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El gasto militar no defrauda

Jueves.13 de junio de 2019 171 visitas Sin comentarios
Aparece nuevo "sobregasto" no presupuestado del Estado, al que los ministerios de Defensa y de Interior aportan el 89´73%. #TITRE

Juan Carlos Rois
Tortuga

Sí, amigos, gobierne quien gobierne, lo haga en solitario o en colaboración de geometría variable, y sea oposición parlamentaria quien lo sea, el gasto militar aumenta vorazmente y de forma opaca sin que se les remuevan las carnes a nuestros mandarines.

Es ya tradición consabida que en nuestras cuentas públicas una cosa es el gasto de defensa que se presupuesta y publicita como gasto militar (que es una exageración en todo caso) y otra muy distinta (y una cifra más escandalosa aún) el que se acaba consolidando y «ejecutando».

Aunque sea anticiparnos en el razonamiento, decir que esto no ocurre ni por casualidad ni porque los que programan el gasto en defensa sean unos incompetentes absolutos. Ocurre desde hace más de veinte años, desde siempre si se quiere, y responde a una lógica de manipulación y ocultación. Es una trampa deliberada. Sirve para decirnos, a voz en grito, que gastamos poco en armas y ejércitos (y que debemos gastar mucho más) mientras por debajo de la mesa se inyecta un pastizal extra al militarismo patrio para que sigan fortaleciendo su músculo insolidario.

Tres son los mecanismos más importantes de la gran mentira de nuestro gasto militar y ninguno de ellos es inocente:

  1. El primero, ocultar una gran parte del gasto militar presupuestario en otros ministerios y capítulos ajenos al Ministerio de Defensa para que parezca que se presupuesta menos de lo que realmente se presupuesta. Es llamativo que en los presupuestos colaborativos de PSOE/Podemos presentados en 2019 (y fallidos porque no se aprobaron) nos dijeron que el gasto de defensa sería de 8.865´71 millones de euros (9.161,27 si sumamos la partida del CNI) aunque la cifra que nosotros mismos desvelamos en esta misma Web, antes de sumar deuda militar a amortizar y gastos «extrapresupuestarios» para operaciones en el exterior y otros caprichos, alcanzara, los 18.425´08 millones de euros ( 9.559´77 millones de euros de matute) distribuidos en todos los ministerios menos dos.
  2. El segundo, el generar deuda por varios conceptos que difiere y disfraza un gasto militar abrumador que además es insostenible (de ahí que necesite financiarse con deuda), lo que de nuevo infla dicho gasto. Una deuda que, como estimábamos para 2019, llegará al menos a otros 6.747´43 millones de euros que habrá que sacar de la hucha para pagar la parte del mismo que no cubren los ingresos del Estado.
  3. Y el tercero, presentar unos presupuestos referidos a lo militar infradotados que luego se inflan con ampliaciones de gasto por goteo que acaban engordándolos como un globo.

Práctica tediosa

Es una práctica ya tediosa y no menos ofensiva para nuestra apaleada y manipulada inteligencia el ofrecer una cifra de gasto del ministerio de defensa en los presupuestos generales, para luego, a la chita callando, incrementarla con sucesivas autorizaciones de gasto opacas y de las que mucho se cuidan de no decir ni pío nuestros astutos políticos del clan militar y los medios de comunicación que nos endosan su postverdad.

Para que el respetable se haga una idea aproximada, presentamos un cuadro que representa el gasto en defensa presupuestado en los presupuestos generales del Estado (y hemos de advertir que el gasto del ministerio de defensa es sólo una parte del gasto militar que se encuentra disfrazado en otros sitios) y al lado, el que año tras año detecta la IGAE como gasto «ejecutado», siempre muy por encima del previsto.

Es así que el presupuesto del Ministerio de Defensa crece, se desvía desde 2011 a 2018 a una media de más del 20% que se presupuesta de menos sobre lo que se gasta.

¿No es insólito que nuestras autoridades fiscales y económicas no digan ni pío por un desajuste tan constante? ¿Lo es menos que las autoridades europeas que fiscalizan nuestras cuentas tampoco encuentren nada raro?

Sobre todo, cuando esta práctica no pasa más que en Defensa de esta forma.

Sobre todo, cuando la IGAE y el Tribunal de Cuentas, eso sí en informes casi desconocidos, han criticado esta práctica y a los políticos que la promueven.

Sobre todo cuando estamos hablando de cerca de mil quinientos millones de euros anuales, una cifra que ni en sueño consiguen algunos ministerios «sociales» para sí.

El aumento del primer cuatrimestre de 2019

Dando un paso más, nos encontramos con que el BOE de 29 de mayo ha publicado una resolución de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) que contiene la ejecución presupuestaria a abril de 2019 y ¡oh sorpresa!, el ministerio de Defensa, para no perder su costumbre, ya lleva gastado entre enero y abril de 2019, un cuatrimestre, 684´59 millones de euros más de los que se presupuestaron para todo el año.

Equivale a un 7´55% más de lo presupuestado y sólo llevamos cuatro meses de ejecución presupuestaria. ¿Y si multiplicamos el desvío por los tres cuatrimestres de un año? ¿es asumible un sobregasto de 2.053 millones de euros, superior al gasto anual total de algunos de nuestros ministerios peor tratados?

