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Informe sobre el gasto militar en Colombia

Lunes.17 de diciembre de 2018 1463 visitas - 2 comentario(s)
Juan Carlos Rois - Tortuga. #TITRE

La lucha antimilitarista en América Latina ha sido tratada en múltiples ocasiones desde Tortuga. La preocupación por su situación y por sus expectativas nos es cercana.

Presentamos un informe, en cuya difusión colaboramos, acerca de unos de los aspectos del brutal militarismo institucional y social colombiano. Su gasto militar.

Colombia tiene un gasto público militar directo por vía de sus presupuestos de 9.650 millones de dólares (13´2% del presupuesto total de Colombia), que se transforman en 10.700 si añadimos el gasto policial y parapolicial y acaban suponiendo al menos 12.132 millones de dólares (20´9% del presupuesto total colombiano) si sumamos la parte de deuda pública financiada por los presupuestos de Colombia e imputables al gasto militar.

La cifra es escandalosa, pues supera el 3´5% del PIB colombiano de esfuerzo dedicado a reafirmar el militarismo institucional y a desdecir la retórica de paz que se predica desde los poderes. SI a ella le sumáramos el gasto militar de guerrillas, paramilitarismo y grupos armados, la cifra sería más dolorosa aún.

Comparando este presupuesto con otras cifras destinadas a políticas sociales, Colombia, en términos de PIB tiene un esfuerzo militar 18´35 veces superior que en educación superior, o 31,2 veces más que en alimentación escolar, o 13 veces superior que en abordar el postconflicto, o de 18´35 veces por encima que en atención a la infancia, o de 17,3 veces por encima de apoyo al sector agropecuario o de subvención a la vivienda. El mundo al revés.

Pero además de ello, la mayoría del gasto militar público colombiano se destina a mantenimiento, principalmente a pagar sueldos, porque, como en otros militarismos periféricos (y no tan periféricos) la principal actividad de la “política de defensa” consiste en autopagarse sueldos, un desmentido abierto a la supuesta justificación de los ejércitos.

La grave situación colombiana de injusticia estructural, violencia y dominación se traduce también en otra escalofriante cifra. Según las estimaciones del Índice Global de Paz, Colombia es uno de los estados más violentos y menos pacíficos del planeta, con sólo 17 estados en peor situación (y ninguno de ellos de América Latina), con un coste anual que se traduce en 276.178 millones de dólares.

Un coste que, del mismo modo, desmiente las justificaciones tradicionales al ejército colombiano. No sirve ni ha servido para traer la paz o para mejorar la seguridad, dos de las líneas retóricas de la política colombiana, sino para perpetuar un status quo en el que la seguridad humana brilla por su ausencia y el despliegue de la violencia directa, estructural y cultural campean a sus anchas y están ampliamente institucionalizadas.

Y como botón de muestra para desmentir “su” paz, el trato represivo del sistema legal colombiano hacia los y las defensoras de la paz y los objetores de conciencia.

El informe que se presenta analiza este tipo de cuestiones y pretende contribuir a la lucha por la paz que grupos pacifistas, antimilitaristas y objetores de conciencia, desvelando este aspecto del militarismo, y animar a desencadenar también un campo de trabajo más, el de la lucha contra el gasto militar colombiano.

Descargar el informe (pdf):

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