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No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”

Domingo.23 de octubre de 2011 10065 visitas - 41 comentario(s)
Grup Antimilitarista Tortuga #TITRE

(Més baix, en valencià y en inglés)

 
¿Estado de bienestar, o revolución?

 
 
Algunos partidos políticos, organizaciones y sindicatos del estado español que dicen ser “de izquierda” aúnan en estos tiempos voces y esfuerzos para defender aquello que llaman “estado de bienestar”. Ello lo hacen en medio del aplauso de gran parte de la sociedad, la cual se entiende beneficiaria de dicho estado de bienestar y por ello partidaria de su pervivencia.

 
En Tortuga tenemos otra perspectiva.

 
Asociamos “estado de bienestar” a otros términos mucho menos halagüeños: “sociedad de consumo”, “primer mundo”, “Europa rica”… Tras la pertinente comprobación histórica, concluimos que en general esta forma política y social tal como la conocemos hoy no es tanto la conquista de las luchas del movimiento obrero como se afirma de forma exagerada, sino que obedece en mucho mayor medida a las necesidades e intereses de las instituciones estatales liberales y capitalistas, intereses que se agudizan sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial. Estas élites, en plena mundialización de la economía y de la guerra fría contra el comunismo, optaron por generar en determinadas zonas del planeta una cierta redistribución de la riqueza allí acumulada, parte de la cual se repartió entre amplias capas sociales en forma de servicios y subsidios, siempre administrados y dosificados por los aparatos estatales. Este tipo de políticas contaban ya con pequeños antecedentes desde principios del siglo XIX, pero fue en este momento, coincidiendo con la acuñación del término “estado de bienestar”, cuando se apostó fuertemente por ellas.

 
 
Con estas políticas las clases dominantes a nivel mundial obtuvieron durante toda la segunda mitad del siglo XX y casi hasta nuestros días, la desactivación de las luchas obreristas revolucionarias en el primer mundo, conjurando así la amenaza socialista. Dichas élites se rodearon de un amplio y cómodo colchón amortiguador de “ciudadanos” conformistas con el orden liberal establecido, beneficiarios de cierta capacidad adquisitiva o de consumo, acostumbrados a depender cada vez en mayor medida y para más cosas de la institución estatal y, en el mejor de los casos, partidarios sólo de cambios políticos y sociales de carácter superficial.
 

Este análisis se complementa con razones económicas, de tanta, y quizá incluso de mayor relevancia que las anteriores, que tienen que ver con la teoría del economista John Keynes: la redistribución de servicios y subsidios entre la población de nuestros países occidentales también pretendió en su día la implantación de fuertes mercados internos que sirvieran de motor al desarrollismo económico capitalista.
 

 
En el caso español es revelador que, a pesar de la existencia de numerosos hitos de legislación y política laboral y social que se veían dando desde principios del siglo XIX, de la mano, justamente, del desarrollo del aparato estatal liberal, la implantación de una parte fundamental del estado de bienestar tal como ha llegado a nuestros días (Seguridad Social entendida como asistencia sanitaria gratuita universal, sistema estatal de pensiones y coberturas de desempleo cercanas al salario bruto) se la debemos principalmente a la dictadura franquista, y en concreto a leyes como la de Desempleo (1961) o la de Bases de la Seguridad Social (1963), promulgadas en tiempos de escasa o nula conflictividad obrera pero de fuerte impulso estatal al desarrollismo industrial. En esta implantación profundizaron posteriormente diferentes gobiernos de la dictadura, y se completó hacia 1978.

 
Éste es el marco que se defiende hoy desde estos partidos, organizaciones y sindicatos citados.
 

 
Frente a la defensa de un modelo económico totalmente incluido en el capitalismo y diseñado y promovido por las élites liberal-burguesas que vienen acaparando el poder político, desde Tortuga apostamos por una revolución integral superadora del capitalismo y del sistema no libre de gobierno que le es inseparable acompañante. Desarrollaremos en este escrito las características principales de nuestro concepto de “revolución” así como del tipo de sociedad y relaciones humanas a las que aspiramos. Pero antes nos detendremos en una crítica más pormenorizada acerca del estado de bienestar y en un sucinto análisis del momento de crisis que actualmente parece atravesar este modelo.
 

 
 
El estado de bienestar es contrarrevolucionario

 
En realidad, éste viene a ser un modo de soborno o de compra material de lo que llaman la “paz social”, esto es, la ausencia de conflictos. De esta forma se logra que amplias capas de población de las sociedades en las que el estado de bienestar se da acaben viviendo con actitudes conformistas y con nulos deseos de cambio social. El miedo a perder lo que se tiene impide, o vuelve muy complicado, analizar en profundidad las causas y consecuencias del orden político y social y evita que se tengan oídos receptivos hacia quien lo cuestiona. Aborta, en definitiva, la posibilidad de que la sociedad tome conciencia de las contradicciones en las que vive y se organice con voluntad y determinación de obtener cambios sustanciales, es decir, revolucionarios.

 
 
El estado de bienestar es injusto

 
Porque no es ni puede ser universalizable. Se da, como decimos arriba, en virtud de una cierta redistribución de riqueza acumulada en una porción minoritaria del planeta denominada “primer mundo”. Una importante porción de esta riqueza no se genera en nuestros países sino que es expoliada del resto del mundo, o sea, de los países llamados (a causa de ello) empobrecidos, y depositada aquí. Tal cosa se consigue empleando multitud de fórmulas: colonialismo-imperialismo económico, multinacionales, deuda externa, reglas comerciales impuestas por el primer mundo, instituciones como el FMI, la OMC, etc. Llegado el caso, la maquinaria militar primermundista se convierte también en herramienta del robo de riqueza de esos países del tercer mundo, como podemos comprobar en los casos de Iraq, Libia o la República Democrática del Congo, por citar algunos de los más paradigmáticos en ese sentido.

 
Las grandes corporaciones expoliadoras emplean buena parte del capital que obtienen con dichas operaciones de colonialismo económico en realizar inversiones en los países del primer mundo donde están radicadas, dinamizando su economía y generando empleo. La tributación directa al estado de las grandes corporaciones, e indirecta a través de la economía subsidiaria que generan, es la que permite a éste recaudar el dinero “suplementario” con el que ofrecer a la ciudadanía los bienes y servicios que definen el estado del bienestar y de los que por supuesto no pueden gozar los habitantes de los estados expoliados, los cuales además sufren grandes daños en su propia economía doméstica. Un ejemplo menor pero muy clarificador podría ser la pesca del atún en las costas del Cuerno de África. Como puede apreciarse, el estado de bienestar es un producto resultante de las peores dinámicas del sistema económico capitalista, y su existencia guarda relación directa con la pobreza extrema de una parte mayoritaria de la humanidad.
 

 
El estado de bienestar es antidemocrático

 
De forma harto paradójica, la palabra “democracia” ha llegado a ser la más comúnmente utilizada para definir sistemas políticos que en realidad son de dominación. Nos cuesta hallar en la historia de los estados un orden de gobierno que en los hechos se haya correspondido con lo que intenta significar el vocablo. Es por ello por lo que tenemos ciertas reservas a la hora de emplearlo. A nuestro juicio solo cabe hablar de “democracia” cuando cada persona puede participar libre y directamente en la decisión de aquellas cuestiones que le afectan. En consecuencia solo será “democrática” una sociedad que garantice tal principio a pequeñas y grandes escalas y ninguna otra.
 

El estado de bienestar es la concreción más pura y acabada del estado-nación liberal y burgués diseñado en el siglo XIX. Su existencia es el formidable logro de una situación en la que una pequeña élite acapara todo el poder de gobernar y dispone de la mayor parte de riqueza y medios para producirla, mientras que la mayoría desposeída completamente de poder y de la parte principal de la riqueza vive conformándose con su situación, satisfecha con los servicios materiales que recibe del estado y convencida de que pertenece a una sociedad libre y democrática.

 
Aunque el sistema de elecciones cada cierto número de años trata de dar carta de naturaleza a una pretendida “soberanía del pueblo”, la realidad es que la alianza entre una pequeña oligarquía de políticos profesionales, la alta burocracia del estado, los poderes económicos y los medios de comunicación mantiene bien controlado el acceso a los centros de poder en todos los países donde se da el estado de bienestar. Los votantes en todos estos estados, entre los que se encuentra el nuestro, están irremisiblemente abocados a optar solo entre opciones políticas continuistas. En cualquier caso, incluso aunque se diesen fórmulas electorales más abiertas, el resultado práctico seguiría a años luz de la democracia, ya que ésta, como decimos, supone la participación decisoria de las personas en aquellas cuestiones que les afectan. Nada de eso sucede en las sociedades del estado de bienestar, en las cuales las personas, denominadas “ciudadanos”, no tienen ninguna forma de decidir tales cosas y sólo reciben el dudoso derecho de votar cada cierto número de años para elegir a los miembros de la élite burocrática que han de regir irremisiblemente su vida y destino durante la siguiente temporada.
 

 
En el supuesto, cada día más inverosímil, de que fallase alguno de estos mecanismos de control, el aparato estatal-capitalista tiene otra carta guardada en la manga: la policía, el ejército y la cárcel. Estos órganos del aparato estatal son la definitiva negación de la democracia y el anuncio de viva voz de que nadie puede evitar obedecer las decisiones de las élites gobernantes ni muchísimo menos cuestionarlas en su esencia.
 

Es paradigmático el papel que juega la institución militar, que, como decíamos antes, es un elemento de primer orden como garante armado del expolio comercial del Norte sobre el Sur. Pero de puertas adentro, y en compañía de su institución vicaria, la policía, desempeña una función igualmente trascendente como última y determinante barrera defensiva de los intereses de la minoría en el poder. Desgraciadamente en el estado español disponemos de abundante experiencia al respecto en los últimos 200 años. Desde los habituales pronunciamientos militares decimonónicos hasta las facultades que la misma Constitución vigente concede al ejército (pone los pelos de punta leer todo lo referido a estados de excepción, de alarma, a situaciones bélicas y más cosas) pasando por una ominosa y no tan lejana dictadura militar de casi 40 años.
 

 
El estado de bienestar es antiecológico

 
Estado de bienestar y sociedad de consumo vienen a ser sinónimos. El alto desarrollo industrial y tecnológico, así como los mecanismos capitalistas de expolio y concentración de la riqueza, han puesto en manos de amplias capas poblacionales de los países ricos una capacidad inédita de adquirir y consumir alimentos, productos manufacturados y servicios (por citar un ejemplo, los viajes en avión). Palabras como “crecimiento”, “desarrollo” y su eufemismo progre “desarrollo sostenible” o “de calidad” han sido y son mágicas consignas que han despertado maravillas en los oídos aburguesados de tanta gente. No pensamos que sea necesario extendernos para alertar de los efectos de tanto “desarrollo” y tanta capacidad de consumir y sus consecuencias a niveles medioambientales y de salud pública. Pocos dudan de la imposibilidad material de exportar a más lugares del planeta el modelo despilfarrador e irresponsable en lo material que caracteriza a todos los estados de bienestar (lo cual lo hace doblemente injusto), puesto que el colapso medioambiental sería casi inmediato. Pero es que ni siquiera es preciso llegar a formular dicha hipótesis. Incluso circunscribiéndonos a los lugares del mundo en los que se da ahora, la consecuencia del consumismo practicado en el estado de bienestar estaría ya causando daños irreversibles al planeta (destrucción de la atmósfera, de la biodiversidad…). Daños que, de no corregirse a corto plazo, amenazan con ser devastadores.
 

 
 
El estado de bienestar es antihumano

 
Otro sinónimo de estado de bienestar podría ser “sociedad del espectáculo”. Nosotros iríamos más allá y emplearíamos el término “sociedad del adoctrinamiento”. La apuesta decididamente material y furibundamente antiespiritual y antimoral de este modelo de sociedad, unida a los mecanismos adoctrinadores que posee la institución que está en su centro —el estado— también están generando un tipo de persona en permanente regresión.
 

Sistema educativo, cultura de masas, medios de información y comunicación… todo ello navega en una misma dirección —desde el poder hacia los individuos de la sociedad— generando una forma de concebir la realidad que ha sido definida como “pensamiento único”.

