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¿Radiografiamos la industria militar española, ese asombroso caso de éxito?

Martes.1ro de enero de 2019 241 visitas Sin comentarios
Segunda parte: Un negocio brutal. #TITRE

JCR - Amigos de Tortuga

Nos habíamos quedado, en una primera andanada a la boyante industria militar, en afirmar el carácter oligopólico del sector y la constatación en tal bonanza del curioso hecho de que políticos y gobernantes sin distinción, junto con banqueros y tiburones del negocio capitalista, compartan intereses y preferencias en el sector de producción y venta de armas «made in Spain».

¿No se han parado a pensar en el curioso consenso que existe en la materia entre partidos que se pelean habitualmente por naderías y se especializan en denunciar la paja del ojo ajeno? ¿No les parece sospechoso que sobre la industria militar (como ocurre con otras muchas facetas del militarismo) no exista duda ni crítica y que todos, sin excepción, acaben pidiendo más leña al mono y mercados para las armas que fabrican los señores de la guerra?
La existencia de tan sustancial consenso, tanto en la élite política como en la económico-financiera, mediática y sindical, por hablar de los principales corifeos de la susodicha, tal vez tiene mucho que ver con el goloso reparto de beneficios que tal industria ofrece a unos y otros.
Porque la industria militar española es, sobre todo, muy lucrativa para los dueños del tinglado, como vamos a intentar repasar ahora, y reparte bien de prebendas entre sus epígonos, secuaces y benefactores, mientras que socializa las pérdidas entre esa nadería sin voz ni decisión que somos las personitas de a pie y las sociedades cautivas y sin criterio.

1.- ¿Cuál es la cifra de negocio?

De modo que vamos ahora a analizar los grandes números del sector de la defensa, esa enorme cifra de la que tanto se enorgullecen y que, efectivamente, es deslumbrante.
Para hacerlo, debemos partir de una curiosa división, pues el sector, en sus panegíricos, desagrega sus datos en dos conceptos distintos: ventas directas de defensa y ventas de material de doble uso, que se supone que son «otra cosa».
Normalmente se hace énfasis en el primer concepto, ventas directas de defensa y se ofrece, como de pasada, la cifra del segundo, material de doble uso. ¿Por qué, si se trata de las mismas empresas, del mismo negocio? Aquí nuestra respuesta: porque así es más fácil eludir los farisaicos controles legales a la exportación de armas y ocultar la inmensa tajada extra de un negocio sumamente inmoral. Como en tantas otras cosas relacionadas con el mundo de lo militar, hay una cierta propensión a enturbiar los datos, lo cual suele responder al intento de minimizar lo escandaloso tanto de las cifras como de la materia de la que estamos hablando.
Pasando al primero de los conceptos, venta de armas que no pueden disimular, la cifra de venta de armas «made in Spain» se compone de tres capítulos diferentes:

  • Las compras que efectúa el Ministerio de Defensa español, un cliente determinante para tal industria.
  • Las ventas «legales» (porque existe otra cifra de ventas «ilegales» que no se computan por razones obvias) que se hacen al exterior.
  • Y la cifra final, que engloba las unas y las otras.
    Además de estas cifras, que podemos rastrear año tras año, hay una cuarta magnitud que nos demuestra la pujanza del negocio, que es la de negocio ya apalabrado. Esta última permite observar la tendencia y el previsible futuro de la industria militar en función de los encargos recibidos. Si, además, tenemos en cuenta que los encargos, por lo general, los hacen gobiernos hechos y derechos, estamos hablando de negocio cautivo (habitualmente la industria militar sufre el mal del sobrecoste, que consiste en que nunca se calculan bien los costes finales, por lo que los encargos acaban encareciéndose un porcentaje considerable sobre lo previsto, lo que implica un aumento sustancial del gasto final y genera fiebres de deuda militar impagable en los países aquejados por la adquisición masiva de armas).
    Pues bien, para comprender el negocio del sector, según las cifras «oficiales» (lo que quiere decir que no se cuentan las ventas de extranjis que realiza nuestro sector militar/Industrial) que arroja la estadística del Ministerio de Defensa aparece el siguiente cuadro:

