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La guitarra de Woody Guthrie, la justicia y el respeto por la verdad

Martes.7 de mayo de 2019 439 visitas - 3 comentario(s)
Breve reflexión del Grup Antimilitarista Tortuga sobre las cercanas elecciones #TITRE

Ya estamos en campaña electoral y de nuevo se imponen los eslóganes de los partidos sobre la publicidad de cualquier otro producto del mercado capitalista. Es algo similar a lo que ocurre en Navidad con los juguetes o los perfumes.

Con frases sencillas, los Goebbels del electoralismo, intentarán que calen sus mensajes del mismo modo que lo hicieron el Aserejé de las Ketchup o el «Qué bien, hoy comemos con Isabel» de Bassat. Si la musicalidad del mensaje no está muy conseguida, lo repetiremos hasta la saciedad: los medios deciden qué baila la gente.

Uno de estos reiterados mantras señala que hay que votar para frenar a la extrema derecha. Que el actual sistema político y económico vaya a seguir siendo injusto y cruel —especialmente con otras regiones del planeta menos favorecidas— gobierne quien gobierne, no debe hacernos infravalorar el peligro de que ideologías particularmente intolerantes y autoritarias gocen del respaldo popular. No obstante, nos parece poco acertado alentar al voto con tales excusas. Que se entienda bien, hablamos de quien incita a votar, no de quien introduce la papeleta. Muchas veces no se presenta la realidad como deseamos y es perfectamente comprensible optar por el mal menor. Sin embargo, justificar la propia existencia en oposición a Vox supone negar cualquier aspecto positivo de nuestra esencia.

Demócrito de Abdera afirmó que «es preferible entender un porqué que ser el rey de Persia». Quizá, incluso entre los republicanos, haya aspirantes a rey que emplean el temor para legitimarse; sin embargo, pensamos que es preferible entender un porqué.

¿Las perspectivas de voto de la ultraderecha crecen porque hay gente que no vota? ¿La solución para frenar a aquellas fuerzas que más nos desagradan están en votar el próximo domingo? Respondemos un no rotundo en ambos casos.

Los mejores recursos que tenemos para acabar con cualquier cosa que se parezca mínimamente al fascismo son la guitarra de Woody Guthrie [1], la justicia y un respeto estricto por la verdad.

La realidad es tozuda y se opone a nuestras ideas cuando nos equivocamos. Pero a veces el ser humano lo es aún más, se encierra en su mente y obvia cualquier aviso de error en su pensamiento. Nos repetimos lo que creemos saber, y a vivir: mejor un Aserejé para bailar que un ensayo que me estremezca.

Si desde la política profesional y mercantilizada se sigue intentando describir el mundo con cuatro lemas simples, nadie dentro de ella debería extrañarse de que aumente el apoyo a opciones extremistas, que no radicales. Tratar al votante como masa y no como persona puede tener ese resultado: que se deje llevar por el viento, aunque sople desde otra dirección.

No podemos combatir —mucho menos en el largo plazo— a la extrema derecha con eslóganes. Para hacerlo solo nos queda luchar día a día por un mundo más justo, y fomentar el pensamiento crítico y el debate en lugar del spot publicitario o el ripio. Solo cuando una persona toma las riendas de su vida y reflexiona sin miedo sobre la realidad deja de esperar que llegue un líder con una receta mágica, quizá de ultraderecha.

En el Grup Antimilitarista Tortuga pensamos que votar supone dar apoyo a quienes, con la ambición de conseguir escaños, han ofrecido más propaganda que razonamientos y alternativas. Entendemos que haya quien vote por temor a que empeoren las cosas, y que esta decisión puede ser fruto de haber meditado mucho y muy bien.

Lo único que pedimos es que nadie intente conseguir su escaño culpando de desastres aún no ocurridos a quien no vota. Si nos espera algún desastre será porque se ha cocido durante años, durante un tiempo en el que decidieron ignorarnos quienes ahora nos acusan.

[1Woody Guthrie (1912-1967) fue un cantautor estadounidense conocido por su identificación con las clases populares. En su guitarra figuraba la leyenda «Esta máquina mata fascistas».

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  • ¿Realmente conseguiremos la justicia y el respeto por la verdad "matando fascistas" con la música?

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    • No conozco el personaje de Guthrie ni su música, pero entiendo (o quiero entender) que se trata de una metáfora. Frente a quienes sí sienten el deseo de la aniquilación física, y no metafórica, de los fascistas (o derrotarles puntualmente en las urnas), aquí lo que se propone es la música; es decir, la belleza y la sensibilidad. No como una forma de aniquilar seres humanos, sino como una herramienta capaz de disolver las ideas fascistas y recuperar para el común a las personas que las tienen.
      Si me equivoco en mi interpretación, que me corrija quien conozca al autor y lo que se quiere decir. Salut.

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      • Hay mucha gente que aún acude a votar en las elecciones, sobre todo en países que dejaron atrás una dictadura. Hasta cierto punto es lógico, pero esa atractiva idea a priori de la democracia representativa se empezó a torcer aquí en cuanto se pudo votar.

        El referéndum del 78 sobre la Constitución fue la primera pifia, el del 86 sobre la OTAN la revalidó y desde entonces la cosa ha ido de culo, cuesta abajo y sin frenos.

        Desde 1977 ha habido 13 elecciones generales y no han eliminado los crímenes de Estado aquí y en el extranjero, la delincuencia empresarial, extranjera y local, la de los políticos, la corrupción en todas las instituciones nacionales y en las europeas, el saqueo de lo público que llaman crisis, la imparable acumulación de riqueza en manos de una minoría, la creciente brecha económica, el deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y sus familias, el deterioro ambiental… Así no hay verdadera democracia.

        La razón de esto la explicó hace muchos años Carlos Marx y lo sangrante es que lo ha reafirmado hace poco uno de los hombres más ricos del mundo, el inversor Warren Buffet: “sí, hay guerra de clases, la hace mi clase, la de los ricos, y la estamos ganando”.

        Entonces más lógico sería que la gente rechazase ese tipo de elecciones y de democracia. A pesar de eso los de abajo siguen votando y morirán con los votos puestos pero sin heroísmo, mientras los ricos y sus marionetas, los políticos, morirán también, pero de risa y con mayor comodidad.

        Si uno pone su vida en manos de otros, entonces consiente en que éstos hagan lo que quieran con aquélla, que como muestran estos 40 años de democracia es aumentar su propio beneficio a costillas de la gente que les vota.

        Esto no es todo, otra de las consecuencias de esa situación, que tiene lugar en todo el mundo, es que por el descontento generalizado medra la extrema derecha -mediante variedades locales-, en lugar de la solidaridad con los más perjudicados.

        Con este cóctel mortífero, lo que ocurre es que esa democracia se va deslizando hacia un nuevo estado político: guerra polifacética –no sólo con armas de fuego- y continua entre países y de todos contra todos, también entre pobres.

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