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La ciudad y el shock

Domingo.24 de noviembre de 2019 256 visitas Sin comentarios
Texto de Walter Benjamin. #TITRE

VIII

La multitud de la gran ciudad provocó miedo, repugnancia y espanto en los primeros que la miraron de frente. Poe percibe en ella un elemento de barbarie. Solo con un sentido muy exacto de la urgencia logra imponérsele una cierta disciplina. Quizá por esa razón James Ensor no se cansará, años más tarde, de enfrentar en ella la disciplina con el salvajismo. Eso explicaría su afición a incorporar militares en las bandas carnavalescas de sus cuadros. Ambas esferas se compenetran de una manera ejemplar, suministrando un modelo para los estados totalitarios, en los que la policía va de la mano con los maleantes. Valéry, que tiene un agudo sentido para ese complejo de síntomas que debemos identificar con la "civilización", caracteriza así uno de los estados de la cuestión correspondiente: "El habitante de los grandes centros urbanos retrocede de nuevo al estado salvaje y se aísla de los demás. El sentirse en relación con los demás, antaño siempre alerta a causa de las necesidades, se vuelve hoy paulatinamente romo en el curso sin roces del mecanismo social. Todo perfeccionamiento de dicho mecanismo pone (...) fuera de juego ciertos modos de comportamiento, ciertos sentimientos y emociones".

El confort aísla. Por otro lado, acerca a su beneficiario a lo mecánico. Al inventarse las cerillas hacia mediados del siglo XIX entraron en escena una serie de innovaciones que tienen algo en común: permiten sustituir una sucesión compleja de operaciones por un gesto abrupto de la mano. Pero ese desarrollo avanza en muchos ámbitos. Es evidente, por ejemplo, en el caso del teléfono: en lugar de tener que girar la manivela constantemente, como sucedía con los viejos aparatos, ahora basta con el gesto de levantar el receptor. Entre los innumerables actos consistentes en conmutar, tirar o apretar tuvo consecuencias especialmente importantes el del "disparo" del fotógrafo. Bastaba con apretar un botón con un dedo para fijar un acontecimiento durante un tiempo ilimitado. El aparato le impartía al instante, por así decirlo, un shock póstumo.

A las experiencias táctiles de esta índole se les añadieron las ópticas, como las que provocan las páginas de anuncios de los periódicos y el tráfico de una gran ciudad. El individuo, obligado a moverse en él, queda condicionado por una serie de shocks y colisiones a los que tiene que hacer frente. En los cruces peligrosos, sus nervios son atacados con la furia propia de un redoble de batería. Baudelaire habla del hombre que se sumerge en la multitud como en un acumulador de energía eléctrica. Y, perfilando la la experiencia del shock, lo llama "caleidoscopio dotado de consciencia". Si los transeúntes de Poe lanzan miradas a un lado y a otro, aparentemente sin motivo, los de ahora tienen que hacerlo para orientarse con las señales de tráfico. La técnica ha sometido al sistema nervioso humano a un entrenamiento muy exigente y complejo. Ya ha llegado el día en que el cine corresponde a una nueva y urgente necesidad de estímulos. La percepción entendida como shock cobra en el cine vigencia como principio formal. Lo que en la cadena de montaje determina el ritmo de la producción constituye en el cine la base misma del ritmo de la recepción.

No en vano subraya Marx que en el trabajo manual la interconexión de cada uno de sus momentos es continua. Pero para el obrero de la fábrica que tiene su puesto en la cadena de montaje esta interrelación se ha convertido, lógicamente, en una relación cosificada. La pieza producida alcanza el radio de acción al que está destinada sin contar con la voluntad del obrero. Y con igual obstinación ésta se sustrae a su poder. "Es común a toda producción capitalista -escribe Marx- que no sea el obrero el que se sirva de las condiciones de trabajo, sino al revés, que éstas se sirvan del obrero; pero solo con la maquinaria cobra esta inversión una realidad técnicamente palpable". En el trato con la máquina aprenden los obreros a coordinar "su propio movimiento al siempre uniforme de un autómata". Estas palabras arrojan luz propia sobre el carácter absurdo de la uniformidad que Poe atribuye a la multitud. Uniformidad en el vestir y en el comportarse y, no en último término, uniformidad en la propia expresión del rostro. La sonrisa da que pensar. Probablemente se trata de la que hoy es corriente en el keep smiling y ya funcionaba entonces como una mímica amortiguadora de choques.

"Todo trabajo en la máquina -se dice en el texto antes aludido- exige un adiestramiento del obrero". Dicho adiestramiento (Dressur) debe distinguirse del ejercicio que implica un aprendizaje y mejora mediante la práctica (Übung). Esta práctica, fundamental en el artesanado, todavía encontró su lugar en la manufactura, sobre cuya base "cada rama especial de la producción encuentra en la experiencia la figura técnica que le corresponde y que va perfeccionando lentamente". Y, además, cristaliza tan pronto "se alcanza un cierto grado de madurez". Pero, por otro lado, esa misma manufactura produce "en cada obra manual de la que se apropia una clase de obreros que llamamos no especializados a los que el artesanado excluía rigurosamente. Si la especialización simplificada se desarrolla en virtuosismo a costa de la capacidad de trabajo, comenzará a hacer una especialidad incluso de la falta de todo desarrollo. En lugar de una ordenación por categorías, aparece la simple división en obreros especializados y no especializados". Al obrero no especializado es al que más humillante le resulta el adiestramiento en la máquina. Su trabajo se vuelve impermeable a la experiencia. El ejercicio pierde en él su derecho (63).

Lo que los parques de atracciones consiguen con sus tazas bailarinas y demás diversiones similares no es más que una cata del adiestramiento al que el obrero no especializado está sometido en la fábrica (una cata que había temporadas que debía aceptarse en lugar del menú completo, ya que el arte de lo excéntrico, en el que el ciudadano de a pie podía dejarse adiestrar en cualquier Luna Park, florecía más que nunca en periodos de paro laboral). El texto de Poe vuelve transparente la verdadera interdependencia entre disciplina y barbarie. Sus transeúntes se comportan como si, adaptados a los autómatas, solo pudiese expresarse automáticamente. Su conducta es una reacción a los shocks. "Cuando los empujaban, se deshacían en saludos hacia los responsables y parecían llenos de confusión".

Nota 63. Cuanto más corto es el tiempo de formación de un obrero de la industria, tanto más largo se hace el de un militar. Tal vez forme parte de la preparación de la sociedad para la guerra total el que el ejercicio pase de la práctica de la producción a la de la destrucción.

Texto tomado de "Sobre algunos temas en Baudelaire", artículo de Walter Benjamin incluido en "Iluminaciones". Taurus, Madrid 2018.

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