupuesto de 3000 millones de euros, 500 de ellos a cargo de la UE y el resto distribuidos entre sus estados miembros, pasando a partir de 2016 a distribuirse 1000 a cargo de la UE y los restantes 2000 entre sus estados miembros, con arreglo al cuadro de aportaciones.

En cuanto a Libia, se cuenta con una Asociación con Libia, cuyas acciones consisten en:

  • 1) formar a la guardia costera
  • 2) proteger y asistir a los migrantes y refugiados
  • 3) apoyar a las comunidades locales
  • 4) mejorar la gestión de las fronteras.
    Hasta mediados de 2018 la UE ha destinado 237 millones de euros a la financiación de esta alianza.

Se hace elocuente el enfoque remilitarizador de esta Europa, que por una parte, mediante su intervencionismo militar ha establecido una consolidada política de «fronteras de seguridad avanzada» que convierte en campo de operaciones el Sahel y el cuerno de Africa, el mediterráneo y la frontera con los países tapón exsoviéticos, y por la otra establece mecanismos de cooperación y alianzas destinadas a construir poderes satélites que faciliten su agresiva política de dominación-violencia y por otra controles a las poblaciones motivadas a una migración prácticamente forzada que Europa quiere evitar dentro de sus fronteras.
Con una mano Europa participa de una geopolítica mundial de guerra y conflicto, actuando como un agente generador de migración forzada y con la otra construye una política securitizadora y militar de contención del flujo de migrantes que ayuda a generar.

África subsahariana y el latente colonialismo de raigambre francesa y cuño europeo es un claro exponente de ello, Oriente medio otro.

  • f) La militarización de la investigación y el conocimiento

También la Europa institucional que se está construyendo participa de la militarización del conocimiento.
Desde el Consejo Europeo de Lisboa del año 2000, Europa se propuso ser importante en materia de innovación, conocimiento e investigación. Estos propósitos dieron lugar a la elaboración de una estrategia y a la generación de diversas Iniciativas políticas y prácticas en materia de investigación e innovación de carácter europeo .
El descarado apoyo a la industria militar ha sido ratificado en la Declaración de Roma de los Dirigentes de los 27 estados miembro y del Consejo Europeo, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea de 25 de marzo de 2017. En ella se afirma

«[...] una Unión dispuesta a asumir más responsabilidades y a ayudar a la creación de una industria de defensa más competitiva e integrada; una Unión comprometida con el refuerzo de su seguridad y defensa comunes, también en cooperación y complementariedad con la Organización del Tratado del Atlántico Norte, teniendo en cuenta las circunstancias nacionales y los compromisos jurídicos […]»

En la actualidad existen, entre otros mecanismos:

  • 1) unos Fondos Europeos para el fomento de programas de I+D+I, que hasta hace relativamente poco (año 2014) estaban vedados a las inversiones militares y al militarismo.
  • 2) El ya aludido Plan de Acción Europeo de Defensa que canaliza otros fondos estructurales y ayudas, encubiertas como «investigación y desarrollo» para las empresas y proyectos militares
  • 3) Amén de los recursos de la ya referida Agencia Europea de Defensa.

Desde 2014 las empresas militares optan a fondos europeos de I+D+I, restándolos de los programas civiles y basados en necesidades socialmente útiles. Lo hacen porque se acordó permitir que la industria militar recibiera «fondos estructurales» (de los antiguos programas de «Investigación y Desarrollo», del «Programa Marco para la Innovación y la Competitividad» y las acciones del «Instituto Europeo de Innovación y Tecnología», que no permitían apoyo a programas militares) por medio de un nuevo modelo de financiación establecido en el programa de inversiones Horizonte 2020, que cuenta con un presupuesto de inversiones y ayudas para el período 2014-2020 de cerca de 80.000 millones de euros.

En el año 2016, y tras la celebración de la Reunión de los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea de Bratislava, se proponían dos ideas para aglutinar inversiones militares: la creación de unos «eurobonos» europeos dirigidos a inversores y la constitución de un «Fondo Europeo de Defensa» para canalizar inversiones militares desde el presupuesto comunitario.
Para abordar esta preferencia europea por el sector militar se elaboro un Plan de Acción europeo de la defensa que prevé dotar de músculo a la industria militar (en detrimento de la civil) y engrosar las arcas del lobby militar-industrial.

