Administración Enlaces Contacto Sobre Tortuga

Todo régimen parlamentario es un sistema de dictadura política que ha de ser subvertido

Martes.13 de julio de 2010 1909 visitas - 1 comentario(s)
#TITRE

Félix Rodrigo Mora

Ekintza Zuzena, 36

Cuando los amigos de la CNT de Madrid me invitaron a desarrollar la charla «El parlamentarismo como sistema de dominación» [1] recibí la propuesta con extraordinario agrado pues sería, además de una vituperación argumentada del parlamentarismo, una modesta contribución a contrarrestar la estatofilia que se desborda en nuestra sociedad, también en buena parte de los ambientes radicales. En efecto, vivimos en una formación social hiper-estatizada, como no ha existido jamás otra en la historia, lo que hace de ella la sociedad no-libre por excelencia, en la cual unas minorías numéricamente ínfimas ejercen una dictadura política omnímoda sobre la gran mayoría. Los sujetos de ésta, al padecer un sistema de dominación múltiple, están perdiendo incluso su condición humana a causa de la abyecta vida hiper-sometida que son forzados a llevar, lo que resulta ser la calamidad determinante del actual momento histórico.

La libertad es en el presente el asunto número uno, libertad que se ha de conquistar, ante todo, contra el Estado, de manera que una futura revolución debe, en primer lugar, realizar la libertad política, civil y de conciencia, en una sociedad cuya característica más notable ha de ser su naturaleza aestatal y antiestatal.

Reprobación del radicalismo devoto del Estado

Una buena parte de quienes se afirman antisistema ignoran la cuestión del Estado, evitan casi toda crítica a él, y casi toda polémica contra los que demandan aún más estatización, como es el caso del «movimiento antiglobalización», verdadero «partido del Estado». Éste se dice «anticapitalista», lo que en la gran mayoría de los casos significa pro-estatal, pues todo lo espera, para alcanzar una pretendida contención del capitalismo, del ente estatal, presentado como la instancia redentora por antonomasia. Incluso demanda poner fin a «la lógica de la mercancía», pero no a la sinrazón de la ausencia de libertad política, civil y de conciencia, de manera que su propuesta no puede ser más chusca, una sociedad pretendidamente sin mercancía y sin capitalismo, pero con guardia civil, policía, ejército profesional, parlamento, altos cuerpos de funcionarios, poderes mediáticos violadores de la libertad de conciencia, sistema educativo estatal-privado y también el atroz régimen partitocrático.

Su aserción central es que «el Estado se debilita», lo que se aviene mal con la realidad pues el ente estatal español, que tenía 600.000 funcionarios en 1976 hoy está en los 3.000.000. El ideario «antiglobalizador» se refuta desde la experiencia, ya que en el «socialismo real» fue el Estado quien recreó el capitalismo. Lo mismo muestra la crisis económica iniciada en 2008, en la que los Estados han realizado el rescate financiero de muchos de los bancos y grandes empresas, en quiebra, lo que realiza el programa «antigobalizador», dado que unos y otras han quedado estatizadas de facto.

En todo ello hay poco de novedoso. Por un lado, está el análisis marxista del capitalismo decimonónico, que olvida la decisiva función económica desempeñada por el Estado ya entonces [2], la cual no ha hecho más crecer, pues en las sociedades desarrolladas, aquél se apropia más o menos de la mitad del PIB, lo que indica que el artefacto estatal es hoy, aunque no lo era en el siglo XIX, el primer explotador de los asalariados, a través de los impuestos. Por otro, está el poso de la ideología fascista, que hace del Estado el meollo mismo de la realidad social, sobre todo en su versión mussoliniana, que inspiró al franquismo. A ello se une que la concepción socialdemócrata consiste en el fomento y loa de la estatalización general, la cual es presentada como «socialismo», y no es posible olvidar que la influencia de aquella ideología dentro de la radicalidad «anticapitalista» es enorme. La estatofilia de la socialdemocracia en nada medular se diferencia de la de los fascismos, asunto percibido con agudeza por Orwell, para el cual el totalitarismo resulta de la hipertrofia del Estado, no tanto del capitalismo.

