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Mujer, maternidad, capitalismo y militarismo

Viernes.18 de junio de 2010 1725 visitas - 8 comentario(s)
María del Prado Esteban Diezma #TITRE


Extractamos una porción del más amplio artículo de la misma autora “La feminización del Estado: La mujer en el ejército”, por centrarse en cuestiones más específicas y que han creado no poco debate entre las personas lectoras de esta página. La visión y las explicaciones que la autora realiza sobre las funciones reproductivas –y la cuestión del aborto, naturalmente- de la mujer en nuestra sociedad contemporánea, y su recuperación por parte del capitalismo para funciones directivas dentro del mantenimiento del sistema, nos resultan un muy interesante material para la reflexión y, de alguna forma, un guante lanzado a la revisión de algunos planteamientos que venimos manteniendo desde las filas antimilitaristas y feministas. Nota de Tortuga.


(…)

La depravación y desintegración de la vida social ha sido siempre el caldo del que se nutren las mesnadas militares y policiales. El ascenso de formas degradantes de vida y diversión en las que muchas mujeres han visto rasgos emancipadores es uno de los asuntos a tener en cuenta. Otro, sin duda, es el ocaso previsible, en los años venideros, de la familia, presentado por algunas corrientes pretendidamente radicales como un gran logro social, pero que es realmente hoy una de las aspiraciones fundamentales del sistema que consigue con ello eliminar la última institución que agrupa a los sujetos al margen del Estado y en el que todavía perviven, de forma imperfecta e incompleta pero muy real, los valores de la convivencia, el apoyo mutuo, el colectivismo y el desinterés. La desaparición de la familia no se produce en el marco del surgimiento de otras formas alternativas y superiores de vínculos sociales (1) , sino de la destrucción de todos los lazos que unían a las personas al margen de las instituciones gubernamentales y tendrá como resultado la constitución de un sujeto aislado de sus iguales, sin relaciones humanas relevantes que será por tanto, presa del Estado.
No habrá, entonces, una red de parientes que se preocupen, que lloren o que protesten por sus hijos o hijas y hermanos o hermanas llevados a las guerras futuras, y los soldados (mujeres en un porcentaje cada vez mayor) podrán ser enviados a morir en cualquier parte del planeta.

El Ministerio de Defensa gasta algo de dinero en hacer publicidad de las facilidades que tienen las militares para ejercer su maternidad, pero es obvio que en una sociedad de alta natalidad, las mujeres afluirían menos al ejército, de modo que, en este asunto, como en tantos otros, se practica no la prohibición sino el adoctrinamiento que impide a los sujetos pensar y desear siquiera lo que no conviene al sistema. La función que asignó el primer liberalismo a las féminas en la reproducción para el mantenimiento del sistema productivo y el ejército ha quedado obsoleta en las sociedades de la modernidad tardía que, además de expoliar los recursos económicos del Tercer Mundo, han ampliado este saqueo a la explotación de sus recursos demográficos. De esta manera las mujeres en Occidente son dedicadas principalmente al trabajo asalariado y las funciones estatales (en el ejército, la policía, la judicatura, la enseñanza y los medios de adoctrinamiento entre otros) mientras en los países pobres otras mujeres están obligadas a parir hijos e hijas para ocupar la escala inferior en el sistema productivo occidental generando así un sistema de castas propio de las sociedades despóticas más aciagas.

En la actualidad cinco millones y medio de inmigrantes suplen a los niños y niñas no nacidos en el reino de España desde los años 80, unos miles lo hacen como tropa en el ejército español. Estas personas, nacidas y criadas en sus países de origen, ocasionaron un gasto tanto a sus familias como al Estado pero no serán productivos en ese entorno sino a miles de kilómetros, convirtiéndose así en uno de los más lucrativos negocios del momento actual. Por ello la maternidad, en occidente, no conviene al poder establecido y es denigrada, menospreciada e impedida por todos los medios a su alcance.

