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Otras elecciones sin hablar del militarismo

Jueves.2 de mayo de 2019 343 visitas Sin comentarios
Aunque las cosas podrían ser de otro modo. #TITRE

Juan Carlos Rois.
Tortuga.

Acabamos de sufrir una desquiciada campaña electoral en la que lo pasional ha tenido la voz cantante y las propuestas racionales se han reducido al mínimo y se han simplificado al máximo, como es lo suyo cuando la escenificación y la mercadotecnia priman y la política se reduce a la imagen, más o menos agraciada, de unos cuantos pollos de pelea lidiando por el chocolate del loro de los valores altisonantes.

Ahora mereceríamos un descanso, pero no lo quieren los hados, que se nos vienen encima otras elecciones más, municipales, autonómicas en algunos territorios y europeas, tres en uno, como otras trinidades y triadas que venimos sufriendo desde Aristóteles, que tuvo el primer amago de trocearlo todo en tríos.
Por lo que respecta al militarismo también lo local, lo autonómico y lo europeo debería tener relevancia, pero sospechamos que el argumentario va a ir por otros derroteros.

Aquí vamos a intentar hacer repaso de las razones por las que deberíamos exigir a los partidos que pugnarán por embelesar al personal para obtener la flor de su voto que se retraten en temas militaristas. O que retraten, mejor dicho, su militarismo más o menos militante, para que se les vea el plumero y así el personal pueda tener en cuenta también esta deliberadamente ocultada dimensión de lo político.

Vamos a ello.

  • 1) El militarismo oculto en los territorios.

¿Por qué deberían preocuparse del militarismo los que se postulan para alcaldes, alcaldesas y alcaldadas y su séquito de candidatos concejeriles y consejeros y expertos cortesanos? Si el tema militar es, lo dicen todos, un tema de Estado.

Pues en primer lugar, porque el despliegue de esa estructura militar que se supone que pagamos religiosamente (nunca mejor dicho porque el asunto es de fe más que de sentido común), ocurre en el ámbito territorial concreto de los municipios y del territorio.

Vamos a ofrecer algunos ejemplos bien elocuentes:

  1. El ejército es el segundo terrateniente del Estado y acapara bienes inmuebles, propiedades rústicas y urbanas, campos de tiro erradicados en montes, serranias, islas y espacios naturales por los que no rinden cuenta socialmente.
  2. Hablando de espacios naturales, contamos con espacios de alto valor ecológico (Doñana, Bardenas Reales, Sierra del Retín, Monte del Teleno, Monte de Aitana, Isla de la Cabrera, Islas Chafarinas y de Alborán, Cerro Muriano, Algamela, Hoyo de Manzanares, entre otros) que constituyen una red paralela de espacios naturales vedada al resto de la sociedad y que se destinan a maniobras militares de alto riesgo ecológico.
  3. Son endémicos los conflictos rurales y hasta jurídicos que se provocan por la colisión de intereses militares y de las actividades rústicas tradicionales, sin olvidar la constante de incendios y peligrosidad que representa la actividad militar en los enclaves en que se desarrolla (incendios anuales en el Campo de San Gregiorio en Zaragoza que repercuten en las poblaciones circundantes, accidentes y peligros de las maniobras de Bardenas Reales sobre los pueblos de la zona, etc).
  4. Las infraestructuras militares se encuentran en el territorio y cuenta con un patrimonio inmobiliario asombrosamente amplio y muy a menudo implicado en especulaciones inmobiliarias considerables (operación campamento en Madrid, Cuartel de Artillería en Sevilla, ventas en San Fernando de Cádiz, patrimonio inmobiliario en Zaragoza, pelotazos inmobiliarios en Ceuta, etc.) así como otras que ya no se usan y que podrían destinarse a necesidades sociales de todo tipo.
  5. Casualmente, las infraestructuras militares están exentas del pago de impuestos municipales y tasas de todo tipo (las dependencias militares y sus organismos autónomos no pagan el IBI, ni el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica, ni el Impuesto de Actividades Económicas, ni el de Plusvalía, ni ninguna de las tasas municipales) lo que quiere decir que las infraestructuras municipales y rurales de las que se benefician (acometidas de agua y luz, infraestructuras urbanas, viales, etcétera, se las pagamos entre todos).
  6. Por mor de una legislación especial, las zonas que el ejército declara “de interés para la defensa” (que van más allá de los propios cuarteles e infraestructuras militares) condicionan los usos del territorio y su desarrollo a la autorización y deseo militar, lo que implica en zonas rurales, por ejemplo, que se corten caminos, se impida en los alrededores el uso agrícola, forestal o de protección ambiental, o determinados usos agrícolas, forestales o de protección, no autorizados por Defensa.

