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Quiénes se lucran con la Ley de Violencia de Género

Lunes.30 de abril de 2018 253 visitas - 4 comentario(s)
Disidentia. #TITRE

Detrás de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, promulgada en España, se esconden tres verdades políticamente incorrectas.

La primera, el sobredimensionamiento de la denominada violencia de género por parte del pensamiento hegemónico.

La segunda, a diferencia de lo que muestran los medios de comunicación, España está a la cola en muertes violentas de mujeres, siendo estable los casos desde 1999 (60-70 casos anuales), tal como señalé en otro artículo.

La tercera: con esta ley se lucran asociaciones feministas, los partidos políticos y cualquier medio o entidad que se circunscriba a sus dogmas. Todos ellos manipulan la realidad para mostrarla de tal forma que les siga siendo rentable esta dichosa ley.

Para comprender cómo se lucran todas estas entidades, es necesario entender que se trata de un circuito de retroalimentación, donde se encuentran las denuncias por violencia de género, los presupuestos y subvenciones y la financiación con los Fondos Europeos. Cuantas más denuncias, más ayudas, más financiación; y cuantas más ayudas, más se incentivan las denuncias.

Hasta la década de los 90 se producían en España en torno a 15.000-20.000 denuncias al año por violencia de hombres a mujeres en el ámbito de la pareja. Posteriormente, hasta principios de este milenio, se registraron unas 70.000 denuncias anuales. Y a partir del 2005, con la implantación de la ley, las denuncias ascienden a 126.000 al año, cifra que continúa aumentando (en 2017 ya 166.000). El primer salto se explica porque, en 1999, comienza a contemplarse el maltrato psicológico como delito y, además, el delito de violencia contra la mujer se extiende a los casos entre ex parejas. Eso explica que se incremente sustancialmente el número de denuncias.

Quiénes se lucran con la Ley de Violencia de Género

Pero el segundo salto no se debe a una recalificación de los actos delictivos, sino a la “Ley contra la Violencia de Género”, que introduce el concepto de discriminación positiva, vulnerando así, de forma evidente, la igualdad ante la ley. Se empiezan a aplicar penas diferentes en función de si el hecho lo comete un hombre o una mujer. Incluso, determinados actos constituyen delito si son cometidos por un hombre… pero no si los comete una mujer. También se suprime la presunción de inocencia, invirtiendo la carga de la prueba: el hombre denunciado es culpable hasta que no demuestre su inocencia. Y, además, esta ley concede sustanciosas ayudas económicas y ventajas jurídicas a las mujeres que denuncian, incluso antes de que se dicte sentencia.

No sólo eso, se crea una jurisdicción específica para la violencia de género, unos Tribunales de Excepción, inconstitucionales pues están expresamente prohibidos por la Constitución Española de 1978, en los que solamente se juzga a hombres. A este proceso discriminatorio se le añade otro más perverso: se crean fuertes incentivos para que la mujer acuse a su esposo de malos tratos en los procesos de separación conyugal. Hasta el punto que surgen abogados especializados en ello, que introducen estas acusaciones como elemento de presión en la negociación del divorcio.

Pero, ¿qué impulsa a una mujer a recurrir a estas más que dudosas prácticas de denuncia indebida? Muy sencillo: con una denuncia por malos tratos se agiliza el proceso de separación. Para empezar, el expediente de separación pasa de ser un trámite civil (Juzgado de Familia) a uno penal (Juzgado de Violencia de Género). Además, sin que el esposo haya sido juzgado, se aplican medidas cautelares desproporcionadas, como una orden de alejamiento.

Pero aquí no termina el despliegue de incentivos. La mujer que ha denunciado obtiene, en pocos días, la custodia total de los hijos, una pensión alimenticia y el derecho exclusivo al uso de la vivienda. Y, aunque la mujer disponga de medios económicos sobrados, puede beneficiarse de los servicios gratuitos de un abogado a cargo de la Administración. Infinidad de beneficios para la mujer; al hombre, por el contrario, se le despoja de todo sin haber sido ni siquiera juzgado.

