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Viviendo para el fin de semana

Sábado.7 de noviembre de 2015 339 visitas Sin comentarios
3ª entrega del libro de Pablo San José: "El opio del pueblo: Crítica al modelo de ocio y fiesta en nuestra sociedad". #TITRE

Martes, miércoles, jueves... Que se acerca el finde, el weekend. La semana, apenas mediada, ya va doblando hacia esos días en los que monotonías, cotidianeidades y responsabilidades, quien las tiene, van quedando superadas. Todo en la mente y en el espíritu se dispone para el momento de la fiesta.Viernes y sábado noche febriles, como decía la película, llenos de posibilidades. Hay, incluso, quienes no soportan la espera y ya el jueves noche convierten en velada lúdica, que además esa noche, estudiantil por excelencia, suele haber buenas ofertas de cerveza en los bares. Bares y locales que han comprendido a la perfección el fenómeno y que explotan para minorías ociosas el resto de días de la semana: lunes para cuentacuentos, martes para el club de la comedia, miércoles...

Cual si emergiera otra persona, una especie de alter ego, el estudiante no demasiado ocupado, el trabajador asalariado -este sí exigido por su empleador-, mudarán su vestimenta, su aspecto y olor corporal, su ritmo vital y su disposición anímica. La mejor versión de sí mismos para ser exhibida en la pasarela de la contemplación recíproca y estar a la altura del juicio que se espera.

A ello, en la parte visual, ayudará no poco que todo encuentro social, interpersonal o multitudinario, suceda bajo la cobertura compasiva de las sombras de la noche y de las luces indirectas, escasas y relampagueantes de los bares de copas. Es común que en estos sitios la instalación eléctrica esté diseñada para la ocultación y la apariencia, para que humildes ganapanes -o personas entradas en edad-, disimulen ojeras y arrugas y parezcan juveniles príncipes y princesas.

Igual que hay quienes se visten y maquillan para esconder michelines y patas de gallo, también los cansancios, desesperanzas y depresiones quedarán momentáneamente aparcados para resurgir con fuerza al término de los días festivos. A no pocos, varones por lo general, el campeonato de fútbol les ayuda a sobrellevar la larga tarde del domingo, tiempo de modorra y melancolía, antesala del lunes, ese día infausto en que el ciclo recomienza en el peor de sus dos rostros. "Odio el lunes, amo el viernes" leo en los displays de los aparatos personales de comunicación. Pero en el intervalo que dure la fiesta, y solo en sus fases interactivas, porque todo exceso, por otra parte, precisa sus tempos de recuperación, seremos necesariamente alegres, activos y sociables.

Y cuando digo "seremos", cómo no, incluyéndome, estoy pensando en un espectro social de dimensiones apreciables. Desde jovencitas quinceañeras semiuniformadas que recorren las calles de la noche en pandilla, ruidosa y alborozadamente, yendo de un bar a otro, muertas de frío en invierno, hasta cuarentones divorciados que se esfuerzan en imitar los gustos de sus hijos, en general con resultados discutibles. En cualquier momento de la noche, unas y otros se cruzarán al doblar una esquina, y casi todas las diferencias, de alguna forma, se difuminarán en virtud de su común y efímera pertenencia al mundo noctámbulo, a ese grupo privilegiado que aquí y ahora está de fiesta mientras la mayoría duerme.

A lo largo de las páginas que siguen trataré de diseccionar este fenómeno tan propio de nuestra época y sociedad, el cual considero una buena piedra de toque para comprenderla. Mostraré sus distintos rasgos y sus enormes implicaciones, desde diferentes perspectivas, tratando de comprender su causalidad, su razón de ser.

Un previo. Aunque la mayoría de lo que se va a decir corresponde, en mayor o menor medida y con sus respectivos matices, a casi cualquier lugar del mundo occidental, para que cada detalle pueda ser justamente comprendido y bien contextualizado, he de advertir que, sobre todo, estoy pensando en los modelos de fiesta nocturna imperantes en las ciudades de las comarcas al Sud del País Valencià. Aclarado esto, anem al tema.


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