 
La apuesta del citado pensamiento único por el materialismo y el utilitarismo en todas sus expresiones, así como por una manera relativista y no ética de vivir en sociedad están logrando poco a poco la desaparición de formas relacionales populares tradicionales, de realidades de apoyo mutuo a diferentes niveles y de imbricación de unas personas con otras. Los valores cooperativos y solidarios que existieron tradicionalmente en numerosas colectividades van siendo sustituidos por actitudes egoístas e individualistas de darwinismo social, las espiritualidades se permutan por comportamientos hedonista-vacacionales, y la moral de las sociedades y la ética de las personas van siendo usurpadas en todos los casos por “lo que digan las leyes” y los tribunales del estado. A esto último le han puesto el nombre de “estado de derecho”.

 
Cualquier revolución, cualquier sociedad que valga la pena requerirá personas capaces de vivirla, seres humanos que realmente deseen la justicia, amen la libertad y estén dispuestos a luchar y sacrificarse para su consecución. El estado de bienestar, podemos afirmarlo, no contribuye a que exista ese tipo de personas. Más bien a todo lo contrario.
 
 

 
 
¿Por qué ahora el estado de bienestar está en crisis?

 
En nuestra opinión, por varias causas.

 
En primer lugar, las élites que controlan el poder político y económico en el primer mundo, a partir de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe del bloque leninista, han ido paulatinamente perdiendo interés por un modelo que ya no les es tan imprescindible como antes. Una vez conjurada la “amenaza comunista” y lograda la garantía de que la población del primer mundo ha perdido cualquier tipo de deseo revolucionario, no necesitan invertir-repartir tanta riqueza en sobornar a la sociedad primermundista para apagar la llama insurreccional. Una vez los mecanismos adoctrinadores han dado su fruto y la inmensa mayoría de la población no cuestiona la ficción democrática del parlamentarismo, es posible aumentar la cuenta de beneficios —deseo permanente del gran capital por su propia naturaleza— a costa de algunas prestaciones estatales. Ese es el camino que se ha recorrido desde los años 90 hasta aquí, si bien en los últimos años se ha acelerado por causa de la crisis económica.

 
Una crisis que constituye un factor añadido. La burguesía —entonces clase social—, desde el siglo XIX organizada en torno a la institución del estado-nación liberal, es quien ha estado hasta hoy al mando de política y economía, tratando de mantenerse erguida a lomos de una bestia más bien poco controlable: el sistema económico capitalista. Dicho sistema, como es sabido, tiene sus ciclos largos y cortos, sus crisis financieras y sistémicas, sus recesiones e incluso una serie de contradicciones en las que podría estar escrito su derrumbe final. Hasta ahora la burguesía, luego convertida en oligarquía dominante, ha sabido cabalgar la bestia adaptándose a todos sus movimientos. Según han ido sucediendo unas y otras crisis, estas personas, desde la institución estatal, auténtica torre de control también de la economía, han ido tomando las decisiones convenientes para mutar y adaptarse a la nueva situación. Así, el sistema económico, según momentos y zonas, ha sido librecambista, proteccionista, keynesiano o ultraliberal (entre otras formas). El modelo económico ligado al estado de bienestar, el keynesianismo, ha venido siendo útil en momentos de fuerte desarrollismo. Los gurús de la economía han decidido que no es el más conveniente para capear momentos de crisis, y en consecuencia los gobiernos de los estados proceden hoy a recoger algunas de esas velas.

 
La crisis, que es productiva tanto como financiera, ha descuadrado el balance contable de los estados occidentales, los cuales se ven obligados a adoptar medidas de ahorro en su propia administración, así como ajustes diversos en las economías “nacionales” por una cuestión de “competitividad” ante otras economías emergentes. A ambos tipos de medidas responden los llamados “recortes sociales” que tanto rechazo generan en la población. Como la otra de las causas del “estado de bienestar” es la generación de mercados internos de consumidores, cabe interpretar que las autoridades de los estados occidentales tratarán de practicar los mínimos recortes que juzguen suficientes y cuya cuantía va a depender de la dimensión y duración de la crisis. Al menos en teoría. Como la citada crisis económica no solo afecta a los estados, sino también a las empresas privadas estamos asistiendo en numerosos países occidentales —en el estado español, por ahora, en pequeña medida— al “rescate” o adquisición por parte de los estados de empresas en crisis, bancos principalmente. Este trasvase de propiedad y de recursos económicos entre grandes empresas y estados (se privatiza, se nacionaliza, se vuelve a privatizar, se emite deuda, se “rescata” al banco que compró la deuda… moviendo fondos existentes e inexistentes de aquí para allá, pero siempre en manos de las minorías dominantes) es una patente demostración de que la institución estatal y el sistema económico capitalista son la misma realidad. Ni siquiera esos “mercados” a los que se invoca como una oscura mano que actúa contra los intereses de los estados, ergo contra los intereses de los ciudadanos, son otra cosa que una suma de entidades financieras y terceros estados “compradores” de deuda, es decir, prestamistas.
 

 
Resulta curioso que los agentes de “la izquierda”, que claman contra lo que juzgan “desmantelamiento del estado de bienestar”, apenas incluyan en sus peticiones conservadoras análisis económicos que avalen la viablidad de sus propuestas dentro del propio sistema liberal-capitalista, que es donde al parecer desean permanecer.
 
 
 

 
¿Cuál es la propuesta entonces?

 
Por si alguien venía entendiendo algo en esa línea, no estamos proponiendo pasar del bienestar al “malestar”. No se trata de derribar todo lo existente para volver a crear partiendo de cero. Por mucho que comprendamos al estado como una institución en manos de las élites y no del pueblo, no tendría sentido alguno renunciar “de golpe y porrazo” a todo lo que dicha institución hoy administra. Por ejemplo, mientras tomamos y no conciencia como sociedad y nos vamos autoorganizando en lo político y en lo económico, necesitamos un sistema de sanidad, entre otras cosas. Pero ello no quiere decir que no debamos a aspirar a dar los pasos necesarios para que el actual sistema sanitario esté, en un futuro, organizado y administrado democráticamente por las personas que son sus trabajadoras y usuarias, y no por dirigentes políticos y empresariales, como sucede hoy.

 
“La solución es la revolución” es un viejo eslogan recurrente en tiempos de crisis. Y es bien cierto. Pero una revolución que se ha de hacer paso a paso y con los pies en el suelo.

 
En primer lugar hay que despertar y tomar conciencia del engaño en que vivimos para no seguir defendiendo y apostando por aquello que nos destruye como sociedad y como personas, y que además es catastrófico para el medio ambiente… A continuación tendremos que comprometernos y empezar a generar alternativas auténticas a aquello que criticamos.

 
Frente a la dimensión contrarrevolucionaria del estado de bienestar habremos de crear grupos organizados y coordinados, movimientos sociales y espacios en los que reflexionar juntos en un primer momento para después salir al encuentro de la sociedad y de las instituciones, denunciando y enfrentándonos a los aspectos más inmorales y las consecuencias más nocivas del sistema, sin caer en el llamado reformismo burgués y, por ello, apuntando en cada acto a la superación de dicho sistema en toda su extensión.
 

Ante su dimensión de injusticia social y de grave atentado contra el medio ambiente, habremos de aprender a renunciar a aquellos elementos materiales de nuestra forma de vida que son superfluos, prescindibles, antiecológicos y comparativamente injustos, aprendiendo a vivir con menos y a ser más felices así. Desde ahí nos apoyaremos mutuamente e interpelaremos a la sociedad invitándola a seguir nuestro ejemplo. Ante perversos sofismas como el “desarrollo sostenible”, reivindicaremos el decrecimiento y la autogestión, abriendo caminos para experimentar fórmulas concretas de alternativa y superación del sistema económico capitalista.

 
Con respecto al déficit total de democracia, nos esforzaremos primero en denunciar tal situación con el fin de que sea conocida por el mayor número de personas. Evidentemente, dejaremos de participar y colaborar con cualquiera de los mecanismos que perpetúan la opresión (instrumentos coercitivos del estado) o sustentan la ficción democrática (elecciones). En su lugar desarrollaremos espacios asamblearios de participación horizontal y directa donde aprender primero a funcionar colectivamente con fórmulas realmente participativas, corresponsables y democráticas, para después extender estos espacios reclamando, disputando y arrebatando al sistema la potestad de decidir sobre las cosas que nos afectan. Asimismo, nos esforzaremos en crear alternativas tangibles y crecientes a todos los sistemas de adoctrinamiento vigentes: educativas, culturales y mediáticas.

 
Por último nos enfrentaremos a la destrucción que se está llevando a cabo actualmente de muchas de las características que a los seres humanos nos hacen ser tales, esforzándonos en recrear relaciones interpersonales y grupales verdaderas, de apoyo mutuo en lo económico, lo político y lo personal, tejiendo redes y alianzas de intereses e identidades comunes, generando sistemas amplios de participación en la gestión de la sociedad... Trabajaremos y tendremos en cuenta en nuestros grupos y movimientos sociales nuestras dimensiones humanas y psicoafectivas, las relaciones entre sexos, las necesidades de tipo cultural, espiritual, artístico… Reivindicaremos y tendremos muy presente la necesidad de una ética individual afirmada en valores positivos y de una moralidad social que ayude a mantener y desarrollar aquellos elementos comunes que se juzgan beneficiosos y necesarios, que además garantice la libertad de cada individuo en lo que se refiere a conciencia y opciones.


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No ens sembla bé la defensa de l’“estat del benestar”

 
Estat del benestar, o revolució?

 
 
Alguns partits polítics, organitzacions i sindicats de l’estat espanyol que diuen ser “d’esquerres” combinen en aquests temps veus i esforços per tal de defensar allò que anomenen “estat del benestar”. Això ho fan enmig de l’aplaudiment de gran part de la societat, la qual s’entén beneficiària de l’esmentat estat del benestar i per això partidària de la seua pervivència.

 
A Tortuga tenim una altra perspectiva.

 
Associem “estat del benestar” a d’altres termes molt menys favorables: “societat de consum”, “primer món”, “Europa rica”… Després de la comprovació històrica pertinent, concloem que en general aquesta forma política i social tal com la coneixem hui en dia no és tant la conquista de les lluites del moviment obrer com s’afirma de forma exagerada, sinó que obeïx molt més les necessitats i interessos de les institucions estatals liberals i capitalistes, interessos que s’aguditzen sobretot a partir de la Segona Guerra Mundial. Aquestes elits, en plena mundialització de l’economia i de la guerra freda contra el comunisme, van optar per generar en determinades zones del planeta una redistribució moderada de la riquesa que s’acumulava allà, part de la qual es va repartir entre amples capes socials en forma de serveis i subsidis, sempre administrats i dosificats pels aparells estatals. Aquest tipus de polítiques contaven ja amb petits antecedents des de principis del segle XIX, però va ser en aquest moment, coincidint amb l’aparició del terme “estat del benestar”, que es va apostar amb força per elles.
 

 
Amb aquestes polítiques les classes dominants a nivell mundial van obtindre, durant tota la segona meitat del segle XX i gairebé fins als nostres dies, la desactivació de les lluites obreristes revolucionàries al primer món, conjurant així l’amenaça socialista. Aquestes elits es van envoltar d’un ample i còmode matalaf amortidor de “ciutadans” conformistes amb l’ordre liberal establert, beneficiaris d’alguna capacitat adquisitiva o de consum, acostumats a dependre cada vegada més i per a més coses de la institució estatal i, al millor dels casos, partidaris només de canvis polítics i socials de caràcter superficial.

 
Aquesta anàlisi es complementa amb raons econòmiques, de tanta i potser fins i tot de major rellevància que les anteriors, que tenen a vore amb la teoria de l’economista John Keynes: la redistribució de serveis i subsidis entre la població dels nostres països occidentals també pretenia al seu moment la implantació de mercats interns forts que serviren de motor al desenvolupisme econòmic capitalista.
 

 
Al cas espanyol és revelador que, malgrat l’existència de nombrosos avanços en la legislació i la política als àmbits laboral i social que es venien donant des de principis del segle XIX, de la mà, justament, del desenvolupament de l’aparell estatal liberal, la implantació d’una part fonamental de l’estat del benestar tal com ha arribat als nostres dies (Seguretat Social entesa como assistència sanitària gratuïta universal, sistema estatal de pensions i cobertures d’atur properes al salari brut) li la devem principalment a la dictadura franquista, i en concret a lleis com ara la d’Atur (1961) o la de Bases de la Seguretat Social (1963), promulgades en temps d’escassa o nul·la conflictivitat obrera però de fort suport estatal al desenvolupisme industrial. En aquesta implantació van aprofundir posteriorment diferents governs de la dictadura, i es va completar vora el 1978.