Según un esquema de funcionamiento de este plan, el mismo prevé

La comisión, y en consonancia con el plan, en junio de 2017 puso además en marcha un «Fondo Europeo de Defensa» con una dotación anual de 5.500 millones de euros y la posibilidad de un incremento a futuro en los próximos presupuestos comunitarios.

Las preferencias de la UE al respecto son elocuentes. Tras la reunión de junio de 2017 referida, la Comisaria Elżbieta Bienkowska, responsable de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y Pymes, se explicaba del siguiente modo:

«Europa tiene que convertirse en un proveedor de seguridad. El Fondo apoyará la investigación colaborativa en defensa y el desarrollo conjunto de capacidades de defensa. Por tanto, supondrá un punto de inflexión para la autonomía estratégica de la UE y la competitividad de la industria europea de la defensa, incluidas las numerosas pymes y empresas de mediana capitalización que forman la cadena de suministro de defensa.»

La planificación de este horrendo instrumento, que se ha decidido sin contar con la sociedad y de espalda a sus intereses, es la siguiente:

  • Investigación: La vertiente investigación del Fondo ya está produciendo resultados. A partir de 2017, la UE ofrecerá, por primera vez, subvenciones para la investigación colaborativa en tecnologías y productos de defensa innovadores, cuya financiación completa corresponderá directamente al presupuesto de la Unión. Los proyectos que opten a la financiación de la UE se centrarán en ámbitos prioritarios previamente acordados por los Estados miembros, como la electrónica, los metamateriales, el software encriptado o la robótica. La financiación será como sigue:
    • Un total de 90 millones de euros hasta finales de 2019; para 2017 han sido asignados 25 millones de euros. Hoy se abre una convocatoria de propuestas de proyectos relativos a sistemas no tripulados en el sector naval y sistemas del soldado. La firma de los primeros acuerdos de subvención está prevista para finales del presente año.
    • 500 millones de euros al año después de 2020.En 2018, la Comisión propondrá un programa de investigación en materia de defensa de la UE con un presupuesto anual estimado de 500 millones de euros y convertirá a la Unión Europea en uno de los mayores inversores de Europa en la investigación en materia de defensa.
  • Desarrollo y adquisición: El Fondo creará incentivos para que los Estados miembros cooperen en el desarrollo y la adquisición conjuntos de tecnología y equipos de defensa merced a la cofinanciación del presupuesto europeo y el apoyo práctico de la Comisión. Los Estados miembros pueden, por ejemplo, invertir conjuntamente en desarrollar tecnología de drones o comunicación por satélite, o comprar helicópteros al por mayor para reducir los costes. Solo serán admisibles los proyectos colaborativos, y una proporción del presupuesto total se destinará a proyectos que impliquen la participación transfronteriza de las pymes. La UE ofrecerá cofinanciación con:
    • un total de 500 millones de euros para 2019 y 2020, dentro de un programa específico de defensa y desarrollo industrial propuesto hoy.
    • 500 millones de euros al año después de 2020.
    • Un programa más sólido que se preparará para después de 2020, con un presupuesto anual estimado de 1 000 millones de euros. El programa estimulará la financiación nacional, con un previsible efecto multiplicador por 5. De este modo, podría generar una inversión total de 5 000 millones de euros anuales en el desarrollo de las capacidades de defensa a partir de 2020.
  • g) Mentalidad crecientemente militarista.

