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Lo llaman democracia y no lo es. Estrategia y táctica para la desobediencia electoral

Lunes.4 de noviembre de 2019 241 visitas Sin comentarios
Grup Antimilitarista Tortuga. #TITRE

La institución electoral y sus procesos, esto es, los comicios cada vez más frecuentes y la presencia mediática a todas horas de las principales figuras de los partidos en los medios de comunicación -tradicionales y de internet-, han conseguido conformar en la sociedad el pensamiento de que el partido político, el voto y el ejercicio de gobierno por parte de supuestos representantes de la “voluntad popular” son la única forma posible -llegando a ser inexorable- de gestionar la vida en común. De hecho, no tienen el más mínimo pudor en denominar como “democracia” al sistema político que han implantado, y que fortalecen sin cesar con su martilleante y omnipresente publicidad, llegando incluso a etiquetar como “irresponsables” a quienes no comulgamos con sus axiomas y nos abstenemos de colaborar con él. Sin embargo, no es cierto en absoluto que este sistema político represente el igualitarismo que podría definirse como “democracia”. Tampoco lo es que carezca de alternativas.

Socialismo, autogestión y asamblea

En el verano de 2003, desde el Grup Antimilitarista Tortuga compartíamos un escrito que, con el nombre de “Socialismo Autogestionario Noviolento”, trataba de poner sobre la mesa una breve crítica al modelo social en el que vivimos y una, no menos sintética, propuesta de transformación del mismo. En él reflexionábamos sobre el concepto “militarismo en sentido amplio”, definición que pretendía abarcar aquellos mecanismos, más allá de los sistemas armados y físicamente punitivos, que los individuos y grupos que detentan el poder en la sociedad emplean para el control y la subordinación a sus intereses de las personas que la integran.
Incluyendo, entre otros “el control de la información, la manipulación de las conciencias, el fomento de la cultura de la evasión y la gestión del miedo y la inseguridad”, éste, nada despreciable, arsenal de herramientas de dominación mediante la persuasión y el miedo, suma también al sistema electoral vigente en la búsqueda y satisfacción de dichos intereses.

En el mismo documento, recogiendo implícitamente la herencia de todas aquellas sociedades, grupos políticos e individuos humanos que han materializado, sobre el papel y en la misma historia, un verdadero proyecto de vida social horizontal, en igualdad y libertad, recordábamos que el socialismo es también “esa aspiración a la libertad, al gobierno del ser humano por sí mismo (negación del gobierno de unos seres humanos por otros), una rebelión permanente contra toda opresión, una lucha para poder disponer de la propia vida, la lucha por construir la sociedad como comunidad de personas libres e iguales”, al tiempo que definíamos la autogestión como “descentralización o desconcentración de poder en todos los ámbitos: económico, social, político, cultural... Empoderamiento social, protagonismo de la propia vida, participación en la toma de decisiones que afectan a la propia vida de modo asambleario, organización siempre de abajo a arriba”. Es obvio, como decimos, que nuestro colectivo no inventa nada al escribir estas líneas. Antes bien, se mira en el espejo de numerosas experiencias (asamblearias, federalistas, autogestionarias, municipalistas, concejiles, indígenas...), de cerca y de lejos, del presente y del pasado, que han mostrado sobradamente que es perfectamente posible participar de forma directa e igualitaria en la gestión de la propia sociedad.

Mecanismo de control social

Atendiendo a la comparación con estas experiencias, desde luego, resulta más que difícil etiquetar como “democrático” al sistema político en vigor. ¿Como puede llamarse “gobierno del pueblo” a una forma de gestión en la que todas y cada una de las decisiones las adopta una ínfima minoría de participantes en el ejercicio del poder, estando la inmensa mayoría absolutamente impedida, no ya de decidir, sino tan siquiera de poder opinar sobre aquellos asuntos que pudieran concernirle y afectarle en forma directa? Con el agravante de que lo decidido por dicha élite minúscula es de obligado cumplimiento (bajo coacción) por parte del resto.

Tampoco puede afirmarse que esta forma de gobernar lo sea “en representación” de la porción del censo electoral que ha votado al partido vencedor de los comicios (ni qué hablar de lo “representados” que estarán quienes ni siquiera han votado dicha opción o no han votado). Representar significa ser portavoz de la opinión de terceras personas a la hora de decidir en un ámbito superior. Personas a las que se ha de consultar su parecer en relación a los detalles en liza o a los sucesivos escenarios que vayan apareciendo en la negociación, de tal manera que sea su voluntad, y no la personal del representante, la que prevalezca. Resulta, más que claro, meridiano, que quienes supuestamente representan a sus electores en el sistema de gobierno vigente no realizan tal ejercicio de consulta permanente y traslado directo de la voluntad de las personas “representadas” al ámbito donde se toman las decisiones. Antes bien, votar, en todos los casos, supone otorgar un cheque en blanco a la persona electa durante un periodo de varios años, la cual, por lo común, más que a ser fiel a quienes le auparon al puesto con su voto, dedicará sus capacidades de gobierno a la satisfacción de sus intereses personales, los de su formación política o los del poder económico que ha contribuido a la victoria en la elección, con su financiación o el favor de sus medios de comunicación (o que compra su voluntad posteriormente para algún fin en concreto).

