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“Necesito que desnudes a una empleada”: Cómo decenas de gerentes en McDonalds fueron engañados con una broma macabra

Viernes.13 de julio de 2018 81 visitas Sin comentarios
Otro "experimento social" sobre la obediencia. #TITRE

Miguel Jorge

Personas perfectamente normales pueden exhibir un comportamiento completamente inesperado en una situación dada. Experimentos como el de Milgram o la prisión ficticia de Zimbardo lo corroboran. También el truculento caso real que tuvo lugar en Estados Unidos hace unos años.

Decía Milgram que la personalidad de un individuo no puede usarse para predecir su comportamiento si se encuentra en una situación en la que no conoce ninguna de las reglas básicas. A su vez, Zimbardo escribió tras su experimento lo siguiente:

Cualquier acto que cualquier ser humano haya hecho alguna vez, por horrible que sea, es posible llevarlo a cabo por cualquiera de nosotros bajo las presiones situacionales correctas o incorrectas ... Ese conocimiento no excusa el mal, sino que lo democratiza, comparte su culpa entre los participantes ordinarios, en lugar de demonizarlo.

Quizás lo más difícil de aceptar para el espectador es que dentro del ser humano haya espacio para dar por bueno ciertas actitudes. Nadie quiere creer que dentro de uno existe ese tipo de naturaleza humana. Sin embargo, y por si existían dudas, lo ocurrido en varios McDonalds y algunas cadenas de comida rápida en Estados Unidos delató que algo de razón tenían los investigadores.

Las primeras llamadas

En 1992, dos llamadas, una en Devils Lake, Dakota del Norte, y otra en Fallon, Nevada, se producen con apenas unas semanas de diferencia. En ambos casos son similares. Alguien con una voz masculina llamaba a un establecimiento de McDonalds de un área rural para que le pasaran con el gerente.

El hombre decía ser policía y buscaba a una sospechosa que trabajaba en el local. Tras una serie de señas sobre el físico de la empleada, el gerente en cuestión lanzaba un nombre y el policía lo confirmaba mientras le decía al gerente que debía detenerla mientras ellos iban de camino al local.

El 30 de noviembre de 2000, una empleada del McDonald’s en Leitchfield, Kentucky, se desvistió en presencia de un cliente. La persona que llamó la había convencido de que el cliente era un “presunto delincuente sexual” y que el gerente, que actuaba como cebo, permitiría a los agentes secretos de la policía arrestarlo.

El 26 de enero de 2003, un asistente del gerente de Applebee sometió a una camarera a una búsqueda de 90 minutos desnudándola después de recibir una llamada de alguien que pretendía ser un gerente regional de Applebee’s.

En febrero de 2003, se realizó una llamada al McDonald’s en Hinesville, Georgia. La gerente (que creía estar hablando con un oficial de policía que estaba con el director de operaciones del restaurante) llevó a una empleada al baño de mujeres y la revisó. También trajo a un empleado, quien realizó una búsqueda en el cuerpo de la mujer para “descubrir drogas ocultas”.

Hubo muchos casos más, pero ninguno se acercó a lo ocurrido el 9 de abril de 2004, fecha en la que el FBI abrió una investigación para averiguar de una vez por todas la identidad del “agente”.

Louise Ogborn siempre estuvo dispuesta a asumir turnos extras en el McDonalds de Mount Washington. Su madre tenía problemas de salud y recientemente había perdido el trabajo, por lo que la joven de 18 años hacía lo que podía para llegar a fin de mes.

El 9 de abril de 2004, la chica se ofreció a trabajar en el turno de la noche para tratar de ser útil y ganar algunos dólares extra. Sin embargo, aquella experiencia la iba a acompañar el resto de su vida.

En un momento dado de la noche, se escucha una llamada telefónica en el despacho de la gerente del local, Donna Summers. Poco después, llama a Ogborn a la oficina mientras habla por teléfono con lo que parece un oficial de policía.

Cuando la joven llega a la oficina, Summers exclama por el teléfono: “Aquí está. Esta es la chica que describes”. Summers le dice a Ogborn que el agente al teléfono tenía a su superior por otra línea, y que el agente la había descrito y la había acusado de robar un bolso de un cliente.

La joven dice que no, que debe tratarse de un error, ella nunca ha hecho algo así. Sin embargo, en muy pocos segundos la oficina pasa a convertirse en una especie de sala de interrogatorios: las protestas de Ogborn caen en saco roto y su jefe parece creer todo lo que dice el supuesto agente de policía. Summers de repente se dirige a ella:

No lo niegues. Dicen que era una chica joven que se parecía a ti con un uniforme de McDonald’s, así que tienes que ser tú.

Era la palabra de Ogborn contra la acusación de un hombre que afirmaba ser un policía, así que se le dio una opción: someterse a una búsqueda o ser escoltada a la estación de policía.

Le dijeron que se vaciara los bolsillos y entregara las llaves de su coche y su teléfono. La joven obedeció. Luego, la persona que llamó exigió a Summers que Ogborn se quitara la ropa, incluso la ropa interior, dejándola con un pequeño delantal sucio para cubrir su cuerpo desnudo.

En este punto, Summers contó posteriormente que creía firmemente que la persona con la que estaba hablando era un agente de policía. Ogborn, por su parte, confiaba en su gerente para hacer lo correcto. Además, debido a que era viernes por la noche, Summers tuvo que dejar la oficina para ver el restaurante. El hombre al teléfono exigió que antes dejara a otro empleado vigilando a Ogborn hasta que llegara la policía, así que Summers eligió a Jason Bradley, de 27 años.