El militarismo de los líderes europeos es creciente y grosero.
Existe un consenso institucional europeo en reforzar el militarismo como uno de los pilares de esta Europa actor global. Para verificarlo nada mejor que releer la Declaración de Roma de los dirigentes de veintisiete Estados miembros y del Consejo Europeo, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea de 25 de marzo de 2017 señala así que

« La Unión Europea se enfrenta a retos sin precedentes, tanto mundiales como interiores: conflictos regionales, terrorismo, presiones migratorias crecientes, proteccionismo y desigualdades sociales y económicas. Juntos estamos decididos a hacer frente a los retos de un mundo en rápida mutación y a brindar a nuestros ciudadanos tanto seguridad como nuevas oportunidades»

y

«En los diez próximos años queremos una Unión más segura y protegida, próspera, competitiva, sostenible y socialmente responsable, que tenga la voluntad y la capacidad de desempeñar un papel fundamental en el mundo y de modelar la globalización.»

por lo que

«En estos tiempos cambiantes, conscientes de las preocupaciones de nuestros ciudadanos, nos comprometemos con el Programa de Roma y prometemos trabajar para conseguir lo siguiente:

  • 1.- Una Europa segura y protegida: una Unión en la que todos los ciudadanos se sientan seguros y puedan circular libremente, donde nuestras fronteras exteriores estén protegidas, con una política migratoria eficaz, responsable y sostenible, que respete las normas internacionales; una Europa decidida a luchar contra el terrorismo y la delincuencia organizada.
  • 4.-Una Europa más fuerte en la escena mundial: una Unión que siga desarrollando las asociaciones existentes, creando otras nuevas y promoviendo la estabilidad y la prosperidad en su vecindad inmediata al este y al sur, y también en Oriente Próximo, en Africa y en el mundo; una Unión dispuesta a asumir más responsabilidades y a ayudar a la creación de una industria de defensa más competitiva e integrada; una Unión comprometida con el refuerzo de su seguridad y defensa comunes, también en cooperación y complementariedad con la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Por otra parte, la cumbre de Jefes de Estado de la UE celebrada en Bratislava establecía como uno de los objetivos de la Unión llegar a ser una potencia con voz propia en la geopolítica mundial, lo que incluía el refuerzo de las estructuras militares para conseguir este logro.

Unos meses después, el Presidente Juncker anunciaba todo un ideario de construcción militar europea en su discurso de la Unión de 2016 (14 de septiembre) . En el mismo señala el objeto de la defensa que predica esa Europa: «defender nuestros intereses y el modo de vida europeo», para lo que propone dotarse de una «estructura permanente y una única sede para las operaciones militares» y poner en común medios militares de propiedad de la UE, para lo que propone medidas económicas y militares, acuerdos para potenciar la industria militar, y poner en común capacidades militares los estados que lo deseen como punta de lanza para llegar a una cooperación estructurada militar permanente. Por último habla de defensa en dos frentes que recuerda la distinción de las doctrinas militares de la guerra fría entre enemigo externo y enemigo interior: una «defensa exterior» y una defensa «interior». Lo dice así:

Europa debe adoptar una postura más firme, especialmente en lo relativo a nuestra política de defensa.
Europa ya no puede sustentarse en la fuerza militar de otros o dejar que Francia defienda por sí sola su honor en Mali.
Tenemos que asumir la responsabilidad de proteger nuestros intereses y el modo de vida europeo.
A lo largo de la última década, hemos participado en más de 30 misiones civiles y militares de la UE, desde Africa hasta Afganistán. Pero sin una estructura permanente no podemos actuar de manera eficaz, ya que esto implica que se retrasen las operaciones urgentes. Tenemos sedes de operaciones distintas para misiones paralelas, aun cuando se llevan a cabo en el mismo país o ciudad. Es hora de tener una única sede para estas operaciones.
También debemos avanzar en la puesta en común de medios militares, en algunos casos propiedad de la UE. Y, por supuesto, en plena complementariedad con la OTAN.
El argumento económico es claro: la falta de cooperación en materia de defensa cuesta a Europa entre 25 000 y 100 000 millones de euros al año, según la materia. Podríamos utilizar ese dinero para otras muchas cosas.
Podemos lograrlo. Estamos creando una flota multinacional de aviones cisterna. Reproduzcamos este ejemplo.
Para que la estrategia de defensa europea sea sólida, la industria de defensa europea debe innovar. Por este motivo, vamos a proponer antes de finales de año un Fondo Europeo de Defensa, a fin de potenciar la investigación y la innovación.
El Tratado de Lisboa permite a aquellos Estados miembros que lo deseen poner en común sus capacidades de defensa en forma de una cooperación estructurada permanente. Creo que ha llegado el momento de hacer uso de esta posibilidad. Espero que la reunión de los 27 en Bratislava dentro de unos días sea el primer paso político en esta dirección.
Porque solo trabajando juntos, Europa será capaz de defenderse tanto en el interior como en el exterior.

