Administración Enlaces Contacto Sobre Tortuga

Las asambleas romanas de la República

Sábado.30 de noviembre de 2019 282 visitas Sin comentarios
Conozcamos cómo se gestionaba la política en otras culturas. #TITRE

Introducción

El sistema político de la República Romana no se creó de la noche a la mañana, sino que fue producto de una larga evolución histórica a lo largo de varios siglos. El Estado romano es una comunidad de ciudadanos libres que tiene los caracteres de una ciudad-Estado. Pero, por encima de esta comunidad, está superpuesto el concepto abstracto de res publica, es decir, el conjunto de los asuntos que interesan al pueblo por ser beneficiosos para el interés común. No es por tanto el pueblo el que toma las decisiones políticas directamente; más bien éstas son competencia de tres tipos de instituciones públicas: las magistraturas romanas, el senado romano y las asambleas romanas.

¿Qué eran las asambleas romanas?

Las asambleas populares romanas, de acuerdo con el carácter de ciudad-Estado de Roma, incluían a todos los ciudadanos con plenos derechos para servirles de vía de participación política, pero… ¿qué era ser ciudadano romano en la República? Grosso modo, se era ciudadano romano por nacimiento o por naturalización, cumpliendo en ambos casos una serie de condiciones. También había otros casos de acceso a la ciudadanía más extraordinarios, como el de la emancipación, es decir, cuando un esclavo recibía de su amo la libertad.

No obstante, no todos los ciudadanos tenían el mismo grado de derechos civiles y políticos, al menos en los primeros siglos de la República. Frente al ciudadano que disfrutaba plenamente de estos derechos, el civis optime iure, estaban los ya mencionados libertos, privados del derecho de acceder a las magistraturas hasta la segunda generación. También encontramos a los llamados cives sine suffragio, ciudadanos romanos sin derecho de voto por ser originarios de otras ciudades itálicas.

Características de las asambleas romanas

Entre las funciones de estas asambleas de la República romana estaban las de elegir a los distintos magistrados, votar las leyes, decidir las declaraciones de guerra y acordar las conclusiones de los tratados. Asimismo, contaban con competencias en materia penal para crímenes contra el Estado en calidad de máximo tribunal de apelación.

En las asambleas romanas antiguas no existía el principio de representación, es decir, que la presencia física en la asamblea era imprescindible si se quería participar en la vida política de Roma. Además, la reunión de los ciudadanos no era tumultuaria, sino compuesta por la suma de grupos, en los que todo el pueblo romano se ordenaba según tres principios: el gentilicio, el territorio y la fortuna personal. De este modo, en base a estos principios las votaciones no se realizaban de forma individual sino por medio de al menos tres asambleas romanas: los comicios curiados o por curias, los comicios centuriados o por centurias, y los comicios por tribus. Cada una de ellas representaba al conjunto total de ciudadanos romanos con plenitud de derechos, pero lo hacían desde distintos puntos de vista. Para comprender mejor este complejo sistema de instituciones, vamos a verlas más detenidamente.

Tipos de asambleas romanas

Asambleas romanas: los comicios curiados

Las asambleas romanas más antiguas (se remontan a los tiempos de la monarquía), eran las basadas en el principio del gentilicio, es decir, los comicios curiados. Esta agrupación, reducida en la República a puro formalismo, no tenía casi ninguna vigencia en plena época histórica de Roma, hasta el punto de que muchos ciudadanos ignoraban la curia a la que pertenecían.

De hecho, la asamblea quedó reducida a un simple símbolo estatal y llegó a ser sustituida a veces por 30 lictores que representaban a las 30 curias en las que se dividía el pueblo romano. A pesar de ello, los comicios curiados tenían unas pocas funciones religiosas y políticas protocolarias pero importantes para la vida pública, entre las que destaca la votación de la lex curiata de imperio, es decir, la concesión formal de imperium al magistrado correspondiente.

Asambleas romanas: los comicios centuriados

Los comicios centuriados eran las asambleas romanas más importantes de la ciudadanía. Estaban basadas en el principio de organización de las centurias del ejército, agrupadas en clases censitarias según la fortuna personal. De esta manera, cuantos más recursos económicos pudieras aportar para servir en el ejército, mayor era tu clase censitaria.