En segundo lugar, el apoyo público, municipal y de las Comunidades Autónomas, a lo militar y al militarismo es descarado.

Como ejemplo podemos citar:

  • Las exenciones de IBI, tasas, autorizaciones de licencias y ahorros fiscales de las que gozan los espacios militares, incluyendo en la exención actividades tan importantes para la defensa como campos de golf, deportes y recreativos, cantinas militares, espacios cedidos para la industria militar, etcétera.
  • El apoyo económico y material que supone el patrocinio de actividades militares o militaristas, como son la cesión de espacios públicos para el desarrollo de actividades militaristas (por ejemplo las ferias de armas en Madrid o Sevilla, la participación de los ejércitos en ferias de otro tipo, las subvenciones a la industria militar, los convenios de colaboración de municipios y comunidades autónomas)
  • El ingente número de convenios municipales, de las diputaciones, de la Federación de Municipios y Provincias y de las Comunidades Autónomas con el Ministerio de Defensa y diversos departamentos militares y organismos autónomos militares, ya sean para la realización de actividades conjuntas, la cesión de espacios, la homologación de formación militar, el desarrollo de actividades “culturales”, la formación profesional, el apoyo económico a la rehabilitación de infraestructuras militares, para la adscripción de militares a las policías municipales, y un largo etcétera.
  • La abrumadora presencia de lo militar, personajes militares y hechos bélicos en el callejero, lo que promueve una cultura militarizada.
  • El apoyo institucional y la reverencia de los municipios a los ejércitos, con el paroxismo más descarado en los desfiles militares y otros actos con presencia institucional municipal.

Y tercero, la verdadera inexistencia de un apoyo comprometido con una cultura de paz con contenidos y no meramente retórica.

    • 2.- ¿Sería posible un enfoque “municipal” y “autonómico” diferente al mero consentimiento cómplice?

Dos tipos de razones permiten esta colaboración sorda y cómoda de lo municipal y autonómico con el militarismo.

La primera, que la gente no conoce nada de esta realidad, o cuando sufre sus efectos no los relaciona con el hecho del militarismo en sí.

Y la segunda, que, en general, los partidos políticos y sus candidatos participan de esa aceptación difusa del militarismo, por lo que en sus agendas de preocupaciones no entra, ni de lejos, preocuparse del mismo.

De lo que tenemos rastreado hasta la fecha, los programas políticos municipales y/o autonómicos nada dicen respecto de lo militar, aunque en realidad la situación permitiría al menos prestar atención a algunos de sus aspectos.

Por supuesto no pretendemos trazar un programa político, ni una tabla de reivindicaciones, pero sí alimentar la idea de que si se quiere se puede pensar de otra manera. Podríamos apostar por un enfoque municipal comprometido en la idea de desmilitarizar nuestras sociedades y en potenciar los municipios como dinamizadores del empoderamiento de las gentes que viven en ellos como actores de paz.

Haremos uno de nuestros consabidos cuadros con enfoques diferentes, aunque sólo sirva para dejar claro que cabe plantear algo diferente al mero consentimiento con la situación creada en materia militar y de paz también en lo municipal

Tras las elecciones generales pasadas, Utopía Contagiosa, antes de su disolución, presentó un Plan de Paz modelo (es decir, referencial y que podía ser llevado a cabo en otros lugares) al Ayuntamiento de Madrid (se puede consultar pinchando aquí y a su concejal encargado de políticas de solidaridad y derechos humanos (qué pena que la paz se considere por nuestra izquierda pétrea como un apéndice anecdótico de su tradicional idea de cooperación internacional, pero esa es otra lucha por hacer) que, como era de esperar, no fue atendido por el gobierno de Carmena.

Particularmente sigo pensando que como referente de cómo se podrían hacer las cosas de otra manera, es un buen ejemplo que se podría profundizar.