El más fundamental golpe a la maternidad viene de la manipulación de la psique femenina que ha producido un declive de las capacidades afectivas en un número creciente de mujeres que han reprimido y ahogado un elemento emocional, vinculado a su propia fecundidad, que en principio forma parte (en una gran porción de ellas) de su vida más íntima. Además han conseguido que, en el orden de prioridades, deseos y aspiraciones de las féminas el trabajo, la diversión, el dinero, el poder sobre los demás o cualquier minucia egoísta o placentera se encuentre por encima de la maternidad. Para las que no hayan sido completamente devastadas por la ideología dominante usan la coacción de las empresas, del entorno inmediato familiar y social (de personas asimismo adoctrinadas), y de los “expertos” (médicos, psicólogos etc.) que intervienen constantemente en la vida de los sujetos para imponer los intereses del capital y del Estado, entre otros. Se vincula el aborto a la “libertad” de la mujer, que es “libre” de abortar pero no de ser madre y se promocionan desde las alturas todas las formas de sexo no reproductivo, argucia fundamental para que la tasa de natalidad siga cayendo. Con todo ello el sistema está consiguiendo imponer sus intereses en lo demográfico a la sociedad para convertir a las mujeres en escuadrones dedicados a la producción, el consumo, la vida militar y policial.

Para fortalecerse el Estado ha modificado de forma esencial la cosmovisión de millones de sujetos femeninos ello hace que cada vez haya más mujeres en los aparatos de violencia estatal, además aparecen implicadas en casos de torturas, crímenes de guerra y actos similares.

(…)

El feminismo de Estado es hoy la ideología equivalente al patriotismo de principios del siglo XX; si aquella fue el alimento espiritual de una generación de varones que pereció por millones en los campos de batalla de la I Guerra Mundial (y poco después en la Segunda) ésta cumplirá la misma función para las mujeres en los conflictos bélicos por venir. Por ello esta ideología, que ha permitido la vinculación y apoyo de un importante sector de las féminas para los planes del ente estatal es un factor estratégico de primer orden que el sistema no permitirá que sea tocado sin una acción ofensiva feroz.

(…)

Nota

1.- En “Refugio en un mundo despiadado. Reflexión sobre la familia contemporánea” C. Lasch concluye que la crisis de la familia en Norteamérica ha tenido un desenlace inesperado “el restablecimiento del despotismo político basado no en la familia sino en su disolución. En lugar de liberar al individuo de la coerción externa, la decadencia de la vida familiar lo somete a nuevas formas de dominación, mientras que al mismo tiempo debilita su capacidad para resistirlas”. Exacto.

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • Mujer, maternidad, capitalismo y militarismo

    18 de junio de 2010 21:08, por Jeremiah Johnson

    ¿Por qué repetís sólo la parte final? A mí justamente me pareció lo más flojo de toda la argumentación. Me parece que la autora hace un salto mortal para llegar a la conclusión de que el estado no quiere que las mujeres tengan hijos/as.

    ¿Qué pasa, que ella cree que hay que tener criaturas y la única forma que se le ocurre de argumentar a favor es decir que los malos no quieren que las mujeres las tengan?

    ¿Y todos los millones que se destinan en Europa a políticas natalistas? ¿Y los países en que una madre soltera puede vivir sin trabajar asalariada con las ayudas del estado? ¿O es que sólo el PSOE es así de malo y es en esto en lo único que se sale del carril que marcan Europa y los mercados?

    Personalmente me huele a retrofeminismo del rancio. Otra vez el discurso pseudoprogre para meter a las mujeres en casa a parir. Ahora en vez de porque lo quiere dios, porque es la forma de ser una mujer auténtica o de oponerte al estado militarista.

    Y lo de la familia... será que no es una institución jerarquizada y controladora, al menos la familia tradicional. Se pueden crear redes de apoyo mutuo sin que exista un vínculo biológico entre quienes las componen. Las hay, las ha habido y –si no perdemos el tiempo en discursos tipo provida– las habrá cada vez más porque parecen la única forma de escapar del abrazo del oso que son las ayudas estatales.

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  • Mujer, maternidad, capitalismo y militarismo

    19 de junio de 2010 10:06, por P.

    Leo el artículo y este comentario de Jeremiah Johnson, y personalmente me resulta más acertado, coherente y similar a mi propio análisis de cómo funciona actualmente el sistema lo expuesto en el artículo y no la crítica del comentario.

