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La Ume. ¡Qué señora!

Lunes.21 de octubre de 2019 483 visitas Sin comentarios
Julio Ramírez, Tortuga. #TITRE

Van a disculpar mi ignorancia o, quizá, mi torticera manera de relacionar distintas realidades, pero me sucedió que al oír la noticia de que en la Vega Baja (Alicante) habían despedido a la UME entre loor de multitudes, me imaginé a una ubérrima señora agasajada por el pueblo henchido de agradecimiento por sus dones.
Para mí, la foto era la de la madre de Makinavaja rodeada de paisanos enfervorecidos por su neumática condición.

“-¡Ume! ¡Tía buena”-coreaban al unísono.

Pues no. Qué decepción.

Resultó que la UME no era una fémina que repartía amor a cambio de una minuta acordada, sino que se trataba de una sección del ejército denominada Unidad Militar de Emergencia. ¡Tierra trágame!

Al tanto ya de a qué se referían en realidad las noticias aparecieron ciertas coincidencias entre la UME y “la Ume”.

Por ejemplo, ambas Umes están preparadas para enfrentarse al enemigo, o cliente, y desarmarlo:
Los militares, la UME, para ello harán uso de un amplio despliegue de material bélico, de complicadas argucias tácticas, esfuerzo beligerante, sangre y honor para derrotar al contrincante y dejarle inerme, cuando no tieso.
“La Ume” actuará del mismo modo con su cliente: con táctica y esfuerzo físico y, por qué no, también material, conseguirá su objetivo relajando la erección de su mecenas, dejándolo inerme pero no tieso.

Dejando al margen las batallitas y el abundante paralelismo léxico entre el sexo y la guerra, es curioso que ambas Umes no sólo se dediquen a las refriegas y escaramuzas, aunque de sobra estén preparadas y pertrechadas para ello. También son las Umes requeridas para intervenciones más pacíficas. En el caso de la UME, recientemente se han dedicado a realizar labores de ayuda en el sureste peninsular tras la gota fría. Acciones humanitarias se le llama a esto que hacen los militares.
Bueno, toda la zona afectada ha recibido apoyo y ayuda de vecinos, bomberos, enfermeras, protección civil, cruz roja, cientos de voluntarios que se subieron a los autobuses fletados para la ocasión y se pusieron de barro hasta las cejas, y gratis.

Pues “la Ume” también, cuentan las crónicas, realiza acciones humanitarias. De tanto en tanto “la Ume” no es requerida para desarmar el falo del parroquiano que toque, sino que a veces dicho señor precisa que alguien le escuche y entienda, alguien con quien compartir cierta congoja, y eso sólo una hermeneuta avezada lo puede llevar a buen término.

Tanto la UME como “la Ume” son capaces de salir victoriosas de estas lides que se alejan de la ortodoxa cotidianidad de sus sendos oficios; y en grado sumo se asemejan en que estas labores humanitarias ambas las ejercen de buen grado, pero cobrando. Lo suyo es el ánimo de lucro por mucho civismo con que queramos investirlas.

Si la “ubrérrima” Ume ha pactado un precio por su servicio, no menos ha hecho la humanitaria UME cuyos miembros (543 hombres y 6 mujeres) cobran religiosamente su salario mensual, más los extras, y encima adorados por los medios que siempre les ponen la medalla. Sin embargo, “la Ume” por muy bien que realice su oficio no va a ser recompensada con el espaldarazo popular. Al contrario, mejor esconder a lo que se dedica para conseguir el salario, sobre todo por sus hijos. En la sociedad en que vivimos y en las que nos precedieron la prostitución está muy mal vista. En cambio el oficio de guerrero siempre ha sido glorificado con calles, plazas, monumentos y epopeyas.

Es triste constatar que el tema prostitución esté de vez en cuando en solfa y sesudos académicos, tertulianos y doctores, dediquen litros y litros de tinta y saliva al tema, y, por el contrario, la existencia de personal armado hasta los dientes y una industria dedicada a suministrar sus homicidas juguetes ni se mencione.
Es lamentable ver que la ética y la moral ponen sus miras en el comercio sexual pero no sobre la perpetua existencia de un ejército al que se destinan inmorales cifras, incontables recursos, inmuebles a doquier, hectáreas y hectáreas de península por tierra, mar y aire, millones de litros de combustible fósil que nos devuelve millones de toneladas de humo espantoso y una industria bélica en continuo desarrollo. Y ese monstruo, al que mantenemos todos, en contadas ocasiones se dedica a lo que se puede tildar de acciones humanitarias, pero mientras tanto para lo que de verdad sirve es para matar. “No se han hecho los misiles para no explotar” dijo el poeta.

Espero no haber pecado de frívolo al sacar fuera del tiesto un tema tan espinoso como la prostitución para señalar otro al que no se suele mirar.
Hace bien poco un amigo me contaba que su hijo, que ya había ingresado en el ejército buscando una salida laboral, quería prepararse para entrar en la UME y así darle sentido a su servicio. Le entiendo, todos queremos y necesitamos desarrollarnos profesionalmente y como personas, claro. Pero me entristece que un joven alto y guapo, lleno de vida, energía y buen corazón ponga sus mejores años en una institución, el ejército, que por mucho bueno que se pueda decir de él -que si valores, formación, compañerismo, patriotismo...- no deja de ser un grupo de mercenarios preparados para el combate.
De igual manera me entristecería que la hija de este amigo, joven y guapa, llena de vida, energía y buen corazón quisiera trabajar en el lupanar regentado por “la Ume”. Por mucho que ondee la bandera de la selección en lo alto del mástil que cuelga del dormitorio principal.

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