 
Aquest és el marc que es defensa avui des d’aquestos partits, organitzacions i sindicats esmentat.

 
 
Front a la defensa d’un model econòmic totalment inclòs al capitalisme i dissenyat i promogut per les elits liberals-burgeses que venen acaparant el poder polític, des de Tortuga apostem per una revolució integral superadora del capitalisme i del sistema no lliure de govern que li és inseparable acompanyant. Desenvoluparem en aquest escrit les característiques principals del nostre concepte de “revolució”, així com del tipus de societat i relacions humanes a què aspirem. Però abans ens detindrem en una crítica més detallada sobre l’estat del benestar i en una anàlisi minuciosa del moment de crisi que actualment pareix viure aquest model.
 

 
 
L’estat del benestar és contrarevolucionari

 
En realitat, esdevé una espècie de suborn o de compra material d’allò que anomenen la “pau social”, es a dir, l’absència de conflictes. D’aquesta manera s’aconseguix que amples capes de població de les societats a les quals es dóna l’estat del benestar acaben vivint amb actituds conformistes i amb cap desig de canvi social. La por a perdre allò que es té impedix, o torna molt complicat, analitzar en profunditat les causes i conseqüències de l’ordre polític i social i evita que es tinga una actitud receptiva cap a qui el qüestiona. Neutralitza, en definitiva, la possibilitat que la societat prenga consciència de les contradiccions en què viu i s’organitze amb voluntat i determinació d’obtindre canvis substancials, és a dir, revolucionaris.

 
 
L’estat del benestar és injust

 
Perquè no és ni pot ser universalitzable. Es dóna, com diem més amunt, en virtut d’una redistribució de riquesa acumulada en una porció minoritària del planeta denominada “primer món”. Una important porció d’aquesta riquesa no es genera als nostres països, sinó que és espoliada de la resta del món, o siga, dels països anomenats (a causa d’això) empobrits, i dipositada ací. Tal cosa s’aconseguix mitjançant una gran varietat de fórmules: colonialisme-imperialisme econòmic, multinacionals, deute extern, regles comercials imposades pel primer món, institucions com ara l’FMI, l’OMC... Si arriba el cas, la maquinària militar primermundista es convertix també en eina per robar riquesa a aquestos països del tercer món, com podem comprovar als casos de l’Iraq, Líbia o la República Democràtica del Congo, per mencionar alguns dels més paradigmàtics en aquest sentit.
 

Les grans corporacions espoliadores utilitzen bona part del capital que obtenen amb aquestes operacions de colonialisme econòmic per a realitzar inversions als països del primer món on són presents, dinamitzant la seua economia i generant ocupació. La tributació directa a l’estat de les grans corporacions, i indirecta a través de l’economia subsidiària que generen, és la que permet a aquest recaptar els diners “suplementaris” amb què oferir a la ciutadania els béns y serveis que definixen l’estat del benestar y dels quals, per descomptat, no poden gaudir els habitants dels estats espoliats, que a més patixen greus danys a la seua pròpia economia domèstica. Un exemple menor però molt aclaridor podria ser la pesca de la tonyina a les costes de la Banya d’Àfrica. Com es pot apreciar, l’estat del benestar és un producte resultant de les pitjors dinàmiques del sistema econòmic capitalista, i la seua existència guarda relació directa amb la pobresa extrema d’una part majoritària de la humanitat.
 

 
L’estat del benestar és antidemocràtic

 
De forma ben paradoxal, la paraula “democràcia” ha arribat a ser la més comunament utilitzada per a definir sistemes polítics que en realitat són de dominació. Ens costa trobar a la història dels estats un ordre de govern que als fets s’haja correspost amb allò que intenta significar el vocable. És per això que tenim algunes reserves a l’hora d’utilitzar-lo. Segons la nostra opinió, només cap parlar de “democràcia” quan cada persona pot participar lliure i directament en la decisió d’aquelles qüestions que li afecten. En conseqüència, només serà “democràtica” una societat que garantisca tal principi a petita i gran escala, i no cap altra.

 
L’estat del benestar és la concreció més pura i acabada de l’estat-nació liberal i burgès dissenyat al segle XIX. La seua existència és l’èxit formidable d’una petita elit que acapara tot el poder de governar i disposa de la major part de la riquesa i dels mitjans per a produir-la, mentre que la majoria desposseïda completament de poder i de la part principal de la riquesa viu conformant-se amb la seua situació, satisfeta amb els serveis materials que rep de l’estat i convençuda que pertany a una societat lliure i democràtica.

 
Encara que el sistema d’eleccions cada cert nombre d’anys tracta de donar legitimitat a una pretesa “sobirania del poble”, la realitat és que l’aliança entre una petita oligarquia de polítics professionals, l’alta burocràcia de l’estat, els poders econòmics i els mitjans de comunicació mantenen ben controlat l’accés als centres de poder a tots els països on es dóna l’estat del benestar. Els votants a tots aquestos estats, entre els quals es troba el nostre, estan irremissiblement condemnats a optar només entre opcions polítiques continuistes. En qualsevol cas, fins i tot si es donaren fórmules electorals més obertes, el resultat pràctic seguiria a anys llum de la democràcia, ja que aquesta, com hem dit, suposa la participació decisòria de les persones en aquelles qüestions que els afecten. Res d’això ocorre a les societats de l’estat del benestar, on les persones, anomenades “ciutadans”, no tenen cap forma de decidir sobre aquestes coses, i només reben el dubtós dret de votar cada cert nombre d’anys per tal d’elegir els membres de l’elit burocràtica que han de regir irremissiblement la seua vida i destí durant la temporada següent.
 
 

Si es donara el cas hipotètic, cada dia més inversemblant, que fallara algun d’aquestos mecanismes de control, l’aparell estatal-capitalista té una altra carta amagada a la mànega: la policia, l’exèrcit i la presó. Aquestos òrgans de l’aparell estatal són la definitiva negació de la democràcia i l’anunci ben clar que ningú no pot evitar obeir les decisions de les elits governants ni encara molt menys qüestionar-les en la seua essència.

 
És paradigmàtic el paper que juga la institució militar, la qual, com déiem abans, és un element de primer ordre com a garant armat de l’espoli comercial del nord sobre el sud. Però de portes endins, i en companyia de la seua institució vicària, la policia, du a terme una funció igualment transcendent com a última i determinant barrera defensiva dels interessos de la minoria que ostenta el poder. Desgraciadament, a l’estat espanyol disposem d’abundant experiència al respecte en els últims 200 anys. Des dels habituals pronunciaments militars al segle XIX fins les facultats que la mateixa Constitució vigent concedix a l’exèrcit (fa posar els pèls de punta llegir tot allò que es referix a estats d’excepció, d’alarma, a situacions bèl·liques i més coses), passant per una ominosa i no tan llunyana dictadura militar de vora 40 anys.
 
 

L’estat del benestar és antiecològic

 
Estat del benestar i societat de consum són gairebé sinònims. L’alt desenvolupament industrial i tecnològic, a més dels mecanismes capitalistes d’espoli i concentració de la riquesa, han posat en mans d’amples capes poblacionals dels països rics una capacitat inèdita d’adquirir i consumir aliments, productes manufacturats i serveis (per donar un exemple, els viatges en avió). Paraules com ara “creixement”, “desenvolupament” i el seu eufemisme progre, “desenvolupament sostenible” o “de qualitat” han sigut i són màgiques consignes que han despertat meravelles a les orelles aburgesades de tanta gent. No pensem que calga que ens estenguem per a alertar dels efectes de tant “desenvolupament” i tanta capacitat de consumir i les seues conseqüències a nivells mediambientals i de salut pública. Pocs dubten de la impossibilitat material d’exportar a més llocs del planeta el model balafiador i irresponsable en l’aspecte material que caracteritza a tots els estats del benestar (la qual cosa el fa doblement injust), ja que el col·lapse mediambiental seria quasi immediat. Però és que ni tan sols és necessari arribar a formular aquesta hipòtesi. Fins i tot si ens circumscrivim als llocs del món on es dóna ara, la conseqüència del consumisme practicat al marc de l’estar del benestar estaria ja causant danys irreversibles al planeta (destrucció de l’atmosfera, de la biodiversitat…). Danys que, de no corregir-se a curt termini, amenacen amb ser devastadors.
 
 

 
L’estat del benestar és antihumà

 
Un altre sinònim d’estat del benestar podria ser “societat de l’espectacle”. Nosaltres aniríem més enllà i utilitzaríem el terme “societat de l’adoctrinament”. L’aposta decididament material i furibundament antiespiritual i antimoral d’aquest model de societat, unida als mecanismes adoctrinadors que posseïx la institució que està al seu centre —l’estat— també estan generant un tipus de persona en permanent regressió.

 
Sistema educatiu, cultura de masses, mitjans d’informació i comunicació... Tot allò navega en una mateixa direcció —des del poder cap als individus de la societat— generant una forma de concebre la realitat que ha sigut definida com “pensament únic”.

 
L’aposta d’aquest pensament únic pel materialisme i l’utilitarisme en totes les seues expressions, així com per una manera relativista i no ètica de viure en societat estan aconseguint a poc a poc la desaparició de formes relacionals populars tradicionals, de realitats de suport mutu a diferents nivells i d’imbricació d’unes persones amb altres. Els valors cooperatius i solidaris que existiren tradicionalment a nombroses col·lectivitats es van substituint per actituds egoistes i individualistes de darwinisme social, les espiritualitats es permuten per comportaments hedonistes-vacacionals, i la moral de les societats i la ètica de les persones es van usurpant en tots els casos en favor d’“allò que diguen les lleis” i dels tribunals de l’estat. A això últim li han posat el nom d’“Estat de dret”.

 
Qualsevol revolució, qualsevol societat que valga la pena requerirà persones capaces de viure-la, éssers humans que realment desitgen la justícia, amen la llibertat i estiguen disposats a lluitar i sacrificar-se per aconseguir-les. L’estat del benestar, podem afirmar-ho, no contribuïx a que existisquen aquest tipus de persones. Més aviat a tot el contrari.
 
 
 

 
Per què ara l’estat del benestar està en crisi?

 
Segons la nostra opinió, per diferents causes.

 
En primer lloc, les elits que controlaven el poder polític i econòmic al primer món, a partir de la caiguda del mur de Berlín i de l’enderroc del bloc leninista, han anat paulatinament perdent interés per un model que ja no els és tan imprescindible com abans. Un cop conjurada l’“amenaça comunista” i obtinguda la garantia que la població del primer món ha perdut qualsevol tipus de desig revolucionari, no necessiten invertir-repartir tanta riquesa a subornar la societat primermundista per a apagar la flama insurreccional. Un cop els mecanismes adoctrinadors han donat el seu frut i la immensa majoria de la població no qüestiona la ficció democràtica del parlamentarisme, és possible augmentar el compte de beneficis —desig permanent del gran capital per la seua pròpia natura— a costa d’algunes prestacions estatals. Aquest és el camí que s’ha recorregut des dels anys 90 fins ara, si bé als últims anys s’ha accelerat per causa de la crisi econòmica.
 

Una crisi que constituiria un factor afegit. La burgesia —llavors una classe social—, des del segle XIX organitzada entorn a la institució de l’estat-nació liberal, és qui ha estat fins avui comandant la política i l’economia, tractant de mantindre’s dreta a lloms d’una bèstia no gaire controlable: el sistema econòmic capitalista. Aquest sistema, com és sabut, té els seus cicles llargs i curts, les seues crisis financeres i sistèmiques, les seues recessions i fins i tot una sèrie de contradiccions en les quals podria estar escrit el seu enderroc final. Fins ara la burgesia, després convertida en oligarquia dominant, ha sabut cavalcar la bèstia adaptant-se a tots els seus moviments. Segons han anat succeint unes i altres crisis, aquestes persones, des de la institució estatal, autèntica torre de control també de l’economia, han anat prenent les decisions convenients per a mutar i adaptar-se a la nova situació. Així, el sistema econòmic, segons el moment i la zona, ha sigut lliurecamvista, proteccionista, keynesià o ultraliberal (entre d’altres coses). El model econòmic lligat a l’estat del benestar, el keynesianisme, ha sigut fins ara útil en moments de fort desarrollisme. Els gurus de l’economia han decidit que no és el més convenient per a capejar moments de crisi, i en conseqüència els governs dels estats procedixen hui a plegar algunes d’aquestes veles.
 

