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Una fiesta permanente

Sábado.5 de diciembre de 2015 245 visitas Sin comentarios
5ª entrega del libro de Pablo San José: "El opio del pueblo: Crítica al modelo de ocio y fiesta en nuestra sociedad". #TITRE

La dimensión lúdica es innata y forma parte del ser humano. Lo mismo ocurre en gran porción del reino animal. El juego se precisa como herramienta de aprendizaje. Asimismo, ese juego, junto con el descanso y el cambio de actividad, son acciones que es necesario realizar de tiempo en tiempo a fin de oxigenar mente y cuerpo. Y espíritu que podríamos decir también (1). La fiesta en cambio es una institución social, propiamente humana, que tiene como objetivo específico, sumando los anteriores, dar cohesión al grupo y reforzar el sentido de pertenencia a lo colectivo. Por ello no se conocen sociedades ni culturas en las que no haya ningún tipo de elemento festivo.

El concepto capitalista de "ocio" define simplemente la parte de la jornada o de la semana que queda a disposición de la persona trabajadora, una vez ésta ha satisfecho su obligación laboral con el patrón o la empresa. Se entiende que tras la dureza y duración del trabajo es pertinente que el trabajador se desahogue. Resulta evidente que de esta compartimentación teórica emana una interesada legitimación del modelo de explotación. También justificaciones de "la taberna" como punto de atraque del trabajador varón al final de la larga jornada de trabajo, la cual, además de prolongar la separación con respecto a su familia, fomentando la desvertebración de la comunidad, siempre será mejor lugar para los intereses del patrón que, por ejemplo, "el sindicato". Algunas organizaciones obreras y centrales sindicales del estado español de la primera mitad del siglo XX se esforzaron en combatir tanto el alcoholismo entre sus miembros, como la costumbre de matar el ocio en la taberna, hábito que entendían como directamente inducido por la clase antagónica con evidentes objetivos desmovilizadores. El ritual de la taberna, el bar en nuestro lenguaje, que siempre fue opio para pueblo, hunde sus raíces en la época de los césares romanos, y hoy tiene sus evidentes traslaciones, las cuales actualizan y profundizan el fenómeno. Frente a ello, la "fiesta" es tradicionalmente un espacio para el encuentro y la celebración de lo que une a un grupo. Y, aunque la mayoría de las fiestas ancestrales incluyen elementos de goce sensorial; alimentos, drogas, música, ornamentación..., su principal razón de ser no es la búsqueda del placer individual hedonista sino, como digo, el reforzamiento de los vínculos entre las personas de la colectividad y la rememoración de los datos, los rasgos e hitos históricos, sobre los que se funda la identidad grupal (2).

En nuestra múltiple, globalizada y atomizada sociedad actual, por lo común, la fiesta ha ido perdiendo sus elementos más identitarios y ha desembocado en un mero aprovechamiento de ventajas sensoriales y relacionales. Una vez la obtención de lo placentero alcanza la primacía, y casi cualquier tipo de participación social ha quedado reducida a esos momentos celebrativos, la dimensión festiva se convierte en una adicción que en ocasiones llega a ser compulsiva. Muchos individuos vienen a establecer una dualidad vital cada semana. Por un lado están los días dedicados a un esfuerzo obligado, no grato ni realizador, sea laboral-estudiantil, sea familiar, sean ambas cosas; una fase monótona, aburrida, impersonal. Por el otro, los días de sociabilidad y placer que se esperan con impaciencia el resto del tiempo. Tal placer y compañía, que es en definitiva lo que se busca en un mundo en el que a pesar de vivir hacinados el sentimiento de soledad bate records (3), serán obtenidos en "pack", asumiendo el formato ampliamente aceptado casi como único posible.

Así, lo que en las sociedades tradicionales se celebraba de tanto en tanto y como cosa excepcional, en la actualidad ha acabado teniendo carácter semanal, e incluso más allá, invadiendo cada vez más jornadas. Lo que era una institución en la que participaba todo el cuerpo social, hoy está planificado y enfocado solo para una parte del mismo, adicta al modelo y que no está dispuesta -ni capacitada- para esperarlo largos periodos de tiempo.

