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Nigeria: Todas las guerras pendientes

Viernes.16 de diciembre de 2016 97 visitas Sin comentarios
Guadi Calvo, Rebelión #TITRE

El norte de Nigeria parece deslizarse a un estallido de violencia que podría extenderse a todo el país y ya no solo por la presencia del grupo wahabita Boko Haram, que en marzo de 2015 realizó su bay’ah (juramento de lealtad) al Estado Islámico, y es responsable de innumerables ataques y atentados, que desde 2009, han dejado miles de muertos, no solo en las provincias del norte nigeriano, sino también en países vecinos, como el Chad, Camerún y Níger. Ahora un nuevo elemento se agrega a la crisis de seguridad del país africano. Desde hace ya un año se ha acentuado la persecución a la comunidad chií, unos 3 millones de personas, por parte de distintos gobiernos provinciales, que está llevado la situación a un clima pre bélico. El año pasado durante la denominada “caminata de Arba’in”, un ceremonia chií, que se realiza cuarenta días después de la conmemoración Ashura, fueron asesinados 23 profesantes que se dirigían a la ciudad de Kano, en el norte del país.

El 12 de octubre último, cuando la comunidad chiita conmemoraba Ashura, (el décimo día del mes de Muharran) el día más sagrado de su confesión chií, en que se recuerda el martirio de Hussein, el nieto del Profeta Mahoma, en la batalla de Kerbala (año 680), una procesión, fue atacada por fuerzas de seguridad y miembros de la comunidad sunní dejando una docena de muertos.

El Movimiento Islámico en Nigeria (MIN), la agrupación chiita más grande del país, denunció que sicarios del grupo financiado por Arabia Saudita, Izala o Jama’t Izalat al Bida Wa Iqamat al Sunna (Sociedad de Remoción de Innovación y Restablecimiento de la Sunna), fundado en 1978 por el imán Isma’ila Idris, de esta organización emergió el fundador de Boko Haram, Mohamed Yusuf, apoyados por tropas del gobierno, saquearon e incendiaron casas y locales de chiíes, al grito de “no queremos más a los chiitas”.

Todo parece indicar que grandes sectores del norte del país se han declarado wahabitas, la rama más atrabiliaria del Islam, sostenida por Arabia Saudita, y que ha dado sustento filosófico a todas las organizaciones fundamentalistas musulmanas; ya que las autoridades de varias ciudades han prohibido las procesiones a los chiitas.

Este episodio es uno más de ya una intensa campaña de distintos estados del norte del país contra la comunidad chií, decisión de la que no sería ajena Arabia Saudita, que desde hace años subvenciona la creación de mezquitas y madrassas wahabitas, a lo ancho del mundo y particularmente en lo países donde los musulmanes, son mayoría, o tiene una fuerte presencia.

Las acciones, anti chiíes por parte de Arabia Saudita, no son solo por una cuestión religiosa, sino, y fundamentalmente política, lo que sucede en el norte nigeriano, es solo la réplica de la injerencia saudíes en Siria, Irak, Yemen y Afganistán, donde miles de chiitas han sido masacrados por organizaciones que responden a Riad, de hecho Estado Islámico y al-Qaeda.

Esta violencia ha sido la respuesta de parte de Arabia Saudita, a su puja con la República Islámica de Irán, por convertirse en el líder del mundo musulmán.

Para agregar más combustible a la situación el último 7 de octubre, el gobernador del estado de Kaduna, Mallam Nasir Ahmad El-Rufai, prohibió las actividades del MIN; y penó con hasta siete años de prisión a quien adhieran al movimiento. Ya son cinco estados que han adoptado la misma decisión. El MIN ha denunciado que con esta medida lo que realmente se pretende es prohibir el chiismo.

El enfrentamiento entre el MIN y las autoridades estaduales se intensificaron a partir de la detención, 13 de diciembre de 2015, del sheik Ibrahim al-Zakzaky, fundador y máximo líder del MIN.

Para conseguir su detención, las fuerzas de seguridad allanaron la casa de clérigo en la ciudad norteña de Zaria, en el estado de Kaduna, produciendo una verdadera matanza, entre los seguidores del sheik.

La excusa oficial fue que los chiitas, que habían levantado barricadas para desviar el tráfico por una ceremonia religiosa, estaban preparando un atentado para asesinar al jefe del Estado Mayor del ejército nigeriano el teniente general Tukur Yusuf Buratai, quien pasaría por el lugar junto a su escolta.

Durante la detención del sheik Ibrahim, según investigaciones posteriores, el ejército habría asesinado a 348 de sus seguidores, mientras que el MIN denuncia que 850 de sus miembros siguen desaparecidos.