Mientras esta práctica inmoral está a la orden del día, los medios de comunicación insisten en afirmar que sólo el 0.0075% de las denuncias son falsas. Su fuente proviene de la Fiscalía General del Estado pero lo que dice esta fiscalía realmente no es que sólo exista este porcentaje de denuncias falsas sino que solo ha investigado y comprobado como falsas ese número. Existen muchas más que quedan impunes.

Pero ¿por qué no se investigan?

Los procesos legales son complejos; si el juez no aprecia delito de violencia de género se debe a que o no existió o bien no se encuentran indicios o pruebas. La mayoría de las veces no se sabe si se debe a una razón u otra y por ello se procede a archivar y a absolver al hombre denunciado. Del más de millón de denuncias interpuestas desde la ley, la tasa de delitos inexistentes, archivados o sobreseídos es del 80% respecto a los hombres enjuiciados, según los datos del CGPJ. Exactamente ahí, en esas sentencias es donde se ocultan las denuncias falsas.

Ahora bien, si el juez tiene claro que no hay pruebas porque no hay delito de malos tratos y sospecha que la denunciante lo sabía, entonces se puede abrir un nuevo proceso por denuncia falsa. Pero este nuevo procedimiento discurre de igual modo: si no hay pruebas de denuncia falsa, el caso se archiva. Al contrario, si hay pruebas de ello y se condena, la pena máxima para esa mujer es de 2 años de prisión pero, sin antecedentes, la pena queda en suspenso. Por tanto, para una mujer, el riesgo de denunciar falsamente a su esposo es mínimo, casi inexistente.

Resumiendo, ese famoso 0,0075% hace referencia solamente a los casos en los que se abrió un proceso penal contra la mujer, se acusó, juzgó y condenó, confirmando la Audiencia Provincial la sentencia. Cabe preguntarse por qué la Fiscalía no actúa de oficio ante un falso testimonio. Lo cierto es que sólo actúa en casos muy flagrantes y, además, resulta que denunciar sin pruebas no es un delito. Pero, sobre todo, lo fundamental aquí es que la Fiscalía no es independiente: trabaja para el Gobierno, para el Poder Político.

Existen incentivos cuantiosos para incitar la denuncia falsa

Todo el edificio económico de subvenciones pivota en un hecho jurídico, las denuncias. A través de la ley se establecen unos criterios para el reparto de los Fondos Europeos. Una tercera parte de los fondos atiende a criterios vinculados con valores demográficos. Las otras dos terceras partes atiende al número de mujeres asesinadas, al número de mujeres que se declaran maltratadas y al número de denuncias interpuestas. Así, a mayor número de denuncias más dinero procedente del Fondo Social Europeo se reparte al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Qué mejor forma de obtener fondos que por medio de las denuncias. Pero, para ello, tuvieron que modificar el Código Penal y violentar los principios de igualdad ante la ley, causalidad y presunción de inocencia. Así se amparan situaciones esperpénticas como un hombre que fue condenado por soltar una ventosidad durante una discusión con su pareja. Incorporándose este hecho en el largo catálogo de acciones punibles por las que los hombres pueden ser denunciados. En palabras de Soledad Murillo de la Vega “cuando hicimos la ley se nos planteaba el dilema entre la presunción de inocencia y el derecho a la vida, y optamos por salvar vidas”. Suena a naufragio: “primero las mujeres y los niños”.

A las motivaciones para denunciar se suma la llamada Renta Activa de Inserción (RAI), una ayuda que, como otras, se concede a la mujer por la mera denuncia, sin que exista base legal base legal constitutiva de la existencia de maltrato. Así se explica que, a pesar del descenso de número de hombres condenados, haya aumentado el número de mujeres perceptoras de los pagos de la RAI: 10.913 hombres condenados frente a 31.555 mujeres perceptoras de la RAI en 2015.