Un poco más adelante, la comisaria Jyrki Katainen, vicepresidente responsable de Fomento del Empleo, Crecimiento, Inversión y Competitividad, afirmaba en 2017 su entusiasmo por la creación del Fondo Europeo de Defensa:

«En toda Europa, la gente se preocupa por su propia seguridad y la de sus hijos. Como complemento a nuestra cooperación con la OTAN, tenemos que hacer más y debemos hacerlo mejor. Hoy estamos demostrando que podemos pasar a la acción. El Fondo actuará como catalizador para una sólida industria europea de defensa que desarrolle tecnologías y equipos de vanguardia y plenamente interoperables. Los Estados miembros seguirán siendo los que guíen este proceso, verán su dinero bien empleado y, en última instancia, tendrán más influencia.»

Asistimos a una deliberada y paciente afirmación institucional del militarismo europeo, o de su refuerzo, que responde tanto a los intereses de los grupos de poder fáctico europeo y su industria militar, como al crecimiento de las ideologías extremistas y de corte autoritario, cuando no abiertamente neofascistas, que crece en Europa.

Si recabamos declaraciones de destacados líderes europeos, y no precisamente los de talante más abiertamente fascista, que damos por descontado, la misma idea de refuerzo del militarismo resulta patente.

Angela Merkel, sin ir más lejos, es una entusiasta promotora de la idea militar de Europa, Su previsible sucesora al frente de la cancillería alemana no le va a la zaga y pasa por ser una representante de los halcones promilitaristas de Alemania. El francés Macrón se muestra igualmente firma defensor la se dimensión securitizadora de la UE y propone, junto con Merkel, la construcción de un ejército europeo porque está convencido de que «los europeos deberían ser fuertes, de ser cada vez más capaces de protegernos a nosotros mismos y nuestra soberanía».
Y hasta nuestro vacío Sánchez, en un discurso perpetrado en Estrasburgo en Enero de 2018, solicitaba construir una Europa de la defensa para actuar como un verdadero actor global, fortaleciendo los mecanismos de Cooperación Estructurada Permanente entre los países que deseen avanzar en ello (entre los que sitúa a España) y avanzando también en la construcción de un ejército europeo que permita a Europa «poner de manifiesto su capacidad y su voluntad política para “proyectar fuerzas conjuntamente” más allá de sus fronteras».
Que los líderes de esa Europa militarizada, casi sin voces en contra, se las vean tan felices con la idea remilitarizadora es posible porque los valores y perspectivas militaristas no sólo forman parte de la agenda de los poderes fácticos, sino que penetran socialmente ya sea por el mayor numero de convictos del militarismo, ya por la cooperación sumisa y larvada de los demás.

Las encuestas de EUROSTAT en el Eurobarómetro detectan en diversas materias la construcción de una idea de enemigo externo e interno y una aceptación sumisa a las políticas securitizadoras promovidas en Europa.

    • 2) ¿Un ejército europeo o una defensa compartida? ¿Qué escenario remilitarizador de futuro están construyendo a nuestras espaldas?

La idea de un ejército europeo en realidad ha sido una idea recurrente en la construcción institucional de Europa. En 1950 el francés René Pleven presentó un plan para la creación de un ejército europeo conjunto con fuerzas de Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, plan que quedó aparcado por las reticencias de la Asamblea Nacional francesa. Desde entonces la idea de integración militar europea ha pasado por la creación en su día de la UEO, la gradual inclusión de la mayoría de los países de la UE en la OTAN, la creación de diversos eurocuerpos militares y las recurrentes apelaciones de líderes europeos a la creación de diversos mecanismos de integración militar europea para que el aparato institucional europeo consiga encaminar su papel de «potencia» global.

