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Mujer y Pacifismo en la Barcelona de 1870

Sábado.24 de abril de 2004 1226 visitas Sin comentarios
Correo Tortuga - Concha Martín

Aquí va una joya de 1870. Más mujeres que han estado en la "fosa del
olvido", como dice Fernanda Romeu.

Os reenvío un texto que me ha enviado un colega historiador.

te mando este manifiesto escrito por mujeres españolas en 1870 contra la
guerra franco-prusiana, que se declaró en Europa por ver quien decidía
el candidato al trono español, que finalmente fue Amadeo de Saboya) Lo
he visto en la web
asturiasrepublicana.

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A las mujeres de Francia y Prusia.

Somos mujeres españolas y hermanas vuestras. Hermanas, como vosotras lo
sois naturalmente unas de otras todas; somos hermanas de cada una
vosotras, que hoy, en momentos de una sangrienta enemistad de nación a
nación, propia de pasadas y lamentables edades, nos dirigimos a todas
vosotras sin excepción, para que
os apercibáis del abismo que se abre ante vosotras y al cual podéis
atraer las demás naciones, la sociedad toda.

Queridas hermanas nuestras:
Hoy la guerra y la matanza es la deshonra humana. Hoy la guerra es la
retrogradación, es el desprecio y el escarnio de todo cuanto de ilustre
y sabio en hombres y mujeres distingue en todas las naciones la
regeneradora época presente. ¡Hoy día no deber ser posible tal
retroceso! ¿Para qué la razón y la moral hubieran adquirido tanto poder?
¿Para qué la mujer desarrollaría sus sublimes
facultades y recobraría su dignidad?

Las mujeres heroicas de ayer lucharon por lo que creían ser verdad,
pero... la verdad de ayer hoy es reconocidamente el absurdo, la
sinrazón, la injusticia.

Ayer la mujer era esclava. Sumisa e ignorante, no era culpable de tanta
inhumanidad; mas hoy día la mujer tiene amigablemente a su lado al dueño
de la sociedad, tiene en sus manos el modo de ser y obrar del
hombre. Hoy es cuando la mujer tiene el deber de ser en un todo humana,
hoy no es como antes esclava y debe obrar según sus sentimientos de
mujer, debe ser heroica la guerra.

El marido, el hijo, el hermano no deben abandonar a la mujer, porque la
vida, la paz, la regeneración están en ella, y ella es representante y
mantenedora de los más puros sentimientos humanos, habrá de reconocer en
los que la abandonan para ir a la guerra no un hermano, un hijo, un
esposo, solo un ciego y vil instrumento de poderosos asesinos que
forzosamente han de desaparecer.

La mujer de hoy no es ya ignorante y fanática como la de ayer. Por esto
no es esclava sino amiga del hombre; mira al hombre de todo país como a
hermano y no le impulsa ciegamente a la muerte sino que le atrae a la
vida, a la paz social, al progreso y bienestar de todos.

La mujer de hoy, no fanática, no ignorante, no servil como la de antes,
sabe bien que al impulsar al hombre a la guerra da ejemplo a otra mujer,
que aunque distante, que aun siendo natural de otro país es
verdaderamente hermana suya, le da ejemplo para que sea a su vez
ciegamente fratricida o parricida.

No, mil veces no. La mujer en la naturaleza no es el agente de muerte
sino de vida. No debemos perder el hombre sino salvarle. No debemos cual
la mitológica Eva engañarle, sino hacerle volver en sí cuando está punto
de ser víctima, y hoy va a ser víctima de los vampiros de la sociedad,
de las fieras coronadas.

Por otra parte, hermanas de Francia y Prusia, ved... que no es justo,
que no es moral, que no es humano, siendo el hombre parte de nuestras
entrañas, que él desafíe la muerte y nosotras no: si la causa interesa
verdaderamente a la humanidad, nosotras debemos a la par de él luchar,
debiéramos ir en busca de las
mujeres del territorio que la ambición monárquica o imperial ha
mantenido en la enemistad y debiéramos entre-matarnos..., no importa que
llevemos fruto viviente en nuestras entrañas..., así se hace cuando la
guerra adelanta; así se ha hecho, esto invocaban los jefes de las
devastadoras tropas de César cuando el paso del
Rubicón, esto lógicamente debiéramos hacer...