El «antifascismo» residual presenta al parlamentarismo, quizá no al hodierno [3] pero sí a «otro» que no es más que éste idealizado, como la alternativa al fascismo, cuando aquél es la forma más eficaz, superior a los fascismos, de régimen estatal de dictadura.

En «La larga emergencia», de J. H. Kunstler [4], dedicado al análisis de la crisis social que madura en el agotamiento de los recursos naturales, se encuentran expresiones que no son de recibo, como la que conceptúa de «nuestras instituciones democráticas» a las hoy vigentes en EEUU. Éstas, ¿son acaso una forma de gobierno popular?, sólo plantear la pregunta produce risa, pues lo obvio es que resultan ser un aterrador sistema de dictadura política ejercido por un implacable haz de poderes ilegítimos, políticos, militares, académicos, intelectuales, mediáticos, tecnológicos, económicos, clericales, judiciales y policiales, organizados como Estado, y como capitalismo subsidiariamente. Kunstler, y quienes con sus ideas comulgan, han de comprender que sólo una sociedad que se autogobierne por medio de asambleas omni-soberanas es democrática, y que jamás lo pueden ser las de tipo parlamentario.

Para el movimiento feminista, que hoy casi se reduce al feminismo de Estado, la Ley de Violencia de Género, que pergeña un Estado carcelario y policial similar al franquista pero mucho más desarrollado, es un logro magnífico, como lo es la feminización de los aparatos represivos, en particular el ejército, el sistema judicial y la policía, por lo que cada vez hay más mujeres policías implicadas en malos tratos y sevicias a detenidos. La idea transmitida a las mujeres por dicho feminismo, es que el Estado, en particular la policía y la judicatura, son los encargados de realizar «la liberación de la mujer». Esa visión salvífica del ente estatal la comparte una parte ya, por desgracia, numerosa del ecologismo, casi siempre legicentrista, para el cual el SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza de la guardia civil) es quien ha de velar por el medio ambiente. A ellos se une el conjunto de agrónomos socialdemócratas de izquierda, fervorosos de la agricultura ecológica [5], para quienes el futuro de los cultivos, de las aguas y de los bosques, más aún si cabe que en el presente, ha de depender del Estado, como tal y como bloque de Estados, la UE.

Buena parte del independentismo, en Canarias, Euskal Herria, Galicia y Países Catalanes, aspira a tener un Estado propio, que en un futuro dominaría al pueblo que desean «liberar», y mientras tal adviene, dejan la recuperación de las lenguas oprimidas, el catalán, gallego y euskara, en manos de las instituciones del Estado español, las autonómicas y municipales sobre todo. Con ello, el Estado, español por más señas, es el garante de la «normalización lingüística», el benefactor por antonomasia de las lenguas no-españolas. Los pacifistas, hoy mudos a pesar del militarismo e imperialismo rampantes del gobierno de Zapatero, en 2004 consideraron que el falaz juego parlamentario, el voto no-libre, las manifestaciones domesticadas y la mascarada electoral servirían para «sacar a España» de la guerra de Irak, lo que ha sido utilizado para meternos en la guerra de Afganistán, así como para mantener tropas o destacamentos policiales en «misión humanitaria» para «salvaguardar la paz», por supuesto, en Somalia, Líbano, Chad, Yibuti, Bosnia y Mauritania.

Ello tiene lugar con una ministra de Defensa que es pacifista, progre y, cómo no, feminista por lo que, con la desvergüenza que caracteriza a estas gentes, vocifera que «nuestra seguridad y defensa se protegen en territorios lejanos», formulación rigurosamente neocolonialista, al mismo tiempo que aviva el reclutamiento de mujeres (y de inmigrantes) por el ejército, en especial para los cuerpos de elite, como la Legión, fundada por Franco, y la aviación, que actuarán en primer línea en caso de un alzamiento popular masivo contra el régimen de dictadura partitocrática y parlamentarista, lo que no es descartable a medio y largo plazo.