Porque esa es otra: hoy ganar y perder elecciones está más en relación con el marketing, con disponer de buena financiación en las campañas electorales y con salir mucho o poco en los medios, que con la supuesta bondad de las propuestas. Por ello, los principales líderes políticos se esmeran en dotarse, amén de una buena presencia, de las, hoy imprescindibles, capacidades de interpretación dramática, técnicas de venta, etc. Puede decirse también, en relación a ello que, tras tanta planificada campaña de imagen y persuasión, tanto bombardeo publicitario, en la mayoría de los casos, lo que pudiera quedar de voluntad verdaderamente libre y no manipulada de las personas electoras, es pura anécdota.

Es por todo ello por lo que cabe entender que el sistema de partidos políticos, elecciones y gobierno por parte de los electos, junto con toda la parafernalia, publicidad y puesta en escena que le rodea, lejos de constituir un ejercicio de democracia, en realidad viene a ser un despojo y secuestro de la misma, una forma de legitimar y naturalizar la dominación: una sofisticada herramienta de persuasión y ocultación en manos de quién siempre ha detentado la capacidad real de decisión en nuestra sociedad, y que no es otro que el poder económico capitalista, dueño, a su vez, de esos mismos medios de comunicación que ejercen de altavoz del discurso que se desea transmitir.

Por todo lo dicho, y teniendo en cuenta, asimismo, que hay una gran presión actuando para que el seguimiento de la actualidad “política” y el propio voto sean de carácter poco menos que obligado, se impone la necesidad de la DESOBEDIENCIA al sistema electoral. Desobediencia que, en este caso y otros similares, consideramos, sana, necesaria y pedagógica.

La abstención y más

En cuanto a cómo materializar dicha desobediencia, en primer lugar cabe hablar de la abstención, la cual es una forma de desmarque y de no cooperación con una dinámica que no se desea favorecer mediante la propia participación. Elegimos abstenernos a la hora de votar en cada elección, pero también nos negamos a ser el público de las continuas apariciones comunicativas de las figuras mediáticas de la política de partidos. No nos interesan sus mítines, sus tertulias, la información que de ellos se da en el periódico, la acalorada conversación en el bar entre los hooligans de unos y otros colores. No nos convencen sus escenificaciones de pluralidad ideológica ni despierta para nada nuestra ilusión la promoción de nuevas siglas y nuevos personajes. Sabemos que todo ello es una gran representación en la que, en realidad, apenas hay nada en juego. Sabemos también que, si nos unimos a la audiencia, o a la masa de votantes, estamos nutriendo y dando alas a todo este montaje con el que se mantiene secuestrada nuestra libertad.

No es necesario ser una persona ideologizada para ser abstencionista. A pesar de la fuerte censura social y la propaganda mediática en su contra, nada hay de ilegítimo en no querer saber nada de la política de partidos y las votaciones por simple desinterés, porque se tienen cosas mejores que hacer con el propio tiempo y la propia vida. De hecho, esta actitud no reflexionada y que podría llegar a tildarse de individualista, al menos, en este aspecto y a diferencia de lo que hacen las personas creyentes en electoralismo, no contribuye a fortalecer el sistema de no-libertad.
Sin embargo, desde el Grup Antimilitarista Tortuga, proponemos y recomendamos que la abstención lo sea en conciencia y se ejerza como herramienta de transformación social. Hablamos, así, de la abstención activa, la cual, al hecho de no votar y abstenerse de participar en las dinámicas del partidismo, suma el compromiso personal de implicarse en la construcción y desarrollo de realidades sociales y dinámicas verdaderamente democráticas: colectivos asamblearios, cooperativos, movimientos sociales, vecinales, de autogestión, etc.

Hay también algunas pequeñas cosas que pueden hacerse, individual o colectivamente para, además de no colaborar con él, contribuir a desenmascarar públicamente el artificio electoral. Por ejemplo, devolver las tarjetas censales, solicitar ser excluidos del censo (a lo que se denomina “apostasía electoral”) o evitar recibir propaganda de los partidos políticos en el buzón. En este enlace se explica cómo hacerlo: https://maldita.es/malditodato/como...
Cabe también adherirse a manifiestos y escritos colectivos de desmarque y denuncia pública de la farsa electoral. Cuanto más circule este contramensaje, más personas podrán reflexionar sobre la verdadera dimensión del sistema de dominación.