Es asombroso. Sin tener en cuenta los datos que, como veremos más abajo, ocultan la verdadera magnitud de las cifras, contamos con al menos un sector productivo español, compuesto por muy pocas empresas (unas 500 como vimos en la primera entrega de esta serie entre empresas directas e indirectas) capaz de generar ventas en solo cuatro años de mas de 21.742 millones de euros en venta de armas (2.929 al menos al Ministerio de Defensa y 18,795 al exterior), más una mareante cifra de ventas de material de “doble uso” (que encubre venta de armas disfrazada con otro nombre, más venta de material de seguridad de indudable uso militarizado, dadas las políticas securitizadoras a las que responde cada vez más la llamada política de seguridad, y material de uso múltiple) probablemente muy por encima de los 200.000 millones de euros.
Las cifras son, incluso, mucho más engañosas, porque, además, por fuera de ellas, desde 2014 a 2017, el Gobierno español ha autorizado otras licencias de venta de armas al exterior por importe de más de 80.000 millones de euros. Y para 2018, se calculan en otros 20.000 millones al menos (sólo contando con las fragatas para Arabia Saudí ya se habla de más de 3.000 millones más).
Quedaría, para tener una visión más aproximada al volumen de nuestro negocio armamentístico que referirnos, sumar el tráfico ilegal de armas en el que participa España. La cifra del comercio ilegal de armas es, hemos de reconocer humildemente nuestro fracaso, absolutamente desconocida para nosotros. Como es lógico, no aparece ninguna estimación estatal en un Estado que afirma estar aplicando (a veces con el ingenuo aplauso de institutos de paz que juegan a ser un lobby pacifista que tiene más cáscara que yema) los más altos stands del mundo en control de armas.

Según el departamento de la ONU para el control del tráfico de droga, el tráfico ilegal de armas en el mundo supera anualmente los 20.000 millones de dólares. Y siguiendo un informe algo antiguo del Instituto de Estudios Estratégicos, de España, la estimación de venta ilegal de armas españolas suponía entre el 10 y el 20% de la cifra de venta «legal», en nuestro caso, entre 550 y 1.100 millones más a sumar a la cifra oficial de venta de armas.
¿Qué otro sector industrial se conoce en España con una facturación anual tan asombrosa, con una cuota en el mercado internacional tan amplia (séptima potencia exportadora del mundo) y con unas ventas al exterior tan apabullantes y lucrativas? Si acudimos a las estadísticas del ICEX, por lo que respecta a la exportación, y del INE para el mercado interno, salvo la industria automovilística (cuyo capital es extranjero en su totalidad y la mayoría de la producción se destina, como en la industria militar a la exportación), el oligopolio eléctrico (casualmente estrechamente emparentado a la industria militar en sus características organizativas y comerciales) o el gran negocio del turismo, la respuesta es que ningún sector es tan lucrativo ni está tan internacionalizado.

2.- Cifras plagadas de trampas

El monumental volumen de negocio que acabamos de ofrecer en el anterior epígrafe es, además, equívoco y sorprendente.
Los datos de los años 2014 a 2016 se refieren a las cifras que arroja la estadística militar del Ministerio de Defensa y que reconoce en sus monografías, pero para los años 2017 y 2018 no hay datos del Ministerio, por lo que hemos tenido que acudir a los datos de los Presupuestos Generales del Estado (para las compras del Ministerio de Defensa) y a los datos de la secretaría de Estado de Industria, que, ¡oh sorpresa! computa en los años 2014 a 2016 menos ventas de armas al exterior de las que reconoce el Ministerio de Defensa, a pesar de reconocer que en realidad las ventas de armas para estos años han aumentado en un 7´3% en 2017 y en un 8% en 2018.
Llama la atención también considerar que las compras de armas reconocidas en sus estadísticas por el Ministerio de Defensa no cuadran con las partidas anuales aprobadas para amortización de los créditos extraordinarios que los sucesivos gobiernos de Aznar otorgaron a Defensa para amortizar contratos ya fijados con antelación por Programas Estratégicos de Armamentos (PEAS), lo que probablemente quiere decir que la estadística oficial no está contabilizando estos pagos, o al menos no todos ellos, en sus cuentas, un nuevo punto obscuro en las borrosas cuentas de la Defensa.
También debemos advertir que la cifra de ventas al Ministerio de Defensa ofrecida en la estadística de Defensa no incluye tampoco el valor de los encargos efectuados a empresas «subcontratadas» (por ejemplo, en 2016 sumaron 1.094 millones de euros) «para evitar computarlos de nuevo», probablemente en la partida de «doble uso», que evidentemente disfraza venta directa de armas, junto con venta de material que puede usarse para defensa, para seguridad o para un tercer uso.
En suma, los propios datos manejados desde distintos departamentos públicos sobre la venta de armas españolas deben ser siempre puestos en cuarentena, dado que se reconocen cantidades diferentes según cuál sea la fuente, y nos hacen advertir que las cifras que se ofrecen probablemente no computen, en ningún caso, «toda» la cifra real, sino sólo la parte más escandalosa del iceberg.

