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Yo atendería al bebé Hitler

Miércoles.9 de diciembre de 2015 140 visitas Sin comentarios
#TITRE

Ibone Olza

¿Viajarías en el tiempo para matar a Hitler cuando aún era un bebé? Hoy he leido que hicieron esta pregunta a los lectores del New York Times y las respuestas aún me han dejado más atónita que la pregunta:

El 42% dijo que sí, un 28% no estaban seguros y un 30% dijo que no.

Yo atendería al bebé Hitler y a sus padres. Alice Miller en su libro Por tu propio bien cuenta como Hitler nació trece meses después de que falleciera su hermano de difteria con tres días de vida. No sólo este, los dos hermanos mayores también habían fallecido de la misma enfermedad con uno y dos años de vida muy poco tiempo antes. Se refiere Miller a lo difícil que es vincularse con un bebé nacido tras una muerte perinatal, como fue su caso, y más aún con dos duelos anteriores muy recientes y probablemente no resueltos.

Miller además alude a la enorme cantidad de palizas qe probablemente Hitler recibió de su padre antes incluso de cumplir los tres años de edad, y lo señala como un ejemplo de hasta que punto la llamada “pedagogía negra” imperante en la Europa de aquellos tiempos dañaba las cualidades más básicas de los seres humanos desde su infancia, como es el caso de la empatía.

Si, yo como psiquatra infantil y perinatal atendería al bebé Hitler. Vería al bebé, le observaría, le hablaría, le tranquilizaría y consolaría diciéndole que yo estoy para ayudarle. Escucharía a su madre preferentemente, le ayudaría a expresar su tristeza y a elaborar su duelo por sus tres bebés fallecidos. Conozco bien lo difícil que son esos duelos de bebés fallecidos, lo que cuesta hacerlos, la de tiempo que puede llevar aprender a vivir con ese dolor y volver a sonreír y confiar. Intentaría escuchar sin juzgar, sostener con la presencia. Le ayudaría a reconocer sus sentimientos, y también a ver al bebé Adolf y poder ponerse en su piel. Intentaría que hablara con el bebé, que le explicara que su tristeza no era culpa suya (del bebé) sino que tenía un origen bastante anterior. Le animaría a contactar con otras madres y familias que hubieran perdido a sus bebés, sé que eso sería una ayuda enorme.

Al padre, si me dejara, le intentaría ayudar a contarme su historia, le animaría a hablar del niño que el mismo fue, a reconocer si fue maltratado o si sufrió en sus carnes el castigo físico. Le animaría a observar a su bebé, si quisiera le acompañaría en ese proceso, a reconocer las señales que más que probablemente emitiría el pequeño Adolf de querer interactuar con su padre. O de querer expresarse de forma artística más tarde en su infancia.

Buscaría ayuda en otros familiares, abuelas, tías, vecinos-as para cuidar al bebé amorosamente mientras los padres se tomaran el tiempo para la terapia y su recuperación.

Y mucho más, claro: intentaría hacer todo esto con un equipo multiprofesional, donde unos pudiéramos atender a los padres individualmente y otras al bebé y otras a la familia.

Y si pudiera a todos esos que han dicho que viajarían en el tiempo para matar a aquel bebé también les animaría a ir a una terapia, a conectar con el bebé que ellos mismos fueron, a comprender de donde vienen sus ganas o deseos de matar a un bebé.

Y al escribir todo esto termino pensando en todas las familias con niños pequeños intentando llegar a Europa en estos tiempos, en todos los traumas que sin duda están viviendo y presenciando, y en cuanto dolor generarán en el futuro esos traumas si no podemos atenderlos y tratarlos ahora.

Fuente: https://iboneolza.wordpress.com/201...

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