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Los orígenes de La Nit d´Albà

Domingo.13 de agosto de 2017 74 visitas Sin comentarios
Joan Castaño, en Calle y Cultura. #TITRE

La noche del 13 de agosto se inicia en Elche la festividad tradicional de la Asunción de la Virgen. El nombre del acto, “Albà” o “Albada” (o Alborada en castellano) debe provenir de la celebración con música que se hacía al alba en las festividades importantes. De esta manera lo recoge el llamado “Libro Racional” de la villa de Elche cuando, al señalar las obligaciones de los músicos que pagaba el Municipio, señala que “deben asistir dichos ministriles a la albada de la Festa de la Virgen de la Asunción”.

En el siglo XVI se encuentran referencias a esta “Nit de l’Albà” en la cual se encendían luces en las ventanas de las casas y en las murallas y se disparaban cohetes, cañones y arcabuces. Entre las funciones de los Caballeros Electos del Misteri estaba la de reconocer los lugares desde donde se lanzaban tales cohetes, que eran el campanario de Santa María, la torre del Consell y la torre Fumada. Se entregaban 30 gruesas (docena de docenas) de cohetes para cada puesto, salvo en el caso de la torre del Consejo a la que se destinaban 90 gruesas por ser el lugar que “más ha de lucir”.

El mismo Cristóbal Sanz, en su manuscrito de 1621 señalaba que con ocasión de la Fiesta de agosto “hacen muchas luminarias y fuegos de pólvora, más que en ninguna parte del Reino. Mucha artillería e invenciones de cohetes”. Y la propia consueta de 1625 nos aclara que al alba de la víspera dichosa de Nuestra Señora se disparaba la artillería por tres veces, ayudando todas las campanas de las iglesias y los ministriles, dulzainas y trompetas. En esta lejana época, el acto se volvía a repetir al alba del día 14, víspera de la Asunción, de manera que “desde cinco o seis torres se disparan muchas gruesas de cohetes y artillería de tal manera que la noche se vuelve día por causa de haber tanta diversidad de fuegos en las torres y murallas y luces en todas las iglesias y por las ventanas y terrazas de dicha villa y arrabales de aquella”.

Aunque la forma de la “Nit de l’Albà” ha evolucionado a lo largo de la historia, lo cierto es que ha sabido siempre mantener el aspecto comunitario que tanto sorprende a quienes la contemplan por vez primera. No se trata de un castillo de fuegos artificiales usual, sino de toda una ciudad que es a la vez protagonista y espectadora de una gran ofrenda de luz y sonido a su Patrona.

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