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Mariano Gómez: "La insumisión fue una locura maravillosa"

Lunes.17 de febrero de 2014 1713 visitas Sin comentarios
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Este mese se cumplen 25 años del inicio de la "insumisión". El 20 de febrero de 1989 se presentaron en varios puntos del Estado Español los primeros insumisos, con la intención de hacer frente a la mili, a la llamada Prestación Social Sustitutoria, y también al militarismo y los ejércitos.

El 20 de febrero se celebra el 25 aniversario de la estrategia de insumisión. El 20 de febrero de 1989 se presentaron en varios puntos del Estado Español los primeros insumisos, con la intención de hacer frente a la mili, a la llamada Prestación Social Sustitutoria, y también al militarismo y los ejércitos. Gracias a esta estrategia de Desobediencia Civil se consiguió abolir la "mili". Durante el mes de febrero Kakitzat celebrará estos 25 años de insumisión, organizando diferentes iniciativas. Durante los próximos días publicaremos diversos reportajes sobre este tema. En este caso rescatamos la entrevista realizada a Mariano Gómez, antimilitarista Barakaldés. Gómez nos habló de la organización en colectivos como Kakitzat, los primeros movimientos de objeción, el auge de la lucha y su paso por prisión entre otras cuestiones.

h.k.- ¿Cómo surge todo este movimiento?

Mariano Gómez.- En el año 88 cuando el movimiento de la objeción de conciencia decide la estrategia de la insumisión, parecía una locura desarrollar una estrategia que podía llevar a los jóvenes que se comprometían a prisión. En aquel momento el debate fue muy fuerte porque los miles de objetores que se habían ido acumulando desde principios de los 80 que ya no los metían en la cárcel esperando a hacer una ley nueva de objeción, lo que planteaba el gobierno en ese momento es amnistiar para librarse del problema. Ahí es cuando el movimiento decide optar por la desobediencia civil. El objetivo era acabar con el militarismo, con los ejércitos y optamos por hacer las primeras entregas o plantes en los gobiernos militares. 20 años han pasado ya...

h.k.- ¿Cuál ha sido la respuesta del Estado a lo largo de los años?

M.G.- La respuesta del Estado siempre fue la misma. Siempre ha tratado de separar a los sectores con más experiencia en el movimiento de los nuevos que surgían. Lo interesante de este movimiento es que a pesar de eso, la insumisión siguió adelante y cada año, sobre todo los primeros años aumentaba el número de jóvenes que decidíamos hacer insumisión. Muchos decimos que fue una locura maravillosa. Nadie daba un duro por ella. En aquel momento, ningún partido político, ningún sindicato mayoritario apoyaba... Incluso nos decían "¿Dónde vais...? Os vais a quedar solos... El sufrimiento va a ser mucho". Los jóvenes de aquel momento pensamos lo contrario y nos apuntamos a la locura. Lo cierto es que año tras año ganábamos al Estado. Cada vez que arrancaba una ley nueva, no se sí por casualidad o porque realmente acertábamos en la estrategia, conseguimos echarlo para atrás y conseguir cada vez más apoyo social. En Euskal Herria era ampliamente mayoritario por no decir casi unánime el apoyo. Nadie se atrevía a posicionarse en contra.

h.k.- ¿La insumisión contó con especial arraigo en Ezkerraldea?

M.G.- Tal vez sea la propia tradición de lucha que existe en Ezkerraldea pero es cierto que en esta zona la cantidad de insumisos al ejército despuntó de manera llamativa. Éramos hijos de trabajadores que habíamos visto a nuestros propios abuelos luchar por sus puestos de trabajo y otras peleas por la justicia social. Tal vez teníamos más fácil el tomar conciencia de lo que significaba la dominación, la represión, el militarismo... Es cierto que en los primeros momentos, los pueblos de esta comarca aportaron un montón de jóvenes a esta lucha. Por circunstancia nos tocaron los primeros juicios, los primeros ingresos en prisión...

h.k.- ¿Las consecuencias derivadas de esta lucha no fueron livianas verdad?

M.G.- Somos personas que nos toca estar en un momento puntual pero la lucha siempre es colectiva. Eso es lo bonito. Cuando tomábamos decisiones, como eran decisiones muy duras, siempre teníamos claro que íbamos a respetar la decisión personal en el último momento. Nos estábamos jugando la cárcel. Además no sabíamos el tiempo porque por la estrategia de "Desobediencia continua" podían suponer cada vez mayores penas. Yo también tuve mis momentos de dudas, cuando me tocaba llegar y decir que "NO": que no queríamos ir al servicio militar, que no queríamos aceptar la condicional cuando nos lo ofrecían para eludir la cárcel, no queríamos aceptar el tercer grado... A nivel personal teníamos muchos miedos pero a nivel colectivo era una experiencia muy enriquecedora. Sabíamos que la gente participaba, que se creaban grupos de apoyo con la gente que nunca podrías pensar que estuviera en movidas de estas...

h.k.- ¿El final de la mili trajo consigo el declive de la lucha?

M.G.- El mensaje que le llegaba a una buena parte de la sociedad era que no queríamos ir a la mili, cuando lo que estábamos planteando era una lucha contra el Ejército, contra el militarismo, la política de las guerras preventivas... Utilizábamos la insumisión para hacer valer el derecho a disentir, a respetar al diferente, al derecho a ver al conjunto de la humanidad como a un único pueblo, en el que todas las personas tengamos los mismo derechos sin explotarnos los unos a los otros... Cuando el Estado ve que es imposible atajar el problema de la insumisión, lo que decide curiosamente la derecha más retrograda, es suprimir el servicio militar para acabar con este movimiento. Hay gente que opina que con esto se acabó el movimiento antimilitarista. Yo creo que no. Ese fue un germen que se sigue notando. En las movilizaciones contra la guerra que se han ido produciendo, esa semilla se vio y generaciones nuevas que ya no han tenido que hacer la mili también se incorporan a estas luchas con los mismos valores. Tampoco la juventud de ahora se cree que los ejércitos sirvan para pacificar. Son la justificación para mantener la dominación. La lucha continuará hasta que algún día consigamos que unos valores mucho más justos predominen.

h.k.- ¿Se cometió algún error destacable?

M.G.- Hablar de errores sería no ser justos. Esta lucha fue un gran acierto en si misma. Una locura que afortunadamente salió muy bien y que sirvió para crear conciencia social. En la fase final, tal vez no fuimos capaces en ese momento de reconducir el movimiento para hacerlo más estable. Para conseguir que ese activismo militante se mantuviese y tuviera forma más en el día a día. No hemos sabido mantener esa estabilidad que hubiese sido importante. Tener un movimiento antimilitarista fuerte con todos los valores que representa en la sociedad hubiese sido un gran éxito. Lo importante es que siga habiendo gente nueva que se enganche al antimilitarismo.

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