3.- El papel mundial de España

Según Amnistía Internacional, en el mundo hay más de 650 millones de armas en circulación y cada año se introducen en el mercado 8 millones de nuevas armas, lo que representa un volumen económico de negocio anual que supera los 100.000 millones de dólares (398.200 en 2017 según el SIRPI) sólo en nuevas armas comercializadas anualmente, dentro de un contexto de gasto militar mundial creciente y que se eleva a más de 1´7 billones de dólares.
Conforme a los datos del SIPRI, un reconocido instituto de investigación para la paz, en el año 2017, último del que contamos con información final, España ocupa la séptima posición entre los vendedores de armas, con una cuota consolidada del 2,9% en el mercado mundial, cuota y puesto mundial que ningún otro sector español consigue, si exceptuamos el mercado del mamporreo internacional, donde destacamos en un privilegiado cuarto puesto mundial y participamos de 18 operaciones militares en el exterior.

Podríamos hace otras composiciones que nos ayudarán a comprender en parte los conflictos internacionales vigentes y sus principales promotores, como, por ejemplo, que cinco de las seis primeras posiciones del ranking mundial de venta de armas se las reparten los cinco países con derecho de veto en Naciones Unidas, o que sumado el bloque OTAN de entre los 10 principales vendedores de armas, acaparan el 56´8% del comercio mundial de armas, seguidos del 22% de Rusia y el 5,7% de China. O, para desmentir el poco esfuerzo militarista de Europa, que los países de la UE que forman parte de los 10 primeros exportadores de armas acaparan el 24´8% del negocio mundial, sólo por detrás del EEUU, su socio militar y competidor comercial.
En todo caso, España cuenta como se ve con una parte jugosa del pastel armamentístico, lo que, y este es un estímulo fundamental, facilita a nuestra engolada casta política y a sus amiguetes industriales un lugar en múltiples negociaciones y foros internacionales y una ventana de oportunidad (ahora tan de moda) para sus negocios. ¿Se explica en parte el ahínco institucional en promover este negocio? ¿Tal vez también el séquito de empresarios que acompañan a ministros, secretarios de Estado e incluso monarcas en sus andanzas para promover nuestra industria militar? ¿A lo mejor el patriótico aplauso de la casta política? ¿O el apoyo del sector financiero, que según estimaciones de SETEM vienen a financiar con créditos a las industrias militares hasta el 70% de sus proyectos?
También llama la atención la singular coincidencia entre los principales focos de tensión mundial y nuestros principales mercados armamentistas en el exterior. Lo podemos ver en un cuadro en el que se muestran, a partir de las bases de datos del Centro Delàs, los países a los que España ha vendido armas en algo más de una década (2006-2017):

Espeluznante, y más aún si ahora lo comparamos con otros parámetros igualmente caprichosos, como por ejemplo los países en los que participamos militarmente en la actualidad (18 conflictos según la página web del Ministerio de Defensa) o en los que hemos participado desde que Felipe González tuvo este sueño de volver a poner las picas en Flandes (96 en total). O comparar este mapa con las zonas militares que, según la doctrina de defensa española (y de la OTAN) constituyen nuestra «frontera de seguridad avanzada» (Sahel, Golfo de Guinea y océano índico) o «nuestros» intereses y la fuente de los recursos naturales que garantizan «nuestra» prosperidad.
En realidad, lo veremos en otra andanada, nuestra industria militar está interesada en acudir en auxilio de los contendientes en cualquier lugar del globo donde haya un conflicto abierto o latente (o donde pueda contribuir a agudizarlo), pues el conflicto es su negocio y la guerra, tal vez, parte del balance de pérdidas colaterales.
De modo, que también somos promotores de la guerra. La guerra empieza aquí, y aquí se obtienen algunos de sus principales beneficios.