    En su crítica J.J. sólo anota un argumento que contradice a lo expuesto y es el de las políticas natalistas y de apoyo a madres solteras de diversos países europeos. Creo que este argumento sí daría para confrontar y discutir sin salirnos del tema propuesto. Mi opinión personal es que tales políticas son de pequeñas dimensiones y se hacen para que el sistema “liberal” pueda aparentar ser también “liberador” de las mujeres; algo así como cuando los ejércitos invasores hacen también tareas humanitarias para justificar y esconder la verdadera razón de sus invasiones.

    En el resto de la exposición, más que entrar en discusión, J.J. expone sus puntos de vista sobre el tema: su visión de la familia tradicional, que no puede ser otra cosa que “jerarquizada y controladora”, su oposición al hecho de que las mujeres se “retiren” a casa a parir y criar hijos y su apuesta por otros modelos de apoyo mutuo diferentes a la familia.

    No estoy en total desacuerdo con algunas de las cosas que dice J.J. pero tengo la sensación de que no ha entendido bien el artículo y pone en boca de la autora cosas que ésta no ha dicho ni quería decir. No creo, por ejemplo, que del artículo se pueda deducir la negativa o desprecio a otras formas de apoyo mutuo diferentes a la familia. Una cosa es denunciar el interés del sistema en destruir un ámbito de relaciones particulares –la familia- que no puede controlar en su totalidad (que es lo que se dice en el artículo) y otra es negar que pueda haber otras formas paralelas e incluso alternativas de relacionarse autónomamente (cosa que no se dice en el artículo y que para nada me parece incompatible con lo anterior).

    J.J. termina acusando a la autora con “hacernos perder el tiempo con discursos provida” que además “huelen a retrofeminismo”. Ignoro que entiende exactamente J.J. por retrofeminismo pero creo que cuando se cita a los “provida” todo el mundo estamos pensando en católicos ultras. Me resulta excesiva e incluso ofensiva esa interesada asimilación entre el discurso de los fanáticos católicos y el expuesto más arriba. Si en mi ánimo estuviera devolver de alguna forma la moneda también se me ocurren algunas etiquetas para nombrar a qué me huele a mí el pensamiento de J.J. y a qué tipo de feminismos y pensamientos políticos más amplios se asimila, pero mejor dejemos esa valoración, si procede, para las personas lectoras del artículo y estas reflexiones posteriores.

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  • Mujer, maternidad, capitalismo y militarismo

    19 de junio de 2010 14:48, por Crates

    Sobre el comentario de Johnson, su rechazo a las palabras de la autora sobre la maternidad -alegando el triste papel de animal doméstico que han tenido y tienen muchas madres en nuestra sociedad-, suena como rechazar el trabajo manual alegando que los trabajadores manuales en nuestra sociedad desempeñan el papel de explotados.

    Y, puestos a suponer descalificativamente extraños anhelos tras las palabras de cada quien -en vez de discutirlas en sí mismas-, las alabanzas de Johnson a las asociaciones ’sin lazos biológicos’ parecen mostrar una nostalgia por "el mundo feliz" de Huxley.

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    • Buena puntería, amigo/a.

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    • Mujer, maternidad, capitalismo y militarismo

      22 de junio de 2010 01:16, por J.J.

      Si vivieras rodeado de jipis que con los mismos argumentos o parecidos a los que se esgrimen en este artículo, atacan a las mujeres -no ya que no tienen criaturas, sino que simplemente no dedican en exclusiva años y años de su vida a sus hijos e hijas- y las consideran vendidas al sistema o víctimas de éste ya que las ha convencido de que lo más importante que se puede hacer en la vida no es reproducirse, comprenderías lo peligrosas que resultan las argumentaciones en el sentido de las de este escrito. Es lo mismo que dicen las y los del opus pero teñido de naturaleza, estética india, buenrollismo y saludos al sol. Lo mismito.

      No estoy en contra de la maternidad, faltaría más, que las mujeres tengas las criaturas que puedan y les dé la gana, pero no es ni lo más importante que se puede hacer en la vida, ni lo más revolucionario. De hecho, con los planteamientos de estas gentes, es directamente reaccionario.

      Y sobre el trabajo manual. No sólo no estoy en contra del trabajo manual, sino que estoy profundamente a favor, lo practico y recomendaría a todo el mundo que lo hiciera. Al margen de eso, quien desarrolla una actividad intelectual puede estar igual de explotado o más que alguien que trabaja -como se ha dicho tradicionalemnte de un modo no muy acertado- con las manos.

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