Es una novedad de este año en las ordenanzas municipales de Elx y de otros municipios costeros: la imposición de elevadas multas para aquellas personas que sean sorprendidas tomando un baño en el mar con bandera roja.
Tal cosa, con su consecuente añadido que tiene que ver con aumentar la presión policial en las playas y “policializar” las relaciones entre socorristas y bañistas nos resulta cuestionable. Y explicamos:
Todos los años se ahogan algunas personas en las campañas veraniegas de las playas del estado español, y aún diríamos que del mundo. El porcentaje de personas ahogadas en relación a las usuarias de las playas es absolutamente ínfimo. Es decir, por unas mínimas imprudencias o accidentes de contadas personas, somos miles, millones quienes debemos plegarnos a una ley que no hace distinciones y nos obliga a todos/as por igual.
El objetivo de esta prohibición y recorte de derechos va en la teórica buena dirección de evitar algunas muertes. Y son solo algunas, precisamente porque este incremento represivo, claro está, no evita todas las muertes, y se sigue ahogando gente en formas, lugares y circunstancias diversas. Para tender a un pleno de ausencia de ahogamientos sería necesario prohibir el baño en forma absoluta, durante todos los meses del año y llenar las costas de vigilancia permanente para asegurarse de que nadie mete pie en el agua. Porque deben saber que nuestra seguridad está garantizada por la ley solo un par de meses al año y en esos sitios donde hay banderas y socorristas dispuestos a llamar a la policía. Báñese ud. un día después de que acabe la campaña o unos centenares de metros más para allá, y ya no estará la ley para protegerle a ud. de ud. mismo.
Consideramos que estamos recorriendo un camino en el que la paranoia colectiva nos lleva a prohibición tras prohibición. Hay personas excelentes nadadoras que precisamente disfrutan más del mar en esos días, hay gente que practica surf y necesita oleaje, hay, en fin, quien se baña con el mar picado pero cerca de la orilla y adoptando las precauciones necesarias. ¿Por qué razón no hemos de ser cada uno y cada una quienes calibremos el riesgo que queremos correr y estamos dispuestos a asumir?
Hay gente que sube montañas, se resbala y tiene un accidente. Hay quien sale con su bicicleta cada domingo a la carretera y un día topa con un automovilista que le hace caer al suelo. Muere mucha más gente en cantidad total y proporcional en accidentes de tráfico trasladándose en su coche de un lugar a otro que bañándose en la playa. Subir montañas, ir en bicicleta y utilizar el automóvil, por ejemplo, entrañan riesgos.
Se nos dice que con la situación de peligro provocada por el baño bajo bandera roja ponemos en peligro la vida de los socorristas que han de venir a rescatarnos. Puede ser, pero que esta sea la causa para que tanta gente nos veamos afectados por la prohibición nos resulta francamente de poco peso. ¿Cuantos socorristas fallecen cada año en las playas españolas intentando rescates de bañistas? Y en un suponer de que los hubiera en número apreciable, ¿no sería más lógico como solución en lugar de prohibir cosas que se han hecho toda la vida, el mejorar su selección, formación y sus dotaciones materiales para facilitar su tarea? Desgraciadamente también fallece algún que otro miembro de equipos de rescate en montaña, o de asistencia en accidentes automovilísticos, y tal cosa no da lugar a la prohibición del montañismo o de la conducción de automóviles.
Queremos ser nosotros y nosotras quienes calibremos si nos consideramos aptas en cada momento para realizar esas actividades que en caso de causar algún perjuicio, lo es a nosotros mismos, y que no sean la ley y la policía quienes, como si fuéramos perpetuos menores de edad, tomen una y otra vez esas decisiones por nosotros.
Por favor, no nos quieran tanto. Nota de Tortuga.
Intervención policial en La Marina por obviar las banderas
Los socorristas requirieron del respaldo de los agentes en esta playa ante la negativa de los usuarios a respetar las advertencias de restricción del baño.
Caso omiso pese a las banderas. La Policía Local se vio obligada a intervenir ayer en las playas de Elche a causa de la desobediencia de los bañistas a las señales que prohibían el baño en esta zona del litoral. Los conflictos se repitieron en diferentes puntos de la costa ilicitana en los que, pese a ondear la bandera roja, el cumplimiento de las restricciones brilló por su ausencia.
La desobediencia de los usuarios se vivió de manera especial en la playa de La Marina, donde el personal de vigilancia se vio obligado a solicitar la presencia de la Policía Local tras los avisos pertinentes realizados con el objetivo de que los bañistas no se alejaran de la orilla, explicaron fuentes del colectivo Detente y Ayuda (DYA), encargado de este servicio.
Las características de esta playa hacen "extremar aún más las medidas de precaución debido a las fuertes corrientes", que suponen un riesgo añadido en los días en los que las condiciones meteorológicas son, además, adversas, apuntaron las mismas fuentes.
La labor de los efectivos policiales se hizo necesaria en La Marina, ya que tras numerosos avisos acústicos y el establecimiento de la bandera, los bañistas se negaron a abandonar el agua. Una situación que "suele plantearse de manera reiterada todos los veranos, aunque normalmente viene dada por una minoría que opta por desoír las advertencias", precisaron.
Acciones de desobediencia como la de ayer están penalizadas con sanciones recogidas en la ordenanza municipal de platas. Una normativa que establece multas que oscilan entre los 300 y los 1.500 euros.
La normativa de seguridad, uso y disfrute de las playas, que se aprobó hace unos meses en el pleno municipal, pretende, principalmente, poner fin a situaciones como la registrada el pasado verano en esta misma playa de La Marina, donde una persona murió ahogada tras desobedecer los múltiples avisos de los socorristas. Un rescate que puso, además en riesgo la vida de los profesionales encargados de la vigilancia de esta zona, según explicó en la puesta en marcha de esta ordenanza, la edil de Playas, Encarna Marco.
Junto a los casos de desobediencia, los equipos de salvamento están atravesando un verano de importantes incidencias con casos como el registrado la pasada semana, en el que se atendieron más de trescientos servicios diarios por picaduras de medusas en las playas de El Altet, Arenales y el Carabassí.
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