A pesar de la cuidadosa destrucción de pruebas, en abril de este año fueron descubiertas las fosas comunes en que fueron enterradas las víctimas, en un paraje desolado a 80 kilómetros de Zaria.

A pesar de las promesas realizadas por el actual presidente, el sunita Muhammadu Buhari, de investigar los crímenes, la masacre sigue impune, lo que ha generado importantes protestas y un estado de convulsión permanente dentro de la comunidad chií.

Encender la mecha

La vida del sheik al-Zakzaky, próximo a cumplir un año desde su arresto, podría convertirse en el detonante de una guerra que ya no podría detenerse. En el momento en su detención, el sheik recibió cuatro disparos. A pesar de que el gobierno afirma que el clérigo se encuentra bien y con controles médicos, no ha podido ser visto por sus allegados, lo que genera más inestabilidad en la comunidad que él dirige.

Nacido en Zaria, el 5 de mayo de 1953, profundizó sus estudios religiosos en la hawza (seminario) de la ciudad sagrada de Qom, en Irán, a unos 100 kilómetros al sur de Teherán, capital espiritual del chiismo y cuna del pensamiento islámico que fundamentó la revolución de 1979.

Desde los años 80, sus denuncias sobre crímenes e injusticias tanto de las dictaduras, como de los gobiernos democráticos de su país, fue causa para que haya sido condenado a prisión en diferentes oportunidades, por lo que al-Zakzaky suma nueve años de reclusión con todas sus condenas. En 1996 se convirtió al chiismo, lo que le procuró el odio de grupos wahabitas.

Algunos líderes sunitas temen que de continuar la represión contra los chiíes, grupos como el MIN pudiera radicalizarse. Muhammadu Sa’ad Abubakar III, el sultán de Sokoto, la máxima autoridad islámica sunita de Nigeria, declaró que los choques en Zaria le recordaban la represión militar contra Boko Haram en 2009, cuando todavía se lo consideraba un grupo religioso, y de donde emergió con las características fundamentalistas, que tantas muertes ha causado.
Este último lunes 14 de noviembre fueron asesinados otros cien chiitas en la norteña ciudad de Kano, durante la “caminata”, lo que ha puesto al máximo la tensión entre las comunidades chitas y sunitas.

Los sunita nigerianos se dividen en varias sectas: Qadriyya, Tijani, Tarika e Izala siendo esta última la más radicalizada, uno de sus principales líderes, Abdullahi Bala Lau, ha declarado que la constitución nigeriana sólo reconoce el islam sunita.

Muchos de los imanes sunitas, en estos últimos meses, han radicalizado su discurso con el fin de conquistar más adeptos. El rey saudí Salman I ha apoyado públicamente las acciones contra el IMN, acusándolos de terroristas.

Mientras que el presidente de Irán, Hasan Rohani, volvió a culpar a Riad de “sembrar la discordia entre musulmanes en países islámicos”.

La tensión entre el MIN y el gobierno nigeriano, en el último año, puede perturbar todavía a una sociedad acorralada por la furia homicida de Boko Haram, que se centra en el noreste del país, y las milicias que sabotean las compañías petroleras que operan el delta del río Níger.

Nigeria, el país más poblado de África, con cerca de 165 millones de habitantes, con casi los mismos porcentajes de población cristiana y musulmana, es primer productor de petróleo del continente y el décimo quinto del mundo. Cuenta además con altos índices de mortalidad: el 16.6% cada 1000 habitantes y es el segundo país en el mundo en muertes por SIDA, lo que lleva la esperanza de vida a 47 años. Tiene ahora un motivo más para bajar más la esperanza de vida, la posibilidad de una guerra civil.

El norte de Nigeria, donde reside la gran mayoría de la comunidad musulmana, se desliza hacia una guerra interreligiosa, que podría llegar a convertirse en una guerra civil, que abarque a todo el país, si tenemos en cuenta que la producción petrolera se ubica en el sur del país y que la base de su economía está seriamente amenazada.

Las acciones del grupo “Vengadores del Delta del Níger” (NDA) que viene realizado ataques contra la compañía petrolera nacional NNPC y las trasnacionales Shell, Chevron y Eni, desde comienzos de año, han logrado reducir la producción en un 40%, aunque desde agosto, el NDA ha decido cesar en sus acciones y dialogar con el gobierno central, no se han podido restablecer los niveles de producción de 2015.

Pareciera que todo está dado en Nigeria, para que la violencia que la persigue desde su independencia en 1960, sea en realidad la única fuerza permanente que la gobierna.


Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

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