La izquierda marxista, IU y los colectivos afines, hacen de la defensa más acalorada del Estado de Bienestar sus señas de identidad, a pesar de que tal fue instaurado por diversos gobiernos para impedir la generalización del apoyo mutuo y los sistemas autónomos de autoayuda comunitaria en el seno de las clases proletarias, y de que fue el franquismo quien impuso definitivamente el vigente régimen de Seguridad Social. Los catedráticos y profesores, los intelectuales y estetócratas, que llevan una plácida vida de funcionarios estatales bien remunerados, manifiestan ser la casta cuya función es reflexionar y pensar, tarea que, al parecer, no es propia de todos los seres humanos sino sólo de ellos, una minora exquisita y cuasi-divina, ante la que la masa ha de permanecer pasiva y embobada, asintiendo en todo y aplaudiendo sin tregua. Éstos son los más entusiastas del régimen parlamentario, al que sirven y del que viven.

En la crítica de la sociedad industrial y de la tecnología se ha impuesto un enfoque sectorial, propio de especialistas, según el cual aquélla es una realidad maléfica en sí misma que nada tiene que ver con el Estado, de manera que dicha corriente se marca como meta estratégica una sociedad sin tecnología pero con... Estado, a pesar de que el origen de casi toda la tecnología han sido y son los ejércitos. En el plano internacional, muchos se regocijan con los éxitos electorales de, por ejemplo, Evo Morales en Bolivia, al mismo tiempo que vituperan la actuación de Repsol en ese país, cuando Morales, como instrumento del Estado boliviano, no tiene otro propósito que favorecer el desarrollo de las multinacionales, con medidas como la desarticulación ya definitiva de la sociedad indígena rural tradicional, entre otras. Sostener que las elecciones «libres» y el parlamento son el camino equivale a negar que sea necesario realizar en ese país, y en todos, un proceso revolucionario que instaure un régimen popular asambleario, libre, plural, autogobernado y colectivista. Ello prueba, así mismo, que la ideología parlamentarista es la expresión más agresiva del espíritu reaccionario en el siglo XXI.

La fe en el supuesto poder redentor del Estado está llevando a algunos sectores de los llamados «movimientos sociales» a establecer lazos cada vez más estrechos con los cuerpos represivos, de donde está resultando un nuevo somatenismo, del que resultarán una parte de los grupos parapoliciales que actuarán en cuanto la crisis general en desarrollo del sistema se haga crítica. Tal está sucediendo con una porción del feminismo y el ecologismo, de la misma manera que la estatolfilia de la socialdemocracia española originó los GAL. Es en este caldo de cultivo, más que en los agónicos movimientos de extrema derecha, donde la policía reclutará a sus adeptos, si no lo está haciendo ya.

La llegada de B. Obama a la presidencia del gobierno de EEUU, es una indicación más de los tiempos que corren. Obama es el candidato del ejército norteamericano, destinado a militarizar el cuerpo social, pues en ese país, ya en descomposición, el ejercito ha devenido la piedra angular, aún más si cabe, del sistema. La base social de Obama son los colectivos negros y las feministas, los progresistas y los izquierdistas, los ecologistas y los laicistas, los «antiglobalizadores» y las ONGs, todos unidos por el culto maniático que rinden al ente estatal y al régimen de dictadura parlamentaria. Tal es la nueva base social del imperialismo norteamericano, en una fase crítica en que se propone remontar su crisis. Quienes piensan el actual momento con las imágenes de lo sucedido en Europa en los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando el auge de los fascismos, se condenan a no comprender que la situación ahora es muy otra y que en esta crisis son los «movimientos sociales» izquierdistas creados o fortalecidos en los años 60 del siglo XX los que van a desempeñar la función que los movimientos de masas fascistas tuvieron antaño en Alemania e Italia. Aquéllos son los nuevos salvadores del capitalismo, el imperio EEUU y el Estado y, por tanto, el enemigo principal en la actual coyuntura histórica, de la revolución.