La canciller alemana Angela Merkel, bajo la pretensión de que Alemania fuera la espina dorsal de un ejército europeo común y de un polo militar potente en Europa, destacó en el mes de enero de 2017 la necesidad formal de crear un ejército europeo (sin aclarar que en sustitución de los ejércitos nacionales o simplemente como complemento de estos) manifestando que desde el punto de vista de algunos de los socios de la UE no existe una «garantía eterna» para la cooperación militar de EE.UU con los europeos y que Europa debería ejercer su propia defensa.
Antes otros líderes prominentes, incluyendo el expresidente francés Nicolás Sarkozy y el Presidente belga Guy Verhofstadt, ya habían sugerido una parecida idea. También el Presidente Juncker en una conferencia en 2016 en la Fundación Adenauer de Berlin. E incluso el Tratado de la Unión Europea en su artículo 42 tiene prevista esta posibilidad, junto con una posición «intermedia» de «cooperación reforzada» que permite que unos cuantos Estados puedan establecer una integración militar sin esperar al resto.

En la constante literatura de la UE y de los Think Tanks europeos al respecto no queda claro si este «ejército europeo» en realidad pretende sustituir los ejércitos nacionales o complementarlos, si bien parece que la tendencia es esta segunda: crear estructuras estables de defensa militar de ámbito europeo que no dependan de la OTAN (aunque puedan ser complementarias de aquella) y mantener las estructuras militares estatales actuales.

Si esa es la perspectiva, estamos hablando de sobreponer tres estructuras militares con vocación de permanencia:

  • 1) Los ejércitos nacionales, reorientados en parte a lo que llaman interoperabilidad con los demás ejércitos europeos nacionales, a la combinación en cuerpos conjuntos y a la participación en las estructuras militares UE y OTAN.
  • 2) La estructura de la OTAN.
  • 3) Y los cuerpos comunes que se establezcan de «ejército europeo» con sus propias estructuras y bajo mando único.
  • Es decir, estamos hablando de una vuelta de tuerca militarista para sobremilitarizar Europa con vistas a ese papel reclamado por la élite poliárquica de convertir a la UE en una potencia global con vocación de liderazgo.
    En todo caso, la idea que se maneja, más bien a nivel publicitario y en los medios de comunicación, de ejército europeo como una posibilidad de futuro es una trampa, porque el consenso «desde arriba» ya está hecho, atado y bien atado, aunque nos quieran hacer creer que es algo que hay que pensar y que proponer a los ciudadanos.

Tal ves resulte sorprendente, pero lo será menos si leemos el Documento de reflexión de la Comisión sobre el futuro de la defensa de junio de 2017 (pág 11) en el que se precisan los derroteros por los que ya caminamos y que han pactado por debajo de la mesa las élites de esta Europa fortaleza y de la «paz jurídica» a la que llaman «Europa de la defensa» que están construyendo. Allí se dice

«Se están sentando gradualmente los cimientos de la Unión Europea de Seguridad y Defensa. La única forma de que nuestros ciudadanos se sientan y estén seguros es seguir con paso firme por esta vía. Para ello será necesario realizar avances en una serie de ámbitos:
En primer lugar, para que los Estados miembros sean más fuertes y soberanos en un mundo globalizado, se requiere una mayor cooperación en la Unión Europea, en particular en materia de defensa,
En segundo lugar ... Una Unión de Seguridad y Defensa debería estimular una armonización más decidida de las culturas estratégicas, así como una visión común de cuáles son las amenazas que nos acechan y las respuestas apropiadas. Se requerirá una actuación y un proceso decisorio conjunto, así como una mayor solidaridad financiera a nivel europeo.
En tercer lugar, la naturaleza de la relación trasatlántica está cambiando. Hoy más que nunca, los europeos necesitan asumir una mayor responsabilidad por su propia seguridad. De esta forma, la Europa de los Veintisiete (EU-27) podría hacerse cargo de su propia seguridad en mayor medida y daría un paso de gigante en la contribución a la paz y la seguridad internacionales.
En cuarto lugar, hemos de incrementar el volumen y la eficiencia del gasto en defensa el Consejo Europeo podría considerar la forma de superar las actuales limitaciones a la financiación común de los aspectos militares de la UE al avanzar hacia una defensa común.
Por último, una cooperación e integración sistemáticas en defensa requiere a su vez un verdadero mercado único de la defensa.
»

