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El trauma de la vida diaria en el noroeste de Siria

Jueves.5 de septiembre de 2019 432 visitas Sin comentarios
Diana Rifai, Arab News. #TITRE

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Sobreviviendo con una comida al día… (Shutterstock)

“Tres millones de personas –dos terceras partes de ellas mujeres y niños- cuentan con ustedes para que paren esa violencia”, dijo Mark Lowcock, coordinador de la ayuda de emergencia de Naciones Unidas, al Consejo de Seguridad el pasado jueves sobre la situación en el noroeste de Siria.

La súplica de Lowcock es la última de una larga lista de apasionados llamamientos de funcionarios de la ONU a la comunidad internacional para que presione a las partes beligerantes a fin de dar una oportunidad a la paz en Siria. Todos esos llamamientos, en gran medida, han caído en oídos sordos.

Para los residentes de Idlib, no solo no ha habido un respiro de la guerra desde 2011, la violencia se ha intensificado bruscamente desde que las fuerzas del presidente Bashar al-Asad lanzaron una ofensiva hace cuatro meses para recuperar el gobernorado de los combatientes de la oposición.

Alrededor de las diez de la noche del 28 de abril, solo unos días antes del Ramadán, las familias de Kafr Nabudah, en el gobernorado de Hama, se apiñaban en sus hogares tratando de concentrarse en el mes sagrado que se acercaba, cuando el ruido de los bombardeos en la distancia las hizo estremecerse.

Pocos sabían que el bombardeo era solo el comienzo de un torrente de muerte y destrucción que los residentes de Idlib y Hama describen como el peor que han sufrido en ocho años de levantamiento y guerra civil.

Un hombre que conoce bien el miedo que sienten las personas de Idlib y Hama desde esa noche de abril es Ahmad Dbis, gerente de seguridad de la Unión de Organizaciones de Asistencia Médica y Socorro (UOSSM), con sede en Turquía, una coalición de organizaciones humanitarias fundada en 2012. En ese momento, comenzó a recibir mensajes de voz en su teléfono inteligente de su familia en Kafr Nabudah.

“Mi madre y mis hermanos, junto con sus familias, vivían en diferentes vecindarios de Kafr Nabudah, a solo una hora de Idlib”, dijo a Arab News desde algún lugar cercano a la frontera entre Turquía y Siria. “No podíamos comunicarnos a través de líneas telefónicas, pero Internet seguía funcionando. En los mensajes se podían escuchar los ataques aéreos al fondo. Era algo irreal. No podía creer que los bombardeos estuvieran reproduciéndose de nuevo”.

La familia de Dbis dijo que era el ataque aéreo más intenso que habían soportado desde el comienzo de la guerra.

“Recibimos información de otros miembros del personal médico de que las fuerzas del régimen estaban atacando a los automóviles que circulaban en esa zona de Siria”, dijo. “La gente estaba en casa con sus familias o se abastecía de suministros para el Ramadán”.

Abril fue el mes en que el ejército sirio, respaldado por aviones de combate rusos, lanzaba un ataque violento contra los bastiones rebeldes en Idlib y Hama. La ofensiva, que continúa hoy, mató a cientos de combatientes y civiles, destruyó la infraestructura civil y desplazó a decenas de miles de sirios, según la ONU y las organizaciones de ayuda locales.

Un día después de que Lowcock pidiera al Consejo de Seguridad que tomara “medidas significativas” para proteger a los civiles en Idlib, Rusia, cuyo ejército ha respaldado a Asad desde 2015, anunció que el sábado por la mañana entraría en vigor un alto el fuego por parte de las fuerzas del régimen sirio en la “zona de desescalada”.

En septiembre de 2018, Irán, Rusia y Turquía habían anunciado un acuerdo que se suponía iba a convertir amplias partes de Idlib en una zona-tampón donde los ataques estarían prohibidos. Se esperaba que los grupos de oposición permanecieran en las áreas donde ya estaban presentes, mientras que Rusia y Turquía se dedicarían a patrullar la zona.

Sin embargo, el 5 de agosto, el colapso de un alto el fuego condicional creó una situación peligrosa para los civiles en un gobernorado cuya población ha aumentado de 1,5 a 3 millones debido a la guerra. Casi la mitad de los recién llegados son sirios que ya se han visto obligados a huir de sus hogares en múltiples ocasiones.

A pesar de que en un determinado momento del conflicto la posición de Asad fue un tanto precaria, fue recuperando rápidamente el control de la mayor parte de Siria con la ayuda de Rusia e Irán. Ahora, las fuerzas de Asad están tratando de retomar Idlib a las facciones rivales, que disponen aún de unos 30.000 combatientes bajo su mando.

Dbis dijo que el ataque del régimen sobre Idlib cogió por sorpresa a las organizaciones humanitarias. Solo unas pocas agencias estaban en condiciones de ayudar a los necesitados, dijo, y agregó que la ayuda disponible no era suficiente para satisfacer las necesidades de las decenas de miles de civiles desplazados. Según él, algunas familias en la zona de guerra tratan de sobrevivir con una única comida al día.

