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Sobre las tropas españolas en Afganistán: “si por ellos fuera, bien que limpiaban aquello de terroristas”

Martes.7 de septiembre de 2010 11628 visitas - 2 comentario(s)
Cigala News #TITRE

Disfruten de este nuevo artículo de la sección “De hombres honrados”, que copiamos abajo, a cargo de Diego Mazón, el reportero más dicharachero del Barrio –perdón, del Diario- La Razón.

Para el amigo Mazón los tres militares españoles no murieron en una acción bélica en una guerra cumpliendo con los gajes de su oficio: fueron “vilmente asesinados”. Amén de que no nombra de ninguna manera los muertos y/o heridos afganos resultantes de la respuesta española (imaginamos que en este caso utilizaría el término “abatidos”, que suele ser el habitual en la prensa patria), el multitudinario acto de protesta de la población local contra la base española es calificado como “una turba que se lanzó contra la base”. Y lo hizo según nos comenta Diego a pesar de que él no estaba allí, “lanzando piedras, granadas, disparando y vociferando contra nuestros soldados”. Que disparen y lancen granadas podría tener un pase, pero que vociferen…. Adonde vamos a llegar.

Claro que Mazón no está solo en esta percepción de las cosas. Para la prensa española en general si la gente protesta contra “nosotros” es una turba, especialmente si son “bárbaros” de un país pobre. Según información ampliamente difundida los días posteriores a la acción de Qala-i-Now, la protesta de esa “turba” (según medios como el ABC, de no más de 200 personas, aunque La Razón –mucho mejor informado en estos temas- la cuantifique en 2.000) fue realizada por una pequeña minoría de la población instigada directamente por un cerebro criminal talibán que la tenía preparada para hacerla coincidir con la acción del interior de la base. Además se trata de una minoría “no representativa”, ya que la gran mayoría de la población de Qala-i-Now, según nos ilustraba el Diario ABC, está felicísima con la presencia de las tropas españolas, admira y agradece profundamente su labor y las ama con devoción.

Y luego son estos mismos quienes dicen que los pacifistas viven “en los mundos de Yupi”.

La solución del problema

A partir de este análisis de la cuestión, Diego Mazón propone cual podría ser la solución para resolver el problema de una vez por todas. La culpa claro está, es del gobierno, que tiene a los soldados españoles “reconstruyendo” negándoles poder ser lo que son y –según opinión de Mazón- desearían ser; es decir, “guerreros”. Dice Diego “nuestras tropas combaten, luchan cuando son atacadas, pero no dan el primer paso, no buscan al enemigo y acaban con él. Y no es porque no quieran, que si por ellos fuera bien que limpiaban aquello de terroristas”. Es decir, si hacemos caso a Mazón, nuestras tropas deberían dejarse de milongas, dedicarse a “pegar primero”, buscar al enemigo y acabar con él en un santiamén. Es justo la estrategia que utiliza el ejército de EEUU, en el que seguramente D.M. se inspira. Imaginamos que Diego debe tener altísima opinión sobre nuestras capacidades militares para imaginar que nuestro ejército es capaz de lograr con mil y pico efectivos lo que EEUU no consigue con cientos de miles y la más sofisticada tecnología bélica del mundo.

Podríamos preguntar a Diego Mazón sobre esa limpieza de terroristas que propone: ¿lo harían a sangre y fuego, matando también a cualquier civil sospechoso de colaborar con la guerrilla islamista, o que simplemente se les cruzó en el camino? Ya debe saber que las guerrillas, al contrario que los ejércitos regulares, se camuflan entre la población civil y son difíciles de localizar. ¿Cree que esta estrategia ahorraría bajas españolas? ¿En caso de haberlas, sería Diego en persona quien iría a dar el pésame a las familias? ¿Estaría Diego personalmente –tan “hombre de honor” él, dispuesto a vestirse el uniforme e ir en vanguardia de las tropas “limpiadoras de terroristas” o por el contrario recomendaría que en ese lugar colocaran a algún soldado inmigrante como los que mueren normalmente?