Crítica razonada del parlamentarismo como dictadura

No es el parlamento, elegido por el voto emitido sin libertad, quien ejerce el poder real, sino El Estado, desde sus diversos ministerios y departamentos, que no son elegibles y que se autoperpetúan. Quienes disponen de lo más sustancial del poder efectivo son los mandos del ejército y de las policías, los altos cuerpos de funcionarios, el cuerpo de catedráticos de universidad y el aparato judicial. El parlamento y los partidos políticos (partido único de partidos) poseen un poder de cara a la galería, delegado y no esencial. El presidente del gobierno, quienquiera que sea, ha de seguir las indicaciones que le llegan de los jefes del ejército, los altos funcionarios y los catedráticos, sobre todo, pues su función es esa precisamente, ocultar con su carácter «electivo», la gran tramoya dictatorial y totalitaria que son las sociedades contemporáneas que se autoproclaman «democráticas».

Es más, ningún candidato a presidente del gobierno, sea por este o aquel partido, puede llegar a serlo sin tener el visto bueno de los poderes efectivos. Obama ha triunfado, no por sus méritos dado que es un mero producto mediático, sino por haber sido designado por el ejército -que cada día tiene más poder- precisamente por ser negro (éstos tiene una presencia ya notable y creciente en las tropas) y progresista, para ampliar la base de masas del régimen con la vista puesta en una preparación aún más intensa y despiadada de la nación para la guerra, en particular una futura conflagración con China, operación con la cual el imperialismo norteamericano espera remontar el vuelo, superando sus muchas y graves debilidades. En un segundo momento, el formidable aparato de adoctrinamiento de la «sociedad de la información» ha «vendido» Obama a las masas y ha violado psíquicamente a éstas para que lo elijan.

La primera conclusión de ello es que, bajo el actual régimen, el voto no es libre, pues falta la precondición necesaria de ello, la libertad de conciencia. Sin libertad de conciencia no puede haber actividad comicial democrática, ya que quienes dominan mentalmente a las masas deciden el sentido del voto de éstas, en pro de candidatos, previamente fabricados, de derecha, centro o izquierda, según las circunstancias. Por tanto una futura sociedad libre ha de desmantelar la actual «sociedad de la información», desde el aparato universitario a la industria del ocio, pasando por el gran montaje mediático, para que los decisivos actos psíquicos de pensar, decidir y escoger sean realizados en el interior del individuo, y no impuestos desde fuera. Hablar hoy del voto como de un acto «libre» es una injuria al sentido común.

Por tanto, ni el presidente del gobierno ni el parlamento «representan» al pueblo, sino que éste ha sido violentado anímicamente para que los elija. Representan a los poderes del Estado, y de la clase empresarial, que son quienes efectivamente los han seleccionado y puesto donde están. Por ello, el izquierdista ingenuo que cree que emite «libremente» su voto ha de saber que, escoja a quien escoja, éste siempre será el candidato de los militares, los policías, los cuerpos de funcionarios, los pedantócratas académicos y los jerarcas del temible aparato judicial. El parlamento, esa tropilla garrula de ignorantes, gandules y vividores, no hace las leyes (dada su incultura y horror al trabajo no sabría ni quería hacerlas), sino que se limita a rubricar lo que las autoridades efectivas del Estado les ponen delante, sea lo que sea. Por tanto, el poder legislativo no lo ejerce el parlamento sino el ente estatal que, conviene recalcarlo, no es electivo. La no designación de los metapoderes, o poderes fundamentales, en la sociedad actual, asunto del que nunca se habla, es la expresión más obvia del carácter de dictadura que posee su régimen político, dictadura algo distinta en la forma, pero no en la esencia, a la franquista. Ello lleva a la conclusión de que la revolución por hacer ha de realizar, en primer lugar, la libertad política.

Se nos dice machaconamente que el régimen actual es una «democracia representativa», lo cual es una contradicción en términos. Dado que democracia es, incluso etimológicamente, el gobierno del pueblo, se deduce que si quienes gobiernan son los supuestos representantes del pueblo no lo hace éste, de manera que si el régimen es representativo no puede ser democrático, salvo en las fórmulas de mercadotecnia con que es «vendido» a la masa sometida y embrutecida desde arriba de manera concienzuda. Pero no sólo no es democrático, sino que ni siquiera es representativo, pues para serlo la elección de los supuestos representantes populares que se sientan en el parlamento tendría que ser lo bastante libre, esto es, realizarse en una sociedad con libertad de conciencia, en la que las decisiones electivas fueran razonablemente libres y auto-determinadas. Puesto que ello no es así, no puede hablarse con propiedad de representación, de manera que el vigente sistema político es una dictadura pura y dura, oculta bajo un carísimo embeleco de votaciones, urnas, «líderes» manufacturados y mercadeo televisivo.

