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Los olvidados de los olvidados: La salud mental en África

Martes.8 de marzo de 2016 111 visitas Sin comentarios
Airam Vadillo, Psyciencia. #TITRE

La Salud Mental Global propone un acercamiento de la salud mental a todos los rincones del planeta. Que, por ejemplo, cualquier persona con enfermedad mental recibiera un servicio, bien sea en Francia o en Namibia. Esta aproximación es relativamente nueva, y supone una apuesta firme sobre la accesibilidad de los tratamientos psicológicos a aquellos países en desarrollo, los cuales tienen precisamente tienen menos impacto y servicio dado sus bajos recursos socioeconómicos.

Al ser un acercamiento reciente, tanto su vertiente investigadora como de intervención psicosocial está aún en sus inicios, teniendo en cuenta el espectro de intervención humanitaria. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud ya hace hincapié fuerte con un eslogan que se suelen recordar en el ámbito humanitario: “there is no health without mental health” (no hay salud sin salud mental) el cual está ganando peso dentro de la cooperación internacional.

En cuanto a las enfermedades mentales, existe un componente cultural que delimita e influye considerablemente en torno a qué es enfermedad mental y qué deja de serlo. Sin embargo, existen patrones comunes, los cuales nos hacen humanos, seas de Alemania o Kenia. Tal y como cita Vikram Pattel en su charla TED, existe el llamado Black Dog (perro negro), que es una metáfora sobre los síntomas de depresión, una de las enfermedades más comunes a nivel global. Mucha gente puede pensar que no existe en África simplemente porque sus preocupaciones podrían ser distintas. Lo que indican los estudios epidemiológicos mostrados en el vídeo es que, de 20 personas en el mundo, una tendría depresión. Esto nos conduce a que en el planeta existirían 300 millones de personas con depresión.

La accesibilidad: Salud mental para todas y todos

Tal y como se indicó, la accesibilidad a la salud mental está fuertemente determinada por el nivel socioeconómico del país donde residas, unido al propio nivel adquisitivo del que dispongas. Esto haría que el diagnóstico y tratamiento de nuestra depresión sea bien distinto si eres de Inglaterra o de Liberia. Fácil de entender. Tanto es así que el 90% de las personas con enfermedades mentales que viven en países en desarrollo no recibirán ningún tipo de tratamiento. De 10 personas, solo una 1 recibiría tratamiento para su enfermedad mental en Myanmar, por ejemplo.

Por si fuera poco, el problema no solo estriba en la falta de accesibilidad, sino también la trampa de la pobreza, y su círculo vicioso hacia la enfermedad mental. Dicho círculo es evidente: las variables contextuales de pobreza (baja economía, baja educación, falta de hogar, etc…) repercuten negativamente en la salud mental. El malestar emocional o la enfermedad mental hacen que el individuo y/o la comunidad en general tengan menos aptitudes y herramientas para mejorar su situación, lo que genera una exclusión social, repercutiendo negativamente en su bienestar psicológico…. y así sucesivamente.

¿Qué podemos hacer? Intervención psicosocial en contextos en desarrollo

Pese a que la ayuda humanitaria dio un gran salto en la década de los noventa, el componente psicosocial comenzó a profesionalizarse desde hace relativamente poco. El tsunami de Sri Lanka 2004 marcó un antes y después, en el cual se vio la ineficacia de algunas intervenciones psicosociales e incluso intervenciones contraproducentes1.

Nuestro trabajo, de forma muy resumida, consiste en capacitar y empoderar a los trabajadores locales del país para que ellos mismos puedan llevar tales intervenciones psicosociales de forma autosuficiente, siempre adaptando nuestros conocimientos a un contexto y cultura particula 2.

Uno de los problemas que solemos toparnos es la falta de trabajadores psicosociales en países en desarrollo. No hay psiquiatras, psicólogos ni enfermeros en salud mental o si los hay, existen en un número muy reducido.

Una manera sencilla de solucionar este problema es simplemente capacitando a aquellas personas que estén interesadas en el componente psicosocial, aunque no tengan ningún tipo de experiencia. Aquellos y aquellas que muestren interés y tengan habilidades sociales, capacidad de escucha y empatía bien pueden hacerlo mucho mejor que cualquier persona titulada pero desmotivada. De tal manera que nuestro trabajo suele ser con personal no cualificado, pero que presentan las cualidades necesarias para desempeñar el trabajo. Tenemos pues, la hazaña de adaptar conceptos muy técnicos en psicología en un lenguaje simple y adaptado a su cultura3. ¿Por qué no interesa la salud mental global?

Posiblemente porque nos da miedo hablar de enfermedad mental. Es algo que nos desagrada, nos quiere sonar distante, muy lejano a nuestros problemas.

La Salud Mental global continúa sin interesar por el fuerte componente discriminatorio que tiene las enfermedades mentales. Si existe discriminación en nuestros países, el estigma y rechazo en países como Zambia o Sierra Leona son increíblemente mayores. Nadie quiere posicionarse en una realidad en la que cualquier podría caer.

Por un lado, en ocasiones las enfermedades mentales no son consideradas como una condición clínica, se asocian los problemas mentales con la propia miseria de la vida, o peor aún, que la propia pobreza justifica el hecho de tener depresión, de tal forma que se legitima inconscientemente. Esto hace que en los países olvidados, se tengan a los enfermos mentales olvidados.

Por otro lado, se podría deshumanizar a la persona, es decir, clasificar en un rango menos humano por tener enfermedad mental. De hecho, frases como “ellos también son humanos” o “ellos también merecen tratamiento” son microracismos, ya que se sobreentiende y se da por sentado tales afirmaciones. En definitiva, la accesibilidad a tratamientos psicológicos está fuertemente determinada por la propia condición humana.

¿Soluciones?

Vikram propone tomar como modelado el ejemplo del VIH. Hace unas décadas era una enfermedad devastadora, sin embargo, ha mejorado ostensiblemente no solo el tratamiento médico sino también la percepción y aceptación social. El paralelismo es claro, bien la Salud Mental debería tener esa capacidad de movilización, denuncia y moviendo social tanto de los portadores como familias afectadas por esa enfermedad crónica, para así dar el salto que la Salud Mental Global merece.

Cuando estemos realmente exentos de estigma, discriminación o se deje de etiquetar a las personas con enfermedades mentales como locos o agresivos, estaremos en disposición de dejar de avergonzarnos. No nos veremos tan lejanos hacia el resto de nuestros iguales. Un trabajo tanto de los medios informativos como de los propios profesionales de la psicología que humanice las enfermedades mentales y que el resto esté dispuesto a humanizarse.

Quizá en ese momento podríamos dar servicio a aquellos y aquellas personas con trastornos mentales en esos países que nadie se acuerda, o peor aún, que ni se sabe que existen. Para, por lo menos, dejar de tener olvidados a los olvidados4.

Pie de página

1 Do No Harm: Toward Contextually Appropriate Psychosocial Support in International Emergencies

2 Un ejemplo es cómo en programas de psicoeducación sexual en occidente se permite la entrega de preservativos de modo preventivo, mientras que una cultura musulmana puede ser visto como incitación al sexo

3 Do No Harm: Toward Contextually Appropriate Psychosocial Support in International Emergencies

4 Olvidados

Fuente y enlaces: http://www.psyciencia.com/2016/02/l...

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