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Tiempos en los que consumir muerte como espectáculo

Jueves.9 de agosto de 2018 217 visitas Sin comentarios
¿Qué pasaría si dijésemos que las imágenes de las personas que mueren intentando alcanzar territorio europeo no son necesarias, que violan la integridad de las personas fallecidas? #TITRE

Ernesto G. Maleno

Ayer volvió a golpear nuestra conciencia la tremenda realidad que se vive a las puertas de Europa: los “guardacostas” libios habían dejado morir a una mujer y un bebé en alta mar. Otras dos personas añadidas al incontable número de víctimas que deberían pesar sobre la conciencia del burdo racista de Salvini, pero también sobre el resto de dirigentes europeos, responsables desentendidos de estas practicas criminales, artífices de un racismo que por histórico es también sofisticado.

La ONG Proactiva Openarms lo documentó ampliamente: fotos y vídeos del cadáver desnudo de un niño negro y el de la mujer que flotaba a su lado. El ‘sentido común’ debía invitar a “despertar”, “agitarse” y “reaccionar” para hacer frente ante tanta “deshumanidad”, o eso rezaba toda la indignación tuiteada que viralizó las imágenes a diestro y siniestro. Pero, ¿qué pasaría si dijésemos que esas imágenes no eran necesarias, que violan la integridad de las personas fallecidas?, ¿si planteáramos que resulta perverso necesitar ‘carnaza audiovisual’ para concienciarse y si denunciáramos que estas prácticas perpetúan el mismo sistema racista que asesinó a esas víctimas?

Cuando una persona se monta en una patera no suele imaginarse que, en pos de “sensibilizar”, su primer contacto con Europa tendrá que ver más con el show business que con la garantía de sus derechos. Difícil debe resultar creer para cualquiera que tu foto ahogándote y pidiendo auxilio habrá sido tuiteada incluso antes de que hayas puesto pie firme en el barco de rescate y tu vida se encuentre a salvo. La imagen es a veces más importante, ya que alimenta a quienes hacen un espectáculo heroico —y rentable— de la defensa de un derecho fundamental como la vida.

Nuestra imagen y el derecho sobre ella, algo tan protegido para los residentes de la Europa de la individualidad, la privacidad y la intimidad, pero tan poco respetado para los ’otros’ que llegan en patera. Supervivientes de tragedia, menores de edad, víctimas de trata… personas que quedan sobreexpuestas sin poder reclamar derechos ante el ‘salvador’ que los enfoca violentamente. Todo da un giro aún más macabro cuando resultan personas fallecidas, cuerpos flotantes desposeídos de toda humanidad filmados desde múltiples ángulos y cuyas imágenes son distribuidas en masa para continuar ese ejercicio de “sensibilización”. Y es que en su momento nadie necesitó vídeos de las víctimas del 11M desangrándose para comprobar que la muerte y el dolor habían explosionado en nuestro país, como hoy nadie debería pedir fotografías de niños ahogados para asegurarse de lo asesinas que son las políticas europeas en el Mediterráneo. Pero se hace, se reclaman esas imágenes porque, en un ejercicio de perversión egoísta, hay quienes instrumentalizan el cuerpo del ’otro’ pretendiendo curarse su racismo endémico. Doblemente racista.

Frente a ello, claro que existe alternativa. Cuando realmente se desea pelear contra ese sistema que mata y deshumaniza, existen buenas prácticas que debemos de hacer efectivas. La integridad física y moral de los supervivientes será protegida si se respeta escrupulosamente todo lo que les atraviesa, su condición de víctimas de tragedia y su voluntad última. La memoria de los muertos será dignificada si abandonamos el amarillismo y pasamos a la acción atendiendo desde lo local a las demandas de sus familias y comunidades. Colaborando y creando red para poner nombres a los cadáveres, conseguir entierros dignos y homenajear el recuerdo de las víctimas. Estos son solo algunos de los primeros pasos para comenzar a transformar el inmenso dolor en un poooco de justicia.

Porque no se necesitan héroes vanidosos que través de una pantalla nos demuestren lo excepcionales que son los ‘buenos actos’ en un mundo en ruinas. De nuestra Frontera Sur al Mediterráneo central, la transformación radical de estas realidades pasa por socializar responsabilidades, revisarse, deconstruir certezas y tomar partido. Claro está si lo que pretendemos es romper con este presente desolador y recordarlo como otro episodio de nuestra oscura Historia. Aquellos tiempos en los que, independientemente de los fines, consumíamos la muerte como espectáculo.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/migra...

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