Los partidos políticos actuales son nada más que una sección del aparato estatal, que cumplen la función que les asignan los poderes del Estado: prometer, mentir, adoctrinar, estafar, enfrentar, aparentar y, si llega el caso, amenazar. Su maquinaria, en lo económico, es un pozo sin fondo, de manera que son entes venales e inmorales que corrompen, con su avidez insaciable de dinero, a todo el cuerpo social. Al margen del aparato estatal no serían nada, pues éste financia quizá hasta el 75% de sus muy cuantiosos gastos, proviniendo el resto de donaciones de la oligarquía financiera y de la corrupción. Hoy, entre nosotros, el partido por excelencia resulta ser el PSOE, que es quien de hecho ha «dirigido» el proceso político desde el final del franquismo, limitándose la derecha, el PP, a ir malamente imitándole en todo.

De la misma manera que en los 40 años de dictadura franquista fue el Movimiento Nacional el que sirvió como fuerza política al Estado, desde 1975 lo es el PSOE, que se convierte de ese modo en el enemigo principal de una revolución realizadora de la libertad, el PSOE interior, o con carné, y el exterior, o sin carné. Ello da cuenta de que la ideología y política socialdemócratas sean las dominantes en nuestra sociedad, y de que es necesario librar una dura batalla de ideas contra el progresismo, el izquierdismo, el constitucionalismo, el feminismo de Estado, el ecologismo legicentrista, el pacifismo posibilista, la intelectualidad progre, la estetocracia transgresora y otras corrientes sociales que hoy son la principal base de masas del Estado, como antaño lo fueron el falangismo, el requeté, los católicos y el opusdeismo.

La constitución en vigor, la de 1978, es el documento político-jurídico que estructura el actual régimen de dictadura, estableciendo, como dogmas inamovibles que: 1) el pueblo no puede autogobernarse sino que ha de ser gobernado por el Estado, 2) la «sociedad de la información» debe anular la libertad de conciencia, colectiva y en el interior de cada individuo, 3) el individuo medio es un perpetuo menor de edad, siempre pastoreado por políticos profesionales, altos funcionarios, profesores y comunicadores, 4) el Estado de bienestar ha de existir siempre, para impedir la autoorganización autónoma de los trabajadores según el magno ideal de la ayuda mutua y la solidaridad, [6]) la propiedad privada concentrada es sagrada, 6) si la insurgencia popular llegase «demasiado lejos», su art.55 dicta «la suspensión de los derechos y libertades» y en caso de que la cosa fuese a más, el art. 116 regula los estados de alarma, excepción y sitio, siendo este último una dictadura militar desembozada, eso sí, constitucional, con partidos y parlamentarista, articulado que hace innecesario el retorno al fascismo, pues la actual constitución «democrática» española pergeña un sistema muy similar.

Tal monstruosidad fue impuesta al pueblo en 1978 con la intervención decisiva de los partidos de la izquierda, el PSOE tanto como el PCE y buena parte de la izquierda radical, lo cual abunda en la aserción anterior, de que la política e ideología de éstos es hoy el enemigo principal inmediato, mucho más que la derecha.

Corolario

La critica y lucha política contra el sistema de dictadura parlamentaria es, a día de hoy, muy débil5. Así, en 2008, 30 aniversario de la constitución, nada prácticamente se hizo. Necesitamos producir ideas y materiales, orales y escritos sobre todo, con criticas razonadas y persuasivas, del actual régimen político, dejando a un lado la presunción infantil de que éste «se denuncia sólo» o que basta con «las luchas» en curso para desenmascararlo, lo que es imposible, pues las luchas en una situación actual, no revolucionaria, son eso, no revolucionarias y, por tanto, del todo insuficientes para poner en evidencia lo que es el vigente régimen dictatorial. Tenemos que constituir equipos de trabajo, talleres y colectivos, así como charlas, jornadas y cursos, para la producción a gran escala de ideas en este campo, a fin de salir del actual estado de lastimosa indigencia argumentativa, y pasar a la ofensiva, contra el artefacto estatal y contra sus turiferarios, modo de preparar hoy el gran levantamiento general de las clases populares contra la dictadura parlamentaria y partitocrática que se necesita para conquistar la libertad, política, civil y, sobre todo, de conciencia.

