Administración Enlaces Contacto Sobre Tortuga

Lo que causó el armisticio de 1918 fue que los soldados se negaron a pelear

Martes.16 de noviembre de 2010 1074 visitas Sin comentarios
El Día del Armisticio nos ha enseñado algo: que los soldados son la primera línea del movimiento pacifista. #TITRE

Hacer callar las armas

Peter Linebaugh

Un día 11, del mes 11, a las 11 horas, tras cuatro años de la guerra más sangrienta de la historia, las grandes potencias mundiales firmaron un armisticio y depusieron las armas. Era 1918.

Hoy rememoramos aquel día como el de los Veteranos de Guerra. Lo que causó el armisticio fue que los soldados se negaron a pelear. Se negaron a seguir saliendo de las trincheras. En Rusia, en Francia, en Inglaterra y en Italia. Se negaron a seguir participando en la masacre iniciada en 1914.

El Día del Armisticio nos ha enseñado algo: que los soldados son la primera línea del movimiento pacifista.

Marineros y soldados se amotinaron contra la guerra. Dejaron de apuntar a sus supuestos “enemigos”, soldados hermanos de todo el mundo, y se volvieron contra los oficiales que pretendían arrojarlos a la carnicería de las trincheras o a morir congelados en una batalla en medio del mar.

A finales de octubre de 1918, en Kiel y en Wilhelmshaven, bases de la flota alemana, los marineros se negaron a obedecer a sus superiores. Para rendirlos, se movilizó la soldadesca. Pero éstos abrazaron su causa, Frieden und Brot, es decir, Paz y Pan.

Uno de aquellos marineros era un antiguo fogonero llamado Karl Artelt. Había comenzado alimentando con carbón las máquinas a vapor que movían los barcos de batalla. En un viaje al lejano Oriente había sido testigo de la revolución republicana de Sun Yat-sen, en China. Más tarde, tal vez cuando los motores de la escuadra naval alemana pasaron de alimentarse con carbón a funcionar con petróleo, se convirtió en un diestro trabajador del metal en la sala de máquinas. En otras palabras: su experiencia bajo cubierta lo situó en el centro de los grandes temas de su época –el imperialismo y la irrupción de petróleo como combustible- y él la utilizó contra los señores de la guerra. Fue esta clase de hombres la que acabó con la I Guerra Mundial. Juntos, soldados y marineros formaron consejos de democracia directa. El 9 de noviembre, se proclamó en Berlín una república socialista. Los generales alemanes Hindenburg y Ludendorf se vieron forzados a aceptar el armisticio.

Honremos, pues, al soldado que emplea la acción directa a favor de la paz. Honremos al soldado que piensa. Honremos al soldado que pone fin al Imperio.

¡Recordemos el día 11, del mes 11, a las 11 horas! ¡Que las tropas regresen a casa!


Peter Linebaugh enseña historia en la Universidad de Toledo. Es autor de The London Hanged y ha escrito, junto a Marcus Rediker, The Many-Headed Hydra: the Hidden History of the Revolutionary Atlantic (hay trad. en castellano: La hidra de la revolución. Marineros, esclavos, campesinos en la historia oculta del Atlántico, Crítica, Barcelona, 2005). Su último libro es Magna Carta Manifesto.

Traducción para www.sinpermiso.info: Gerardo Pisarello

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.