El hombre al teléfono le pide a Bradley que haga ciertas cosas como revisar el cuerpo de la joven, pero este se niega y sale de la oficina. Luego, el “agente” hizo una solicitud extraña: le pidió a Summers que llamara a su novio para que vigilase a Ogborn. Summer accedió.

En este punto hay un detalle que a los protagonistas les pasa desapercibido. Hay un vídeo de vigilancia grabando toda la escena en la oficina. Dicho vídeo muestra a Ogborn rompiendo a llorar.

Quince minutos después, el novio de Summers, Walter Nix, entra por la oficina mientras Ogborn tira del pequeño delantal que apenas cubría su parte superior y le mostraba por completo las piernas desnudas de la joven. Una vez más, Summers contó que no cuestionó a la persona que llamó y confió completamente en su prometido para dejarlo a solas con la chica. En este punto, Ogborn solo quiere huir, pero sentía que era demasiado humillante correr desnuda por el restaurante.

Nix, de 43 años, comenzó a seguir las órdenes de la persona que llamaba, ordenando a Ogborn que tirara del delantal, se inclinase y se parase frente a la joven en una silla. Luego, y por ridículo que parezca, le pide que la joven debe dar saltos por si pudiera estar escondiendo algo.

Las demandas se volvieron cada vez más extrañas. Ogborn debía decir “señor” si se dirigía a Nix. Poco después, el “agente” que llama le dice que la golpee violentamente en las nalgas una y otra vez. En un momento del video, Ogborn recibe palmadas durante casi 10 minutos. Según explicó Nix, “me dijo que hacía demasiadas preguntas, así que debía pegarle. Al final podía ver las marcas rojas en su cuerpo”.

Cada cierto tiempo, Summers regresaba a la oficina, y cada vez, Nix tiraba del delantal a Ogborn, diciéndole que se mantuviera callada. Ogborn contó posteriormente que incluso le pidió a Summers que llamara a la policía, pero ella se negaba porque “estaban esperando al policía”.

Según explicó la chica, después de más de tres horas de tratamiento vejatorio, Nix, de nuevo siguiendo las instrucciones de la persona que llamaba, forzó a Ogborn a realizar un acto sexual. El “agente” le dijo a Nix que devolviera el teléfono a Summers y le indicó que trajera a alguien más. Apareció T. Simms, un hombre de mantenimiento que trabajaba en el restaurante.

Se le indicó que hablara por teléfono con el “agente”, pero Simms se negó a cumplir con las extrañas demandas de este después de que le pidiera que levantara el delantal de la joven. Fue en ese preciso momento cuando Summers llamó al superior que el agente había dicho que tenía en otra línea en todo momento.

Entonces la gerente se dio cuenta de que todo era una farsa, llamó a la policía y comenzó una investigación.

Investigación

Una búsqueda en internet de los detectives de la zona descubrió que llamadas como esa habían estado sucediendo durante más de 10 años. Ogborn resultó ser solo la última víctima de una larga lista. La policía contó con la ayuda de los federales, quienes descubrieron que la llamada se produjo desde un teléfono público de un supermercado en Florida.

Resultó que el Departamento de Policía de Florida había recibido varias llamadas sobre investigaciones en múltiples estados por incidentes similares. Poco después, surge una nueva pista: el autor parece actuar siempre a través de llamadas realizadas con una tarjeta de AT & T compradas en Wal-Mart.

Varias cámaras de seguridad parecían señalar al sospechoso según los registros de las compras de las tarjetas. El hombre lleva un uniforme de CCA, una empresa privada que tiene una cárcel en la ciudad de Panamá (Florida). Una llamada a la compañía delata por fin el nombre. El director lo identifica como David Stewart, de 38 años, y uno de los guardias de la prisión.

David Stewart fue extraditado a Kentucky y acusado de solicitar sodomía y hacerse pasar por un oficial de policía, aunque él se declaró inocente en todo momento. Durante el juicio, uno de los psicólogos dijo que estas acciones posiblemente sean una manera de alimentar un “complejo de Dios” al manipular a sus víctimas emocional, física y sexualmente. Lo llamó “voyeurismo virtual”.

Finalmente, Nix, el novio de Summers, le cayó una sentencia de cinco años de prisión. Se declaró culpable de abuso sexual, mala conducta sexual y encarcelamiento ilegal. Nix testificó que pensaba que estaba siguiendo las órdenes de un oficial.

Donna Summers fue despedida tras el incidente y acusada de encarcelamiento ilegal. Fue sentenciada a libertad condicional después de declararse culpable al reconocer que la evidencia era suficiente para una condena. Summers rompió su compromiso con Nix después de ver las cintas de vigilancia.

Por su parte, McDonalds lanzó un comunicado donde decía que:

Nos tomamos este asunto muy en serio y, a través de nuestro entrenamiento, trataremos arduamente de advertir a los empleados sobre tales propósitos.

Sin embargo, en un giro inesperado de los acontecimientos, Stewart acabó siendo declarado inocente de todos los cargos. Los 12 miembros del jurado no encontraron las suficientes evidencias.

Curiosamente, desde aquel mes de junio de 2004 en que Stewart volvía a estar en libertad, no se ha informado de nuevas llamadas similares a un McDonalds.

Fuente con fotografías y vídeo: https://es.gizmodo.com/necesito-que...

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