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Una reserva india contra Apple: El último delirio de las patentes

Sábado.7 de octubre de 2017 306 visitas Sin comentarios
Ceder estos permisos a los nativos americanos para protegerlas debido a su ’status quo’. #TITRE

Michael Mcloughlin

’Tanto patentas, tanto vales’. Ese mantra se adueñó, hace no tanto, del gremio de la tecnología. No son pocos los que recuerdan esa época en la que las grandes compañías del sector dirimían en los juzgados de todo el mundo la patria potestad de cosas tan transcendentales como puede ser el gesto de deslizar el dedo para desbloquear la pantalla.

Hace pocos días que Google ha sido noticia, una vez más, en los medios de comunicación. Lo ha hecho gracias a una patente algo estrámbotica: la
Google, Oracle, Apple, Samsung, Motorola, Nokia… no hubo una que se perdiese la gran fiesta de la propiedad intelectual. Sin embargo, el acuerdo entre los de Cupertino y los surcoreanos parece que anestesió aquella descarnada ’guerra de patentes’.

Nada más lejos de la realidad. Es cierto que ya no asistimos a grandes combates legales a puerta abierta entre estos pesos pesados. Pero las grandes marcas reciben decenas de demandas cada curso por este motivo. Muchas acaban desestimadas o resueltas con unas migajas en forma de indemnización.

Pero la última que ha recibido Apple es diferente. Lo es porque los que le exigen la pasta en esta ocasión son tres tribus de nativos americanos. Y lo es porque ha puesto de manifiesto una de las últimas tretas para proteger estas licencias: entregarlas a las comunidades indígenas para evitar que las tumben las autoridades.
¿Cómo acaban los indios demandando a Apple?

El asunto, como relata Ars Technica, se remonta hasta hace medio año. En marzo, una empresa de Texas demandó a la compañía de Tim Cook porque su iPad 4 infringe uno de sus registros. Aquello ocurrió en un tribunal en Delaware. Apple pidió jugar en casa, en California. No hubo acuerdo, los abogados del demandante se negaron y todo quedó a expensas del juez.

No hubiese sido de extrañar que entrase en juego, como otras tantas veces, la Oficina de Patentes, a traves del ’PTAB’, un órgano que ha tumbado decenas de estas licencias en sus cinco años de existencia a través de un procedimiento que revisa y dictamina su validez.

La compañía que había demandado a Apple cedió las patentes por sorpresa a una empresa propiedad de nativos americanos

Sin embargo en agosto todo dio un giro inesperado. La compañía demandante había cedido los derechos a un tercero. Una empresa casi recién creada, bautizada como MEC Resources. Algo olía mal.

La sorpresa vino al ver que la empresa, radicada en Dakota del Norte, pertenecía en su totalidad a tres comunidades de nativos americanos: Mandan, Hidatse y Arikara. Son tres tribus que se unieron bajo un mismo paraguas para crear una única ’nación de indígenas’ que actualmente se radica en una reserva de más de 407.000 hectáreas de extensión.

’En mi tipi mando yo’

Las comunidades nativas de Estados Unidos tienen un ’status quo’ especial. Se les considera naciones soberanas. Una condición, heredada de los tiempos de los ’padres fundadores’, que les sirve para evitar someterse a ciertas normas de la legislación yanki.

Algo en lo que algunas empresas han visto un chollo. El caso que destapó esta practica fue el de la farmacéutica irlandesa Allergan. Uno de sus productos estrella para el tratamiento de problemas oculares -un auténtico filón que le da un beneficio de millones cada año en el país- se vio amenazado por el genérico que preparaban dos de sus rivales. Acudieron a los tribunales y la compañía mostró seis patentes -que caducan en 2024- para defender su territorio, comercialmente hablando.

El caso activó el interés de la Oficina de Patentes. Allergan entonces buscó refugio en una comunidad indígena. Pactó con la tribu Regis Mohawk. El acuerdo contemplaba que ellos se convertían en los dueños y custodios de estos permisos a cambio de 15 millones de dólares cada año. Lo único que tienen que hacer es no cederlas a la competencia, dejar que sigan haciendo uso de ellas y mantenerlas vigentes.