La crisi, que és productiva tant com és financera, ha desquadrat el balanç contable dels estats occidentals, els quals es veuen obligats a adoptar mesures d’estalvi a la seua pròpia administració, així com ajustos diversos a les economies “nacionals” per una qüestió de “competitivitat” davant altres economies emergents. A tots dos tipus de mesures responen els anomenats “retalls socials” que tant de rebuig generen entre la població. Com que l’altra de les causes de l’“estat del benestar” és la generació de mercats interns de consumidors, cap interpretar que les autoritats dels estats occidentals tractaran de practicar els mínims retalls que jutgen suficients i la quantia dels quals dependrà de la dimensió i duració de la crisi. Almenys en teoria. Com que l’esmentada crisi econòmica no només afecta els estats sinó també les empreses privades, assistim ara en nombrosos països occidentals —a l’estat espanyol, per ara, a petita escala— al “rescat” o adquisició per part dels estats d’empreses en crisi, bancs principalment. Aquest transvasament de propietat i de recursos econòmics entre grans empreses i estats (es privatitza, es nacionalitza, es torna a privatitzar, s’emet deute, es “rescata” el banc que va comprar el deute... movent diners existents i inexistents d’ací cap allà, però sempre en mans de les minories dominants) és una patent demostració que la institució estatal i el sistema econòmic capitalista són la mateixa realitat. Ni tan sols aquests “mercats” a què s’invoca com una malvada i misteriosa mà que actua contra els interessos dels estats, ergo contra els interessos dels ciutadans, són una altra cosa que una suma d’entitats financeres i tercers estats “compradors” de deute, és a dir, prestamistes.
 

 
Resulta curiós que els agents d’“esquerres”, que clamen contra allò que jutgen “desmantellament de l’estat del bienestar” a penes no incloguen en les seues peticions conservadores unes anàlisis econòmiques que avalen la viabilitat de les seues propostes dins del propi sistema liberal-capitalista, que és on sembla que volen romandre.
 

 
 
 
Quina és la proposta, aleshores?

 
Per si algú venia entenent cap cosa en aquesta línia, no proposem passar del benestar al “malestar”. No es tracta d’enderrocar tot allò que existeix per a tornar a crear a partir de zero. Encara que vegem l’estat com una institució en mans de les elits i no del poble, no tindria cap sentit renunciar “de colp i volta” a tot allò que aquesta institució administra avui. Per exemple, mentre prenem consciència com a societat i ens anem autoorganitzant en afers polítics i econòmics, necessitem un sistema de sanitat, entre d’altres coses. Però això no vol dir que no hàgem d’aspirar a donar els passos necessaris per tal que l’actual sistema sanitari estiga, en un futur, organitzat i administrat democràticament per les persones que són les seues treballadores i usuàries, i no per dirigents polítics i empresarials, com ocorre avui.

 
“La solució és la revolució” és un vell eslògan recurrent en temps de crisi. I és ben cert. Però una revolució que s’ha de fer pas a pas i amb els peus a terra.

 
En primer lloc cal despertar i prendre consciència de l’engany en què vivim per tal de no seguir defensant i apostant per allò que ens destruïx com a societat i com a persones, i que a més és catastròfic per al medi ambient. A continuació haurem de comprometre’ns i començar a generar alternatives autèntiques a allò que critiquem.

 
Contra la dimensió contrarevolucionària de l’estat del benestar haurem de crear grups organitzats i coordinats, moviments socials i espais on reflexionar junts en un primer moment per a sortir després a l’encontre de la societat i de les institucions, denunciant i enfrontant-nos als aspectes més immorals i les conseqüències més nocives del sistema, sense caure a l’anomenat reformisme burgès i, per això, perseguint amb cada acte la superació d’aquest sistema en tota la seua extensió.

 
Davant la seua dimensió d’injustícia social i de greu atemptat contra el medi ambient, haurem d’aprendre a renunciar a aquells elements materials de la nostra vida que són superflus, prescindibles, antiecològics i comparativament injustos, aprenent a viure amb menys i a ser més feliços així. A partir d’ací, ens donarem suport mútuament i interpel·larem la societat invitant-la a seguir el nostre exemple. Contra perversos sofismes como ara el “desenvolupament sostenible”, reivindicarem el decreixement i l’autogestió, obrint camins per a experimentar fórmules concretes d’alternativa i superació del sistema econòmic capitalista.

 
Quant al dèficit total de democràcia, ens esforçarem primer a denunciar aquesta situació per tal de que siga coneguda pel major nombre possible de persones. Evidentment, deixarem de participar i col·laborar amb qualsevol dels mecanismes que perpetuen l’opressió (instruments coercitius de l’estat) o sustenten la ficció democràtica (eleccions). Al seu lloc desenvoluparem espais assemblearis de participació horitzontal i directa on aprendre primer a funcionar col·lectivament amb fórmules realment participatives, coresponsables i democràtiques, i després estendrem aquests espais reclamant, disputant i arrabassant al sistema la potestat de decidir sobre les coses que ens afecten. De la mateixa manera, ens esforçarem a crear alternatives tangibles i creixents a tots els sistemes d’adoctrinament vigents: educatius, culturals i mediàtics.

 
Per últim, ens enfrontarem a la destrucció que s’està duent a terme actualment de moltes de les característiques que als éssers humans ens fan ser tals, esforçant-nos a recrear relacions interpersonals i grupals de veritat, de suport mutu en aspectes econòmics, polítics i personals, teixint xarxes i aliances d’interessos i identitats comuns, generant sistemes amples de participació a la gestió de la societat... Treballarem i tindrem en compte als nostres grups i moviments socials les nostres dimensions humanes i psicoafectives, les relacions entre sexes, les necessitats de tipus cultural, espiritual, artístic...
Reivindicarem i tindrem molt present la necessitat d’una ètica individual afirmada en valors positius i d’una moralitat social que ajude a mantindre i desenvolupar aquells elements comuns que es jutgen beneficiosos i necessaris, que a més garantisca la llibertat de cada individu pel que fa a consciència i opcions.



We don´t give a hoot for the welfare state.

Welfare state, or revolution?

Some of the Spanish state’s political parties, organizations and trade-unions claiming to belong to “the left” are pulling their voices and efforts together in order to defend what they refer to as the “welfare state.” They do this in the midst of applause coming from sizable portions of a society that believes itself to be benefited by such a welfare state so that they favor its survival.

Our approach at Tortuga differs.

We link the “welfare state” to other, far less flattering terms: “consumer society”, “first world”, “rich Europe”… After the required historical verification, we came to the conclusion that generally speaking this political and social set-up as we know it today is not so much the result of the worker movement´s struggles and achievements —as so often exaggeratedly ascertained— but that it answers instead, and much more so, to the needs and interests of liberal and capitalist state institutions, interests that increased especially after Second World War. These élites, in the midst of a world-wide growth of the economy and of the cold war against communism, opted for generating, in specific zones throughout the planet, a certain redistribution of the accumulated wealth, part of which was distributed among vast social layers through services and subsidies, the latter always administered and parceled out by the state apparatus. Such policies had already had small antecedents from the beginning of the XIXth C, but it was at this time, coinciding with the coining of the term “welfare state”, that a strong bet was made on them.

With these policies, in the course of the entire second half of the XXth C and almost until today, the dominant classes throughout the world managed to obtain the stand-still of the revolutionary worker´s struggles across the first world, thereby conjuring the socialist menace. These élites surrounded themselves with a big and comfy shock-absorbing mattress made up of “citizens” who conformed to the established liberal order, beneficiaries of a certain capacity to acquire or to consume, and who got used to depending more and more, and for increasingly more things, upon the state institution in such a way that, in the best of cases, they would tend to favor only superficial political and social changes.

This analysis is rounded off with economic reasons of equal and even greater relevance than the previous ones that dealt with the theory of economist John Keynes: the redistribution of services and subsidies among the populations of our western countries also pretended in its own day to forge strong internal markets that would act as a motor for capitalistic, development-oriented, economics.

In the Spanish case, it is revealing that, notwithstanding the existence of numerous legislative hiatuses and of labor and social oriented policies coming into existence ever since the beginning of the XIXth C —hand in hand, precisely, with the development of the liberal state apparatus— the implantation of a fundamental part of the welfare state as it has come down to us in our day (Social Security understood as health services both universal and free, a state pension system and unemployment insurance approaching the gross salary) is something for which we are indebted to the Franco dictatorship and, specifically, to laws such as the Unemployment law (1961) or the one referring to the Social Security Basics (1963), promulgated at a time of scant or inexistent labor conflicts but always in the presence of strong state-supported industrial development efforts. An assortment of dictatorial governments carried on with this implantation that had been completed by 1978.

This is the framework that the cited parties, organizations and labor-unions defend today. Facing the situation of support for an economic model totally within the framework of capitalism and designed and promoted by the liberal-bourgeois élites that have been hoarding political power, at Tortuga we are betting on an integral revolution that will go beyond capitalism and the enslaving system of government which unfailingly accompanies it. In this text we will put forth the main characteristics of our concept of “revolution” as well as the kind of society and human relations we aspire to. But first we will spend time sketching the most detailed critique of the welfare state and providing a succinct analysis of the critical moment that this model appears to be undergoing.

The welfare state is counterrevolutionary

Bluntly put, this state amounts to a kind of bribe or a material buying off of what is referred to as “social peace,” that is, the absence of conflicts. This way, it is possible for vast portions of the population in these societies, in which the welfare state functions, to end up living with conformist attitudes and a total lack of any desire to undergo social change. Fear of losing what one has prevents, or turns into something quite complicated, analyzing the deep causes and consequences of the political and social order and prevents one from lending a receptive ear to those who question it. The possibility of society growing conscious of the contradictions with which its life is permeated and of organizing willfully and determinately in order to obtain substantial changes, that is to say, revolutionary ones, is aborted.

The welfare state is unfair

Because it is not, nor can it become, universal. It occurs, as stated above, by virtue of a certain redistribution of accumulated wealth for a small portion of the planet called the “first world.” An important portion of this wealth is not generated in our countries but is plundered from the rest of the world, that is to say, from those countries referred to (consequently) as poor countries, and deposited here. Such a state of affairs is obtained with the agency of multiple formulas: economic colonialism-imperialism, multinationals, external debt, trade rules imposed by the first world —institutions such as the IMF, the WTO etc…In case of need, the first world’s military machinery also turns into a tool for the theft of the wealth of these third world countries, as we are able to confirm when we consider cases such as Iraq, Libya or the Democratic Republic of the Congo, just to cite the most paradigmatic cases.

The large plundering corporations employ a good portion of the capital they obtain through these operations, involving economic colonialism, in investments in those countries of the first world where they reside, thereby making their economies more dynamic and generating jobs. Direct taxation of the state by the large corporations, and indirectly through the subsidiary economy they generate, is what allows the state to obtain the “supplementary” funds with which to offer their citizenry the goods and services that define the welfare state —of which the citizens of the plundered states have no share, beside the fact that they are already suffering great damage to their own domestic economies. A lesser but very clarifying example could be tuna-fishing around the coast of Africa’s Horn. As one can see, the welfare state is the result of the worst dynamics of the capitalist economic system, and its existence a direct link with the extreme poverty suffered by the bulk of humanity.

The welfare state is anti-democratic

Paradoxically, the word “democracy” has become the most currently used term for defining political systems that in reality are based on domination. We have a hard time finding in the history of these states a way of governing that corresponds in fact to what the word intends to mean. This is the reason why we use the term with caution. To our mind it is possible to speak of “democracy” only when each person has the possibility of participating freely and directly in deciding those issues affecting them. Consequently, one may speak of a society as being “democratic” only to the extent, and to the extent only, that such a principle applies at the smallest as at the largest scale.

The welfare state is the purest and most finished product of the liberal and bourgeois nation-state concocted during the XIXth C. Its existence is a formidable achievement in which a small élite hauls all the ruling power and is able to have at its disposal the major part of the wealth as well as the means for producing it, while the majority of the population, for the most part bereft of all power and of most of the the wealth, hangs on to its situation, satisfied with the material services it receives from the state and convinced of belonging to a free and democratic society.

Even though the voting system attempts to bestow legitimacy every so many years to a supposed “sovereignty of the people,” the reality is that the alliance between a small oligarchy of professional politicians —the upper bureaucracy of the state—, the economic powers and the communication’s media maintain themselves fully in control of any access to the centers of power in each and every country where the welfare state is in full swing. Voters in all of these states, among which our own, are irremissibly bent on choosing only those political options bound to allow things to continue the same way. In any case, even if more open voting formulas were to be implemented, the practical results would remain light years away from democracy since, as stated, democracy presupposes the decisive participation by each person in matters that affect them. Nothing like this happens in welfare state societies in which persons called “citizens” have no way of deciding such matters and receive only the dubious right to vote every certain number of years in order to elect the members of the bureaucratic élite that will irremissibly rule their life and destiny throughout the following season.