3.- Empresas principales

Nos queremos fijar ahora en las empresas involucradas en el negocio de la venta de armas «made in Spain».
Si seguimos las cifras del SIPRI y de las bases de datos del Centro Delàs, algo imprecisas por otra parte, como todo lo que tiene que ver con lo militar, podemos hacer tablas comparativas de las diez principales industrias, en relación a la cifra de negocio de más o menos las principales cien o ciento y pico industrias militares más voluminosas afincadas en España. Según estos datos tendríamos (en millones de euros y redondeados):

Como vemos, estamos ante un suculento pastel económico, fuertemente concentrado en muy pocas empresas, menos de 10. Un oligopolio, dentro del cual la posición dominante la ejerce el propio Ministerio de Defensa con el inestimable auxilio de los restantes aparatos del Estado.
Lo intentaremos reflejar en la siguiente representación, que expone la interrelación entre las principales empresas del sector, con un núcleo central bajo la batuta de los Ministerios de Defensa y el de Industria (porque otra de las características de nuestro militarismo como entramado institucional es su transversalidad a todos los ministerios y a una gran parte de las políticas públicas), tanto en el dominio del «complejo militar español», como por los encargos a las empresas militares, como por el apoyo a sus exportaciones.

En el cuadro siguiente intentamos «despejar» algunas claves de los verdaderos dueños de las principales empresas militares «made in Spain» .

Varias sagas de banqueros y financieros (familia March por ejemplo mediante la corporación Alba y Juan Abelló), bancos (Deutsche Bank, Banco de Noruega o BBVA), fondos especulativos, conglomerados financieros internacionales, la industria militar americana, los gobiernos español, francés y alemán, la industria vasca, … Un núcleo muy reducido de dueños finales, un club muy selecto de interesados directos y de intereses entrecruzados en el suculento negocio de la venta de armas.
Y una curiosa estructura que gira en torno al papel dominante del Ministerio de Defensa español, dueño directo o indirecto (por su participación mayoritaria o estratégica) de la mayoría de las empresas del sector, a las que, además, ofrece suculentos contratos multimillonarios, año tras año, para mantenerlas en forma.
Podemos dar algunos nombres «sobresalientes»; en este mundo armamentista, como son algunos sonados casos de puertas giratorias, entre ellos el principal directivo de Expal, José Fernando Sánchez-Junco, que fue Secretario de Estado con Felipe González, unido por intereses en entidades de capital riesgo (comisionistas por cierto en negocios militares) por otro personaje interesante, Santiago Eguidazu, que a su vez es dueño de un poderoso banco de inversión europeo; o Pedro Sallent, anterior director General de Expal, a su vez representante de dicha entidad en la comercializadora de armamento DEFEX (que aseguraba hasta su disolución por corrupción contratos de armas en el exterior) y con otros cargos en la petrolera Petrofina (hoy Total-Fina) o la multinacional de automoción FAURENCIA; o el ex-Director General de Navantia, antes responsable de los programas de venta de barcos de guerra a Noruega y Australia (por cierto, con quejas por mal diseño de ambos países a NAVANTIA) o de los PEAS españoles referidos a los F100, y el multipropósito Juan Carlos I.

O los ya conocidos casos de los ex-ministros Pedro Morenés o Julián García Vargas, que pasaron indistintamente por el cargo de ministros de defensa y de altos directivos de la industria militar, o de José Piqué, traspasado desde el Ministerio de Industria a otros sectores financieros y empresas transnacionales, entre otras Airbus; o del secretarios de Estado de Defensa Pedro Argüelles, también directivo a temporadas de grandes empresas militares, o del ex-ministro Juan Carlos Aparicio o el ex-secretario de estado Adolfo Menéndez, ambos en INDRA, o de Javier Monzón o Fernando Abril Martorell, entre otros.
Igualmente, grandes capitales y nombres de relumbrón, como Juan Abelló (Torreal o Alcaliber entre sus negocios), Borja Prado (ENDESA), Javier de la Rica, el ex-ministro Serra Rexac, o de Jaime de Rábago, que preside la patronal del sector y forma parte de sociedades inversoras y de capital-riesgo.
Contamos también, como en todo buen sainete, con espías y familiares de espías ¿suena el nombre de Paesa y de su sobrina García-Paesa, o del traficante Guilherme Taveira, vinculados en este caso a supuestas corrupciones en venta de armas a Angola, Camerún, Brasil, Arabia Saudí y otros países recomendables? También con oficiales del ejército, como el coronel en la reserva Ángel M. Larumbe, también involucrado en DEFEX, o del Ex coronel, juzgado y absuelto por el golpe de estado del 23F, José Luis Cortina y su grupo Atenea, promotor de ferias de armas, o con el ex jefe del Estado Mayor de la Armada, Sebastián Zaragoza, reconvertido a consejero de Navantia.

