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Nuevo fin de semana de militares en el Parque del Retiro

Domingo.7 de mayo de 2017 226 visitas - 1 comentario(s)
Agustín Velloso - Correo Tortuga #TITRE

Llegaron ayer sábado por la mañana (por el 22 de marzo) y con su traje de faena se dedicaron a colocar tiendas de campaña de camuflaje y color caqui, mientras sus jeeps y camiones 4x4 ocupaban el paseo que rodea la rosaleda central del parque.

Parecían muy contentos y animosos chicos y chicas; algo lógico pues parece que es más llevadero poner las tiendas ante la vista de curiosos paseantes que de muyahidines enfadados y menos impresionables ante los músculos de ellos y las colas de caballo de ellas.

Le pregunté a uno de los curiosos qué había pasado y por qué estaban allí los militares y me respondió que no pasaba nada, que estaban colaborando con el Maratón Popular que tiene lugar hoy domingo en Madrid.

La colaboración consiste, por lo que pude ver, en colocar las tiendas en las que los corredores que llegan hasta la meta, en el interior del parque, puedan disfrutar de un masaje a cubierto del sol.

No me atreví a preguntar si los militares colaboran además masajeando a los atletas, pero salta a la vista que sea cual sea esta colaboración, si no es irregular, es perjudicial para la marcha de la economía española y no se compadece con las REALES ORDENANZAS DE LAS FUERZAS ARMADAS, ya que según su artículo tercero:

"La razón de ser de los Ejércitos es la defensa militar de España y su misión garantizar la soberanía e independencia de la Patria, defender la integridad territorial y el ordenamiento constitucional."

Sin embargo, ya se sabe que todo está atado y bien atado, quizás por eso el artículo cuarto advierte de que:

"La defensa nacional es deber de todos los españoles."

Así que los soldados pensarán que si los civiles tenemos el mismo deber que ellos, entonces los uniformados bien pueden corresponder echando una mano solidaria a sus compatriotas impartiendo charlas sobre el arte y la profesión militar en los colegios e institutos de lunes a viernes; y si los chicos, por lo que sea no caen cautivados por la doctrina militar a la primera, pues los repescan los fines de semana en las carreras populares; si las autoridades gubernamentales descuidan la conservación de los bosques en invierno y éstos se queman en verano, los soldados se presentan para apagar fuegos en los bosques de junio a septiembre. Cuando aquí no les sale na pa ponerse al tajo, en las remotas tierras de esas tribus de Dios seguramente hay algún lío esperándoles y entonces allá que van silbando pa’ arrimar el hombro también.

De rebote dan trabajo a los que hacen anuncios y reportajes en los que se promociona la sugerente profesión militar, a pesar de que hace dos mil años Píndaro dejó escrito:"Dulce bellum inexpertis" (La guerra es agradable para los que no la han padecido, en libre traducción). Claro que no vas a comparar a un poeta lírico que cantaba al dios Apolo y a la juventud, y por tanto gay, con un apuesto, viril y discretamente tatuado cabo furriel.

Si no hay lío lo montan ellos mismos para cumplir con el genial razonamiento de J.L.R. Zapatero referido a la participación española en la agresión internacional a Afganistán: "España va a participar y apoyar una iniciativa que tiene como objetivo mejorar la defensa y la seguridad de nuestros ciudadanos." ¿Acaso harían falta anuncios?

O con el insuperable de J.M. Aznar, quien pensaba que más que hacer falta eran urgentes: ""La opinión pública occidental tiene que creerse lo de Afganistán... y pronto."

No es de extrañar que el paro ande por las nubes, a este paso (militar) apenas quedarán profesiones que no sean víctimas del intrusismo del "exacto cumplimiento del deber inspirado en el amor a la Patria y en el honor, disciplina y valor" declarado en el artículo primero de las Ordenanzas.

No obstante, hay que ser justos con los militares: es claro que en este país sobran razones para echar mano de los militares y sin necesidad de enviarlos en misiones de paz a la otra punta del mundo para que vuelvan con ninguna gloria y menos éxito.

Además nos dejan la cuenta a los civiles, que pagamos un menú que no hemos pedido, e incluso hemos dejado claro a los políticos que no lo queremos (ya que no nos lo preguntan), como hicimos millones de personas en febrero de 2003 en manifestaciones sin cuento por toda España para oponernos rotundamente a la participación de España en la guerra contra Iraq.

Aquí hay mucha faena, desde luego, más que eso, lo que tenemos es una pandemia de trabajadores (disfrazados de autónomos) y jóvenes (supuestamente) en prácticas, del tipo todas a un euro, un pandemónium en el que un 29 por ciento de las personas están en riesgo de pobreza o exclusión social, un 22 tiene ingresos bajos, un 12 poco trabajo y un 6,5 sufre privaciones; de fontaneros que se dejan millones de euros en altillos de altos cargos del gobierno, de trasiego interminable de altos cargos públicos entrando desde hace años día tras día en los juzgados por delitos graves sin que se adivine el final de la lista, aunque está claro que será cuando llegue el último, que es el primus inter pares, a su vez primo del meteorólogo, de decenas de miles de inmuebles pertenecientes a la Iglesia Católica que no paga el IBI correspondiente y cuyos representantes afirman que desconocen la cifra; de personas que reinan pero no gobiernan (cualquiera sabe lo que significa esto en el siglo XXI), de la incertidumbre sobre la recuperación de los 75.000 millones de euros (o más) que costó el rescate de los bancos privados (controlados por el uno por ciento más rico de los españoles), más conocido como crisis (debido al derroche del resto: los parados, los jubilados, los dependientes, los expulsados del sistema y las clases trabajadoras y medias)...

Por tanto, la conclusión es clara: mejor sería que todos los civiles fuésemos militarizados, pues hay trabajo para todos y al menos nos darían gratis la ropa de trabajo y todo el material para realizarlo, no como ahora que hay que pagar por todo desde que te levantas hasta que te acuestas, hasta por hacer pis, y además han quitado las fuentes de las calles para fastidiar aún más a la gente, que tiene guasa que el ejército lleve agua en vehículos de película a donde les manden y aquí hay que ir a la tienda del chino a comprar una botella para sobrellevar el cambio climático que dicen que es mentira.

En eso aciertan sin querer: todo es una farsa, especialmente ellos, eso es, una gran mentira.

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