In the event, more unimaginable with each passing day, that one of these control mechanisms should fail, the capitalist state apparatus has another card up its sleeve: the police, the army and jail. These agencies of the state apparatus are the most blatant denial of democracy and a high-pitched proclamation that no one can avoid obeying the governing élites’ decisions, much less questioning them in their essence.
The role played by the military institution is paradigmatic. As stated earlier, it is of the first order of importance as guarantor of the commercial plundering of the North over the South. But within, and in the company of its vicarious institutions, the police fulfill an equally all important function as the last, determining, resort in defense of the interests shared by the minority in power . Unfortunately, in the Spanish state we have had plenty of experience in this area over the last 200 years —from the habitual 19th C. military pronunciamientos to the powers that the same Constitution, still in force, grants to the army (and reading everything connected to “states of exception,” to alerts, to war situations and other things, makes your hair stand on end)— right down to an ominous and not so distant military dictatorship of nearly 40 years.

The welfare state is anti-ecological

The welfare state and consumer society are synonymous. The high industrial and technological development, as well as the capitalist mechanisms of plundering and concentration of wealth, have put in the hands of vast layers of the population of the rich countries an unprecedented capacity for the acquisition and consumption of food, of manufactured products and of services (for example, air travel). Words such as “growth”, “development,” and its “progressive” euphemism “sustainable development” or “quality development” have turned into magical catch-words releasing wonders into the ears of so many people tuned to bourgeois ideation. We don´t think it necessary to take too much space to make people aware of the effects that so much “development” and so much consumer capacity has in terms of the environment and of public health. Few people question the material impossibility of exporting to even more places throughout the planet the wasteful and materially-speaking irresponsible model that characterizes all welfare states (which turns it into a model twice as unfair), since the environmental collapse would be almost immediate. But the thing is that it is not even necessary to spell out such a hypothesis. Even just limiting ourselves to those places in the world in which it now is in full swing, the consequences of consumerism in the welfare state would be causing irreversible damage to the planet (destruction of the atmosphere, of biodiversity…). Damages that, unless corrected in the short run, threaten to become devastating.


The welfare state is inhumane

Another synonym for the welfare state could well be “the show biz society.” We would go even further and use the term “indoctrination society” [the “brain-washed” society]. The decidedly materialist and grossly anti-spiritual and anti-moral bet that this social model displays, next to the brainwashing or indoctrinating mechanisms that the institution at its center has –the state—are also generating the kind of person that is in permanent regression.

Educational system, mass culture, information and communication… all of these flow in the same direction –from the center of power to the individual in a society—generating a way of conceiving reality that has been defined as belonging to a “single view” or “correct” mode of thinking.

This bet in favor of a “correct” materialistic and utilitarian approach to life, in all its manifestations, as well as a relativistic, non-ethical way of living in society, have slowly managed to make the traditional, popular forms of relating to one another —of mutual help at different levels and of close interaction among individuals — disappear. The spirit of cooperation and solidarity that were the norm traditionally in numerous collectivities are being substituted by selfish and individualistic attitudes of social Darwinism, spirituality traded off for vocational-hedonistic behavior, and social morality and people’s ethics usurped in all cases by “whatever the law says” and by the state’s tribunals. This is what has been referred to as “the rule of law.”

Any revolution, any society worth its salt, will require persons able to live it through, human beings who truly wish for justice, for freedom and who are ready to struggle and make sacrifices in order to obtain their fulfillment. The welfare state, we can declare, does not contribute towards such persons coming into being Rather, it works towards exactly the opposite.

Why is it that the welfare state has now come into a crisis?

In our opinion, there are several reasons why.

In the first place, the élites controlling political and economic power in the first world, from the time of the fall of the Berlin Wall and the crumbling of the Leninist block, have gradually been losing interest in a model that is no longer as useful as it used to be. Once the “communist menace” had been conjured and a certain assurance obtained concerning the lack of interest on the part of the first world’s population for a revolution, no need remains to spread out so much wealth in order to make sure first-world society will conform, to quench the fires of revolt. Once the brainwashing mechanisms have yielded its fruits and the immense majority of the population no longer doubts the fiction of democratic parliamentary government, it is then possible to raise their own benefits –by its very nature, big capital’s constant ambition—at the expense of a few of those benefits people have been obtaining from the state. This is the road travelled since the 90’s, even though in the last few years things have speeded up due to the economic crisis.

A crisis that comes into the picture as an additional element. The bourgeoisie – a social class at the time—, from the XIX C on, organizing itself around the institution of the liberal nation-state, has been until now in charge of politics and economics, trying to keep itself upright on the back of a rather uncontrollable beast: the capitalist economic system. Such a system, as is well know, has its long and shorter cycles, its financial and systemic crises, its recessions and even a series of contradictions in which its final downfall may well be spelled out.
So far the bourgeoisie, later turned into the dominant oligarchy, has managed to ride the beast while adapting to all its pulls and turns. These individuals, as the various crises have followed one another, have gone on to make convenient decision so as to mutate and adapt to the new situation. Thus, the economic system, pending specific moments and zones, has been in favor of free ex-change, protectionistic, Keynesian or ultra-liberal (among other forms). The economic model linked to the welfare state, Keynesian economics, has been useful during times of strong development or growth. The economic gurus have decided that it is not the one best suited for riding moments of crisis, and consequently state governments are proceeding today to pull some of the candles away.

The crisis, which is measured in relation to production as much as in financial terms, has thrown off the western states’ balance of accounts so that they are seeing themselves forced to adopt saving measures within their own administrations, such as various adjustments in the “national” economies in view of “competitiveness” in the face of other emerging economies. The so-called “social cuts” that generate so much rejection by the population answer to both types of measures. Since another one of the reasons for the “welfare state” is the generation of internal consumer markets, one can interpret that authorities in the western state will attempt to apply minimal cuts deemed sufficient and whose amount will depend on the size and duration of the crisis.
At least in theory. Since the mentioned economic crisis not only affects the states but also private enterprises, we are witnessing in a number of western countries –in the Spanish State, to a smaller degree so far— the “rescue” or acquisition by the state of enterprises that have gone into crisis: banks first and foremost. This decanting of property and of economic resources among the great enterprises and the states (privatization, nationalization, privatization once again, debt emission, “rescue” of the bank that purchased the debt… moving existing and non-existing funds from here to there, but always in hands of the dominant minorities) is a blatant demonstration that the state institutions and the capitalist economic system are a single reality. Not even those “markets” evoked as the obscure hand acting against the interests of the state, hence against the interest of the citizens, are anything other than the sum of financial entities and third states “buyers” of the debt, that is to say, lenders.

It seems rather odd that agents of “the left”, who clamor against what they consider to be “the dismantlement of the welfare state,” barely mention, in their conservative petitions, economic analyses that will demonstrate the viability of their proposals within that same liberal-capitalist system, which from the looks of it is where they would wish to remain.

What then is the proposal?

Just in case someone may have been thinking along that line, we do not propose going from welfare to un-wellness. It is not a matter of tearing down everything that exists in order to create from point zero onward. No matter how well we may understand the state as an institution in the hands of élites instead of in the hands of the people, it would be senseless to renounce all at once everything that this institution manages today. For example, in the process of our becoming more conscious as a society and of organizing ourselves politically and economically, we still need a sanitary system, among other things. But this is not to say that we should not wish to take the necessary steps so that the existing sanitary system will be, in the future, organized and administered democratically by persons who are its workers and users, instead of by political and entrepreneurial individuals, as is today the case.

“The solution is the revolution” is an old slogan that keeps coming back in times of crisis. And this is quite the case. But it would have to be a revolution that is made step by step and with our feet on the ground.
In the first place, it is important to awaken and become aware of the deceit we live under so as not to continue defending and betting in favor of that which has been destroying us as a society and as persons, and which besides is catastrophic for the environment… Next we will have to make a commitment and begin to generate authentic alternatives to that which we criticize.

In view of the counterrevolutionary dimension of the welfare state, we will have to create organized and coordinated groups, social movements and spaces where we are able to think out together at first, only to proceed from there and meet society and its institutions, denouncing and facing up to the most immoral aspects and the most harmful consequences of the system, careful not to fall into so-called bourgeois reformism and to signal out in each event, instead, how to overcome this system in all its scope.

In view of the extent of social injustice and of the serious attack against the environment, we will learn to give up those material elements in our way of life that we find to be superfluous, that we can do without, anti-ecological and relatively unfair, learning to live with less and to be happier thereby. From there on, we will rely on one another and establish a dialogue with society, inviting everyone to follow our example. In view of harmful sophisms such as the one about “sustainable development,” we will vindicate the notion of inverse growth and self-governance, opening paths for the experimentation of concrete formulas concerning alternatives and for overcoming the capitalist system.

In respect to the total deficit of democracy from which we suffer, we will first make an effort to denounce this situation with the purpose of letting it be acknowledged by the greatest possible number of people. Evidently, we will stop participating and collaborating with any of the mechanisms that perpetuate oppression (the state´s coercive instruments) or which perpetuate the democratic fiction (elections [as we know them at present]). In lieu of the latter we will develop forums where assemblies can unfold involving horizontal and direct participation as we learn, first, how best to function collectively using truly participatory formulas, responsible and democratic, only to extend such spaces with the objective of reclaiming, disputing and tearing away from the system the power to decide on those matters that affect us. Equally, we will make an effort to create tangible, strengthened alternatives to all of the existing systems of indoctrination in existence: educational, cultural and media related.

Finally, we will face up to the destruction, carried on at present, of many of the characteristics that make us human, so as to create interpersonal and group relations that are genuine, fostering mutual help in the economic, the political and the personal spheres, weaving networks of alliances and interests based in common identities, generating vast participatory systems for the creation of society. We will work and take into account in our groups and social movements our human and psycho-affective dimensions, the relations between members of the different sexes, the cultural, spiritual and artistic needs we share… We will vindicate, and remain very much aware of, the need for an individual ethic that is grounded in positive values of a social morality able to help us in maintaining and developing those common elements that are to be considered beneficial and necessary, that will protect each individual freedom in terms of one’s conscience and options.

Translation by Sylvia María Valls, Instituto Simone Weil, a.c.

www.proz.com/pro/17707

www.institutosimoneweil.net

www.mama-doc.com

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”

    20 de octubre de 2011 13:07, por comité espartaco

    Nefastos Errores Izquierdistas

    Este ’manifiesto’ está basado en errores de bulto, característicos de una izquierda infantil e ignorante atrapada en la órbita ideológica burguesa.
    Es ABSOLUTAMENTE FALSO, que el Estado de Bienestar es un producto de la benevolencia franquista y demás caciques de Cortijo-España. Muy por el contrario, a pesar del triunfo del nacionalcatolicismo en la Guerra Civil, el PCE y sus organizaciones afines, continúan con una lucha de clases sin cuartel y durante los cruciales años 50 y 60, se fundan el OSO, las CCOO e incluso organizaciones sindicales de inspiración cristiana como el JOC y la USO. La infiltración de los sindicatos verticales (el entrismo) por CCOO es especialmente exitosa, consiguiendo avances en los derechos de los trabajadores. Es la era HEROICA de Comisiones Obreras, cuando se forjan sus líderes históricos. Incluso en los años cuarenta de dura represión, se celebran huelgas el Primero de Mayo en Vizcaya y Guipúzcoa. En los cincuenta hay huelgas en Barcelona, Vitoria, Madrid, en la universidad, huelgas en las cuencas mineras, etc... La lucha es constante y los avances sociales son ARRANCADOS a golpes de las manos de la caciquía. El Estado del Bienestar, como el Estado mismo, es un producto común de los trabajadores, que les ha sido expropiado, como cualquier otro producto de su trabajo.
    La ignorancia y calculado olvido de las luchas durante el franquismo, glosados con puerilidad por la izquierda pacata, es una de las razones por las que los trabajadores están siendo machacados sin piedad desde la Transición.
    Nunca fue más cierto eso de que ’quién olvida su historia, está condenado a repetirla’.