A partir de estas premisas, el documento contempla tres escenarios, el tercero de ellos, deseable según el análisis que extractamos es el de una «defensa y seguridad comunes». Es aquí donde podemos comprobar el proceso que se está consolidando y las estructuras que van a construir sin preguntar a nadie. Lo podemos ver (págs. 14 y ss).

«Conforme a este escenario, los Estados miembros profundizarían más en la cooperación y la integración en pos de una defensa y una seguridad comunes. Tal Unión de Seguridad y Defensa se fundamentaría en los factores estratégicos, económicos y tecnológicos, así como en un impulso político de los ciudadanos europeos para obtener una seguridad y una defensa europea comunes.
La acrecentada capacidad de actuación en la UE se sustentaría en un mayor nivel de integración de las fuerzas de defensa de los Estados miembros, reforzando aún más la solidaridad entre estos. Estas fuerzas estarían preparadas de antemano y se pondrían a disposición de forma permanente para su despliegue en nombre de la Unión. Participarían en maniobras militares conjuntas periódicas y recibirían entrenamiento en las escuelas europeas de defensa a fin de facilitar la convergencia entre culturas estratégicas.

A efectos internos, la UE reforzaría su resiliencia y la de sus Estados miembros mediante políticas sectoriales en ámbitos como la ciberseguridad, la protección de las infraestructuras clave o la lucha contra el extremismo violento. En materia de ciberseguridad, la UE coordinaría los escenarios de respuesta y la acción en caso de ciberataques o de interferencias en los procesos democráticos de los Estados miembros mediante, entre otras cosas, el intercambio sistemático de información, la cooperación tecnológica y los doctrinas unificadas. La Guardia Europea de Fronteras y Costas contaría con el apoyo de unas fuerzas marítimas europeas permanentes y de los recursos de los servicios de inteligencia europeos, como los sistemas de aeronaves pilotadas a distancia o los satélites. Se crearía una fuerza europea de protección civil para reaccionar con rapidez ante los desastres naturales o de origen humano. Mediante acuerdos permanentes entre los Estados miembros se posibilitaría el traslado rápido de equipamiento militar a través de Europa.
La planificación en materia de defensa de los Estados miembros se sincronizaría completamente, y las prioridades nacionales para el desarrollo de capacidades tendrían en cuenta las prioridades europeas. A continuación, tales capacidades se desarrollarían sobre la base de una estrecha cooperación, o incluso de una integración o especialización.
»

Como consecuencia de lo anterior, se desgrana todo el arsenal de pasos y estructuras en construcción, de nefastas consecuencias en mi criterio y singular refuerzo del militarismo

«Normalmente, los Estados miembros se procurarían las capacidades en ámbitos como la vigilancia espacial, aérea o marítima, la comunicación, el transporte aéreo estratégico y la cibernética en común, con el apoyo del Fondo Europeo de Defensa para garantizar respuestas inmediatas. Europa estaría en condiciones de hacer uso de capacidades cibernéticas ofensivas y de detección. Los programas de desarrollo multinacional colaborativo y de contratación pública se ampliarían de forma significativa en ámbitos como el de los aviones de transporte, los helicópteros, los activos de reconocimiento o las capacidades de defensa QBRN. Todo esto estaría sustentado en un auténtico mercado europeo de la defensa, con un mecanismo europeo para controlar las actividades estratégicas clave y protegerlas de adquisiciones hostiles externas. Una agencia europea de investigación en materia de defensa creada específicamente apoyaría la innovación orientada al futuro en materia de defensa y contribuiría a transformar esa innovación en las capacidades militares del mañana. Se pondrían en común los conocimientos punteros, permitiendo a la investigación crítica y a las empresas emergentes desarrollar tecnologías clave para abordar los retos a los que se enfrenta Europa en materia de seguridad. Se conseguiría un gasto de defensa eficiente y una mayor y mejor producción de defensa mediante la combinación adecuada de competencia y consolidación, especialización, economías de escala, la compartición de activos militares costosos y la innovación tecnológica destinada a obtener los máximos resultados con el dinero empleado».