No es la única sorpresa que nos ofrece la IGAE.

  1. Las dos grandes cifras de sobregasto son Defensa, con los ya referidos 684´59 millones de euros e Interior, con otros 660´18 millones más (un 8´9% de desvío sobre lo presupuestado).
  2. Sumados los ministerios de Defensa y de Interior suponen el 89´73 % del «sobregasto» del Estado, lo que nos demuestra el mimo particular que tienen nuestros dilectos dirigentes por las políticas de seguridad y securitizadoras.
  3. Junto con estos dos grandes promotores del gasto a espuertas, tenemos que algunos ministerios «menos importantes» han gastado menos de lo presupuestado. Es el caso de Justicia (4´08 millones menos de lo presupuestado), transición energética (73´74 millones menos), Ciencia e Innovación (5´62 millones menos), Asuntos Exteriores (0´49 millones menos) o Economía (0´03). No se si pillan el orden de prioridades de nuestras políticas de gasto.

Todo esto no ha merecido, que se sepa, ni la más mínima protesta de nuestros nuevos/viejos políticos, que si por algo pueden caracterizarse en esta materia, es por su enorme adhesión y complicidad con unas políticas de gasto en defensa aberrantes, insolidarias y tramposas.

La representación explica muy bien dónde se aplica la austeridad y dónde esta brilla por su ausencia y desmiente la cacareada sensibilidad social del gobierno que, por la puerta de atrás, mima el gasto militar y los instrumentos de aplicación de las políticas securitizadoras que forman parte de esta vuelta de tuerca militarista que sufrimos.

Es llamativo que el propio IGAE computa como gasto presupuestado del Ministerio de Defensa para 2019 la cifra de 8.737´70 millones de euros. Pero si tenemos en cuenta que el presupuesto de 2019 es el mismo que el de 2018, que debió prorrogarse al no ser posible aprobar uno nuevo en el parlamento, resulta que las cuentas, de nuevo, no cuadran, porque el presupuesto previsto para 2018 fue de 8.355´96 millones de euros, 381´74 millones de euros menos de los consignados ahora por IGAE. Y tampoco cuadra con los presupuestados en el presupuesto fallido de 2019 (8.865´71 millones), que podría estar tomándose de referencia (en este caso faltarían 128´01 millones para llegar a esta cifra).

De nuevo las cifras se ofrecen con un rigor más que benevolente y relajado, todo lo contrario de lo que se puede exigir si hablamos de un control del gasto.
Y otra curiosidad más referida a Defensa e Interior: ambos ministerios ( y ambos a diferencia de la inmensa mayoría de los restantes ministerios) consiguen “ingresos” extra por «créditos generados por ingresos» que en el caso de Defensa llegan a 105´08 millones de euros en sólo un cuatrimestre y en el de interior a 263,19 millones. ¿A cuenta de qué?

En el caso de defensa la respuesta es obvia: principalmente por las ventas patrimoniales del inmenso patrimonio del Ministerio con el que especula el INVIED, ventas que inyectan suplementos importantes que suelen usarse para mejora de las infraestructuras militares. En el caso de interior no estamos tan seguros, pero suponemos que una parte importante del pellizco se genera por las múltiples multas (ley mordaza, tráfico, etc.) con las que nos aseguran el porvenir.

¿Para qué se aplican estos excesos?

La realidad es que los datos de IGAE no nos ofrecen concreciones, siquiera aproximadas, de los principales capítulos que «sobregastan» en Defensa e Interior, de modo que tendremos que hacer una aproximación muy provisional y temeraria.
Si tenemos en cuenta que los principales capítulos de «desvío» de los PGE de 2019 que consigna la IGAE para este cuatrimestre han tenido lugar en pago de personal (463´89 millones) y en gasto corriente, y dentro de este último en indemnizaciones por razón del servicio (669,46 millones) a gran distancia de los demás capítulos presupuestarios, daría la impresión de que el desvío podría deberse al enorme agujero económico que implica mantener un ejército sobredimensionado en exceso (con un mando por cada 1´7 soldados y un número total de efectivos apabullante e innecesario incluso desde una óptica militar).

De este modo, el pago de personal (donde tal vez los nuevos contratos de militares, el tapón mal resuelto de los soldados mayores de 45 años y el aumento demagógico de sueldos a militares para contentar al lobby sindical-militar tendrían mucho que ver) y las indemnizaciones no presupuestadas a los militares involucrados en los 18 conflictos militares en el exterior podrían ser parte importante de la explicación.

Es decir, de la explicación de tener un ejército mega-cefálico y abrumador que no necesitamos y una política de defensa intervencionista y altamente peligrosa que nos convierte en un Estado de armas tomar y poco amante de la paz.
Una situación que mantiene muchos silencios cómplices y una tremenda desinformación social.

Y una situación que justifica, más si cabe, las razones éticas y políticas para hacer de la objeción fiscal y de la denuncia del militarismo en sus muchas ramificaciones y expresiones, nuestros altavoces para desenmascarar esta situación y a sus complicidades.

Porque el gasto militar y sus promotores y colaboradores no defraudan. Siempre crece y siempre lo hace en detrimento de nuestros derechos y de la seguridad humana.

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