Aunque se desconoce con seguridad su origen, sí que sabemos que al menos desde finales del siglo IV a.C. el número de centurias era de 193, 18 para los caballeros y 175 para los infantes. Éstos últimos se agrupan en cinco clases censitarias: 80 centurias en la primera clase, 20 de la segunda a la cuarta clase, y 30 en la quinta clase. Si lo sumamos todo nos da 170 centurias, a las que se suman las cinco restantes formadas por los auxiliares del ejército (herreros, carpinteros y músicos) y los proletarii, es decir, los individuos que, al no poseer ni un mínimo de fortuna, solo podían contribuir al Estado con el servicio militar de sus hijos.

Como esta clasificación se sustentaba en la estimación que los censores hacían de las fortunas de cada ciudadano, se comprende que las clases inferiores y sus centurias contaran con muchos más individuos que las superiores. En otras palabras, los grupos de mayor rango en el censo, que incluían a muchos menos ciudadanos, tenían el mayor número de centurias. Además, cada grupo se subdividía después en números iguales de centurias en base a la edad de sus miembros. Así, los ciudadanos de 18 a 45 años constituían las centurias de iuniores, mientras que los ciudadanos a partir de 46 años formaban las centurias de los seniores. Si tenemos en cuenta que las votaciones no se hacían por recuento simple de voto individual sino por centurias, es fácil entender por qué una minoría de ciudadanos ricos tenía el dominio político sobre una minoría de ciudadanos más humildes.

Así pues, dado que había 193 centurias, y por tanto, 193 votos, la mayoría absoluta se alcanzaba con 98. Si repasamos los números que ofrecí arriba, con una sencilla suma veremos que este número era precisamente la suma de las centurias de los caballeros y las de la primera clase de infantes. De este modo, cualquier pacto entre los dos grupos más privilegiados hacía que cualquier votación saliera adelante y ninguna votación de los demás grupos resultara efectiva. Por ende, a nivel práctico eran pocas las veces en las que las centurias de las clases inferiores llegaban a ejercer su derecho al voto.

Asambleas romanas: los Comicios por tribus

Si los comicios curiados se basaban en el gentilicio y los comicios centuriados lo hacían en la fortuna personal, los comicios por tribus se sustentaban en el reparto de los ciudadanos por las circunscripciones territoriales (tribus) que abarcaba el Estado romano. Estos distritos se dividían en urbanos, correspondientes al casco urbano de Roma, y rústicos, cuyo número fue creciendo a medida que Roma se expandía por la península italiana. De hecho, no fue hasta el año 241 a.C. cuando se fijó el número definitivo de tribus rústicas en 31, de manera que el total de tribus ascendía a 35. A partir de ese momento, todo nuevo territorio que Roma conquistaba en Italia quedaba adscrito a una de las 35 tribus existentes.

En la comitia plebis tributa (formada solo por plebeyos) y en la comitia populi tributa (incluía a todo el pueblo) cada tribu tenía un voto, pero la representación era injusta puesto que era poco probable que los ciudadanos más pobres que vivían en el campo pudieran viajar hasta Roma solo para ejercer su voto. Esto tenía como consecuencia inmediata que el voto de las tribus rurales lo decidían casi siempre sus miembros más ricos, que eran los únicos que se podían permitir el viajar a la urbe para participar en la asamblea.

Grabado del siglo XVIII que representa a un tribuno de la plebe presidiendo una de las asambleas romanas

Ambas asambleas podían elegir a magistrados solo a partir de los candidatos propuestos, y carecían de cualquier poder sobre las propuestas de leyes, ya que solo podían aceptarlas o rechazarlas, no enmendarlas. Aparte, quienes quisieran hablar tenían que ser autorizados por el magistrado que presidía la sesión, normalmente un aristócrata que favorecía los intereses oligárquicos.

Bibliografía

BRAVO, G. (1998): Historia de la Roma Antigua. Madrid: Alianza editorial.

CAMPBELL, B. (2013): Historia de Roma. Desde los orígenes hasta la caída del Imperio. Barcelona: Crítica.

NOVILLO LÓPEZ, M.A. (2012): Breve historia de Roma. Madrid: Nowtilus.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. (2007): Historia de Roma I. La República Romana. Barcelona: Ediciones Cátedra.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. (1990): Instituciones políticas de la República Romana. Madrid: Akal.

Fuente: https://historiaeweb.com/2019/11/07...

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.