Utopía Contagiosa (UC) elaboró en 2015 un material sobre el ejército europeo que establecía muy lúcidamente la evolución de la idea y los esfuerzos por implementar este ejército o lo que del mismo haya de entenderse, así como los perjuicios que se derivarían de esta vuelta de tuerca militarista. En otro artículo en El Salmón Contracorriente alertaba de esta remilitarización que, actualmente, se va profundizando.
Lo que en los textos de UC era una descripción hoy sigue vigente, pero alcanza un alto grado de profecía. Nos encaminamos a uno de los escenarios más militaristas de los posibles en la UE y la idea de un ejército europeo sigue siendo tan nefasta como se decía en aquel informe.

Por consiguiente, la idea de defensa integrada que se maneja tiene y ya están construyendo implica:

  1. 1) un alcance abrumador y se amplifica hacia ámbitos tradicionalmente ajenos a lo militar, tales como el económico, la convivencia ciudadana, esa especie de nuevo enemigo impreciso al que denominan «extremismo violento», una «hostilidad» interna y externa, la protección civil, etcétera.
  2. 2) Promueve la inversión abrumadora en defensa y seguridad, la potenciación de las industrias militares y el aumento consiguiente del gasto militar a escala europea y de cada estado.
  3. 3) Construirá nuevos cuerpos y medios militares (cuerpos específicos, policía de fronteras y costas, inteligencia militar, cuerpos de vigilancia no tripulada y satelital, etc.
  4. 4) Y se enfoca al intervencionismo militar exterior y a la securitización interior para defender «nuestros intereses».

No es seguro a día de hoy -parece poco probable- si se avanzará en la idea de un megaejército europeo que sustituya los ejércitos estatales o si, más bien, se trata de una estructura de defensa y seguridad diferenciada que integre fuerzas militares comunes y ejércitos nacionales, pero, sea cual fuere la opción, parece indiscutible la decisión de las élites de incrementar y desarrollar el militarismo ya demasiado pesado de Europa.

Este debate sobre el desarrollo de mayor potencial militar y de la construcción de una «Europa de la Defensa», aunque plagado de lugares comunes y hurtándonos la parte sucia del asunto y la verdadera dimensión remilitarizadora y securitzadora que conllevará en contra de nuestras libertades y de las luchas sociales, probablemente sí formará parte del debate de estas elecciones europeas en algunos países europeos. No parece que en nuestro Estado, más ensimismado en la disputa personalista por el liderazgo de derecha e izquierda, los sentimentalismos variopintos y las posibilidades de «sorpaso» y fragmentación de los partidos políticos de la nueva-vieja-viejuna política, vayamos a tener oportunidad de oír propuestas y, menos aún criticas. De hecho hasta donde tengo leído, ninguno de los partidos en liza se ocupa de estos temas.

En todo caso, la idea de una Europa de la Defensa pervive como pollo sin cabeza. ¿Un ejército europeo para defender qué? ¿Un papel de potencia global? ¿Intereses espurios? ¿los beneficios de la industria militar europea y el papel de potencia militar en 30 conflictos regionales? ¿la seguridad humana que si se encuentra amenazada no es por enemigos militares ni puede solventarse por medios militares?

En una próxima entrega analizaré lo que proponen los partidos políticos españoles respecto a la defensa en Europa y (tal vez) me preguntaré si cabe pensar en un horizonte alternativo en esta materia.


Ver también:

Otras elecciones sin hablar del militarismo. Ahora la Unión Europea (primera parte)

Otras elecciones sin hablar del militarismo. Ahora la Unión Europea (parte final)

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • Gastos militares

    13 de mayo 12:00, por Daniel L.

    Buenas,

    El ministerio de defensa del actual gobierno "de izquierdas" acaba de gastarse más de 4.000 millones en cinco fragatas.

    Nada más, un saludo

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