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Martes.20 de febrero de 2018 100 visitas Sin comentarios
Benito Carracedo, Último cero. #TITRE

Por Benito Carracedo

Con una frecuencia que roza lo habitual se informa de la ‘caída’ de una red pedófila, ya sea nacional con conexiones internacionales o viceversa. Es una noticia paralizante. Provoca más reacción que reflexión. Lo espantoso tiene ese efecto.

Pero esa frecuencia, el alto número de detenidos, los gigas de material intervenido… ¿qué quiere indicar del mundo en el que vivimos? ¿exagera la policía? ¿cuánto y desde cuándo ha aumentado el número de pedófilos-pederastas (no voy a entrar en etimologías; aunque a lo mejor debería)?

Decía Raymond Chandler en ‘El simple arte de matar’: “No es extraño que un hombre sea asesinado, pero es extraño que su muerte sea la marca de lo que llamamos civilización”. Ya no es tan simple el matar, parece. Contiene añadidos, ¿tantos como desviaciones sexuales catalogadas? Sexo y poder. Los usuarios, dice la nota policial, son de clase media/profesión liberal. Un reflejo ¿de qué? ¿de quién?.

No sólo hay redes; también casos individuales; igual de espantosos. Aquí, en Valladolid, el de la niña y sus padres… caso que llevó a este periódico digital a quebrantar su norma de no publicar sucesos. Estos casos domésticos, familiares hacen más cercano el abuso infantil, más que el de las redes. También se dice, en nota policial, darknet, como espacio donde opera-comparte esa gente (darknet equivalente a espacio no controlado, a diferencia de internet).

Hace poco se recordaba el exterminio nazi alemán –pongo nacionalidad para no llevarlo a lo abstracto, verdad incluida- en sus campos de concentración. Una forma de matar masiva, pero dentro de las formas tradicionales del matar si lo comparas con la bomba atómica. En Dresde (Alemania) los aliados tuvieron que lanzar miles de bombas desde centenares de aviones para conseguir parecido número de muertos que la bomba que arrasó Hiroshima y Nagasaki en un momento. Años tardaron los nazis en matar a seis millones de personas, la mayoría judíos.

Era industrial, era atómica, era tecnológica ¿Alguien investiga este tema pedófilo más allá de los informes policiales? (viene al recuerdo el caso Pete Townsend como aviso para navegantes) Miedo. Un tema que sólo puede manejar la policía (piden aumento de sueldo los mercenarios del Estado, ¿porque cada vez tienen que hacer más trabajos sucios para el gobierno de turno o por aguantar la ‘mala prensa’ por su creo que lo llaman trabajo?

Y él o la policía que ve el material incautado pedófilo, el que la nota policial califica de “grave”… Conocemos por el cine el caso del fotógrafo que acudía raudo a fotografiar crímenes para los periódicos, eran los años del cine ‘negro’, aunque la película fuera de los 80 o 90. Una tvserie, ‘Mindhunter’, va de cómo el fbi empezó –años 70- a tomar nota de la existencia de los asesinos en serie, pero presta más atención a las relaciones sentimentales –noviazgo, matrimonio- de los agentes que al tema, como hacen las series norteamericanas: eludir lo real, centrarse en el culebrón.

Los buenos de las películas de acción, por ejemplo ‘Venganza’, protagonizada por Liam Neeson, son imposibles de copiar; en cambio los malos, sí. El público sabe que ese bueno no existe, esa forma de pelear, más que ser premio nobel de algo; sí existe, sabe, la chulería, la palabrería, las actitudes de los malos. Al público no le dice nada la metáfora, sólo el disfrute sea del bueno o el del malo. ¿Habrá un día tvserie policial sobre snuff movies?

Cuando volvió el carnaval en los 80 a Valladolid –ya, volver- no recuerdo ver niños. Al menos no tantos, ni con tantas actividades dedicados a ellos como desde hace años, casi tantos como los que se tiró el pp en la alcaldía; era su forma de ‘descafeinar’ lo que suponía el carnaval, donde las calles eran de la gente y además, otra, individualizada por la máscara, festivamente desinhibida. El frío consustancial de estas fechas era menos frío.

“Honrar a los niños. Escuchar sus palabras con reverencia y hablar con ellos con amor infinito”, uno de los mandamientos de Leo Szilard, físico, judío, el primero en ‘ver’ el futuro de la energía atómica: no era para bombas. Szilard escribió este mandamiento en alemán, decía que no debía traducirse. Su verdadero significado está en cómo suena (creo que parecida traducción al español es la usada en el cómic ‘Soñadores’, del siempre interesante Edmund Baudoin, editado por Astiberri en 2016. Lo tienen en la biblioteca pública).

Fuente: http://ultimocero.com/opinion/2018/...

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