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Los jueces y la presunción de veracidad policial

Martes.10 de marzo de 2015 1963 visitas - 5 comentario(s)
Pablo San José Alonso. #TITRE

En junio de 2014 participé en una protesta pacífica que pretendía mostrar disconformidad con el hecho de que se celebrara en el Paseig de l’Estació d’Elx un acto militar. Se puede estar de acuerdo o no con mi acción, pero ésta la realicé en pleno ejercicio de mis derechos constitucionales y sin salir un milímetro de lo que disponen las leyes.

Estando en pleno acto de sujetar mi pancarta en la vía pública y fuera del perímetro acordonado por las fuerzas del “orden” sufrí un abuso por parte de la policía nacional siendo empujado, arrastrado y golpeado sin motivo alguno y sin justificación legal para ello resultando finalmente detenido al negarme a abandonar el lugar.

La desproporcionada y abusiva actuación policial fue presumiblemente disfrazada de legalidad por los agentes al mando del dispositivo con el simple recurso de informar en su atestado de que los manifestantes habíamos asaltado el perímetro de la policía, nos habíamos resistido etc. Descripción fácilmente desmontable por las personas que presenciaron los hechos y por las fotografías que se pudieron tomar antes de que la propia policía prohibiera -también injustificadamente- hacer más.

Meses después comparecí como acusado por desobediencia en juicio de faltas ante Inmaculada Gabarrón Ayala, titular del juzgado de instrucción nº 1 de Elx. Había preparado concienzudamente este juicio, en el que estimé que, ante la claridad de lo acontecido, no me sería necesaria la asistencia de un letrado. Escribí un relato ajustado de los hechos y una argumentación lógica basada en testimonios y pruebas documentales que dejaba fuera de dudas que nuestra acción solo pudo tener lugar en el lugar en que se realizó, fuera del perímetro acordonado, y no donde dijo la policía en su informe. Asimismo argumentaba sobre la contaminación subjetiva, o las órdenes políticas, que muy posiblemente podrían haber llevado a los agentes a faltar a la verdad en su atestado.

Mi juicio era uno más de los que se celebraban esa mañana con una duración de diez minutos -sí, diez minutos- cada uno. Inmaculada Gabarrón Ayala no me permitió leer mi escrito, tampoco presentárselo. Solo dejó intervenir a uno de mis testigos. Las pruebas documentales que le presenté no llegó a mirarlas en toda la vista a pesar de mis referencias hacia ellas. De hecho la juez, que yo recuerde, no miró hacia mi mientras hablaba en ningún momento y cortó mi argumentación cuando no había llegado a un 25% de la misma. Los agentes denunciantes, a quienes veía de reojo, sonreían de oreja a oreja. Solo declaró uno de ellos durante unos pocos segundos. El segundo se limitó a corroborar la declaración de su compañero. Me dio la impresión de que el único sentido de la vista judicial era el hecho de que no superase los diez minutos prescritos. Al salir, mi sensación de impotencia e indefensión era máxima.

Semanas después he recibido mi sentencia. Diez días de multa a cuotas de 6 euros. Eso, o cinco días de cárcel. Entre los argumentos de la sentencia se dice que los testimonios de los policías denunciantes deben ser “considerados como suficientes para enervar el principio de presunción de inocencia (…) dada la firmeza de sus declaraciones, la coherencia con el relato de los hechos (…), sin que existan motivos espurios que hagan dudar de su verosimilitud”. Parece un chiste pero no lo es.