¿Y los políticos? Dejando atrás las puertas giratorias y alguna que otra noticia que vincula a expolíticos de alto standing, incluso algún expresidente que otro, en negocios de venta de armas, resulta anecdótico conocer que entre los diputados y senadores de sexo masculino existe una alta concentración de militares en situación de retiro o que la Comisión de Defensa cuenta con un Grande de España, Conde de la Cañada, como Presidente, y con la hija de un Capitán General de la dictadura y Ministro del ejército como vicepresidenta primera (en la actualidad dimitida por un escándalo referido a la ocultación de bienes), así como con un guardia civil que a su vez fue secretario general de un sindicato de guardiaciviles y una excomandante del ejército de Tierra como portavoces de Podemos y PSOE respectivamente.
¿Y los sindicatos? Pues, mientras los de signo libertario mantienen la lucha contra la venta de armas, los más amarillos también tienen su cuota de puertagiratorismo, como ocurre con el caso de Antonio Oliva de CCOO, expresidente del Comité Intercentros de Navantia, posteriormente convertido por la empresa en Jefe de Personal de los astilleros de Cádiz.

4.- Un trato institucional privilegiado

El negocio de las armas necesita fortalecerse con una demanda sólida para sus productos, lo que implica que su hábitat ideal es el rearme de los Estados o clientes paraestatales y su peor noticia las políticas de paz con contenidos que vayan más allá y aspiren a algo distinto del «desarme» o de la preparación de la guerra.
De modo que, para simplificar un proceso mucho más complejo, la industria de defensa necesita de tres grandes componentes, en los que por cierto se prodiga, para su propia prosperidad: uno, un relato que afirme la inseguridad, el peligro y la vulnerabilidad y que produzca una verdad contundente: hay que rearmarse y modernizar el armamento para subsistir. Dos, una situación geopolítica y estructural de inestabilidad que sirva de colofón. Y tres, dado que los sistemas de armas implican costes elevadísimos y las entregas de éstos se realizan en plazos prolongados, se necesita también el «engrase» financiero de créditos a la industria militar y el compromiso final de los «clientes» en la adquisición y pago. De hecho se cuenta incluso con bancos de inversión especializados en ofrecer este tipo de «servicios».

Se trata de conseguir nada menos que la cuadratura del círculo, lo que implica tener a punto canales financieros y especulativos (de ahí la tremenda «penetración» en el negocio de fondos buitre y bancos), canales políticos que garanticen el compromiso de compra y los niveles de pago (y endeudamiento no siempre bien visto por las sociedades), redes comerciales avaladas por el Estado propio en garantía hacia los Estados clientes, departamentos encargados de producir la «verdad» de la inseguridad y de enseñar la «eficacia» del armamento (lo que a veces incluye pequeñas corruptelas sin importancia en uno u otro lado del negocio, tanto para estimular la demanda como para evitar los enojosos controles), beneficios fiscales y ayudas púbicas que aseguren la alta rentabilidad del negocio y atraigan capital e inversión (de ahí por ejemplo el especial trato de esta industria en sus exportaciones por ejemplo con la supresión del pago de IVA cuando se vende a países de la OTAN, o la asombrosa cantidad de subvenciones y ayudas de que goza.
Al final, todo un componente de engranajes que diluye las responsabilidades personales y hace anónimas las implicaciones más indeseables de tal entramado, que al final no son culpa de nadie.