¿Cualquier tipo de ocio ancestral fue mejor que el actual? ¿No es esta una forma de caer en el falso mito de que cualquier tiempo pasado fue mejor? Sería un error hacer afirmaciones absolutas. La fiesta en las sociedades tradicionales puede ser también criticada desde nuestra óptica del presente. Por ejemplo, se me ocurre, por la amplia dimensión patriarcal presente en la mayoría de dichas celebraciones. Por su parte el ocio industrial capitalista no acapara el cien por cien de las fiestas de la actualidad, si bien sí una buena parte.

Es evidente que en las diferentes formas de plasmar la dimensión festiva subyacen las diferencias existentes a nivel social, laboral, de propiedad etc. entre diferentes modelos de sociedad. En este caso, lo cultural depende con claridad de su raíz material económica. El sistema actual, diseñado para el lucro de las minorías, es mucho más individual y despersonalizador que otros que tienen base más cooperativa y comunitaria (4). Ello provoca un tipo de persona insegura, con problemas y necesidades extra de sociabilidad y más tendente en general a lo adictivo, sea en forma material o en otras.

La fiesta en la actualidad tiene, pues, mucho que ver con compensar vacíos. En una sociedad con escasos lazos humanos entre sus miembros, en la que el trabajo es una dimensión odiosa y no satisfactoria de la propia vida, y en la que la inseguridad con respecto a las necesidades básicas (vivienda, empleo, jubilación...) es una constante, se impone la generación de mecanismos universales de evasión que prevengan cualquier posible estallido social (5).


Notas

1.- No se usa aquí el término "espíritu" en sentido religioso o sobrenatural, sino tratando de nombrar una realidad no completamente aprehensible, propia del individuo y que a su dimensión física y racional suma también la emocional, la intuitiva, el equilibrio dialéctico entre dichas dimensiones, el cómo se percibe a sí mismo y es percibido por el resto etc. También en dicho sentido cabe hablar de espíritus de tipo colectivo. Por ejemplo, un "espíritu nacional".

2.- Lo dicho debe matizarse teniendo en cuenta la modalidad festiva orgiástica. En sinnúmero de culturas existió la bacanal, el carnaval, el mundo al revés; celebraciones basadas mayormente en la ruptura normativa y en el desmadre a muchos niveles. En cada una de esas culturas dicha fiesta fue más o menos consentida o perseguida por las autoridades, lo cual podría ser un buen fiel para calibrar el grado de opresión y distanciamiento con respecto al pueblo de cada uno de esos gobiernos. En cualquier caso, y a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, se celebraba de forma espaciada en el tiempo, normalmente en relación con cambios de ciclo anuales. Solía ser un ritual de renovación y purificación, muchas veces de reajuste de las relaciones sociales y los conflictos. Como tal, cumplía también la función cohesionadora de cada sociedad que venimos describiendo, y era complementaria del resto de elementos festivos.

3.- La epidemia de baja autoestima que padecemos tiene mucho que ver con la asimilación colectiva del "tanto tienes tanto vales". Y como lo importante es tener, somos educados para consumir en lugar de para aprender a estar con nosotros mismos. El sentimiento generalizado de soledad que de tal circunstancia resulta, en unión de las clamorosas necesidades de reconocimiento que expresa tanta y tanta gente, están en la base del éxito arrollador de la tecnología de comunicación virtual. Especialmente de las llamadas "redes sociales". Utilizando sus aplicaciones, además de mitigar momentáneamente el sentimiendo de soledad, se consigue también, aunque sea de forma efímera, "sentirse importante" y reconocido, al recibir respuestas y aprobaciones a los pequeños mensajes y comentarios gráficos rebotados desde el móvil o el ordenador.

4.- Se cuenta que un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y les dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas. Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio. Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron: "Ubuntu", ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes? Ubuntu, en la cultura Xhosa significa: "Yo soy porque nosotros somos." (Texto publicado en diferentes páginas de internet).

5.-De la misma forma, la decidida apuesta del Sistema por inculcar cosmovisiones beligerantemente materialistas en la sociedad ha generado un nuevo tipo de vacío espiritual que no pocas personas tratan de compensar refugiándose en místicas alternativas (algunas creadas ad hoc por el propio Sistema) y en el arte.


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