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Utopía contagiosa

Sábado.24 de febrero de 2018 240 visitas Sin comentarios
José Vicente Barcia Magaz, en Público. #TITRE

En 1992 Pepe Ambrona y Juan Carlos Rois, daban continuidad a su militancia pacifista a través del Colectivo Utopía Contagiosa. Ambos fueron piezas esenciales para que el movimiento antimilitarista español fuera en los ochenta y primeros noventa el más importante del mundo. Desde finales de los 70 se habían dedicado junto a otros correligionarios a establecer las bases teóricas y prácticas de una lucha que fue fundamental para comenzar el lento desapego de la sociedad civil, del militarismo más rancio de tradición franquista.

Se considera al militarismo como aquel engranaje que logró perpetuar el poder de la dictadura, así como el resorte del capitalismo para mantener un marco general de injusticias sociales tanto en el ámbito nacional como en la esfera internacional. Además, el militarismo es considerado como generador de un contexto cultural sumamente negativo: propone la violencia y el miedo como método para resolver conflictos, genera una visión positiva y sacralizada sobre la violencia, establece un modo organizativo profundamente antidemocrático y jerarquizado, además de machista y homófono.

La visión que impulsaron fue tributaria de figuras anteriores, como la de Pepe Beunza, primer objetor de conciencia por explícita motivación política, en 1971, lo que le costó tres años de prisión, u Ovidio Bustillo, que en el 75 inició junto a otros una campaña de desobediencia civil a favor de la objeción de conciencia por motivos éticos y políticos.

Tanto Rois como Ambrona fueron destacados miembros del Movimiento de Objeción de Conciencia y desplegaron una ingente labor que en el caso de Juan Carlos Rois le llevó a representar jurídicamente a infinidad de objetores, logrando éxitos más que relevantes, como la primera absolución a un insumiso, para más señas, la de Iñaki Arredondo en 1992, que fue contestada por un ínclito Felipe González, que alertó sobre el riesgo que esta absolución tenía para el estado de derecho.

Por su parte, Pepe Ambrona siempre destacó por tener una visión estratégica sumamente afilada y analítica, que compatibilizaba con un quizá desmesurado “basismo”, lo que le llevó a defender planteamientos absolutamente horizontales y contrarios a la institucionalización de los movimientos sociales, planteamiento que con el paso de las décadas tendrían reflejo en movimientos como los del 15-M.

Los dos fueron impulsores de la Campaña de Insumisión, pero al mismo tiempo fueron de los que primero se percataron de que esta campaña se estaba llevando todas las energías del movimiento pacifista, expresando sus temores de que una vez abolido el servicio militar, el movimiento podría perder fuelle social si no se generaba un entramado social y organizativo más rico y complejo. Por desgracia sus avisos cayeron en saco roto. Fue en ese contexto en el que nació el Colectivo Utopía Contagiosa. Un grupo de trabajo especializado en la investigación de alternativas al militarismo, sin dejar de lado la denuncia.

Desde entonces y hasta este lunes 19 de febrero de 2018, Utopía Contagiosa, compuesto únicamente por estos dos irreductibles, ha trabajado de manera incansable, generando críticas al militarismo, a la cultura de la violencia, produciendo los análisis más completos sobre del gasto militar en España, luchando por un modelo social más justo, libre e igualitario, produciendo publicaciones extraordinarias, como por ejemplo el Manual de Acción Directa No-violenta, o el más reciente Política No Violenta y Lucha Social, editado por Libros en Acción.

El reconocimiento social al trabajo de Utopía Contagiosa no es proporcional con su importancia. En un mundo sacudido por un militarismo económico, social y cultural, la antorcha que encendió Utopía Contagiosa durante más de 25 años no debería apagarse sin tener un mejor y mayor reflejo en todos aquellos que de una u otra manera creemos en la necesidad urgente de una transformación real del mundo que habitamos.

“Durante todo este tiempo nos hemos sentido libres en la tarea de difundir y desentrañar la sinrazón del militarismo y las propuestas que hemos sido capaces de idear y compartir para la desmilitarización social y para la apuesta por una defensa no-violenta y alternativa”.

Lo cierto es que hay que atesorar mucho amor para atravesar décadas de soledad y seguir convencidos de que la causa de la paz es una meta irrenunciable.

En su despedida, www.utopiacontagiosa.org nos propone una canción de su querido Labordeta, sin embargo yo siempre recordaré otra canción del mismo autor enarbolada en un vivac estrellado en el desierto de Bardenas Reales:

Somos Como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.
Hemos Perdido compañeros,
paisajes y esperanzas
en nuestro caminar.
Vamos, sintiendo en las palabras
las huellas de los labios
para poder besar.
Tiempos futuros y anhelados
de manos contra manos
izando la igualdad.