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Todo lo bueno es libre y salvaje

Miércoles.12 de julio de 2017 128 visitas - 1 comentario(s)
Muchos seríamos capaces de renunciar a casi todo por vivir la experiencia de Thoreau en su cabaña del bosque, junto al lago, pegado a la tierra, al cielo y al agua. #TITRE

José Luis Gallego

Un día leí “las hojas de los árboles nos enseñan a morir” y pensé que todo lo que quería escribir estaba ya escrito. Era cuando empecé a colaborar en la antigua revista Integral , allá por los años ochenta. Subrayaba frases en los libros para reproducirlas en la contracubierta, donde publicábamos una imagen evocadora -un diente de león acariciado por el viento y esparciendo sus semillas al atardecer, por ejemplo- con un aforismo sobre la naturaleza. Ésa fue la primera que propuse. Y se publicó.

Años más tarde, al visitar a un famoso escritor para una entrevista, tuve un flash al ver recortada y enganchada en el corcho de su estudio aquella contracubierta de la revista. “Thoreau! -me gritó al comprobar mi asombro: nadie ha escrito la naturaleza como él”. A lo que asentí rápidamente y sin mencionar palabra.

Este año se cumple el bicentenario del nacimiento de Henry David Thoreau (Massachusetts, 1817-1862) naturalista, conferenciante y uno de los ensayistas más célebres de la literatura norteamericana. Para conmemorarlo, la editorial Errata Naturae, encargada de publicar su obra en castellano, nos presenta tres libros con las esencias de su vida y su pensamiento: Thoreau. Biografía de un pensador salvaje; una edición especial 200 aniversario de Walden, su obra más famosa; y un compendio de sus aforismos y pensamientos bajo el título de Todo lo bueno es libre y salvaje.

Para todo amante de la naturaleza se trata de tres libros indispensables. Pero Thoreau es mucho más que el mejor cronista de la naturaleza. Su pensamiento resulta más actual que nunca, ya que no sólo defiende la necesidad de respetar y proteger el medio ambiente, sino el derecho a la insubordinación cívica ante gobiernos corruptos y leyes injustas, la lucha contra las grandes corporaciones que esquilman el planeta y el abandono del consumismo para abrazar la vida simple, basada en la colaboración mutua y la solidaridad con el entorno.

“Los hombres se han convertido en las herramientas de sus herramientas”. Más que escribir, lo que hacía Thoreau era hilvanar aforismos, engarzar reflexiones con el oficio de un orfebre para convertirlas en emociones. Por eso es tan difícil leer a Thoreau conteniendo el pálpito. Leer por ejemplo “la simplicidad es la ley de la naturaleza, tanto para los hombres como para las flores” y no pensar en la futilidad que nos rodea.

En 1845 decidió abandonar su acomodado pero mundanal existir en una pequeña ciudad del noreste de Estados Unidos (Concord, Massachussets) para instalarse en una cabaña construida por él mismo en mitad del bosque, junto al lago Walden. Allí se dedicó a paladear la vida en soledad durante más de dos años, rodeado de naturaleza. De aquella experiencia surgiría una de las obras maestras de la literatura universal.

“Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentándome sólo a los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñarme, no fuera que, al llegar el momento de morir, descubriera que no había vivido la vida, pues vivir es algo maravilloso”.

Así como en El Quijote el bueno de Sancho está a punto de renunciar a su ínsula por un frasco del milagroso bálsamo de fierabrás, muchos seríamos capaces de renunciar a casi todo por vivir la experiencia de Thoreau en su cabaña del bosque, junto al lago, pegado a la tierra, al cielo y al agua. Sintiendo el pulso de las estaciones, hermanado con las criaturas y las plantas. Porque como él escribió “debido a mi intimidad con la naturaleza, me encuentro cada vez más retirado del hombre”.

La Vanguardia

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  • Thoureau tiene alguna cosa buena.El respeto de la naturaleza,lo que no sé es cómo se alimentaba,pues en el bosque no se puede vivir completamente.Igual hacia pan de bellota o de castaña,en el caso de que alli hubiera este tipo de bosques.Puede que encontrara arandanos y plantas silvestres,que están muy bien,y pueden constituir una parte importante de la dieta,igual se dedicaba a cazar,entonces tiene quiza la parte mas importante cubierta,pero sin nada no se puede vivirr,a no ser que tengas dinero y lo compres todo.En cualquier caso hace falta trabajo o de cazar,o de conservar la carne,de conservar los frutos,nueces,lo que encontrase.En cualquier caso no vivio mucho tiempo en la soledad,creo que leí que fueron dos años.El reto es si se puede vivir hasta el fin de tus dias,pues irte a vivir dos años es como el que va a disfrutar a un pais extranejro y se toma dos años sabáticos,eso no tiene merito,Bueno,en este caso el construir la cabaña,que eso si que hay que reconocerlo,pero fuera de eso no tiene mérito vivir solo,el mérito está en vivir en comunidad y llevarse bien,como sucedia aqui en este pais.Eso si es una vida en la naturaleza completa,la vida en comunidades pequeñas que tengan buena convivencia y respeten su entorno natural.Respeto doble,al ser humano y a la naturaleza.

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