    Proletarii vsekh stran, soyedinyaytes’! - Proletarier aller Länder, vereinigt euch! - ¡Proletarios de todos los países, uníos!
    ¡Guerra de clases!¡Caciques al gulag!
    ¡Reciprocidad! ¡Repatriación! ¡Revolución!
    (European Communist Party, in Facebook)
    http://comitespartaco.blogspot.com/

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    • Nadie dice que no hubiera actividad obrera en absoluto en ese periodo. Lo que se viene a decir es que su incidencia en ese momento (primeros 6o en el estado español) a la hora de presionar al gobierno fue escasa, y en cualquier caso francamente menor que en otros momentos históricos. Se dan argumentos para explicar cómo a las élites en el poder les convenía establecer el estado de bienestar. Quizá, en lugar de levantar tantas banderas y ser tan autocomplacientes se podía tratar de responder a esas argumentaciones.

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      • No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”

        20 de octubre de 2011 13:36, por comité espartaco

        Podríamos criticar punto por punto todo su manifiesto, pero nos hemos limitado, por brevedad, a señalar un error fundamental en el que se basa gran parte de la argumentación y que es, COMPLETAMENTE FALSO. Además, es erróneo y absurdo, pensar que el movimiento obrero no tiene nada que ver con la legislación laboral y social de la dictadura. Nos preguntamos si ustedes han oído hablar de la lucha de clases, de los sindicatos de clases y de las luchas, clandestinas o abiertas, del PCE y otras organizaciones durante la dictadura y la Transición. Creer que los diferentes gobiernos legislan por placer o para hacer favores a la clase obrera, es confundir las causas con los efectos y hacer de la ciencia social un pasatiempo de aristócratas enajenados. Tales posiciones, no pueden conducir a nada bueno. Por eso ustedes condenan el Estado de Bienestar, que es una conquista OBRERA de primera categoría.
        Proletarii vsekh stran, soyedinyaytes’! - Proletarier aller Länder, vereinigt euch! - ¡Proletarios de todos los países, uníos!
        ¡Guerra de clases!¡Caciques al gulag!
        ¡Reciprocidad! ¡Repatriación! ¡Revolución!
        (European Communist Party, in Facebook)
        http://comitespartaco.blogspot.com/

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    • No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”

      20 de octubre de 2011 17:17, por Mamadoc

      Los ignorantes no son los "izquierdosos anarquizantes" sino los comisarios del pensamiento único de la izquierda fascistoide a la que pertenecen muchos, como el que firma su comentario con sus consignas "proletarias". Aprendería mucho sobre sus propias ideas y prejuicios si leyera a Karl Polanyi, por ejemplo, quien revela en un libro de 1944, la Gran Transformación, cómo en situaciones históricas en las que la disolución del entramado social está en proceso, tanto sindicatos como capitalistas como terratenientes han apoyado al estado en proveer los paliativos necesarios para que la sociedad subsista, sin la cual la explotación sería imposible. Yo le recomiendo a este compa que se entere mejor de lo que ha significado para la izquierda los errores de Marx en su momento... El Papa del "comunismo" se dio cuenta demasiado tarde de sus errores con los que este pobre compa carga y todos nosotros también. Consulta nuestra página y abre tus horizontes. Conoce mejor la tierra que tienes bajo tus pies. www.institutosimoneweil.net a la orden.

      Ver en línea : Instituto Simone Weil

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  • Otto von Bismarck crea en Alemania a finales del siglo XIX toma las primeras medidas del estado del bienestar que después Hitler en la década de 1930 lleva a su máximo explendor. Mussolini hace lo mismo en la década de 1920 en Italia. Es decir, es una creación por tipos como Von Bismarck, el canciller de hierro, para evitar una revolución por parte de la sociedad alemanana o en el caso de Mussolini y Hitler para atraerse a las masas obreras y que apoyaran sus proyectos megalomanos.
    En el caso de España la huelga de la canadienese en 1919 consigue instaurar las ocho horas diarias. Ya la segunda república instaura ciertas medidas como la creación y construcción de escuelas. Pero el gran peso de la construcción del estado del bienestar es por parte del franquismo que la "democracia" burguesa de 1978 continúa y perfecciona.

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  • No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”

    20 de octubre de 2011 18:09, por Crates

    Internet cada vez se parece más a una barraca de feria.

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  • Es claro que el punto de vista expresado en el artículo no va a tener muchas amistades. Quizá por decir las cosas un tanto abruptamente y no hacerlo desde lenguajes un poco más contemporáneos, como se hace en este otro artículo publicado ayer, y que va en la misma línea.

    Por supuesto, lo dicho en este escrito sonará a chino a la mayoría de la sociedad, esa que vota a la derecha (al PP y al PSOE) o que no quiere saber nada de política –según dice- aunque luego siempre se anda quejando de lo que hacen los políticos.

    Y tampoco será bien visto por la mayoría de la izquierda. Ni la leninista clásica, que por muy anticapitalista y revolucionaria que sea, siempre siente la mayor consideración hacia la institución estatal y considera el estado de bienestar como una especie de camino andado para cuando las vanguardias de la revolución triunfante se apoderen de él. Ni la izquierda defensora de “lo público”, entre la que hay no pocos anarquistas, que también siente gran devoción por la institución estatal.

    Lo dicho, malos tiempos para cualquier crítico del estado como institución.

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  • Hay que defender los servicios públicos

    21 de octubre de 2011 00:16, por Rafael Pla López

    Coincido en buena medida con la crítica del concepto de "Estado del bienestar", a menudo vinculado a la llamada "sociedad de consumo". Pero más allá del ropaje ideológico, lo que estamos padeciendo es un ataque salvaje a los servicios públicos. Y desde una posición de clase (trabajadora) es imprescindible una firme defensa de los servicios públicos, que entre otras cosas suponen una aplicación parcial del principio de "a cada cual según sus necesidades", que por cierto no es un principio capitalista sino comunista. No es de extrañar por tanto que los adalides del "capitalismo sin fronteras" los ataquen encarnizadamente. Ni que los comunistas los defendamos.

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    • Hay que defender los servicios públicos

      21 de octubre de 2011 00:26, por p.

      Hola. Sin tener que estar de acuerdo o no estarlo, opino que el documento, en su crítica generalista al modelo estado de bienestar, cuestiona la actual defensa que se hace de esos servicios públicos por parte de la izquierda. Por varias razones, pero la más importante vendría a ser porque dichos servicios públicos, administrados por un estado capitalista, se financian mediante un mecanismo aún más capitalista de expolio y acumulación. La izquierda que defiende la permanencia de esos servicios, y con ella de todo el estado de bienestar, ni se cuestiona ni se quiere cuestionar cuál es el origen de la riqueza que posibilita que haya aquí, precisamente en estos lugares del mundo y no en el resto, esos servicios.

      Eso por un lado, por el otro y aunque no viene claramente expuesto en el documento, creo que habría que aclarar que la propuesta no es la supresión de esos servicios sino la readecuación de los mismos a parámetros ecológicos y de justicia global planetaria así como su gestión democrática, es decir, sin el estado.

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      • Hay que defender los servicios públicos

        21 de octubre de 2011 07:48

        "Aún más", no. Todo gasto público se financia mediante impuestos, y los impuestos o bien reducen directamente la tasa de plusvalia o bien, al ser impuestos indirectos, disminuyen el mercado -la demanda de mercancias-, con lo que, en cualquier caso, son rechazados por los capitalistas si no les reportan beneficios en otro sentido -contratos públicos, etc.-. Por otro lado, esa plusvalia menguada sirve para aumentar el poder adquisitivo de los salariados -que no han de gastar su salario en pagar servicios-, aunque a lo peor en la práctica la mala calidad de esos servicios hace que la gente no vea la ganancia.

        Lo de ’aún no’ puede ir en el sentido de que se pueda financiar el gasto público a costa de terceros países, que el Estado de bienestar dependa de exportaciones baratas, etc. Eso sí que tiene su parte de verdad, pero también hay que tener en cuenta lo que explica David Harvey:

        En todos estos casos, el viraje hacia una forma liberal de imperialismo -asociado a una ideología de progreso y a una misión civilizatoria- no resultó de imperativos económicos absolutos sino de la falta de voluntad de la burguesía para renunciar a alguno de sus privilegios, bloqueando así la posibilidad de absorber la sobreacumulación de capital mediante la reforma social interna . Actualmente, esa actitud en Estados Unidos no deja otra opción que mirar al exterior para resolver sus dificultades económicas (como) muchos poderes europeos entre 1884 y 1945. Muchas figuras liberales e incluso radicales se volvieron imperialistas orgullosos durante esos años, e incluso el movimiento obrero se persuadio de que debía apoyar el proyecto imperial como un elemento esencial de su bienestar...

        David Harvey, "El nuevo imperialismo": http://es.scribd.com/doc/25216514/D...

        En papel, se puede leer en El imperialismo / Hobson, Lenin, Harvey. - Editorial Capitán Swing, 2010.

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        • Hay que defender los servicios públicos

          21 de octubre de 2011 10:15, por p.

          Tiene su verdad lo que dice Harvey, y es cierto -en esto coincide con Vicenç Navarro y la izquierda "mayoritaria"- tanto que se está dando una tendencia neoliberal para que se concentre aún más la riqueza en menos manos, como que las grandes fortunas primermundistas cuentan con buenas reservas de beneficios acumuladas.

          Dicho esto, que es cierto no conviene olvidar, porque no es menos cierto, que la economía productiva de aquí no daría ni en sueños para un modelo de estado como el que tenemos. Según dice el artículo, el estado de bienestar:

          “Se da, como decimos arriba, en virtud de una cierta redistribución de riqueza acumulada en una porción minoritaria del planeta denominada “primer mundo”. Una importante porción de esta riqueza no se genera en nuestros países sino que es expoliada del resto del mundo, o sea, de los países llamados (a causa de ello) empobrecidos, y depositada aquí. (…)
          Las grandes corporaciones expoliadoras emplean buena parte del capital que obtienen con dichas operaciones de colonialismo económico en realizar inversiones en los países del primer mundo donde están radicadas, dinamizando su economía y generando empleo. La tributación directa al estado de las grandes corporaciones, e indirecta a través de la economía subsidiaria que generan, es la que permite a éste recaudar el dinero “suplementario” con el que ofrecer a la ciudadanía los bienes y servicios que definen el estado del bienestar y de los que por supuesto no pueden gozar los habitantes de los estados expoliados, los cuales además sufren grandes daños en su propia economía doméstica. Un ejemplo menor pero muy clarificador podría ser la pesca del atún en las costas del Cuerno de África. Como puede apreciarse, el estado de bienestar es un producto resultante de las peores dinámicas del sistema económico capitalista, y su existencia guarda relación directa con la pobreza extrema de una parte mayoritaria de la humanidad.”

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          • Hay que defender los servicios públicos

            22 de octubre de 2011 14:24, por Crates

            Lo cierto es que esas cuentas, a ojo de buen cubero, sobre la sostenibilidad del Estado de bienestar podrían perfectamente formar parte de alguna tertulia de Intereconomía. Me lio más porque no sé muy bien que tiene que ver la depredación de las costas de África con los servicios públicos. O sea, algo deben de tener que ver, pero demotrar que son un instrumento de dominación acudiendo a hechos nefastos que conviven con ellos y que, por lo visto, les contagían, no demuestra nada. También podríamos decir que la paternidad es un instrumento de dominación porque algun pescador de atún en el norte de África es padre y alimenta a su familia con el salario que allí obtiene. El caso es que también eso algo tiene que ver, pero no veo yo que dé para conclusiones tajantes que noos obliguen a alejarnos de las familias patriarcales como si portasen una enfermedad contagiosa.

            Adjunto un par de enlaces por si alguien tiene curiosidad sobre contabilidades alternativas. No lo adjunto como una respuesta, por dos razones: 1) es un texto denso y que además se complica con debates teóricos que sólo sonarán a los iniciados; 2) esas cuentas son también un poco de ’cuento de la lechera’, y depositan mucha confianza en una reordenación puramente económica de la sociedad -bajo tanta ecuación y tanta estadística, parece que la plusvalia puede rajarse como un saco y repartirla a mano-. Simplemente, lo adjunto para que los conozcan personas y colectivos interesados en este debate que puedan haberlos pasados por alto.

            http://laberinto.uma.es/index.php?o...

            http://laberinto.uma.es/index.php?o...