A este sistema de percepción de fondos se le suman las múltiples subvenciones que conceden las Administraciones Públicas. Hace poco Absolutexe, el Grifo de Twitter, documentó más de 93 millones de euros concedidos, en más de 9.000 subvenciones aprobadas desde el año 2014. Partiendo de los términos “mujer” y “convocatoria” hizo toda una aproximación. Así aparecen entidades como la Fundación Mujeres, la Asociación Mujeres para la Salud o la Asociación de Mujeres Juristas Themis, quienes reciben cuantiosas ayudas en esta materia además de otras distintas instancias. En cualquier caso, la lista de entidades que reciben subvenciones es muy larga. Es todo un enredo de aportaciones que confirma el lucro de estas asociaciones y otras tantas. Pero también confirma el papel del Estado y su intención a la hora de incentivarlas y mantenerlas.

La verdadera lacra de la Ley de Violencia de Género

Como se puede apreciar, esto es un círculo vicioso: la pescadilla que se muerde la cola. Con una simple denuncia se activan los mecanismos económicos: y las ayudas y subvencionas animan a denunciar. La dotación para la denominada “violencia de género” y su difusión y relevancia en los medios de comunicación nada tiene que ver con el bienestar de las personas sino con el beneficio privado que las ayudas proporcionan a algunas asociaciones, que han hecho de la Ley de Violencia de Género su medio de vida.

Como consecuencia de esta perniciosa ley se violan sistemáticamente los derechos humanos, no sólo de los hombres afectados, sino también de niños, abuelos, familias, etc. Y otro daño colateral de esta ley es el infligido a aquellas mujeres que realmente necesitan ayuda, que piden auxilio y no tienen las asistencias necesarias para salvaguardar sus vidas.

La ley falla porque no quiere ver que la violencia íntima en la pareja es un problema humano en el que están implicados factores psicobiológicos y culturales. La Ley no funciona porque no protege ni siquiera a las mujeres, por más que diferentes estamentos elogien su aprobación y puesta en marcha. Pero los datos en contra son muy tozudos. Sólo la sociedad puede impedir que la política y sus brazos largos se adueñen definitivamente de nuestras vidas. Depende absolutamente de todos nosotros no seguir ignorando tan enorme daño.La vida de cada persona no debería tener un precio distinto y menos aún en función de su “género”.

Por Cuca Casado

Fuente: Disidentia.com

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  • Me llena de orgullo compartir ideas y convicciones sobre la nefasta y disolvente ideología de género con los promotores de esta página. En un mundo enfermo somos una minoría los que tenemos la lucidez y la honestidad necesarias y suficientes para apartarnos de la "normalización" del estado, de lo políticamente correcto y del adoctrinamiento en el racismo antiblanco y el odio hacia nuestra propia esencia cultural. Gracias a Pablo y a todo su equipo.

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  • Llevo desde el día que recibí el mensaje debatiendome si gastar tiempo y energías, finalmente me dedido a escribir, aun a riesgo de ser tiroteada.

    Lo primero que me llama la atención es que en una web de un grupo antimilitarista, y por tanto, contra la guerra y en defensa de la paz, se haga eco de un blog que está alardeando de violencia de forma tan sibilina.

    Si bien puedo estar de acuerdo que la ley contra la violencia hacia las mujeres fue impulsada por el feminismo institucional, y por tanto, más cercano a determinados partidos políticos, las miles de mujeres que están sometidas a violencia en donde deberían estar siendo más respetadas y amadas se merecen una protección que, aun la ley, es bien dificil de conseguir.

    Respecto a las cifras, la verdad, leer como argumento que el número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas se mantiene por debajo de otros países me parece una burla a esas mujeres que ya no ven la luz del día. Me permito hacer el símil de el tema que nos une: el estado español es de los que tiene el porcentaje de PIB más bajo destinado al gasto militar, ¿Aceptaríamos este argumento para ir contra el movimiento de objeción de conciencia?