Con todo, nuestra industria de defensa goza de un trato altamente mimado por parte del Estado. Veamos algunos mecanismos:

  1. El Ministerio de Defensa realiza adquisiciones de sistemas de armas no en función de las necesidades estratégicas, sino, como explicó un Secretario de Estado de Defensa, en función de su interés en estimular esta industria y de hacerla puntera, a fin de que pueda satisfacer las «necesidades» de defensa y exportadoras españolas.
  2. Los programas especiales de Armamentos del Ministerio de Defensa, grandes programas que ya han generado una deuda de más de 30.000 millones de euros que se deben a Defensa, incrementada ahora por el gobierno de Sánchez en otros 12.000 recientemente comprometidos, son «prefinanciados» mediante créditos a «interés cero» por el Ministerio de Industria y no penalizan los «sobrecostes» habituales (desvíos de media superiores al 20% de gasto extra sobre el precio previsto)
  3. Existe una partida especial de subvenciones públicas a la industria de defensa en los presupuestos generales del Estado (PGE) que supera habitualmente los 300 millones de euros y que en algunos casos ha alcanzado más de 500 millones en un solo año.
  4. Las exportaciones de armas a los países miembros de la OTAN están exentas del IVA.
  5. Existen líneas de subvención abrumadoras en las Comunidades Autónomas más implicadas en la industria militar: Andalucía, Euskadi, Madrid, Galicia o Murcia.
  6. También perciben subvenciones y ayudas económicas de la Unión Europea.
  7. Igualmente del CDTI del Ministerio de Ciencia e innovación.
  8. Las empresas públicas del sector, con pérdidas espectaculares, son financiadas por medio de los PGE en el caso de los organismos autónomos militares como el INTA.
  9. En el caso de Navantia, que lastra a la SEPI con perdidas monumentales, éstas son cubiertas también con el dinero de las ganancias de las otras empresas públicas y con las partidas de los PGE que financian a la SEPI.
  10. El Estado cuenta con diversos mecanismos públicos destinados a la venta en el exterior de la producción armamentística española. Hasta hace poco la empresa DEFEX, en cuyo accionariado además participaban otras industrias militares, como es el caso de INDRA o ESPAL, ISDEFE o el ICEX.
  11. La promoción del negocio armamentístico cuenta además, como se ha dicho, con la participación institucional de los aparatos del Estado, que actúan como agentes de ventas, creando comitivas, a las que acompañan empresarios del sector y especuladores y banqueros, encabezadas por las más altas magistraturas del Estado.
  12. Algunas de las empresas del sector, y concretamente las de titularidad pública, además gozan de las subvenciones de tasas e impuestos municipales (por ejemplo, IBI) de los que goza todo el entramado de la defensa y de los ejércitos.
  13. Las empresas del sector, como hemos visto muchas con capital extranjero, tienen grandes estímulos para fijar su producción en España. Si Seguimos las palabras del exministro Montoro, aquel señor tan simpático, hace menos de un año en la Comisión de Hacienda, por media las grandes empresas tributan en España al 7%, muy por debajo de la tributación en otros países. En la reciente estadística hecha pública por el Ministerio de Hacienda sobre el pago de los impuestos de sociedades se comprueba igualmente la poca contribución tributaria de estas empresas, que ellas mismas «justifican» afirmando que ya pagan en otros países por sus ventas y que su carga fiscal es muy superior al 20% sobre ganancias, una trola como otra cualquiera.
  14. El papel del Parlamento, en lo referente a esta industria es deprimente. En el rastreo efectuado antes de fin de año en relación a estas industrias en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, he encontrado la apabullante cifra de una iniciativa, presentada por el portavoz del grupo ciudadanos sobre la preocupante situación de Navantia. Además, una rocambolesca intervención de floritura de los machos alfa de los partidos en liza cuando la supresión (fallida) de la entrega de armas a Arabia Saudí (crítica estimulada por haber saltado el tema a la agenda mediática que por el interés real de control político).
  15. Como se ha dicho, el crédito de la banca «armada» la industria militar española supera el 70% de sus necesidades de inversión. Banca alemana, banca noruega, banca de EEUU y nuestros principales bancos, BBVA, Santander, otras entidades financieras. Una mirada al informe de Jordi Calvó «Los bancos que invierten en armas», de 2016, publicado como informe número 28 por el Centro Delàs ofrece cifras pormenorizadas.
  16. Resulta significativo que la inversión principal de este sector se deposita en manos también de fondos especulativos de alto riesgo y un ojo avizor para el dinero a raudales.

He aquí los (muchos) beneficiarios del negocio de las armas. En otra entrega hablaremos de los perdedores, que siempre los hay, y de la socialización de las pérdidas, que en este sector son también importantes.


Ver también:

¿Radiografiamos la industria militar, ese espectacular caso de éxito? Primera parte.

¿Radiografiamos la industria militar española, ese asombroso caso de éxito? Parte tercera. "Pequeños inconvenientes"

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