Son 60 euros que no pienso pagar. Entre otras cosas porque soy inocente de esta acusación. Prefiero arriesgarme a pasar unos días en prisión si ello sirve para que todo el mundo sepa que no vivimos en un estado de derecho sino en un estado policial en el que la separación de poderes no es más que una declaración de intenciones que no se cumple. Actuaciones judiciales de esta índole dan alas a los malos agentes policiales, quizá dispuestos a perpetrar un nuevo abuso amparados por la impunidad que les proporciona el que saben más que probable apoyo judicial. Hechos de moralidad sonrojante y legalidad más que cuestionable podrán seguir quedando impunes gracias al maquiavélico mecanismo de la presunción de veracidad del testimonio de los agentes; un engendro que discrimina a las personas ante la ley y que hace que haya testimonios de primera -los de los policías- y testimonios de tercera, los de los demás.


Ver en Tortuga:

Concentración de apoyo a Pablo San José, antimilitarista juzgado en Elx

Ni militarismo castrense, ni militarismo policial (manifiesto de Tortuga)

Argumentación en el juicio del miembro del Grup Tortuga juzgado por manifestarse contra una jura de bandera en Elx

Vídeo de la concentración de apoyo a Pablo San José

Pablo San José se niega a pagar la multa y se arriesgará a cumplir cinco días de prisión


Ver más publicaciones de Pablo San José en Tortuga

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  • Los jueces y la presunción de veracidad policial .

    10 de marzo de 2015 16:58, por ElProfesorCiruelaQueNoSabíaLeerYPusoEscuela.

    Vaya, vaya, esto seguro que está pasando en Venezuela o en alguna otra dictadura totalitaria que no respeta las libertades y derechos humanos, pero sin embargo nos lo cuenta este "buen" señor con el ánimo de desestabilizar la recuperación económica, interrumpir la regeneración democrática, etc., etc., etc.

    Vaya, vaya, vaya, y además se manifestó "pacíficamente" (claro, si portar una pancarta y lanzar gritos es algo "pacífico"..., claro, claro, rompiendo la "paz social", etc.) nada más y nada menos que contra un acto militar: ¿¿¿no será ya eso en sí mismo un delito de terrorismo contra la Instituciones Gloriosas del Estado???, yo no lo sé, pero hago esta inocente pregunta.

    EN FIN.

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  • Es cierto,no puedes hacer nada,y dentro de poco nadie podrá hacer nada.De todas formas,la transformación del pensamiento por parte del Estado-Capital hacia los seres humanos está siendo muy rápida y quizá nadie quiera protestar dentro de 25 o 30 años.Es decir,será el mundo de Orwell,lo que diga el poder será la verdad y lo que el poder no acepte será el minuto de odio de la gente.Me hace mucha gracia que tanta gente se haya metido con las religiones diciendo que eran los vendedores de la verdad absoluta(que es cierto)para ahora no decir una palabra sobre estos ultra poderes totalitarios del pensamiento.En cualquier caso,dentro de muy pocos años tendremos la ocasión de verlo,pues si os fijais,han convencido hasta a la gente de tercera edad,que llevan los aparatos que dice el poder,visten como les dice el poder,hablan de lo que dice el mismo y no discrepan(1) lo más mínimo de éste.Si es así con la tercera edad,¿cuanto más con los jovenes?

    (1)Discrepan en lo insubstancial,en si ha subido la leche o ha bajado,en si están muy caros los contratos con alguna compañía telefónica,etc,etc,pero no discrepan en lo fundamental,¿somos libres para decidir en todo lo que afecta a nuestras vidas?¿tenemos libertad de pensamiento,de acción,política y civil?

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    • Claro que una persona no es libre si no tiene la formación y la capacidad de elección al mismo tiempo. Aquí, en un sistema oligárquico o peor aún, ni existe buena formación, ni por supuesto tampoco la libre capacidad de elegir o incluso de revocar gobiernos, multinacionales, leyes o lo que se deseara revocar. TODO ES MUY, MUY, MUY BURDO Y DE RISA.

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    • Los jueces y la presunción de veracidad policial

      6 de septiembre 11:33, por Enrique Ugedo

      Esa tercera edad ya sufrió una guerra, sino te gusta esta "paz", ¿tienes lo que hay que tener para solucionarlo?

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