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            • Hay que defender los servicios públicos

              24 de octubre de 2011 02:15, por Pablo

              Xé, como nos ponemos ya en este plan un poco medio desagradable que si intereconomía y tal y cual hago un croquis:

              - Una empresa española manda una flota de barcos a pescar atún en el cuerno de África aprovechando el vacío legal y la desprotección de esos recursos pesqueros.
              - Tal cosa provoca el agotamiento de los caladeros y la pobreza de las poblaciones ribereñas que vivían de la pesca artesanal.
              - La venta del producto de esa pesca depredadora reporta pingües beneficios a la empresa. El estado cobra el IVA de esas ventas. El estado cobra impuesto de sociedades de esos beneficios.
              - Parte de esos beneficios se destinan a pagar sueldos a los empleados de la empresa. El estado cobra IRPF de todos esos sueldos.
              - El pescado se procesa, distribuye y vende al detalle a sus consumidores finales. El estado vuelve a cobrar IVA de todas esas ventas. El estado cobra IRPF de los sueldos de todos los trabajadores que intervienen en el proceso. El estado cobra impuesto de sociedades a los beneficios de todas las empresas que participan en el proceso.
              - La empresa armadora con sus beneficios acumulados monta una conservera y crea equis puestos de trabajo. El estado cobra IVA de todas las ventas, IRPF (ah, y se me olvidaba, cotizaciones a la seguridad social) con respecto a todas las nóminas e impuesto de sociedades a todos los beneficios, entre otros impuestos menores, tasas e incluso sanciones.
              - Toda esta actividad genera actividad subsidiaria: gestores, abogados, contables, asesores fiscales que trabajan para las empresas, industrias auxiliares que proveen de herramientas y productos necesarios para los procesos industriales, bares donde comen los currelas, empresas de todo tipo donde los trabajadores de esas empresas compran aquellas cosas que necesitan, empresas de transporte, de publicidad, qué se yo. De todo eso el estado sigue pillando cotizaciones a la seguridad social, IRPF, IVA, IS etc.

              Multipliquemos este pequeño ejemplo por mil, teniendo en cuenta lo que importantísimas multinacionales españolas (Santander, BBVA, Repsol, Unión Fenosa, Telefónica…) hacen, y sin ser tertulianos de intereconomía ni economistas expertos, podremos despejar la incógnita de a ver porqué aquí tenemos esos servicios y , por ejemplo, en Mauritania no los tienen.

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              • Hay que defender los servicios públicos

                24 de octubre de 2011 02:20, por Pablo

                Bueno, con lo del IVA se me ha ido un poco la mano, porque en teoría entre el pagado y el cobrado, al final el estado teóricamente solo lo cobra un vez a lo largo de todo el proceso de cambio de manos del producto. Aunque entre pitos y flautas muchas veces acaba pillando más.

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                • Hay que defender los servicios públicos

                  24 de octubre de 2011 18:01, por Crates

                  Bueno, no nos ponemos desagradables, aqui se puso un artículo de Carlos Rodríguez Braun avalando estas ideas emancipadoras: http://www.grupotortuga.com/Que-pas...

                  Por lo demás, repito: la idea de que el Estado confisca a los ciudadanos al cobrar impuestos es un mantra habitual de Intereconomía; supongo que la coincidencia debería dar que pensar a quien considera que está haciendo un análisis subversivo. En la medida en que esos impuestos van a servicios públicos gratuitos, amplian el poder adquisitivo de la ciudadania -dejo aparte la distinción entre impuestos directos e indirectos- y dismunuyen la tasa global de beneficio empresarial, razón por la cual a los tertulianos de Intereconomía le parecen muy mal (aunque no se lo parecen las actividades que generan el beneficio, a diferencia de nosotros). Al menos los de Intereconomia dicen estas cosas esperando beneficiar a alguien, mientras que en ambientes alternativos adoptar este discurso, me parece, sólo muestra que el sueño de la radicalidad produce monstruos. Por lo demás, me parece forzado poner al Estado de bienestar como una causa de la pesca pirata, cuando más bien es una consecuencia -de la pesca pirata y de toda la explotación capitalista-.

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                  • Hay que defender los servicios públicos

                    24 de octubre de 2011 19:05, por Pablo

                    1.- Creo que hay una nota aclaratoria en la cabecera del artículo de R. Braun marcando una serie de diferencias.

                    2.- “…la idea de que el Estado confisca a los ciudadanos al cobrar impuestos es un mantra habitual de Intereconomía; supongo que la coincidencia debería dar que pensar a quien considera que está haciendo un análisis subversivo.”

                    La idea de que el estado está llamado a proveer las necesidades de sus ciudadanos y hacer de árbitro en el reparto de la riqueza fue un axioma en las gobernaciones de Mussolini y Stalin, entre otras; supongo que la coincidencia debería…

                    3.- Y por último no creo que sea descriptivo establecer relaciones de causa y consecuencia entre estado de bienestar y pesca pirata. Lo segundo simplemente forma parte de lo primero. Sería como pretender establecer relaciones causales entre el cuerpo y un brazo, por ejemplo. Lo que pasa es que según desde donde se mire –como cuando se mira la luna y solo se ve una cara-, puede convenir, o puede ocurrir que por falta de información solo se visualice la realidad contemplada de una forma incompleta, normalmente sucede en este caso, en sus aspectos más molones.

                    Por lo demás, ¿nos estamos repitiendo un poco, no?

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  • Correos en el buzón de Tortuga:

    Hola:

    Si me permitís una broma, para encontrar gente en desacuerdo -en lo
    fundamental de vuestros argumentos- con vosotros tenéis que enviar vuestra
    propuesta al ABC, Libertad Digital u otro medio similar, pero va a ser
    difícil encontrar opositores que presenten una enmienda a la totalidad entre los lectores de Tortuga.

    Cuando yo iba al cole me llamaba mucho la atención eso que se decía de "predicar a los que van a misa".

    Saludos, A.

    . . .

    A la totalidad totalidad quizá no, pero sí hay muchísima gente de izquierda que no está de acuerdo con la mayoría de los argumentos, o que no le parecen dignos de ser tenidos en cuenta. Bueno, en realidad nadie tenemos toda la razón. Un saludo.

    . . .

    De acuerdo, pude haber mencionado que hay izquierdas e izquierdas. La del
    PSOE, por ejemplo, está dando un buen ejemplo estos días: cuando ve que el
    barco se hunde, su capitán se lanza a prometer límites a los curas,
    rebajas al sueldo de los capitostes, más impuestos a los grandes
    capitalistas.

    Ha hecho todo lo contrario durante 8 años y aún tienen la cara de hacerlo
    a un mes de las elecciones, pero vagamente suena a algo de izquierdas y
    siempre habrá alguien que pique o que sea tan flojo intelectual y
    moralmente (para eso están la publicidad y las "comodidades" y otros
    señuelos del estado del bienestar) como para aceptar sin más esas
    propuestas.

    Eso me recuerda una de las cuestiones con las que no coincido con
    vosotros, en realidad más que no coincidir es que dudo de que la mayoría
    de la gente tenga una posición clara -y menos crítica- con el estado de
    bienestar. Unos por egoísmo prefieren el derroche mientras ellos vivan y
    el que venga detrás de arree, otros por racismo, quieren vivir bien sin
    pensar en que es a costa de las "razas inferiores", otros no se cuestionan
    su modelo de izquierdas siempre y cuando se explote al prójimo en nombre
    de la democracia (y se invadan países y se masacren poblaciones), otros
    lamentablemente son tan ignorantes que saben quién se ha acostado con
    quién entre los famosos, pero no qué les ocurre a sus propios hijos... con
    otras palabras: parece que asumís que la gente corriente está concienzada
    del desastre, pero no es así y sólo se salva el que quiere, el resto vive
    (casi) a gusto en su miseria sin que los intentos de los concienzados por
    salvarles tenga mucha influencia.

    Esto ocurre en todo el mundo, no tiene sentido que la derecha salga
    elegida con el concurso de los trabajadores, que la gente en paro o con
    empleo precario vaya a ver el fútbol antes que a una manfiestación por el
    empleo, que las familias manden -o dejen ir- a sus hijos al ejército a
    matar gente para beneficio de otros, que no se declare en huelga del tipo
    que sea hasta que haya justicia social, que sigan votando ante el
    espectáculo de la corrupción política...

    Cuando el de "abajo" ve que el el de "arriba" es un corrupto, la mayor
    parte de las veces seguirá su ejemplo a su escala, o sea, será corrupto en
    sus propias actuaciones: no pedirá factura con iva, no declarará lo que
    pueda, venderá y comprará con mentira, etc., etc. Sabrá o sospechará que
    los políticos le engañan e intentará salir adelante con sus pequeñas
    trampas a años luz de las de aquél, en vez de obligarle a poner fin a ese
    comportamiento.

    Otros no se corrompen y se rebelan, pero romper un escaparate y llevarse
    algo, tirar piedras contra la policía y quemar una sucursal bancaria no
    sirve para cambiar el sistema, aunque no digo que no sean acciones
    despreciables sin más.

    En fin, que la historia muestra avances en ciertas etapas, heroicidades
    individuales y colectivas en ocasiones, pero también se puede concluir que
    la cosa no avanza sino al revés.

    Como decía Chou En-lai de la consecuencia más importante de la revolución
    francesa: es pronto aún para conocer el resultado del experimento que es
    la organización política como forma de relación ente los seres humanos.

    Saludos, A.

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    • No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”

      21 de octubre de 2011 17:04, por comité espartaco

      El Estado de Bienestar: Conquista Obrera

      La Inversión Dialéctica Bismarckiana del Izquierdismo

      El izquierdismo se basa en una confusión de términos, en una inversión dialéctica que toma las apariencias por realidad científica y lleva a la clase obrera, a un callejón sin salida táctico y estratégico.
      El Estado de Bienestar, su origen y función, es típico en este respecto. Efectivamente, la hegemonía y control ejercido por las clases dominantes sobre el Estado y que equivalen a un verdadero secuestro de ese Estado en beneficio de propio, induce a muchos a pensar que son las élites que se han apropiado del Estado, las que impulsan y crean el Estado de Bienestar. Nada más lejos de la realidad. Las conquistas del proletariado, entre las que se encuentra el Estado de Bienestar, son, como su propio nombre indica, CONQUISTAS arrancadas, a sangre y fuego, de las manos de la oligarquía; posiciones tomadas tras largas luchas, amenazas y chantajes, ofertas y contraofertas.
      Aunque, el Estado del Bienestar, podría encontrar sus raíces en las comunidades religiosas del pasado o las medidas en favor de los trabajadores desde la Revolución Francesa y las subsecuentes revoluciones del Siglo XIX (controles de precios, talleres públicos, etc...), no es de extrañar que la historiografía burguesa, por obvias y no tan obvias razones, se haya esforzado denodadamente en presentar al régimen de Bismarck como artífice del sistema de bienestar, con el objeto de sustentar el mito del reformismo burgués y socialista (no es casualidad que muchas de las mayores figuras del revisionismo socialista sean alemanas) y sembrar la confusión y la duda entre los trabajadores y la sociedad en general. Sin embargo, creer esta versión burguesa, equivale a poner el carro delante de los bueyes y olvidar que Bismarck, solo estaba haciendo frente, a grandes rasgos, a dos graves amenazas obreras, a saber, una poderosa militancia y oposición socialista (sindical, política y social), amenaza que, a pesar de todos los esfuerzos, tendrá que ser controlada, en última instancia, con la prohibición y proscripción del socialismo y, una segunda forma, más blanda y desvirtuada, de ’resistencia’ obrera: la huida, es decir la emigración en busca de oportunidades, especialmente a los EEUU (los obreros votan con sus pies...!!!), y que creará grandes problemas de escasez de mano de obra en la Alemania Imperial. La burguesía decide hacer frente a esa doble amenaza, con un sistema de bienestar que satisfaga las reivindicaciones mínimas de un proletariado organizado y que erosione, hasta cierto punto, el descontento laboral. El Estado de Bienestar Bismarckiano es, por tanto, FORZADO sobre una burguesía que NO regala nada. No entender esto, es no entender el significado de la lucha o guerra de clases, su importancia fundamental y crucial en la consecución de objetivos revolucionarios que no sean utópicos y, en definitiva, no comprender la realidad actual y perderse en sueños confusos e ilusiones etéreas que solo pueden acabar, una vez más, en amarga derrota.