La objeción al sistema electoral

Puede ocurrir que nosotros, o personas de nuestro entorno, seamos designados para integrar las mesas en alguna elección. Como es sabido, la ley dispone que esta tarea -¡oh, gran democracia!- se desempeñe de forma obligada, estando previstas penas de cárcel y multas para quien se niegue. Nos parece muy importante que, a pesar de ello, evitemos por todos los medios a nuestro alcance realizar una contribución personal tan significativa. Al igual que decíamos sobre la abstención, nos resulta completamente legítima la acción de quien trata de evitar participar activamente en las mesas comiciales recurriendo a alguna forma legal de exención, evitando recibir la notificación de la designación o, simplemente, no apareciendo por allí el día en cuestión. Incluso la de quien, no habiendo encontrado fórmulas a su alcance para evitarlo, finalmente asume la tarea, concibiéndola como una coacción a la que no puede sustraerse, una suerte de moderna esclavitud por un día, y se esfuerza en informar de su situación a las personas presentes y las que van desfilando ante la urna: “No creo que esto sea democracia, y estoy aquí contra mi voluntad, bajo amenaza de cárcel”. Este tipo de denuncia no deja de tener también su efecto pedagógico.
Sin embargo, también en este caso, desde el Grup Antimilitarista Tortuga pensamos que, por su claridad y coherencia, tiene un, aún, mayor valor pedagógico y político declararse públicamente persona objetora al sistema electoral, negándose a realizar el servicio obligado. En este otro enlace se explican las razones y el modo de realizar este acto: https://www.grupotortuga.com/Por-qu.... Obviamente, darle el valor que le damos a la objeción electoral no nos lleva a considerarla imperativa. Cada persona habrá de valorar, en función de su situación y capacidades, si está dispuesta y capacitada para asumir los riesgos que conlleva.
La objeción de conciencia al sistema electoral, permite desafiar y visibilizar de forma clara la falsa realidad de democracia que esconde el sistema parlamentarista y proponer como alternativa la autoorganización popular en la base. Asimismo, formando parte de las más reconocibles expresiones de la desobediencia civil y la noviolencia activa, facilita aprovechar todo tipo de represión, especialmente los procesos judiciales, como medio de difundir el mensaje y llegar a la conciencia de las personas de la sociedad.
Por otra parte, quienes no están afectados de forma directa por la designación para integrar mesas electorales, siempre pueden ofrecer su apoyo a las personas, valientes y coherentes, que se han declarado objetoras de conciencia a dicha obligación: difundiendo el caso entre sus personas allegadas, firmando comunicados de solidaridad, acudiendo a los actos de difusión del caso y apoyo a la persona objetora, aportando ayuda jurídica, económica para cajas de resistencia, etc.

La sociedad a la que apuntamos

En este breve escrito hemos tratado de ofrecer algunas ideas para enfrentar una de las principales realidades que apuntalan el régimen de dominación en el que vivimos. Éste, en su anhelo de autojustificarse y autoperpetuarse, se reviste con la apariencia de la libertad y la democracia. Como hemos tratado de explicar, la institución electoral al completo es parte principal de dicho disfraz legitimador. Hemos presentado algunas ideas para combatir la falacia, hoy universalmente aceptada. Son solo algunas ideas, susceptibles de ser ampliadas y mejoradas. Son propuestas tácticas que se encuadran en la estrategia de ir poco a poco socavando el discurso legitimador que da carta de naturaleza al orden vigente. Estrategia que, a su vez, persigue el objetivo de un cuerpo social verdaderamente libre y democrático, en el que todas las personas que lo integran puedan decidir libre y directamente sobre todo aquello que les afecta, construyendo así una sociedad comunitaria y corresponsable. Nos consta lo ambicioso del objetivo y lo difícil de tener que caminar a contracorriente. No obstante consideramos que vale la pena, y es posible ir dando pequeños pasos a la hora de sumar cada vez más personas conscientes y desafectas al sistema político falsamente participativo que nos rige. Cuantas más desobedientes, cuantas más personas construyendo alternativas asamblearias, más se tambaleará la mentira.

Socavar la legitimidad del régimen político falsamente democrático, obviamente, no es la única tarea que tenemos por delante quienes soñamos con mundo justo, libre, ecológico y humano, pero no deja de ser un buen lugar por el que comenzar la tarea, así que ¡salud! y adelante.

Grup Antimilitarista Tortuga

Ver también:

Manifiesto por la objeción de conciencia electoral
https://www.grupotortuga.com/Manifi...

En apoyo al objetor al sistema electoral Adrián Vaíllo
https://www.grupotortuga.com/En-apo...

Cómo protegerse de las elecciones
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Un grupo de personas piden su exclusión del censo electoral
https://www.grupotortuga.com/Un-gru...

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