Pero no, afortunadamente hoy no estamos, no debemos estar bajo el
despotismo militar de César alguno; hoy la humanidad no ha de sufrir,
para que unos cuantos privilegiados triunfen y gocen, hoy no estamos en
aquella era que desconocían la razón. Hoy apreciamos la Moral, estimamos
la Justicia y queremos la Verdad; obramos según el sentimiento
regenerador internacional. Hoy no debemos consentir césares.

Esto es lo que interesa al mundo todo y para esto si que debemos acudir
todos, sin exceptuar las mujeres. Pero si estamos todos, si convenimos
todos en no sufrir déspotas que nos lleven a la muerte, que nos
subyuguen, no necesitamos acudir a las armas, no necesitamos
ametralladoras.

Las mujeres somos en conjunto la madre de la sociedad, ¡cómo hemos de
consentir que nuestros hijos se maten! ¿Hemos de mirar impasiblemente el
fratricidio?

Nosotras podemos y debemos oponernos a que los hombres tomen las armas.
Nosotras podemos y debemos evitar las guerras. Nosotras somos las
primeras en infundir en la conciencia del hombre estos u otros
sentimientos; nosotras influimos directamente en los hombres...,
nosotras somos, pues, culpables si hay más guerras, somos responsables,
seremos criminales...

La religiosidad que nos infundieron por una falsa fe nos ha hecho ser
inhumanas, nos ha hecho obrar contra nuestros naturales sentimientos;
hoy que conocemos mejor la naturaleza, que nos conocemos más a nosotras
mismas y que tenemos derecho a dejar sentir la elocuencia de nuestra
razón y sensibilidad; hoy que la ciencia
está por todas partes protestando contra las absurdas revelaciones que
nos retenían a nombre de religión bajo un manto de estupidez, víctimas
siempre del despotismo de mil redes, hoy las mujeres debemos volver por
nuestra dignidad, debemos obrar según quienes somos, debemos obrar como
hijas, como esposas, como madres; debemos mantener la paz sobre la
tierra, y debemos reconocer quiénes son los
déspotas que a la humanidad asesinan, y lejos de ser cómplices de su
siniestro y monstruoso intento, debemos obtener el reducirles a la
impotencia, haciendo que nuestros hijos les dejen aislados y, por
consiguiente, destruidos.

Hermanas prusianas, hermanas francesas:
Ved como los gobiernos despóticos de la tierra bajo el pretexto de las
nacionalidades obtienen con nuestros hijos y esposos, ejércitos, con los
que satisfacen su voracidad, dejándonos salvajemente a la vertiginosa
acción de las ametralladoras, huérfanas o viudas, en la indigencia o sin
vida.

Ved cómo para servir a un rey, para satisfacer la ambición y capricho de
un tirano no sólo nos arrebatan nuestro apoyo y nuestra vida y nos
privan de los seres más queridos, sino que viene además la desoladora
exacción de impuestos a aniquilar el hogar falto de fuerza y consuelo.

Hermanas todas, opongámonos a la guerra, protestemos por todas partes y
sin desperdiciar medio, no consintamos en ser cómplices de esa obra de
los reyes. Evitemos con todas nuestras fuerzas esa guerra de hoy que no
es sino la deshonra de nuestro siglo.

Si dejamos con nuestra indiferencia que la guerra se enseñoree en
nuestros tiempos, consentimos... ¡oh vergüenza!, que nuestros hijos...
no nos bendigan.

Madres e hijas de Francia, Prusia y demás países: queridas hermanas ¡a
la obra todas sin cejar!, ¡no más guerras!

La aridez de los campos, los abandonados trabajos, la desolación del
hogar llama a los que corren a una muerte culpable y cierta.

Trabajemos todas para que cese la guerra. Obremos todas en favor de la
paz y la paz será.

Barcelona, 7 de Agosto de 1870.

Josefa Marsal Anglora, María Pineda, Eufemia Marsal, Clemencia Puig
Espinal, Tadea Espinal, Teresa Buttini, Adelina Estivill, Petronila
Pellicer, Consuelo Oliveras, Paula Dalmau Bofill, Baudilia Pi, Dolores
Santos, Manuela Pucherbé, Luisa Mustich, Engracia Santos... Siguen
muchas más firmas.