      Proletarii vsekh stran, soyedinyaytes’! - Proletarier aller Länder, vereinigt euch! - ¡Proletarios de todos los países, uníos!
      ¡Guerra de clases!¡Caciques al gulag!
      ¡Reciprocidad! ¡Repatriación! ¡Revolución!
      (European Communist Party, in Facebook)
      http://comitespartaco.blogspot.com/

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    • Me parece estupendo que os querais cargar el modelo en su totalidad , porque ciertamente esta podrido desde la raiz . pero mientras llega esa solución milagrosa , ese cambio de paradigma , creo que deberiamos luchar por conseguir reformas , aunque sean dentro del mismo modelo o sistema , con las que conseguir mantenernos a flote y el estado de bienestar creo que ayuda a ello.
      Por otro lado, asi no creo que consigais el apoyo popular, porque la mayoría de la gente no lo va a entender.
      Como he leido por ahi, la gente quiere futbol y poco más. Aunque como intento por cambiarles la mentalidad está bien.

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      • El problema es que tratando de conseguir esas reformas se entra en la contradicción de estar apuntalando, en este caso salvando, el modelo que como bien dices está podrido en su raíz.

        Por otra parte lo de conseguir el apoyo popular, de la mayoría de la gente, te diría que eso tiene sentido cuando se vive una gran injusticia y el deseo mayoritario es acabar con ella. Cuando el caso es, como creo que está pasando aquí, que la mayoría de la gente prefiere que esa injusticia continúe porque de alguna manera se beneficia de ella, tratar de conectar con sus deseos es una forma de populismo y eso ni es revolucionario ni es transformador. A cambio lo que toca es, sabiendo que estamos en una posición minoritaria, esforzarnos en concienciar, en abrirle los ojos a la gente para que deje de parecerle bien lo injusto.

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  • Una cosa es defender los servicios públicos por que por ahora no hay mucho más pero otra cosa muy diferente es defender es el estado del bienestar. Hay que acabar con él y sustituirlo por asambleas populares que es la única y verdadera democracia. El estado del bienestar es una dictadura pura y dura.

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    • Un la historigrafia India, los jefes de un par de clanes en guerra durante decadas, van a preguntarle a un anciano del que decian que era sabio:

      "Señor... ¿Como podemos parar la guerra eterna que nos desangra y no nos lleva a ninguna parte?"

      El anciano contestó con una sola frase:

      "Devolvedle el significado original a las palabras".

      internete
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      • Democracia, Libertad, Igualdad, Necesidad, Responsabilidad, Trueque, Intercambio, Dinero, Comercio, ECOnomia, Planeta, Aire, Agua, Sociedad, Anarquía...

        Anda que no abusamos de estas pobres palabras que deberían ayudarnos a entendernos, y HOY parece que solo sirven para confundirnos.

        internete
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        PD: Sobre todas las demás, hay una palabra que me gusta mas que ninguna otra:

        silencio

        "La auténtica base de la verdadera música... El hilo conductor eterno..."

        Siempre está ahí para quien quiera escucharlo.

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  • No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”

    22 de octubre de 2011 15:38, por El Erial

    Hola, tal vez os pueda interesar este artículo de Pedro Prieto, cadedrático de Energía, en el que se cuestiona la posibilidad de que la capacidad de carga del planeta pueda soportar una implantación global del estado del bienestar, de donde se deduce que nuetro Estado de Bienestar sólo es posible a costa de otros habitantes del planeta. Un saludo.

    Ver en línea : Un mensaje a los indignados - Crisis energética

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  • No nos parece bien la defensa del “estado de bienestar”

    24 de octubre de 2011 17:41, por Víctor Raúl

    Es interesante su escrito por que rompe con una ilusión compartida por cierto sector de la izquierda "institucional", esto es la izquierda que lucha por redistribución "más" justa del ingreso per cápita en determinada nación (su nación, su estado). Hacen énfasis sobre situaciones que se olvidan frecuentemente entre los trabajadores y la población en general de los países del 1er. Mundo, esto es, entre los beneficiarios del Estado de Bienestar más acabado. Sin embargo, como señala algún comentario, Uds. hacen tabla rasa de un elemento de explicación de los procesos sociales y políticos que se denomina lucha de clases (si es que consideramos que ese proceso existe, y no es una excusa para evitar conocer el "verdadero" proceso de construcción de las sociedades modernas). El Estado de Bienestar, si bien es comprensible acorde a una construcción que facilita los procesos de acumulación y reproducción del capital y que ha mostrado ser el elemento estructural que lima las asperezas de la lucha de clases, también es cierto que esta última la lucha de clases, brota y en muchas ocasiones va contra los intereses de los capitalistas en concreto y de sus formas de acumulación y dominación; esto es, el Estado de Bienestar no se entiende exclusivamente como una construcción superestructural de la burguesía o sus representantes en el poder estatal, es también producto de un proceso de la lucha cotidiana de los explotados y explotadores por lograr que el proceso de acumulación del capital y extracción de la plusvalía se realice acorde a lo que, por una parte, los capitalistas consideran que es lo "justo"; y por otra parte la lucha cotidiana en infinidad de formas y las luchas históricas -entendidas como procesos sociales en donde la clase o sectores importantes de ésta- niegan en los hechos esa "justeza" de la burguesía y de sus agentes económicos, políticos e intelectuales. Uds. tocaron un punto que se olvida con mucha frecuencia en Europa y los EUA, que una parte significativa de la riqueza social ha sido extraída -y sigue siendo extraída- a través de procesos de colonización, dominación y agresión en los países del "3er mundo" o neocoloniales, esto es, que una parte de los satisfactores sociales se debe a riquezas expropiadas por métodos violentos o de cohersión, sobre sociedades condenadas, por esa misma situación, a la precariedad y a la carencia de instituir un Estado de Bienestar tan acabado y generoso como el existente en los países europeos. Por otro lado es cierto la existencia de satisfactores ha sido el terreno fértil para el crecimiento y consolidación de una serie de burocracias sindicales y políticas, que han hecho de la "representación" de los intereses obreros y populares su "modus vivendi", y que evidentemente no solamente no son revolucionarias, si no que en los procesos sociales y políticos de ascenso de la lucha de clases se sitúan en las barricadas de la defensa del capital y sus formas de dominación (de las cuales vuelvo a repetir también son sus beneficiarios). Simplemente hay que observar los procesos sociales de resistencia de destrucción de las conquistas sociales y la imposición de los planes de austeridad en Grecia, España, Francia, etc. En donde estas burocracias "sus" partidos y sindicatos se han sumado, en algunas ocasiones abiertamente, a la defensa del orden existente, utilizando su bagaje teórico y de argumentación, y a veces hasta fisicamente, en evitar la generalización y radicalización de las luchas obreras. En Grecia un partido de origen "obrero", el partido socialista panhelénico es el que ha conducido, votado en el parlamento, y el que cargara -para bien de otros partidos burgueses- el desprestigio de la imposición de las durísimas medidas de austeridad, que por cierto (y no es dato menor) destruyen el Estado de Bienestar Griego. El Estado de Bienestar se identifica con la figura y la reflexión e ideas de Keynes, es cierto después de la 2a. guerra Mundial, la destrucción masiva y brutal de los medios de producción, entre ellos destacadamente el trabajo vivo, permitió un relanzamiento del proceso de acumulación del capital, se vivió una época que la acumulación permitia -y a la vez fortalecia- cierta redistribucción de la riqueza social, pero no olvidemos, y la infinidad de luchas sindicales y políticas que "acompañaron" y que exigieron esas conquistas, no fue tan solo un Estado construido en la soledad de los palacios de gobierno, parlamentos, universidades y cámaras empresariales con el fin de limar o evitar el filo revolucionario de las luchas obreras. Si el Estado de Bienestar tan sólo fuera una estructuración de los de arriba, no nos explicaríamos una serie de estallidos sociales y políticos, que si bien no lograron derribar al Estado capitalista, cuestionaron con su lucha sus fundamentos, destacadamente las luchas de los años sesentas en EU y Europa. Martin Luther King, expreso, por ejemplo, no tan la lucha contra el "racismo" en EU, si no que expresaba igualmente una lucha por aspiraciones sociales y económicas que llevaron a toda una época de protestas y luchas sociales en ese país. 1968 en diversos países de Europa, si nos reducimos a la explicación que Uds. dan sobre el Estado de Bienestar, no se explicaría cuando la mayor parte de los indicadores económicos mostraban las bondades del Estado de Bienestar. No crear, ni reproducir ilusiones sobre lo que es el Estado de Bienestar, tampoco significa que una inmensa mayoría, y no tan solo en Europa,de los que se movilizan actualmente, que cuestionan quizá no tanto a nivel discursivo pero si en los hechos, lo hacen por defender las conquistas sociales que caracterizan al Estado de Bienestar. La lucha por el socialismo no es una lucha lineal, no parte simplemente de la denuncia -que es necesaria- de las formas de dominación del capital, si no que se expresa y se expresara a través de la defensa de conquistas logradas y asumidas por la clase obrera como suyas. Obviamente hay algo que separa a gente como Uds. de las direcciones y corrientes tradicionales del movimiento obrero que ud. no desean ni les interesa quedarse en la defensa de una forma de Estado Capitalista "mejor" que sobre otra. En esta época de ocaso del capital también es la imposición de una serie de medidas que acrecientan la miseria social, que precarizan a los antes "privilegiados" -las denominadas clases medias- y que hacen ver el rostro de la burguesía y "sus" Estados en todo su cruel y codicioso rostro. Pero no nos debemos quedar en la denuncia del estado de bienestar y sus defensores, se debe participar en la defensa de los logros que representa esa figura estatal, pero a través de la lucha y la reflexión ir construyendo los elementos que nos llevaran a superar el irrecuperable "Estado de Bienestar". Atte: Víctor Raúl

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  • E. de Bienestar: Descargar cuadernillo en pdf

    24 de octubre de 2011 17:56

    Descargar pdf del documento en formato cuadernillo: http://www.grupotortuga.com/IMG/pdf...

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  • Adiós

    Esta es la tierra, donde el sufrimiento
    es la medida de los hombres. Dan
    pena los condes con su fiel faisán
    y los cobardes con su fiel lamento.

    La belleza nos sirve de tormento
    y la injusticia nos concede el pan.
    Un día brindaréis por los que habrán
    convertido el dolor en fundamento.

    Los que vivimos para dar alcance
    a tan inmensa luz que hoy no podría
    un dios mirarla sin quedarse ciego,

    aún tendremos que agotar el lance:
    arrojar al silencio la agonía
    como quien tira el corazón al fuego.

    A.G.

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  • Excelente reflexión compas.

    Creo que hay un error en el archivo PDF en castellano: No aparecen los dos últimos apartados: ¿Por qué ahora el estado de bienestar está en crisis? y ¿Cuál es la propuesta entonces?

    Salud

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  • Una cosa sería los servicios que ofrece el Estado del Bienestar que no habría que eliminar, al menos en su totalidad.

    Otra cosa diferente sería como está organizado para dar esos servicios esenciales para la sociedad. Eso es lo que hay que eliminar y cambiar radicalmente a traves de la lucha por las asambleas populares. Por que el estado del bienestar es antidemocrático y proviene del saqueo de la población autoctona y la de los paises pobres del mundo.

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  • La cuestión, aparte de atacar las formas en las cuales esta organizada esta dictadura más perfecta, es poder organizarnos de forma colectiva para gestionar nuestras vidas de forma autónoma fuera del estado y del capital.

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  • Sugestivo artículo del grupo tortuga “No nos parece bien la defensa del “estado el Estado de bienestar”. Al fin alguien se atreve a plantear este espinoso debate en términos bastante correctos: ¿Revolución o Estado del bienestar? ¡Esa es la cuestión! y no la postura reaccionaria defendida desde la majadera visión socialdemócrata de unir la salida a la crisis económica a la defensa del Estado, capitalista y opresor, y lo que es aún peor, de un Estado “benefactor” que ha destruido el movimiento obrero y popular. Las reacciones airadas del revisionismo proletarista delatan su servilismo hacia el Estado, su estatismo, y en particular, una cosmovisión totalmente economicista-epicureista del ser humano. Sin embargo, siendo de mucho interés la publicación de este artículo, por su clarividencia y valentía, no veo algunas referencias obligadas de determinados pensadores que vienen desde hace algún tiempo planteando en profundidad esta crítica a la “defensa” del“Estado de bienestar”, como una idolatría hacia el Estado, por ejemplo, la entrevista que publica “Solidaridad Obrera” A Félix Rodrigo, titulada “Bismarck y los nazis son los antecedentes más notables, junto con el franquismo, de la actual izquierda obsesionada con el Estado de Bienestar". Creo imprescindible la inclusión de tal reseña en el apartado “artículos relacionados en Tortuga”. KarlosLuckas

    Ver en línea : ¿Estado de bienestar o Revolución?

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