El resto del artículo tampoco tiene desperdicio: “ese enemigo no va a pasar por el aro del occidental bueno que ayuda a sacar adelante el país. Quieren el control, y lo quieren por medio de las armas.” Noten el maniqueísmo entre enemigo y occidental bueno. Noten la paradoja de que para “sacar adelante el país” sus habitantes tienen necesariamente que pasar por nuestro “aro”. Como si alguien les hubiera preguntado si querían que fuéramos allí a sacarles adelante el país. Nótese finalmente la hipocresía de acusar a la guerrilla islamista de pretender obtener “el control” exactamente de la misma manera por el que tratan de retenerlo los ejércitos invasores.

El escrito de Diego Mazón, tras volver a criticar que el ejército sea una ong, y descalificar el diálogo como forma de resolver las cosas, termina con tintes apocalípticos, como no podía ser menos. Aznar lleva unos cuantos discursos repitiendo un pegadizo slogan que sin duda alguien paga para que lo pronuncie: “se cae Israel, caemos todos”. No opina lo mismo Mazón para quien, al parecer, es Afganistán el lugar donde se juega nuestro futuro: “esto no es una guerra por el bienestar de los afganos, es por el nuestro, por nuestra seguridad y tranquilidad, por nuestro futuro” (dejando claro, de paso, que la población afgana le importa una mierda, con perdón).


¿Y AHORA QUÉ?

Diego Mazón
La Razón

Los hechos del miércoles en Qala-i-Now nos dejaron dos malas noticias. La primera, la peor, el vil asesinato de tres españoles. La segunda, todo lo que le siguió. Una turba se lanzó contra la base española, lanzando piedras, granadas, disparando y vociferando contra nuestros soldados. Es un mal síntoma, muy malo. Esa turba no era espontánea, su ira no vino del corazón de unos ciudadanos indignados, sino de la cabeza de un talibán que está dispuesto a echar a nuestras tropas de su región. Y a echarlas de la manera menos diplomática posible.

Ante ese escenario y una provincia, la de Badghis, con tanto opio como las peores del país y con un incremento de presencia insurgente, el Gobierno debería dar un paso al frente, sacar de debajo de la alfombra la gallardía y empezar a considerar a los soldados como lo que son: guerreros. Si no se deja a nuestras tropas actuar contra los talibán allí donde ellos están, estos camparán a sus anchas, se crecerán y acabarán por ganarnos una partida en la que cada bando juega con reglas muy distintas.

Lo hemos visto en este periódico: nuestras tropas combaten, luchan cuando son atacadas, pero no dan el primer paso, no buscan al enemigo y acaban con él. Y no es porque no quieran, que si por ellos fuera bien que limpiaban aquello de terroristas, sino porque hay un Gobierno, o si quieren una OTAN, que cree que ganaremos esa guerra por medio de la reconstrucción.

A ellos les atacan con cohetes chinos, con lanzagranadas, con fusiles, minas y bombas. Y nuestros soldados miran y responden “proporcionadamente”. Pero los talibán huyen y luego vuelven a atacar. Y así indefinidamente. Ese enemigo no va a pasar por el aro del occidental bueno que ayuda a sacar adelante el país. Quieren el control, y lo quieren por medio de las armas. Una política timorata en esa guerra sólo puede conducir al fracaso, a que en unos años, los guerreros afganos vuelvan a tener el control y vuelvan a exportar terroristas a nuestras casas.

Mientras nuestro gobierno mantiene su concepto del soldado ong, mientras aboga por el diálogo, ellos crecen, azuzan a sus esbirros contra nuestros valientes soldados, imponen su barbarie ideológica a sus congéneres y mantienen la ascendente del terror sobre aquellos a quienes queremos ayudar.

Esto no es una guerra por el bienestar de los afganos, es por el nuestro, por nuestra seguridad y tranquilidad, por nuestro futuro. Los que nos lo quieren quitar están enfrente, así que señora Chacón, deje que nuestros soldados hagan su trabajo y ganen el futuro para nosotros.

dmazon@larazon.es


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