¿Enmiendas al gasto militar en la tramitación de los presupuestos? Mejor ni hablamos - Tortuga
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¿Enmiendas al gasto militar en la tramitación de los presupuestos? Mejor ni hablamos

Martes.24 de noviembre de 2020 342 visitas Sin comentarios
Juan Carlos Rois, Tortuga. #TITRE

Una vez más, y adelantando la conclusión de este texto, tenemos que constatar el aplastante consenso de nuestra casta política en materia de defensa. Salvo muy honrosas excepciones, las enmiendas presentadas por los grupos parlamentarios a los presupuestos generales del estado corroboran esta conclusión.

Ya sea por desinterés o por puro colaboracionismo, los grupos parlamentarios pasan del presupuesto de defensa y de su triple escándalo de 1) ser tan abultado, 2) encontrarse disfrazado en una amplia gama de programas y ministerios y 3) servir para el modelo de injerencia militar a favor del status quo de dominación y violencia, del que nuestra política de defensa es un actor privilegiado a escala mundial con 16 actuaciones en escenarios militares en el exterior en la actualidad (casi 100 desde Felipe González a la fecha) y más de 16.000 millones de euros invertidos en este despropósito intervencionista desde entonces.

Todo ello por no contar con el creciente militarismo de muestra propia política.
Veamos algunos datos.

De las 3.793 enmiendas que aparecen en los 12 tomos de enmiendas al articulado y las secciones del presupuesto en la página web del congreso, se alcanza la enorme cifra de 36 enmiendas específicas al presupuesto de defensa y otras 7 a aspectos de gasto militar relacionados con las golosas subvenciones que recibe la industria militar por parte del ministerio de Industria o de algunas partidas relacionadas con el ministerio de exteriores

La constatación de que la preocupación por la defensa, y siempre dejando a salvo la situación singular de Esquerra Republicana, que va en otra línea, supone el 0,92% de la preocupación de enmienda a los presupuestos del PSOE/PODEMOS por parte de los grupos parlamentarios (el 1,1 si sumamos las otras siete) dice mucho del nivel de aceptación acrítica del presupuesto militar.

Y si la situación es esa, peor aún es la orientación de las enmiendas.

PP y Ciudadanos quieren incrementar el gasto militar y exigen un cumplimiento de un compromiso de la Comisión de Defensa (unánime compromiso, dicho sea de paso) de incrementar linealmente en cien euritos mensuales el sueldo de los militares, por mor de su enorme dedicación y empeño, sobre todo en la lucha contra la pandemia (¿?). Ciudadanos cifra el gasto en unos 150 milloncetes de vellón que pretenden que salgan de nuestras costillas, porque todo es poco para contentar a la caverna y a los militares con medidas de este calado.

Por su parte, Más País quiere rascar otra cantidad para que los militares en la reserva puedan cobrar horas salariales (se supone que al margen del programa específico por el que ya se llevan más de 500 millones de euros) hacer actividades civiles (entendemos que aparte de las que la ley les autoriza a hacer por su cuenta y riesgo y por las que cobran un sueldo íntegro), lo cual parece indicar la preferencia de estos despistados por militarizar más la actividad civil. Por cierto que también Ciudadanos quiere dotar de 9´3 millones de euros a la reserva para complementar el dinerillo que ganan por no hacer nada.

Y el Bloque nacionalista gallego quiere que se usen partidas militares que están en otro lugar para mejorar las baterías de Cabo Silleiro y de O Grove, dando una muestra más del monumental despiste, o desinterés, por el verdadero problema militar.

Esquerra realiza una enmienda más agresiva entendiendo que el presupuesto de defensa debería desaparecer para integrar otras necesidades sociales y proponer su eliminación.

Igualmente propone en sus enmiendas quitar dinero de las inversiones militares en programas de armamento para trasvasarlas ala lucha contra el COVID o destinarla a usos más apropiados y solidarios, como sacar los fusilados de las cunetas, trasladar cuarteles e instalaciones militares o reconvertirlas a usos civiles o fomentar la cultura de paz.

Y eso es todo lo que da de sí la labor de oposición de nuestros ínclitos grupos parlamentarios, que más parece que en esta materia son más bien poco más o menos que un florero que no se opone, sino que consiente una política que viene siendo la misma desde que tenemos memoria, sin que nadie levante el dedo de verdad y por más que la reciente demostración de la distancia entre las necesidades humanas y las respuestas a estas deje en muy mal lugar el gasto militar, un gasto inútil, en el mejor de los casos, y perjudicial en sumo en el peor de todos ellos.

De modo que nos debemos resignar con el presupuesto monumental e injusto que nos propone el gobierno para sostener el gasto militar de siempre.

De nuevo tendremos, con tan amplio y satisfecho beneplácito, un gasto militar desbordado, de más de 34.000 millones de euros si atendemos a los criterios que explicamos en un anterior avance.

Y, también, un gasto camuflado, con partidas en casi todos los ministerios financiando militarismo.

Y, además, un gasto que insostenible (por cierto, esto lo reconoce esta vez en sus enmiendas el PP, aunque solo sea para tirarle una piedra en el ojo al PSOE y a Podemos, sin darse cuenta que la pedrada le cae también a ellos, responsables a partes iguales en este estado de cosas) que mantiene una estructura que da de comer a más de 3 millones de personas agradecidas, que cuenta con un ejército sobredimensionado y desproporcionado (demasiada gente y demasiado mas distribuida, con un mando por cada 1´7 efectivos) desde el propio punto de vista militar (no digamos desde la lógica más aplastante que llega a considerar que mejor sería desmilitarizar por completo nuestra seguridad) .

Y, por si fuera poco, un gasto peligroso, con un creciente intervencionismo, con una creciente estimulación de las operaciones militares en el exterior y la injerencia militar, con una industria militar agresiva y desvergonzada y, por si algo nos faltara, con una creciente mentalidad militarista y autoritaria que crece en nuestra sociedad día a día e intoxica las instituciones.

Si en otras ocasiones pudieron excusarse porque, decían, no conocían ni la dimensión real del gasto militar ni las trampas con las que nos lo iban colando, ahora no pueden acudir a este argumento, porque es ya de dominio público lo desmesurado, lo opaco y lo perjudicial de este gasto y sus disimulos no valen para otra cosa que para retratar su cinismo.

Máxime cuando las encuestas del CIS y otros estudios más específicos muestran la aversión de nuestra sociedad al gasto militar y al militarismo.

Pero nuestra casta hace oídos sordos (porque tampoco le pasa factura, dicho sea de paso) y consolida la tendencia de mantener un gasto militar injusto e innecesario que premia a los malos y castiga a los buenos, parodiando el catecismo de antaño.
De todo ello debemos dar gracias a nuestra casta política, toda ella militante del Partido Militarista Tácito, con amplias mayorías en el PSOE; el PP, los otros partidos de la derecha en general y las nuevas, y no por ello más frescas y menos militaristas, fuerzas políticas.

Lo dicho, aquí lo que no hagamos por nosotras mismas se quedará sin hacer, que a estos tipos del Congreso ya les tenemos vistas las intenciones, de modo que si no quieren gasto militar, muevan el culo ahora, que estamos a tiempo, y desconfíen del hombre blanco que habla con lengua de serpiente, que dijo el otro.

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