El plan Partía de unos presupuestos que, al parecer, son inasumibles para una política institucional por “de izquierdas” que se proponga ser. Los vamos a copiar:

«1.- Participación y empoderamiento. Fomentando la participación de la ciudadanía en la elaboración, desarrollo y evaluación de las actuaciones municipales con el fin de lograr su empoderamiento en temas de paz. Dinamizando a los vecinos y vecinas en su compromiso por la paz y la solidaridad, y como agentes activos de paz hacia dentro de la propia ciudad y en el contexto mundial. Sensibilizando culturalmente a la sociedad sobre la paz y sus contenidos, sobre el conocimiento de los conflictos internacionales y sus causas y sobre nuestra responsabilidad en todo ello. Y creando mecanismos adecuados de convivencia y de resolución alternativa de conflictos.
2.- Compromiso. Las políticas de paz no son políticas neutras, fáciles, cortoplacistas.
Necesitan un gran compromiso con los valores que se defienden porque lo hacen en situaciones muy difíciles. El compromiso con la paz lo ha de ser, sobre todo, en sus metodologías, aquellas que nos harán ser coherentes para llegar a los fines. Es muy importante ser autocrítico y reconocer que en múltiples guerras (si no en todas) nosotros somos también parte del problema (por ser parte del primer mundo y sus políticas económicas e internacionales injustas).
3.- Solidaridad y cooperación. Como las formas de contribuir a la disminución de injusticias estructurales en el mundo para colaborar en su solución.
4.- Noviolencia. Como metodología de acción coherente, propositiva y transgresora del paradigma de dominación-violencia que nos invade, para llegar a actuar en otro paradigma de cooperación-noviolencia alternativo que nos permita desarrollar desde ya la existencia de otros mundos posibles.
5.- Lucha por la seguridad humana, los derechos humanos y ambientales y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como metas más o menos cercanas que nos harán ir logrando un mundo mejor.
6.- Contra la guerra y todos los tipos de violencia. Contra sus causas y consecuencias antes, durante y después de los conflictos

Mantenía diez y ocho objetivos (y ciento cinco medidas concretas) que pueden consultarse en el propio documento.

  • Objetivo 1.- Fomentar que el ayuntamiento tenga una política propia, activa y comprometida de actuación por la paz.
  • Objetivo 2.- Crear mecanismos adecuados de convivencia y de resolución alternativa de conflictos en la ciudad.
  • Objetivo 3.- Desarmar la ciudad.
  • Objetivo 4.- Apoyar las redes locales en la ciudad: grupos sociales pacifistas, noviolentos y de resolución pacífica de conflictos.
  • Objetivo 5.- Potenciar una cultura de paz en Madrid.
  • Antes de la guerra:
  • Objetivo 6.- Apoyo a grupos sociales foráneos que promueven la paz y el diálogo (pacifistas, noviolentos y de resolución pacífica de conflictos, refugiados. …) en zonas en conflicto.
  • Objetivo 7.- Promover una política de solidaridad con el fin de evitar que la violencia estructural y cultural derive en guerra.
  • Objetivo 8.- Fomentar la sensibilización y el empoderamiento social local y en el extranjero para abordar los conflictos de manera noviolenta.
  • Durante la guerra:
  • Objetivo 9.- Posicionar políticamente al Municipio en contra de la guerra y a favor del alto el fuego.
  • Objetivo 10.- Promover campañas de boicot y no colaboración con instituciones, empresas, etc., ligadas a la guerra.
  • Objetivo 11.- Solidaridad con los activistas y actividades contra la guerra y a favor del diálogo y la noviolencia en los países en conflicto.
  • Objetivo 12.- Ayudar a las víctimas de la guerra.
  • Objetivo 13.- Respaldar a quienes busquen soluciones negociadas y noviolentas en los conflictos.
  • Objetivo 14.- Difundir las verdaderas causas estructurales y culturales de las guerras.
  • Después de la guerra:
  • Objetivo 15.- Reconstruir las infraestructuras. Progresar en los Objetivos de
  • Desarrollo Sostenible.
  • Objetivo 16.- No olvidar las causas profundas de los conflictos y construir la paz sobre ellas.
  • Objetivo 17.- Fomentar la desmilitarización y la lucha contra el uso de la violencia.
  • Objetivo 18.- Promover la reconciliación y la resolución pacífica de los conflictos.

Es evidente que los programas electorales nada dirán de todo esto. No interesa. No vende. Complica a la mentalidad militarista vigente y, sobre todo, despierta a las sociedades para buscar cambios que lo institucional no quiere asumir.

Pero precisamente el hecho de que pueda existir un horizonte diferente desenmascara las grandes palabras con las que nos atizarán en campaña y puede permitir discernir mejor la impugnación al electoralismo abusivo con el que nos abrasan cada cuatro años.

Dejaremos para otro día analizar el militarismo de la UE, harina de otro costal.

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