[1] El guión, con algunas ampliaciones y actualizaciones, está publicado en el libro «Ética y política para una revolución fundante de una sociedad libre», editorial Brulot.

[2] En mi libro «La democracia y el triunfo del Estado. Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora» creo haber demostrado que la interpretación marxista de los orígenes del capitalismo está equivocada, de donde resulta que la concepción misma de la naturaleza del capital que Marx preconiza no coincide con los hechos y la experiencia, siendo por ello errónea, economicista y políticamente reaccionaria. La causa de tan graves errores es, además del uso de una epistemología especulativa y la admisión acrítica de la falaz economía política burguesa, su negativa a considerar con realismo la función global del Estado, económica y no económica.

[3] Perteneciente o relativo al día de hoy o al tiempo presente. (NdR)

[4] En «Resquicios» nº 3, mayo de 2007. También Ediciones del Salmón difunde este texto en un folleto.

[5] Una consideración escéptica de ésta, tan jaleada por algunos radicales mal informados, está en «Agricultura ecológica y capitalismo global”, «Brasero» nº 1. También en mi libro «Naturaleza, ruralidad y civilización» se trata esta cuestión con la apropiada dosis de desencanto.

[6] Un trabajo que va en la buena dirección es «El anarquismo frente al derecho», del Grupo de Estudios Sobre el Anarquismo, aunque se centra en glosar lo expuesto por los clásicos del pensamiento libertario sobre diversos asuntos políticos, cuando lo que más urgentemente se necesitan son análisis actuales que aporten información y argumentos decisivos. Así mismo, conviene recordar que la lucha contra el Estado no puede quedar circunscrita a los seguidores de una ideología sino que tiene que ser realizada por todas y todos los que deseen una sociedad libre, tengan ésta o aquella ideología, o no tengan explícitamente ninguna. Hay que animar, con argumentos tan persuasivos como cordiales, a quienes se sientan revolucionarios, sean cuales sean sus ideas y compromiso político o social actual, a superar el culto al artefacto estatal y a pergeñar como meta una sociedad futura no parlamentarista, es decir, autogobernada, asamblearia, colectivista, plural, solidaria y moral, con libertad equitativa para todos.

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • Totalmente de acuerdo.

    Solo un matiz: La tecnologia no es creada por el estado, sino por mentes independientes, casi siempre anarquicas y buscadoras de autentica libertad.

    El estado trata de apoderarse de la tecnologia, pero siempre va un paso por detras.

    Ciertamente puede parecer que la tecnologia esta derivando lentamente hacia la burocracia y el control centralizado, pero sinceramente: Si creen que la internet se puede controlar, es que no tienen ni la mas remota idea de lo que es, ni de lo que sinifica...

    ¡Por suerte!

    internete
    1234567

    PD: La internet no es solo tecnologia...

    Es la representacion palpable de que todos somos uno, lo sepamos o no, lo queramos o no, nos guste o no.

    PD2: Difiero con las conclusiones: No hay que luchar para partir la espina dorsal del sistema.

    Practicamente se rompe sola. Todo lo mas, darle el toquecito final para que se derrumbe solo.

    Estadisticamente no hay ninguna probabilidad de que dentro de 10 años sigamos igual. Ni de que los cambios que se avecinan sean simplemente cosmeticos.

    Estamos entrando en un mundo nuevo, donde efectivamente la conciencia individual y la colectiva, van a establecer una relacion de simbiosis completamente nueva e inasimilable a nada previo.

    No creo que tengamos que hacer ningun esfuerzo mas que el de encontrar las nuevas palabras del nuevo lenguaje.

    En cualquier caso, comparto al 99.99% el diagnostico del articulo.

    Responde este comentario