Administración Enlaces Contacto Sobre Tortuga

No hay nada de revolucionario en pagar por consentimiento

Miércoles.12 de abril de 2017 319 visitas - 2 comentario(s)
El Soma #TITRE

Dentro del debate de la prostitución ha surgido y se configura como una de las tendencias más publicitadas – incluso dentro de los medios de comunicación – la mal llamada “libre elección”.

Al igual que muchas otras cosas dentro del sistema, designamos mal algo que por naturaleza de esa misma norma no puede ser libremente escogido. Son predisposiciones que el poder dominante de una sociedad configura y deja a nuestro alcance con el fin de crear una falsa ilusión. De esta manera, algo que en realidad supone una actividad que perpetúa un rol, y un status para una clase entera, se marca como una fantasía capitalista y machista. Vamos, el mismo cuento con distinta cubierta.

La prostitución es en esencia una forma de dominación de un género sobre otro a través de dos poderes esenciales: el económico y el simbólico.

La situación de base no permite una libre elección real a las mujeres hoy por hoy, dado que no partimos de una igualdad de derechos, económica, política, representativa y social, sino más bien al revés. Seguimos dentro de la lucha por ser reconocidas como ciudadanas en la misma categoría que un ciudadano.

Sin embargo a día de hoy son ellos, esos ciudadanos, los que tienen la capacidad y potencial económico para comprar prostitución y mujeres. Porque no se debe olvidar, que la deshumanización dentro de esta corriente es esencial a la hora de enfrentarse a ella.

Cuando un hombre compra prostitución está comprando a una mujer, está comprando desigualdad política, feminización de la pobreza, desigualdad salarial, objetualización femenina, lo contrario al empoderamiento simbólico de una clase por entera.

Y es que desde la categoría mujer, general, incluyendo a todas aquellas personas que se denominen como tal, estamos abarcando a una clase entera que ha de entenderse como interseccional y diversa, que afecta a muchísimas más de las que creemos.

Es por eso que incluso dentro de una misma clase, teniendo diferentes privilegios y proviniendo de capas económicas en muchas ocasiones distintas, las mujeres han de entender que lo que beneficia a veces a unas, contamina el avance de muchas otras.

Si las mujeres, desde nuestra propia categoría favorecemos algo que al patriarcado lo alimenta y le permite seguir manteniendo una estructura jerárquica, jamás va a desaparecer. ¿Y por qué muchxs estamos empeñadas en que desaparezca ? Pues porque la prostitución y la industria del sexo supone uno de los pilares básicos para el control del patriarcado, que le facilita el control sobre los cuerpos y la sexualidad femenina en casi su totalidad. Postergando roles que fetichizan la necesidad, que nos expone como chuletas en una vitrina, que nos hace seguir siendo pasivas socialmente, objetualizadas, y engorde para la sexualidad machista.

No se puede partir de la libertad como valor a la hora de analizar este tema, porque no existe. Directamente sin igualdad de oportunidades de base no puede haber libertad casi dentro de ninguna de las elecciones que las mujeres realizamos en la actualidad. Pero en este caso, aún menos.

Vendernos el empoderamiento a través de la prostitución mantiene el control a cambio de una pequeña reinversión de la riqueza en el otro género, sólo de manera temporal, y sólo de manera material, no simbólica.

El “acto” de la prostitución no es un acto sexual en condiciones de igualdad sino un momento en el que la mujer está en una posición de subordinación, reducida a un mero instrumento donde produce un beneficio sexual para el cliente que paga. Aplastando dos componentes clave en el camino para la liberación femenina: el control sobre la sexualidad y el dinero.

La persona que paga por un “servicio” sexual está pagando directamente por un “sí”. Comprando el consentimiento de otro ser humano que no está en igualdad de condiciones. Ejemplos como los de Alemania, Países Bajos o Victoria (Australia) demuestran que la legalización total conduce a la implementación y explotación masiva del desarrollo de la industria de la prostitución para las mujeres locales y migrantes.

Crear voces de referencia por medio de esta tendencia de la “libre elección” sienta un patrón apto de ser imitado por otras mujeres jóvenes, y sí, por niñas también. Hagámonos una pregunta ¿queremos entonces que las niñas sean putas? ¿Queremos que las generaciones futuras de mujeres sean putas? ¿Queremos darle al patriarcado varias generaciones de mujeres engendradas por nosotras mismas que satisfagan su líbido y vivan a base de sus limosnas por gestionar sus cuerpos como meros objetos de consumo? ¿Queremos eso mismo para las que ya son adolescentes? ¿Queremos eso mismo para nuestra vecina, para nuestra amiga, para nuestras hermanas?

La explotación sexual ligada a la prostitución se denomina como tal dado que intervienen, no sólo un tipo sino dos: la de género, la sexual y la laboral. Por un lado la primera, descansa sobre la naturaleza violenta de la tiranía de un género sobre otro; por otro lado, creer que la explotación laboral se va a solucionar legalizando es una falacia bastante atrevida. Y es que ese camino pondría todo mucho más fácil al patriarcado y a la industria del sexo en general. Abrir las puertas de par en par a los proxenentas, al tráfico y a los grandes prostíbulos no va a mejorar la calidad de vida de las mujeres.

Es tan fácil como entender que nos tenemos que posicionar del lado de una sociedad igualitaria, donde regularizar y castigar al que compra y vende, y no a las prostitutas; o del de una sociedad desigual donde se sigue maltratando a las mujeres y dejando al comprador y al proxeneta campar a sus anchas y seguir con su actividad normal.

Esta dominación masculina en su forma más pura, que justifica su existencia en necesidades masculinas de género más patriarcales y primitivas posibles, no ha de ser defendido por aquellas a las que atropella y pisotea. Sino que hemos de rechazarlo y presentar la naturaleza de la que parte y se configura este negocio para que ser puta no equivalga a tener que ser mujer.

Fotografía de Yannick Fornacciari.

Fuente: http://elsoma.org/es/articulo/no-ha...

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • En esto tampoco se escucha a las feministas,para ellas no hay problema,pues hay un intercambio económico de por medio,pero si una mujer está con un hombre solo por amor,¡pero esto que es!Esta siendo humillada y sojuzgada por el varón sin recibir nada a cambio,el caso es que tengas jefe o no,sea obligado o no recibas una compensación económica,si es así,pues ya tienes dignidad.

    Responde este comentario

  • No hay nada de revolucionario en pagar por consentimiento.

    12 de abril 12:01, por YO NO SOY UN HONRADO PREVARICADOR NI TORTURADOR.

    En España no se debate de nada con fundamento, con seriedad, con criterio. Es, sencillamente, imposible.

    ¿Por qué?; pues muy sencillo, porque en España la podredumbre, degeneración, corrupción, falsedad, hipocresía, cinismo, vileza, etc., etc., etc. que ha creado el VIGENTE RÉGIMEN DE PODER OLIGÁRQUICO-REPRESOR-PARTITOCRÁTICO-USURPADOR-EXPOLIADOR-IMBECILIZADOR-ETC. impide, REPITO, impide que se pueda dar en esta España ningún tipo de debate así.

    Responde este comentario