    En mi trabajo (valorando situaciones de discapacidad) detecto demasiados casos de mujeres que viven temerosas, a las que sus maridos ningunean, anulan, les dan un pequeño monto para que administren las necesidades familiares y del hogar, les han impedido trabajar para tener ingresos propios, en fin, situaciones muy tristes. Cuando intento orientar para que acudan a servicios especializados que pueden ser un recurso para que salgan del círculo de violencia en el que están (piscológica, también, por supuesto aunque la autora casi ridiculice esta violencia al ciriticar su reconocimiento en la ley) las respuestas de estas mujeres es que no van ni a intentarlo, porque tiene miedo, porque no se valoran ellas mismas tras tantos años en ocasiones de estar sometidas.

    Respecto a que algunas asociaciones de mujeres reciban subvenciones para desarrollar programas y servicios de atención, no sé si la autora se ha documentado bien, pero pocas personas de estas asociaciones viven de eso. He trabajado en ocasiones en coordinación con algunas de ellas, y están en disposición de atender a mujeres fuera de horarios, sin percibir honorarios, salvo cuando actúan como abogadas en juicios, y lo hacen por honorarios irrisorios. Sin las redes de mujeres que bajo estos programas están disponibles, muchas mujeres seguirían enfrentando desde la soledad una violencia muy invisilibilizada.

    En cuanto a que todas las personas debemos tener derecho a la protección de la vida sin que el género sea determinante, totalmente de acuerdo!!! por ello la propia ley y otras estrategias para poner en valor la vida de las mujeres que por su género son agredidas, violadas, violentadas y asesinadas, por el simple hecho de ser mujeres!

    La verdad, soy feminista, y soy muy crítica con los pensamientos homogénicos incluso dentro del feminismo, pero leer estos artículos y ver cómo sirven para que los hombres se reafirmen en que ya está bien de lo "políticamente correcto" me apena y me pone algo furiosa también, porque ahí están los más de 200.000 hombres que tuvieron orden de alejamiento de sus parejas o exparejas porque suponen un riesgo real para ellas (y no es tan fácil que se conceda la orden de alejamiento, y sabemos que lamentablemente un porcentaje significativo de mujeres es asesinada aun contando con orden de alejamiento), ahí están las 1000 mujeres que son violadas al año (mejor dicho, que presentan denuncia) y cómo se resuelven los casos vicitmizando más a las mujeres (todo el despliegue de webs masculinas como foro coche y compañía, donde se hace aplogia de la violación y de la violencia contra las mujeres), y por supuesto las 70 mujeres asesinadas cada año.

    Tal vez en el próximo mensaje de novedades que reciba de La Tortuga encuentre un artículo que se titule "Quiénes se lucran de los movimientos de objeción de conciencia" y despliegue todo un elenco de necedades sobre las asociaciones a las que desviamos el dinero que no queremos que vaya a la guerra. Todas en el punto de mira!!! Por lucrarse con la paz!!!

    En fin, por si hay por hay gente sensata, y a raíz de todo el maremagnun de atrocidades que están lanzando algunos hombres para legitimar las violaciones, os comparto un artículo de un hombre sensato (seguro que antibelicista también)
    http://www.lapajareramagazine.com/p...

    Salud y sensatez!

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    • Ya que te prestas amablemente a ser tiroteada, empezaré yo el pimpampum (metafórico, no empecemos a victimizarnos).

      En primer lugar, no veo porqué dices que el artículo "está alardeando de violencia de forma tan sibilina". Debe ser muy sibilina, efectivamente, tanto que la mayoría de los mortales no lo cogemos. El oponerse al feminismo no es violencia, aunque algunas sean tan sentidas que se lo tomen así.

      Las mujeres maltratadas se merecen la protección de la ley, efectivamente, pero no más mi menos que los hombres maltratados. Establecer diferencias en este ámbito es simplemente un bonito ejercicio de SEXISMO, que viniendo precisamente de quienes alardean de luchar contra él, lo convienrte, además, en hipocresía.

      Respecto a las cifras, claro que hay que evaluarlas. Se llama estadística e inspira (o debería inspirar) la mayoría de las políticas púbilicas. Cada muerta, o cada muerto, son una tragedia para ellos mismos, sus familias y allegados. pero las acciones públicas deben guiarse por el comportamiento general de la sociedad, no por los dramas o alegrías particulares.