“Los hospitales o centros médicos que con anterioridad atendían entre 2.000 y 3.000 pacientes se vieron obligados a admitir hasta 6.000 procedentes de diferentes áreas afectadas por los ataques aéreos. Esto, para cualquier instalación médica, es una situación imposible”, dijo Dbis a Arab News.

“Apenas puede prestarse un máximo de unos minutos de atención a cada paciente. Los suministros eran ya escasos. Los ataques aéreos se concentraban sobre áreas residenciales, centros médicos y hospitales importantes, uno de los cuales estaba operado por la UOSSM. A partir de hoy, 50 hospitales y centros médicos han quedado fuera de servicio. Finalmente, el personal médico y algunos voluntarios no tuvieron más remedio que proporcionar servicios médicos móviles. Iban conduciendo tratando de encontrar a los heridos o a los necesitados de ayuda. Pero incluso esos autos o ambulancias fueron atacados”.

La situación de las mujeres embarazadas fue terrible, dijo Dbis, y agregó que no tenían dónde ir a dar a luz a sus bebés. Muchas de ellas se vieron obligadas a parir dentro de los campamentos, que no contaban con equipo médico ni agua. Agregó que en la mayoría de los asentamientos algunas de las tiendas albergaban hasta 25 personas a la vez y que no disponían de aseos.

“Quienes estaban ya buscando tratamiento médico para sus enfermedades crónicas o lesiones anteriores se han quedado ahora sin nada”, dijo Dbis. “Resultaba imposible trasladar a esas personas a hospitales o centros de atención cercanos. Al menos 30 trabajadores sanitarios han muerto en el cumplimiento del deber y docenas de personas han resultado heridas. Nadie sabía a dónde ir ni qué hacer. Algunos buscaron refugio en campamentos cercanos, otros pasaron noches en automóviles y sótanos abandonados o durmiendo bajo los árboles, en cualquier lugar que creyeran que podían estar a salvo de los mortales ataques aéreos”.

Lowcock, en su sesión informativa del 29 de agosto ante la ONU, describió una imagen sombría muy similar: “En las últimas tres semanas... decenas de comunidades han sido vaciadas en el norte de Hama y el sur de Idlib. Las imágenes de satélite muestran que ciudades y pueblos enteros han sido arrasados. La mayoría de los que pueden huyen hacia el norte, hacia el gobernorado de Idlib y más cerca de la frontera turca. Los que se quedan atrás viven sobrecogidos en sótanos o en lo que queda de sus hogares”.

UOSSM dice que al menos 878 civiles han muerto asesinados en el noroeste de Siria desde abril, casi la mitad de ellos mujeres y niños. Cifra el número de heridos durante el mismo período en 1.800. Dbis, buen conocedor de la zona, estima que casi 750.000 personas han tenido que desplazarse como resultado de los ataques aéreos y los combates en el noroeste de Siria, la mayoría de ellos se hallan actualmente dispersos en ciudades a lo largo de la frontera con Turquía.

Muchos de los que han huido de sus hogares en Hama e Idlib han dejado atrás sus únicas fuentes de ingresos. Algunas farmacias propias, supermercados y peluquerías. Pero los agricultores, que cultivaban la que se considera una de las tierras más fértiles de Siria, no pueden darse el lujo de alquilar alojamiento en otro lugar o cruzar la frontera con Turquía. La gente de estas dos provincias ya necesitaba urgentemente ayuda antes de que el régimen lanzara su ofensiva.

Jens Laerke, portavoz adjunto de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), dijo a Arab News que varias agencias de la ONU están en contacto con instalaciones sanitarias en Idlib y sus alrededores. Se están enviando suministros de ayuda a través de la frontera con Turquía, desde Gaziantep, donde la OCHA tiene en una oficina de coordinación de la crisis en Siria.

Según la ONU, la cifra estimada de la guerra civil siria es de más de 500.000 muertos o desaparecidos. Desde 2011, más de 5,6 millones de personas han huido del país y hay otros 6,6 millones de desplazados internos.

Cifras de los tres últimos meses (Fuente, OCHA):

· 500 civiles asesinados en Idlib y Hama

· 440.000 personas desplazadas en Idlib y Hama

· 3 millones de personas atrapadas en estos momentos bajo el fuego cruzado y los bombardeos.


Diana Rifai es una periodista que cubre información de Oriente Medio, principalmente la relativa a asuntos políticos, derechos humanos, crisis de refugiados y crisis humanitaria en Siria. Fue productora asistente de Deutsche Welle en Berlín. Anteriormente trabajó en la Academia Americana en Berlín y con varias ONG que ayudan a los refugiados sirios en el Líbano, Turquía y los desplazados internos dentro de Siria.

Fuente: https://www.arabnews.com/node/15479...

Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php...

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