La jugada está cantada. ’Manzana mordida, si nosotros no querer, tus leyes no valer en nuestra reserva’. Y es que según la Constitución del país norteamericano las comunidades indígenas no tienen que participar en litigios en los tribunales federales si no quieren. Así que si Apple u otro individuo solicita una revisión a la Oficina de Patentes, los indios alegan que son soberanos, se niegan y listo. ’En mi tipi mando yo’.

Tribus de ’trolls’ de patentes

La cuestión es que ahora estas tribus se han visto empoderadas. El dinero es muy goloso. Suena a cliché cinematográfico, pero los Regis Mohawk viven, principalmente, de los casinos de su reserva. Y de las concesiones gubernamentales. Tienen miedo que Donald Trump les meta mano a eso. Por eso ahora ven una nueva oportunidad de negocio: empezar a pleitear con quienes hayan osado violar las patentes que ahora les pertenecen. Algo que también, parece, ha ocurrido en el caso del iPad 4.

“Si este es un modelo exitoso, lo ingresos podrían permitirnos vivir de algo más que los casinos y ayudar al desarrollo de la región muy castigada por la crisis”, afirmó Dale White, el abogado de los indígenas, al Financial Times.

El letrado también aseguró que su cartera de Allergan ni únicamente al sector farmacéutico. Ya cuenta con 40 patentes de tecnología. Una de las compañías con las que ha alcanzado acuerdos es SRC Labs, una empresa dedicada al mercado de la computación. Ahora, aseguran, “se encuentran” en conversaciones con otras firmas similares.

Samsung y el ’troleo’ del bluetooth

Vuelven los trolls de patentes. Con una nueva y curiosa modalidad. Básicamente son personas y organizaciones que se dedican a registrar estos permisos aleatoriamente y vigilar a las posibles víctimas. Se podría decir que ’secuestran’ una patente. No la crearon ellos, la adquieron. Cuando ven que una empresa comercializa algo relacionado se lanzan a la arena judicial y exigen el correspondiente rescate. Se trata de una práctica bastante habitual que ha afectado a firmas como Microsoft, Apple, Google o Samsung.

Precisamente los surcoreanos fueron en 2015 las víctimas de uno de los casos más celebres. Rembrandt IP les demandó por el uso del bluetooth en sus dispositivos consiguiendo 16 millones de dólares, de los que 600.000 fueron para el abogado que defendió el caso. Lo curioso de esta minuta es que el letrado no conocía ni los pormenores de esta tecnología. A pesar de todo Samsung tuvo que pagar.

EE UU ha tomado cartas en el asunto. Aunque queda un trecho para poder eliminar esta práctica, se han aprobado normativas recientemente que han limitado el rango de empresas como Rembrand IP a los estados donde están registradas.
El debate de las patentes, una vez más

Sea como sea, todo este conflicto vuelve a aflorar el debate de las patentes y, especialmente, las de software. Cuentan con muchos detractores que sostienen que los desarrollos informáticos digitales son un enorme compendio de algoritmos y librerías, que muchas podrían estar patentadas. Vienen a defender que muchos avances se pueden frustrar si los desarrolladores no están en condiciones de pagar las licencias y la cesión, abusivos en muchos casos.

Los defensores, por su parte, aluden a que las patentes de software permiten a los negocios proteger su producto, beneficiarse de su explotación y de esta manera obtener mayores ingresos, aumentando las partidas para innovación. En muchos países como Canadá, EE UU o India, las patentes de software están aceptadas y cualquiera puede patentar el software. En Europa, la UE se enfrentó a una fuerte presión social que en 2005 le llevó a rechazar la regulación de estos permisos. La legislación necesita un nuevo impulso y los ’troleos’ de indios y buitres tecnológicos no hacen más que ayudar a reforzar esa idea.

El Confidencial

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