      No sé donde vives, ni en qué trabajas para ver tantas "mujeres temerosas"; en mi caso, la mayoría de mujeres con las que convivo o me relaciono, empezando por mi misma, no están en esa situación. He conocido algunos casos de maltrato, en general de baja intensidad, que afectaban a mujeres, hombres, niños (los que más) y niñas, pero nada que en buena lógica nos haga vivir "temerosos". Como no vivimos temerosos de que nos caiga un rayo, o un arbol encima, o nos estampemos con el coche, aunque son cosas que pasan concierta frecuencia (de hecho, bastante más que los "feminicidios"). Al final, el empeño del feminismo en dramatizar las situaciones es lo que de verdad está fomentando que la gente se vaya volviendo más paranoica: a fuerza de martillear con los pocos casos que hay, acabamos pensando que vivimos en un mundo horrible. Pero no es verdad (precisamente para eso sirven las estadísticas).

      No sé si mucha gente vive del feminismo, no creo, pero mucha gente tiene espectativas de aprovecharlo de una u otra forma, sea directamente o indirectamente (por ejemplo, con cupos y cuotas, o con los miles de puestos que se están creando de "especialistas de género").

      Efectivamnete, todos tenemos derecho a la vida, en eso estamos de acuerdo. También los hombres asesinados (que son más que las mujeres), a los que se olvida. También los huerfanos de los accidentes laborales, de los robos, de los asesinatos. El sistema actual establece categorías de víctima: de primera (de "viogen", del terrorismo, etc.) y de segunda. No estoy de acuerdo con eso.

      Por cierto, es un lugar común que todas las víctimas de "viogen" lo son "por ser mujeres", pero tampoco me lo creo. Las motivaciones de los asesinos pueden ser múltiples, y me atrevería a decir que muy pocos matan a una mujer "por ser mujer"; de hecho no matan a la vecina, o a la encargada de la frutería, que también son mujeres. Entiendo que en muchos casos a quien matan es a "SU" mujer, por causas que tienen más que ver con la convivencia que con el sexo.

      Sobre el número de denuncias, si mañana se califica el tabaco como droga ilegal, el número de drogadictos crecería de forma impresionante. Pero eso no implica que la sociedad se haya hecho más drogadicta de golpe. Algo parecido pasa con las denuncias por maltrato: ahora se consideran maltrato cosas a las que antes no se daba importancia (ha habido incluso una condena de carcel para un tipo, que ya para toda su vida se verá calificado como "maltratador", por tirarse un pedo delante de su mujer). La gran mayoría de esas denuncias acaban en nada, pero las medidas cautelares ahí están.

      No es verdad que "un porcentaje significativo de mujeres es asesinada aun contando con orden de alejamiento": ese porcentaje es bastante bajo, por no decir irrisorio. No sé de donde sacas que ha habido 200.000 ordenes de ese tipo, pero compáralo con el número de mujeres muertas y te darás cuenta.

      Sobre forocoches, no tengo el disgusto de participar, pero si puedo decirte que en el ranking de medios machistas/feministas, los segundos gana por goleada tanto en número como en alcance. Las osiciones feminsitas están convirtiéndose en dogma en todas partes, y lo difícil es hablar en contra. Por eso, no sé de que te quejas ¿O es que quieres callar a los que no opinan como tú? Ese es otro motivo por el que el feminismo moderno me parece bastante horrendo (totalitario en el sentido esencial de la palabra).

      Y sobre la "revictimización" de las violadas, lo siento pero no queda más remedio, y lo razonable sería facilitarles el mal trago, no machacar con lo terrible que va a ser para ellas. ¿O te parece mejor que la simple denuncia valga para condenar? Enhorabuena, estamos en ello.

      Sin más de momento, recibe un saludo de otra que ha sido feminista y repudia la deriva que va cogiendo el movimiento.

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